Reseña de libros
PUBLICACIONES PERIODICAS
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BOLETIN DE ANTROPOLOGIA
Departamento de Antropología Universidad Javeriana
Vol. 2 No. 2.
En esta ocasión el Boletín de Antropología nos entrega una breve
semblanza de la vida y obra del padre José Rafael Arboleda en la
cual se destacan sus estudios e investigaciones y su labor como
docente. Un artículo del mencionado padre Arboleda resume la
historia de los estudios antropológicos sobre el negro en Colombia.
Se ha incluido además un artículo de Neve Herrera sobre las fiestas
de borrachera de los Noanama y algunas noticias sobre las
actividades del Departamento, investigaciones en curso,
publicaciones y tesis de grado.
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ARQUEOLOGIA
Estudiantes
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Universidad Nacional de Colombia No. 1
Un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional, Departamento
de Antropología, con el apoyo de los profesores ha iniciado la
tarea de editar una revista para dar a conocer investigaciones
recientes y abrir un campo de discusión de problemas teóricos y
metodológicos de esta disciplina. Este primer número recoge
artículos sobre la ocupación prehistórica de las altas tierras
andinas (Daniele Lavalee), reconocimientos paleontológicos en
Susata (Gonzalo Correal), la adecuación prehispánica de paisaje y
suelos (Pedro Botero), clasificación preliminar de cerámica del
Magdalena Medio (José Ramírez, Pedro Luque), Etnoarqueología (F.
Audoze), Pautas de asentamiento como estrategia metodológica
(Leopardo Moreno), Antropología de los gemelos (Tomás Torres), La
etología y la mujer (Luisa Fernanda Vargas) y un concepto sobre un
cráneo procedente de Nariño (Gonzalo Correal).
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ARQUEOLOGIA
Estudiantes
Universidad Nacional de Colombia No. 2
El segundo número de "Arqueología" presenta
artículos relacionados con los asentamientos prehispánicos de
Pitalito (Huila), el papel de la ciencia en la afirmación de la
identidad cultural (Nina de Friedeman), la osteología étnica (José
Vicente Rogríguez), mitología, pintura facial (Astrid Ulloa),
pintura prehispánica entre los muiscas (José Virgilio Becerra),
metodología de análisis de alfarería prehispánica (Héctor Llanos) y
la segunda parte del artículo de Daniele Lavalee sobre la ocupación
prehistórica de las tierras altoandinas.
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UROBOROS
Estudiantes
Universidad Nacional de Colombia No. 1
Esta revista es otro nuevo espacio abierto a la discusión, la
reflexión y la crítica por parte de estudiantes del Departamento de
Antropología de la Universidad Nacional. El primer número se
plantea como una discusión del problema de la objetividad a partir
de múltiples puntos de vista. Se recogen artículos de Jorge Aurelio
Díaz sobre objetividad del conocimiento, Abraham Moles sobre la
ciencia de lo impreciso, Luis Guillermo Vasco sobre objetividad en
antropología, Ismael Ortiz sobre objetividad estudiantil, Fernando
Uricoechea sobre investigación-acción, Guillermo Cortés sobre
objetividad y objeto en antropología, Arturo Guerrero sobre
objetividad en periodismo, Pedro Luque sobre la barrera de la
objetividad en antropología, Héctor Llanos sobre objetividad y
arqueología y Fabio Silva sobre José María Arguedas y la
etnoliteratura.
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CUADERNOS DE ANTROPOLOGIA
Departamento de Antropología
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Universidad Nacional
Esta serie ideada como un medio ágil de dar a conocer avances de
investigación y trabajos de interés en la docencia ha alcanzado ya
un buen número de ediciones recopilando trabajos de estudiantes
avanzados y profesores del Departamento. Entre los títulos se
encuentran trabajos sobre la formación de la cultura nacional,
estudios de comunidades indígenas del Amazonas, Etnoastronomía de
grupos Arawak, conflicto interétnico entre los Paeces, medicina
tradicional, organiza- ción familiar en Tumaco, escritura y
tradición oral, historia de la antropología en la Universidad
Nacional, lingüística Sikuani, osteología étnica, demografía
regional colombiana y religiones populares.
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REVISTA DE ANTROPOLOGIA
Departamento de Antropología Universidad de los Andes
No. 1
El Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes
ha emprendido la labor de publicar una revista que sirva como
vehículo para divulgar las investigaciones y actividades de sus
profesores y estudiantes. El primer número recoge un artículo de
Roberto Lleras sobre excavaciones en un camino ceremonial de San
Agustín, uno de Roberto Pineda Camacho sobre el impacto de las
hidroeléctricas en las comunidades indígenas, un estudio de John
Landaburu sobre la lengua Andoke, una actualizada discusión de
María Elvira Escobar sobre los resguardos, los resultados
fundamentales de la investigación de Patricia Vargas sobre
fundación de pueblos en el Atrato en el siglo XVII y una nota de
Carl Langebaek sobre artefactos europeos en el área Tairona.
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REVISTA DE ANTROPOLOGIA
Departamento de Antropología Universidad de los Andes
No. 2
El segundo número de la Revista de Antropología de los Andes
incluye los siguientes artículos; la Antropología de
Reichel-Dolmatoff desde la perspectiva de la Sierra Nevada por
Carlos Alberto Uribe; los cambios medioambientales y la extinción
del mastodonte por Thomas Van der Hammen; la tipología cerámica
Muisca por Silvia Broadbent; la etnicidad en la música criolla
peruana por Enrique Mendoza; la mujer y la familia en América
Latina por Susy Bermúdez; conocimiento y verdad en Tatuyo por Elsa
Gómez; los períodos agroalfareros del altiplano cundiboyacense por
Carl Langebaek y los aspectos históricos del resguardo indígena por
Piedad Tello, además de algunos documentos sobre formación
profesional en Antropología.
HECTOR SALGADO LOPEZ: ASENTAMIENTOS
PREHISPANICOS EN EL NOROCCIDENTE DEL VALLE DEL CAUCA.
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de
la República, Bogotá 1986
La zona noroccidental del departamento del Valle del Cauca
permanecía, durante muchos años, prácticamente desconocida desde el
punto de vista arqueológico. Situada entre dos zonas tan
renombradas por su orfebrería, como son Calima y el Quindío, fueron
éstas las que recibieron, inicialmente, la atención de los
arqueólogos. Estudios como los de Bray, Moseley, Cubillos,
Rodríguez e Illera en la zona plana del Valle, de numerosos
investigadores en la Cordillera Occidental en Calima y sus
alrededores y, en el Quindío principalmente, de Duque y Bruhns, han
logrado reconstruir, al menos parcialmente, los desarrollos
culturales de estas zonas. A medida que crecieron nuestros
conocimientos sobre ellas, aumentó la necesidad de un estudio
detallado de la región intermedia.
En el año de 1969, el arqueólogo Julio César Cubillos dirigió un
programa de excavaciones en la Cordillera Occidental con base en la
Hacienda La Esmeralda. Doce años más tarde, Héctor Salgado efectuó
prospecciones y excavaciones en la misma zona y logró detectar los
restos culturales de tres períodos diferentes. El más antiguo de
ellos, con fecha en el quinto siglo después de Cristo, se relaciona
o, eventualmente, forma parte de la cultura Yotoco, asociada con el
auge de la orfebrería en Calima.
La investigación de Salgado se llevó a cabo en una franja de la
Cordillera Occidental localizada en los municipios de Bolívar y
Trujillo. El recorrió, tanto Piedemonte como la región
cordillerana, entre 1.200 y 1.800 metros, estudiando en detalle
esta última área y, en especial la zona conformada por las
haciendas La Esmeralda, La Soledad y La Llanada. Aquí, como en
muchas otras regiones del suroccidente colombiano, el relieve
moderado o suave con su manto de ceniza volcánica, conserva muy
bien los rasgos del paisaje precolombino: plataformas de vivienda,
campos de cultivo, senderos y caminos principales. El estudio de
Salgado presenta información sobre todos estos aspectos e incluye
levantamientos topográficos de dos sectores, ambos densamente
poblados con un total de más de cincuenta plataformas de vivienda
en un área que apenas pasa las 40 hectáreas. Efectuó pozos de
sondeo en todas las plataformas; luego seleccionó siete para
excavar parcialmente y uno totalmente. Aunque en ésta se
encontraron muchos hoyos para postes, su disposición irregular no
permitió reconstruir la planta de la casa.
Se conservan todavía numerosos campos de cultivo, algunos de los
cuales figuran dentro de las áreas cubiertas por el levantamiento
topográfico. Muchos de ellos consisten en sistemas de eras o
camellones que "descienden en grupos verticales
conservando la caída de la pendiente de la loma"
obedeciendo, según parece, a la necesidad de prevenir la
sobresaturación de la capa de ceniza volcánica; como ésta se
encuentra inmediatamente por encima de la capa arcillosa
impermeable, diabasa meteorizada, al sobresaturarse la ceniza puede
causar desplazamientos de suelo en masa, ocasionando el arrastre de
los cultivos. Se practicaron dos cortes en estos cultivos y se
encontró la misma cerámica tardía que se halló en las plataformas
de vivienda.
La depresión de La Llanada es una ruta natural por donde se
comunica el Valle del río Cauca con las selvas del Chocó. Según
informa ción de las gentes de la región, existen todavía tramos de
un camino precolombino que cruza hacia la zona selvática de la
vertiente occidental. Salgado pudo examinar tramos de al menos dos
caminos, uno de los cuales recorre las haciendas de La Soledad, La
Esmeralda y La Llanada con un tramo que desciende al río Cauca y
otro camino al norte del Municipio de Bolívar, en cercanías de la
localidad de La Tulia. Generalmente estos caminos tienen de 4 a 8
m. de ancho y hasta 1 m. de profundidad. Aunque se conservan bien
los tramos que recorren las cuestas más pendientes, desaparecen en
las zonas más planas dificultándose su mapeo. Salgado hizo el
levantamiento de dos tramos y efectuó cortes en un punto donde uno
de los caminos atraviesa un relleno artificial. Logró obtener una
fecha relativa, posterior al siglo VIII D. C., para la construcción
de este tramo basándose en una muestra de carbón que fue
incorporada al relleno artificial.
Como no encontró en este sitio, fragmentos de la cerámica
característica de su tercera ocupación fechada al siglo décimo D.
C., parece que este camino fue utilizado durante un período
relativamente corto.
A pesar del tiempo limitado, la información que Salgado ha
logrado aportar sobre esta región es muy amplia y de gran utilidad.
Además sirve de base para plantear nuevos interrogantes. Sería de
gran importancia lograr más información acerca de la naturaleza de
la influencia Yotoco en esta región. Su presencia aquí está
insinuada por el hallazgo de las figuras de este estilo elaboradas
en oro martillado y reseñadas por Plazas. Salgado anota que la
descripción de la tumba en la cual se hallaron, también concuerda
con las tumbas de la región. Sinembargo, mientras que en Calima
plataformas de vivienda Yotoco son comunes, aquí entre las 50
examinadas, no se encontró ninguna con cerámica de este período.
Las fechas para las dos ocupaciones posteriores establecidas por
Salgado indican que aquí la ocupación o tal vez, la influencia
Yotoco tuvo una duración más corta que en Calima misma, aunque
podríamos comparar las dos regiones mejor cuando tengamos más datos
acerca del desarrollo interno de la cerámica a través de los
siglos.
La segunda ocupación se conoce, hasta ahora de una muestra
relativamente pequeña (425 fragmentos), y ésta de un relleno, así
que no se puede descartar la posiblidad de que se mezclan
eventualmente, materiales de dos asentamientos diferentes. Algunas
de las formas ilustradas (fig. 17) se parecen a ciertas vasijas
burdas Yotoco.
Salgado anota que algunos rasgos técnicos y decorativos comunes
entre la cerámica de la segunda ocupación y la ocupación final
indican elementos de continuidad. Sinembargo, las marcadas
diferencias le llevan a plantear la hipótesis (p. 112) de que
tengan orígenes diferentes. La cerámica de esta última ocupación es
rica en formas y en técnicas de decoración y se relaciona
claramente con la tradición cultural más tardía del suroccidente
colombiano. Algunos rasgos se parecen a la cerámica de complejos
vecinos hacia el sur (Sonso y estilos relacionados) o hacia el
norte (los complejos Cauca Medio y Caldas definidos por Bruhns).
Sinembargo, predominan características propias.
Es de esperar que algún día el arqueólogo Salgado logrará
continuar sus investigaciones en esta región tan interesante.
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MARIANNE CARDALE
|Arqueóloga
LOS DE LA LENGUA DE CUEVA
LOS GRUPOS INDIGENAS DEL ISTMO ORIENTAL EN LA EPOCA DE LA CONQUISTA
ESPAÑOLA
Por Kathleen Romoli. Editado por el Instituto Colombiano de
Antropología. Instituto Colombiano de Cultura. Ediciones Tercer
Mundo. Bogotá, marzo de 1987.
Para empezar el comentario de este trabajo vale la pena citar
las palabras con que la antropóloga Ana María Groot, autora del
prólogo de esta obra, se refiere a la investigadora Kathleen
Romoli: "...ilustre historiadora nacida en Estados Unidos,
de padres ingleses, murió en Bogotá en el año de 1979.
Su interés historiográfico lo centró funda- mentalmente en la
época del Descubrimiento y Conquista de América, cuyos sucesos y
hechos siempre trató con riguroso espíritu investigativo y con
juicio crítico e interpretativo. Para ello se basó en el estudio de
las fuentes documentales del siglo XVI, las cuales buscó con
perseverancia ejemplar en todos los archivos a su alcance como los
de Sevilla, Bogotá, Madrid, Quito, Londres y Nueva
York"(pág. 11). De esta manera, "Los de la lengua
de cueva", fue la última obra que escribió, Kathleen
Romoli, dejándonos en ella un rico legado de información
etnohistórica.
La autora afirma que los pueblos centroamericanos aparecen en la
historia de occidente a partir de los principios del siglo XVI, con
el descubrimiento de América.
En aquel entonces, el Istmo de Panamá estaba habitado por una
diversidad de tribus, cuyos dominios formaban un complicado mosaico
por todo el territorio. Por razones lingüísticas este territorio se
dividía en dos partes, aproximadamente por el meridiano de los 80
grados oeste. En la parte occidental había una variedad de lenguas
tan diferentes entre sí, que moradores de comarcas contiguas no
podían comunicarse sino por intérpretes. Desde la línea divisoria
hacia el este, en cambio, todas las tribus (excepto dos o tres
grupos de enclave) hablaban un mismo idioma. Son estos pueblos del
Istmo Oriental, llamados por los conquistadores "los
indios de la lengua cueva" y por la etnografía moderna,
"los Cueva", materia del presente estudio (pág.
15).
Todos estos indios de habla cueva han sido identificados con los
Cuna: por unos autores, de manera absoluta, y por otros
"muy estrechamente relacionados" con estos. Según
la clasificación hoy más aceptada, la población ístmica de los Cuna
se subdividía en dos grandes tribus, los Coiba y los Cueva, cuyos
idiomas eran "separados aunque afines" (pág. 16).
La anterior idea es uno de los puntos sobre el que más se hace
claridad en la presente obra, pues la autora es contundente al
afirmar que Cuevas y Cunas son dos etnias diferentes; y para
reforzar esto aporta abundantes datos lingüísticos, etnográficos e
históricos.
A este respecto dice: "Los antepasados de los actuales
Cuna (o los únicos antepasados de los cuales se tienen noticias
ciertas) no aparecen en la historia sino después de 1611. Estaban
asentados en la hoya del río Tuira, a donde habían llegado desde el
sur, empujados por sus enemigos los Emberá-Catío. Se llamaban los
(de) Tunucuna, o Tunuguna ("los tunucanaes"):
nombre de evidente significación geográfica (pág. 50).
Así mismo, afirma que entre las pautas culturales de los Cuna
antiguos y las de los Cueva, había un contraste tan marcado que
deja deshecha la teoría de que las diferencias de costumbres y de
normas sociopolíticas Cuevas y las de los Cuna modernos, sean
debidas a "cambios" y "olvidos"
de los usos primitivos (pág. 54). Por último, apoyándose en un
corpus lingüístico de vocablos Cueva, al que compara con otro de
origen Cuna, concluye que: "...los Cueva expresaron en sus
nombres ideas comunes a todo pueblo en condiciones y circunstancias
similares. Por lo que parece, sin embargo, no lo hacían con voces o
giros de reconocible origen Cuna. La nomenclatura de Cueva carece
casi toda de términos cunas o visiblemente afines a Cuna,
correspondientes a todo lo que normalmente constituye la materia
prima de la toponimia y la antroponimia (pág. 69).
De otra parte, es de anotar la inmensa riqueza de la
reconstrucción etnográfica, que logra la autora mediante la
utilización de numerosas fuentes documentales y bibliográficas;
abarcando temas tales como relaciones interétnicas, indumentaria,
estratificación social, análisis de censos y repartos que permiten
reconstruir parcialmente la demografía de los Cueva, organización
social, armas, creencias y religión, vivienda, artefactos y
artesanías, actividades de subsistencia, régimen alimenticio,
comercio, comunicaciones, medicina, recreación, música y arte que
dan un completo panorama de esta etnia que desapareció en el siglo
XVI, bajo la cruda realidad destructiva que generaron los españoles
durante la conquista de América.
A nivel metodológico cabe resaltar la utilización de información
arqueológica (Linne, Lothrop, Canals Frau, entre otros autores)
para reforzar el dato etnohistórico, pues tradicionalmente ocurre
al contrario, es decir, el arqueólogo se apoya en la etnohistoria
para reforzar la información arqueológica. Esto es importante, en
tanto que el trabajo "Los de la lengua de cueva"
plantea una hipótesis de reconstrucción histórica que puede ser
acometida por la arqueología.
El libro contiene 222 páginas, seis tablas con vocablos Cueva,
un cuadro fonológico, un mapa, un glosario y una extensa
bibliografía.
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ALVARO BAQUERO M.
|Antropólogo
LOS CACICAZGOS EN AMERICA
Editado por Robert D. Drennan y Carlos A. Uribe
Este libro, publicado por University Press of América, Inc.
(1987), contiene las ponencias presentadas en el simposio LA
INVESTIGACION ARQUEOLOGICA Y LOS CACICAZGOS EN AMERICA, del 45
Congreso Internacional de Americanistas, realizado en la
Universidad de los Andes, en la ciudad de Bogotá, Colombia (julio
de 1985).
Los organizadores de este simposio, Robert Drennan y Carlos A.
Uribe, hacen la introducción del libro y la presentación de los
contenidos de las diferentes partes del mismo, que están
conformadas por las ponencias que han sido agrupadas
geográficamente de acuerdo a la región arqueológica que tratan sus
autores (Norte, Centro y Sur de América), y la parte final que
agrupa las ponencias con consideraciones teóricas sobre los
cacicazgos.
La primera parte está dedicada a las ponencias de América del
Norte. James W. Hatch, trata sobre la utilidad del concepto de
cacicazgos para explicar el desarrollo de las sociedades que
produjeron la cultura Dallas de Tennessee. Christopher S. Peebles,
presenta el caso de Moundville, centro de la tradición Mississippi,
analizando su desarrollo y su ocaso; y Kent G. Lighfoot plantea una
discusión sobre los cacicazgos del suroeste de los Estados
Unidos.
La segunda parte contiene las cinco ponencias presentadas sobre
cacicazgos de América Central. Mary W. Helms enfatiza los aspectos
relacionados con el comercio y la utilización de la madera negra
que se destinó a la talla de objetos rituales, como bienes para
élites cacicales, cuyo centro fue las Antillas Mayores y el noreste
de Venezuela. George Hasemann, expone los resultados obtenidos en
un reconocimiento sistemático en la región de El Cajón (Honduras);
Michael J. Snarskis muestra la presencia de cacicazgos en algunos
períodos prehispánicos de Costa Rica, y Patricia Hansell, los
resultados de sus excavaciones en el sitio La Mula-Sarigua
(Panamá), que le permiten hablar de diferencias de status.
El mayor conjunto de ponencias corresponde a América del Sur. La
primera fue presentada por Anna C. Roosevelt, donde propone la
existencia de cacicazgos en la várzea, para comunidades de la
Orinoquia y la Amazonia, en tiempos precolombinos. Sobre los Andes
venezolanos los investigadores María Toledo y Luis Molina, y Mario
Sanoja en compañía de Iraida Vargas, hacen respectivas ponencias
bajo una perspectiva marxista de la historia. Los dos últimos
investigadores, a partir del concepto de formación social tribal
proponen dos novedosos "modos de vida, el cacical y el
aldeano".
Sobre regiones arqueológicas de Colombia hay tres ponencias.
Augusto Oyuela hace interesante síntesis sobre los procesos
prehispánicos de la Sierra Nevada de Santa Marta, destacando la
variabilidad de los desarrollos culturales, que contrasta con el
manejo tradicional de "cultura Tairona".
Carlos Castaño, a través de las evidencias arqueológicas
(viviendas y tumbas), señala la estratificación social de
cacicazgos en transición a la organización estatal, y en la segunda
parte de su ponencia retoma los resultados arqueológicos del río La
Miel, para indicar la transición de la organización tribal a los
cacicazgos.
Los antropólogos Roberto Lleras y Carl Langebaeck dan una visión
de conjunto de los Andes orientales de Colombia y su prolongación
venezolana (Serranía de Mérida), sobre las formas de producción
agrícola y las pautas de poblamiento de grupos de habla
chibcha.
Joanne Rappaport, utilizando fuentes etnohistóricas, escribe
sobre el cacicazgo Paez, de la región de Tierradentro (Colombia),
en el siglo XVI. Jorge Hidalgo presenta la situación histórica de
los cacicazgos de la región andina norte de Chile, tanto en el
período prehispánico como en el colonial.
La parte IV, dedicada a las reflexiones teóricas, está
conformada por cuatro ponencias que contienen diferentes puntos de
vista, a favor o en contra del concepto de los cacicazgos.
James A. Zeidler rechaza el modelo evolucionista-difusionista
cultural y propone un reconocimiento arqueológica de las fuerzas
materiales de producción, y de las relaciones sociales de
producción. A diferencia de este investigador, Steadman Uphman
enfatiza el modelo ecológicoevolucionista, destacando la
variabilidad de los cacicazgos para entender los procesos generales
del cambio social; considera de poca utilidad el uso del concepto
de cacicazgo. Por eso, concentra su atención en distinguir la tribu
del cacicazgo, prefiriendo hablar de "sociedades de rango
medio" en lugar de este último modelo.
Charles S. Spencer sí encuentra útil el concepto de cacicazgo
frente a su diferenciación con los estados. Por último, Robert
Drennan retoma la discusión que ha planteado la relación directa
entre la demografía y la complejidad social, proponiendo el estudio
de los cambios demográficos a largo plazo, para comprender los
cambios sociales. Este autor cuestiona la utilidad del concepto de
cacicazgo y del modelo evolutivo, y considera más válido conocer la
variabilidad entre los llamados cacicazgos para entender los
cambios socio-culturales.
Las ponencias recogidas en este libro, reflejan en buena medida,
el cambio que ha generado en las últimas décadas la aplicación de
modelos teóricos como el de cacicazgo. Los ponentes muestran
diversas actitudes metodológicas, ya sea interpretando sociedades
cacicales a partir de yacimientos arqueológicos (sitios de
vivienda, tumbas, objetos de rango), o haciendo propuestas más
conceptuales.
Aunque no todas las ponencias tienen el mismo nivel analítico,
sí son un indicador del cambio conceptual de la investigación
arqueológica americana, que va más allá de la descripción detallada
de los sitios arqueológicos o de las sociedades indígenas en
contextos coloniales, logrando el objetivo propuesto por los
coordina- dores del simposio: "suministrar un foro en
donde unos estudiosos que tienen una amplia variedad de mensajes
diferentes, pudieran reunirse para presentarlos y discutirlos con
colegas que trabajan en distintos medios intelectuales, sobre los
cacicazgos de regiones geográficas diversas de las
Américas".
Por último, es necesario destacar que los antropólogos Drennan y
Uribe en la introducción del libro, además de exponer los criterios
del simposio hacen algunas consideraciones sobre el tema de los
cacicazgos, teniendo en cuenta los contenidos de las ponencias, de
manera general.
Los dos investigadores anteriores son explícitos al afirmar que
"debemos dejar sentado muy claro que no le encontramos
mayor utilidad", al uso del concepto de cacicazgo; y al
señalar la gran variedad de definiciones de esta clase de sociedad,
dicen: "la simple clasificación de todas estas sociedades
como cacicazgos nos ofrece muy pocas luces". No están de
acuerdo con el manejo evolucionista de las etapas de bandas,
tribus, cacicazgos y estados, porque "no nos brindan mucho
conocimiento sobre los procesos que produjeron la impresionante
variedad en la clase cacicazgo".
Sus críticas a la explicación arqueológica del concepto de
cacicazgo las sustentan también señalando las limitaciones en que
se encuentra en la actualidad. Para ellos es nulo un potencial de
nuevos estudios etnográficos en tanto que los cacicazgos
desaparecieron con los procesos coloniales europeos, quedando solo
"los retazos y fragmentos", para ser estudiados
por la Etnografía. Tampoco ven la posibilidad de "que
repasar una y otra vez los estudios de que se dispone, vaya a
producir ideas frescas de importancia".
De los estudios etnohistóricos de los cacicazgos destacan las
limitaciones que conlleva el uso de fuentes escritas por los
colonizadores, en un momento de cataclismo para estas sociedades
aborígenes, que no permite ver "los procesos de cambio, ni
el desarrollo inicial de los cacicazgos". A diferencia de
lo dicho para la Etnografía, consideran que la Etnohistoria sí
tiene mucho material para estudiar.
Estas anotaciones críticas llevan a los autores a concluir que
"El regístro arqueológico es la única fuente de
información sobre sociedades con la profundidad temporal
requerida".
A primera vista, las críticas que hacen Drennan y Uribe parecen
acabar con la alternativa teórica y metodológica que ha generado la
utilización de los modelos sobre sociedades cacicales. Pero, como
lo señalan las ponencias, por el hecho de que no haya una sola
alternativa sino una gran variedad de conceptos sobre los
cacicazgos, esto no quiere decir que tal posición arqueológica esté
terminada o pierda su vigencia cien- tífica.
Son acertadas las críticas a los modelos evolucionistas y
difusionistas y es importante tomar conciencia de las limitaciones
de los estudios etnográficos y etnohistóricos, pero no son
argumento suficiente para justificar que la posición teórica y
metodológica que ha significado la investigación de los cacicazgos
no tenga mayor utilidad, a no ser que se postule que los modelos
cacicales que han tratado de definir etnólogos y etnohistoriadores
correspondan directamente a los procesos históricos prehispánicos.
No hay que olvidarse que los modelos sociales son abstracciones de
realidades históricas concretas, que de ninguna manera son iguales
a las realidades particulares que el arqueólogo investiga. Los
modelos sociales son abstracciones que sirven para elaborar
hipótesis de trabajo que orienten a largo plazo la investigación,
evitando de esta manera caer en posiciones empiristas.
Por eso, no se puede esperar que haya un solo modelo sobre los
cacicazgos prehispánicos americanos, sino que como lo indica la
investiga ción arqueológica, hay diferentes desarrollos sociales
históricos en las regiones de América.
Los modelos cacicales identificados por la Etnología y la
Etnohistoria han permitido el surgimiento de estrategias
metodológicas que no necesariamente caen en actitudes
evolucionistas y difusionistas. La reflexión teórica etnográfica y
etnohistórica no se puede dar por terminada por los obstáculos que
Drennan y Uribe presentan, porque aceptar esto implica tomar una
posición positivista, en tanto se presupone que los modelos de
cacicazgos identificados en sociedades indígenas modernas o en
tiempos coloniales tienen que corresponder directamente a las
sociedades precolombinas.
El registro arqueológico, entendido como el cuerpo de datos
empíricos que el investigador identifica en el terreno y el
laboratorio, solamente adquiere el nivel de la interpretación
científica en la medida en que se orienta a partir de modelos
sociales y de planteamientos teóricos que permiten una aproximación
a los procesos históricos que se investigan.
Son novedosos los cálculos demográficos propuestos por
investigadores como Robert D. Drennan, para regiones arqueológicas
como el valle del río La Plata, en Colombia. No cuestionando la
validez de la fórmula estadística que permite hacer estos cálculos,
se puede decir que estos están relacionados con la complejidad
social, en largas secuencias temporales. Pero lo importante no es
el dato cuantitativo demográfico, sino la manera como se
conceptualiza la demografía como fuerza de cambio social, o sea,
cómo interactúa la presión demográfica con las formas de producción
económica y con las organizaciones sociales y políticas en los
procesos prehispánicos.
Son varias las respuestas y de diferente orden social las
consecuencias que trae un incremento en la densidad demográfica. La
complejidad de este fenómeno no se resuelve de forma maniquea, como
lo piensan ciertos investigadores, anotando que el crecimiento
demográfico trae como consecuencia una mayor complejidad social, o
por el contrario afirmando que los cambios demográficos son el
resultado de cambios sociales. Los cambios demográficos están
inscritos en procesos sociales particulares que generan una
peculiar dinámica histórica, difícil de conocer en los procesos
prehispánicos a partir de datos cuantitativos aislados.
Como se aprecia, las ponencias publicadas en este libro sobre
los cacicazgos en América colocan al día diferentes posiciones
teóricas que se han planteado alrededor de esta temática. Su
lectura deja apreciar la validez de éstas y lleva a la reflexión
crítica de las mismas, lo cual indica que es una problemática que
ofrece una saludable apertura científica, cuyos resultados empiezan
a obtenerse. La discusión alrededor de los cacicazgos está
replanteando la investigación arqueológica alrededor de ciertos
períodos y está permitiendo el encuentro de nuevas metodologías, a
pesar de todas las dificultades y vacíos que conlleva el tomar
posiciones deductivas. En los cacicazgos se renueva el sentido
interdisciplinario de la arqueología en relación con la Etnología y
la Historiografía, corriendo el riesgo, claro está, de tomar
posiciones simplistas donde el concepto de cacicazgo se aplique
mecánicamente sin una rigurosidad científica, convirtiéndolo en una
moda más.
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HECTOR LLANOS VARGAS
Profesor Universidad Nacional de Colombia
SAN AGUSTIN
Patrick Rouillard
La publicación de este libro sobre el arte monumental
prehispánico de San Agustín, mantiene al orden del día la imagen
científica de divulgación de una de las regiones arqueológicas más
valiosas de Colombia.
En esta ocasión, la publicación es más que todo de carácter
gráfico, con un breve texto elaborado por el antropólogo Roberto
Pineda Giraldo. Las láminas fotográficas de Patrick Rouillard,
tienen una impresión de gran calidad y corresponden en su gran
mayoría a las esculturas líticas monumentales del Alto
Magdalena.
Algo novedoso en las fotografías de Rouillard es el ángulo con
que enfoca las esculturas. Estas casi siempre, en un primer plano,
muy nítido, que permite apreciar la textura de las rocas, se
contrastan con un fondo del paisaje, con una atmósfera cargada de
densas nubes, características de la geografía agustiniana, que en
algunas ocasiones produce una impresión misteriosa.
Otra característica de las fotografías, impresas a todo color,
es que no siempre aparecen las figuras pétreas de cuerpo entero,
sino que en varias ocasiones sólo presentan partes de las mismas,
destacando más que todo los rasgos de los rostros de los seres
míticos.
El texto del antropólogo Pineda Giraldo, a pesar de lo breve, no
se dedica a describir formalmente las esculturas, sino que las
ubica en el con texto social histórico de sus autores. Es un texto
actualizado en tanto recoge la problemática del Alto Magdalena,
como la plantean los trabajos más destacados de los investigadores.
Hace una síntesis de los períodos de San Agustín, indicando sus
transformaciones sociales, políticas y económicas, asociadas al
arte monumental, a lo largo del proceso histórico milenario.
El arte pétreo de San Agustín bien merece la calidad gráfica de
esta publicación de la editorial Colina. Desafortunadamente los
textos que acompañan las gráficas tienen algunas imprecisiones, con
respecto a la localización de las esculturas y a la ubicación
cronológica de las recientemente halladas en el cerro El
Purutal.
Por otro lado, teniendo en cuenta que la imagen fotográfica no
siempre permite apreciar las dimensiones de las esculturas, se
debería haber detallado como mínimo la altura y el ancho máximo de
cada una de ellas. En varias oportunidades se da la altura de
algunas esculturas y de las demás no, generando un nivel de
información desigual.
Al tratarse de un libro gráfico sobre la cultura de San Agustín,
debería habérsele dado un mayor espacio fotográfico a la alfarería
y a los monumentales trabajos de ingeniería (aterrazaientos y
montículos). Solamente aparece una cerámica fotografiada, que por
cierto es una pequeña vasija que no es muy representativa de los
complejos cerámicos de San Agustín.
Es de esperarse que esta iniciativa editorial, con alto nivel
fotográfico, se oriente a trabajos con una mayor profundidad
arqueológica, de carácter divulgativo, lográndose dar un novedoso
paso, en donde la información científica se encuentre al mismo
nivel de la calidad artística de las ilustraciones.
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HECTOR LLANOS VARGAS
|Profesor Universidad Nacional de Colombia
LANGEBAECK, CARL HENRIK 1987
MERCADOS, POBLAMIENTO E INTEGRACION ETNICA ENTRE LOS MUISCAS
Bogotá, Banco de la República.
Ha tenido a bien el Banco de la República editar este trabajo
que corresponde básicamente a la tesis de grado en antropología,
del autor. Se trata de una obra eminentemente etnohistórica que
pretende configurar los mecanismos de distribución de productos de
la etnia Muisca y su contexto sociocultural, a partir, ante todo,
del análisis minucioso de documentos de archivo de los siglos XVI y
parte del XVII y de las informaciones contenidas en las obras de
los cronistas de la misma época.
La temática del libro está conformada por cuatro capítulos,
fuera de una introducción, unas consideraciones finales y una
ubicación de repartimientos a manera de anexo. Los capítulos son:
I. Organización social. II. Circulación de productos. III. Centros
de mercado, y IV. Características económicas y sociales del
intercambio.
En lo referente a la organización social y política, Langebaeck
primeramente hace una revisión de la información disponible sobre
la estructuración
|de los cacicazgos locales, donde presenta
datos aclaratorios muy importantes sobre aspectos como el cargo de
uzaques, a quienes, con fundamento documental, les asigna
existencia restringida a la confederación de Bogotá.
Así mismo demuestra la jerarquización de los capitanes
dependientes de los caciques, con lo cual de paso refuta a
Broadbent, quien postuló el mismo rango para todas las capitanías a
partir de una supuesta equidad de términos empleados en los
documentos.
A pesar de las limitaciones documentales inherentes a dichas
fuentes, Langebaeck ofrece comentarios muy interesantes sobre
cargos políticos que existían, según las crónicas; tal es el caso
de los jeques y los "pregoneros". Al respecto de
estos últimos advierte la posibilidad de que fueran producto más
del orden colonial que del prehispánico. También hace una buena
síntesis general sobre el parentesco en la cual hay ejemplos
ilustra- tivos de la descendencia matrilineal, la exogamia entre
capitanías y pueblos y el patrón virilocal de residencia
matrimonial.
En relación a la confederación de cacicazgos el autor anota
que:
"En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a
la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad
independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según
los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al
interior de sus respectivas confederaciones, los caciques de Bogotá
y Chía eran "parientes" y que una relación
análoga se daba entre los de Suba y Tuna, Tunja y Ramiriquí,
Guatavita y Teusacá así como entre Duitama y Tobasía" (p.
34).
Sin embargo y a pesar de lo interesante que a la luz de la
etnología resulta el anterior planteamiento, el mismo autor
presenta ciertos argumen tos que muestran que las acciones bélicas
no del todo estaban descartadas ni carecían de importancia en el
proceso de conformación de las confederaciones. Así, establece por
ejemplo:
"La expansión de la confederación de Tunja es poco
conocida pero, al igual que la de Bogotá, pudo llevarse a cabo, en
cuanto territorio, por vías militares..." (p. 36).
Así mismo se refiere a las campañas del cacique de Bogotá para
sujetar a Fusagasugá, Tunja, Guatavita y Ubaque, de acuerdo a
testimonios de las crónicas.
En este sentido sí vale la pena tener muy en cuenta la
investigación realizada por Eduardo Londoño, según la cual, el
cacique de Ramiriquí expulsó a los habitantes de la Laguna pero
sólo aprovechó las tierras y no ejerció control político sobre
ellos, los cuales se replegaron a otro lugar. Esto lo tiene
presente Langebaeck para argumentar que la guerra no fue definitiva
en la estructuración política del cacicazgo Muisca. De todos modos,
el interrogante queda planteado a partir de esta obra, para
investigaciones futuras.
La información respecto a cacicazgos
"parientes" parece tener un carácter dual, pues
generalmente se establece esa relación entre dos, como lo presenta
la cita hecha arriba. Especulando un poco, podría verse si tal
estructuración tendría alguna similitud o relación con las de
carácter binario o dualista averiguadas, entre otros por Duviols,
para los Incas, y según las cuales, el poder era compartido en una
relación jerárquica por dos linajes opuestos y complementarios.
El segundo capítulo de esta obra se inicia con una discusión
respecto al "tributo" y la redistribución. El
autor demuestra documentalmente que, a diferencia de lo argumentado
por Rozo Gauta y Tovar, los caciques Muiscas no acumulaban riqueza
sino que la redistribuían tanto entre sus sujetos como entre otras
poblaciones de la misma etnia, no solo con el objeto de mantener su
posición y prestigio político sino como forma alternativa de acceso
a recursos de diversos pisos térmicos. Al respecto anota:
"El monto de los artículos que recibía el Cacique podía
ser grande, pero no faltan datos acerca de que algunos individuos
asistentes a la fiesta regresaran a sus bohíos con más de lo que
habían llevado. En I572, el Cacique de Tobasía declaró que cuando
llevaba una manta al de Duitama, su señor, éste le devolvía dos
(A.N.C. C+I XX fl.9r, en Broadbent. 1964a: 9I)" (P.
49).
El usufructo de los bienes redistribuidos, según la información
aportada por el autor, parece ser comunal.
En general, la redistribución como institución socioeconómica
queda demostrada en el libro y su incidencia representa un aspecto
novedoso en la investigación sobre la etnia Muisca.
Tradicionalmente, los autores habían seguido la tendencia
conceptual implantada por los cronistas respecto a darle validez
literal a los términos "tributo" y
"vasallos", en el sentido histórico europeo y
medioeval. No se había detenido el interés de los investigadores
por ver la dirección inversa de la circulación de productos. En
este sentido y dado que la redistribución ha sido entendida por la
antropología como una característica de los cacicazgos, su análisis
en el presente libro constituye una verdadera aproximación
etnohistórica y abre nuevos horizontes al estudio de los
Muiscas.
El capítulo segundo continúa con una exposición bastante
detallada de los artículos objeto de intercambio entre los Muiscas.
La lista es más extensa de lo que a primera vista podría uno
pensar. Incluye alimentos agrícolas, carne, pescado, sal, coca,
algodón, ovillos de hilo y mantas, oro, cerámica, cabuya, materia
prima para artefactos líticos, leña y madera, totumos, miel y cera
de abejas, cuentas de collar, figuras de oro, seres humanos,
caracoles marinos, cal, yopo, esmeraldas, pieles, tabaco, aves de
plumería y bija. La inclusión de cada uno de estos artículos está
respaldada con citas documentales y/ o de cronistas y autores más
recientes.
Esta sección del libro impresiona gratamente por la cantidad de
información lograda por el autor respecto al comercio de los
citados pro ductos y la misma confrontación que muchas veces hace
de las fuentes.
En lo referente a la producción y distribución de alimentos
agrícolas concluye la autosuficiencia de los Muiscas mediante la
utilización de diversos pisos térmicos dentro de su territorio, con
lo cual refuta a quienes han sostenido la fragilidad y dependencia
de su agricultura atribuyéndole a las heladas gran responsabilidad
en la supuesta deficiencia. El autor presenta muchas citas para
refrendar su tesis de la autosuficiencia, dentro de la cual el
control de diversas altitudes aparece como otro aspecto novedoso de
la etnografía Muisca en la actualidad.
También nos presenta Langebaeck la reiterada existencia de
caciques y "pueblos" que actuaban muchas veces
como intermediarios eco nómicos en el sentido de que adquirían
varios productos, por ejemplo coca, y parte de lo conseguido lo
intercambiaban a su vez en otro cacicazgo.
La tesis de la eficiencia agrícola de los Muiscas le sirve al
autor, de paso, para entrar en desacuerdo con la tesis de
Reichel-Dolmatoff, según la cual, los grupos de áreas menos
pluviales y con menos cosechas de maíz anuales serían invasores de
los que sí gozaban de dichas condiciones. Langebaeck plantea que
con el control de áreas templadas y húmedas, los Muiscas no tenían
necesidad de invadir otros grupos y cita fuentes antiguas que
aseguran que los principales invasores eran los habitantes de las
zonas "templadas o cálidas".
En el tercer capítulo relativo a los Centros de Mercado,
Langebaeck sistematiza los lugares de acuerdo a las confederaciones
a que pertenecía cada uno y con base en dicho trabajo concluye que
la actividad comercial estaba circunscrita primordialmente a grupos
de habla chibcha.
Inicialmente podemos pensar que tal aseveración por el momento
puede aparecer un poco prematura, dado el estado de confusión en
que se encuentra la clasificación lingüística de las etnias del
siglo XVI en Colombia y de la necesidad de revisar las categorías
aportadas por Rivet y otros hace unos cincuenta años.
También nos parece que el tratamiento dado a Sorocotá como
centro de mercado por ahora no aporta mayor claridad en parte
debido a la diversidad de información entre las fuentes y que su
papel dentro de la economía y la organización política Muisca está
todavía por ser estudiado profundamente. En el capítulo cuarto, el
antropólogo Langebaeck se adentra en el problema de la moneda, en
los factores que pudieron condicionar la cantidad de productos
dados y recibidos en los trueques, la frecuencia y volumen de los
mismos, la existencia de especialistas y la ideología presente en
los intercambios. Sugiere que probablemente no puede hablarse de
una verdadera moneda ni de presencia de especialistas y enfatiza en
la mención de circunstancias rituales del mercado y en el uso
ceremonial de muchos productos intercambiados.
Respecto a la autosuficiencia parece haber cierta confusión
cuando se habla de ella utilizando ejemplos del nivel local y se
concluye a nivel étnico (p. 137).
Este libro en general puede considerarse como uno de los aportes
más significativos en el largo proceso de esclarecimiento de la
realidad cultural de una etnia aborigen presente en el siglo XVI.
Es ante todo un documento etnohistórico que saca a la luz muchos
hechos no conocidos hasta ahora sobre los Muiscas. Representa un
buen ejemplo de unión de "técnicas" históricas y
análisis antropológico.
De ahora en ádelante no podrán pasarse por alto aspectos tan
importantes entre los Muiscas como el control vertical del
territorio, la imporancia de la redistribución, la existencia de
caciques intermediarios en la circulación de productos, la tesis de
la autosuficiencia de la agricultura y las relaciones con los
Teguas, todos documentados muy bien en este libro.
Finalmente vale la pena anotar algunas limitaciones editoriales
como el no haber incluido en la bibliografía a ciertos autores
citados en el texto, tales como Hernández Rodríguez y Masuda. De
otro lado, a pesar de que el autor advierte que todas las citas
documentales irán acompañadas de su respectiva fecha, hay casos en
los cuales ésta no aparece (pág. 39).
Los mapas y tablas son muy claros y en general la edición es
pulcra pero lamentablemente la encuadernación del libro es
deficiente y éste se desarma fácilmente.
En conclusión, pensamos que estamos frente a un libro muy
importante no sólo sobre los Muiscas sino sobre la etnohistoria
colombiana, el cual sienta pautas y criterios metodológicos de
investigación y aporta aspectos muy llamativos sobre
losMuiscas.
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JORGE MORALES GOMEZ
Instituto Colombiano de Antropología
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