Ficha bibliográfica
Titulo:
Forma y función en el oro Tairona
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Clemencia Plazas




INDICE




FORMA Y FUNCION EN EL ORO TAIRONA

CLEMENCIA PLAZAS


Entre 1965 y 1975 cobra tal auge la guaquería en la Sierra Nevada de Santa Marta, que quienes la practican -gente desempleada y ambulante, en su mayoría procedente del interior del país- organizan la Asociación de Guaqueros Colombianos, con más de mil miembros con carnet, amparados por una | personería jurídica, a pesar de ejercer una actividad ilegal. La búsqueda del oro precolombino los hace mover de un lugar a otro, penetrar al corazón de la Sierra, desmontar y establecerse como colonos.

Hacia fines de los años 70 la Sierra se ve inundada por traficantes de marihuana, quienes aprovechan la presencia de los colonos para contribuir a lo que se llamó la |bonanza marimbera. El dinero fácil que se obtiene con la marihuana, protege los pocos sitios arqueológicos intactos hasta que la competencia de los cultivos norteamericanos y la intensa lucha oficial contra el narcotráfico, debilitan la bonanza, renaciendo el interés por la guaquería, congelado durante estos años.

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Un paisaje desolador, con el suelo repleto de cráteres, como si hubiera sido profusamente bombardeado, es la huella visible en los sitios arqueológicos costeros del paso ávido de los guaqueros. En su búsqueda de entierros, desafortunadamente localizados en los sitios de vivienda, hacen daños irreparables en los antiguos centros urbanos, descubiertos en las zonas más altas.

Por esto llegan al Museo del Oro 10.949 piezas de orfebrería hasta conformar el 34% de su colección. Fueron adquiridos a intermediarios o comerciantes que, de una u otra manera, evitaron que fueran a parar a colecciones privadas en Europa y los Estados Unidos, como un número incalculable de piezas tairona, tanto de oro como de cerámica.

La mayoría de estas adquisiciones se hizo por lotes de más de cien objetos, con datos de procedencia vagos o ambigüos, tales como los de "hinca y Bonda" o de la "Región Tairona".

Luego de clasificar las piezas de oro tairona en 22 categorías, según su forma y función, se las ubicó de acuerdo con las procedencias que aparecen en el archivo del museo, constatando la inutilidad de los datos de hallazgo. (v. A. M. Falchetti. Mapa 1, en esta publicación). Casi todas las formas procedían de la mayoría de los sitios. No existe una distribución regional, formal o tecnológica, que permita plantear hipótesis. Es preciso atenerse a las pocas piezas de oro excavadas directamente por arqueólogos para situar el conjunto orfebre dentro de su contexto cultural. (v. A. M. Falchetti, este volumen).

A nivel iconográfico, estilístico y tecnológico, la orfebrería tai- rona es un conjunto coherente, formado por miles de objetos hechos para ser utilizados intensamente. Presenta huellas de roce y desgaste por los años de uso. El diseño recargado, próximo a la exageración, concuerda con su tendencia emblemática. Cada tipo de combinación de rasgos humanos con rasgos animales, seguramente identificaba a grupos sociales específicos, relacionados mítica y ancestralmente con determinados animales.

La rica y particular cosmogonía expresada a través de los mitos de las tribus Kogui e Ijka, habitantes de la Sierra Nevada y descendientes de los taironas, es una fuente de conocimientos inagotable para entender el universo simbólico contenido en su orfebrería.

Todas las mitologías aborígenes americanas coinciden en que en un principio no había diferencias entre hombres y animales. Con el Sol, aparecen el tiempo y la muerte, pero los hombres quedan afuera del mundo primordial, fuente del poder. El contacto involuntario con ese mundo implica desorden y enfermedad, mientras que el acercamiento voluntario, a través del ritual (bailes, cantos, máscaras) permite al hombre regresar al estado hombre-animal para obtener el poder sobrenatural y el control del cosmos.

La variada mezcla de hombres y animales, presente en los objetos tairona, nos indica la constante preocupación de esta cultura por mantener un contacto vivo con ese mundo primigenio.

Son muy escasas las representaciones femeninas. En contraste, los Muiscas, contemporáneos de los Taironas, podían representar a la mujer, generalmente asociada a la |parafernalia de la droga o en su función materna, ya que su orfebrería era más de carácter votivo que emblemático.

Los tairona utilizaron la cera perdida para fundir piezas en tumbaga, aleación de oro y cobre. Cada molde era original y muy elaborado. Muchas piezas se fundieron con núcleo para obtener volumen. Al extraerse del molde y despojarse de residuos, se las sometía a calentamientos sucesivos para oxidar el cobre de la aleación, que una vez retirado dejaba una película superficial de oro puro. Después se las pulía hasta darles un acabado perfecto.

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Antes de introducirnos en la presente clasificación del oro tairona, es conveniente saber que los koguis no valoran el oro, otros metales precios y las gemas, como muestras de riqueza o prestigio personal. El oro para ellos es un potencial simbólico de fertilidad que pertenece a toda la sociedad. El Sol, principio masculino por excelencia, le comunica al oro su poder creador. (Reichel-Dolmatoff, 1981) Por este motivo el día de la siembra del maíz se ofrenda oro en las lagunas, úteros de la madre tierra, para fertilizarla. (Taylor, 1974).

| Ajorcas y brazaletes

Piezas martilladas en oro de buena ley. Servían para cubrir la sección inferior de la pierna y el brazo, respectivamente. a) Algunas presentan círculos repujados a lo largo de los bordes y en sus extremos dos orificios para ser aseguradas por medio de cuerdas. b) Fundidas en tumbaga y luego martilladas. Hacia los extremos son más delgadas, y su fuerte consistencia les permite permanecer en su sitio sin necesidad de amarres.

| Broches

a), b) y c) Centenares de piezas fundidas, en forma de ancla y a veces adornadas con cabezas de serpientes existen en la colección del Museo del Oro. Por su cantidad, delicada filigrana y pequeñez (4 cms. en promedio) han sido consideradas y exhibidas como cuentas de collar. Sin embargo, su apertura longitudinal resulta inexplicable para dicha función. Según Juan Mayr (comunicación personal) los ijkas las utilizan actualmente en las ceremonias como broches para atar las largas hileras de cuentas de cornalina, cuarzo y oro, heredadas de sus antepasados. Se las cruzan sobre el pecho, abrochándolas en la espalda. Los broches son fundidos a la cera perdida, con núcleos de arcilla y carbón, hoy removidos. Los núcleos de las piezas tairona fundidas son de color muy claro, en contraste con los de otras zonas del país. La coloración se produce según el carbón que contengan.

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| Campanas

a) En forma de pera con adornos en el borde. b) Cilíndricas, lisas con apertura lateral total o parcial. La aleta delgada que se desprende de la apertura lateral y los fuertes anillos de suspensión, indican que debieron colgar en lugares con corrientes de viento. Actualmente ninguna conserva la cuerda que sostenía el |badajo para hacerlas sonar. c) También son comunes las campanas con motivos antropomorfos.

| Cascabeles

Por lo general, son más pequeños que las campanas y muchos debieron ser utilizados como cuentas de collar o prendidos a los brazaletes, a) Los únicos con tamaño semejante al de las campanas son de cobre fundido a la cera perdida. Son evidentes las uniones del hilo de cera que les fue dando su forma cónica. Su tosquedad contrasta con la delicadeza de los demás cascabeles, que, a su vez, pueden dividirse, según su forma, en: b) Cónicas lisas; c) Cónicas antropomorfas; d) y e) Semicirculares con cara humana o de rana; f) y g) De forma compuesta lisas o antropomorfas. Las tres últimas son las más comunes. Su figurativismo es del más puro estilo tairona. Delgados hilos, lisos y torcidos, y esferas de diferentes tamaños, adornan esquemáticas figuras agresivas. Las pequeñas esferas que producen el sonido son también de metal pulido y, generalmente, traen un alto contenido de Cu.

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| Cinturones

Bandas metálicas martilladas en oro de muy buena ley, de unos 10 cms. de ancho. Su flexibilidad permite ceñirlas fácilmente a la cintura. A veces presentan ondulaciones repujadas a lo largo de los bordes y agujeros en los extremos para ser aseguradas por medio de cordeles.

| Colgantes

Fueron seguramente utilizados pendiendo del centro de un collar. Son piezas únicas, no repetidas como las cuentas de collar, y de menor tamaño que los pectorales. a) Su forma se asemej a a la de los grandes pectorales, donde la mezcla de rasgos animales y humanos crean personajes específicos, seguramente utilizados como emblemas. b) Ocasionalmente, representan animales de gran realismo, entre los que sobresalen por su belleza, los colgantes en forma de ave, que vistos de perfil muestran gran variedad de tocados y picos de garzas, patos cucharos, patos aguja y paujiles; y de frente representan al ave en actitud de vuelo con sus alas desplegadas y sus miembros encogidos, haciendo innecesaria la representación del resto del cuerpo. c) Rapaces con alas abiertas y cola desplegada, mostrando todo su esplendor al posarse en tierra. d) No tan numerosos, pero sorprendentes por su cuidadosa elaboración, son los colgantes en forma de lechuza, que representan al ave erguida, con sus alas replegadas y sus grandes ojos inquisidores. Estas piezas fueron fundidas a la cera perdida, con núcleo hoy removido. La cabeza se desplaza hacia arriba deslizándose por el mismo cordel que sujeta la pieza, a través de orificios en la cabeza y el, cuerpo. La cabeza encaja, a manera de tapa, dentro del cuerpo de la lechuza, pequeño recipiente de uso desconocido. Una de estas tapas, en vez de estar sujeta por el cordel, entraba. de perfil en el cuello de la lechuza y giraba, quedando ajustada cuando la lechuza miraba hacia adelante; e) Colgantes zoomórfos de especie múltiple, representan una figura fantástica con cabeza felina, cuerpo de rana y una serpiente como cola. Según un mito regional, este |batracio simboliza el centro, punto de convergencia claramente expresado en este típico colgante. Son también comunes los colgantes que representan conchas y pueden agruparse en dos clases; f) Los bivalvos y g) Los gasterópodos. Según Reichel Dolmatoff en su libro "Los Kogi", estas son representaciones simbólicas de los genitales masculino y femenino; h) Algunos tienen forma indefinible y se desconoce su representación.

| Cuentas de collar

Millares de cuentas de oro expresan la profusión de los collares utilizados por los taironas. Las más comunes fueron martilladas y entre sus formas figuran: a) Láminas lisas y repujadas, b) Tubos sencillos y c) Esferas. Posiblemente eran intercaladas entre cuentas de piedras de colores, muy apreciadas por esta cultura; d) También fabricaron láminas de oro redondeadas para cubrir las cuentas de piedra; e) La rana es el animal más representado, aparece desde la más realista hasta la más sofisticada estilización. Martilladas en láminas de oro, con sus atributos repujados, o fundidas con el núcleo aún en su interior o removido como en el caso de las cuentas sonajeras. La rana, segunda esposa del Sol según la mitología kogui, fue repudiada por haberle sido infiel. El mito dice que la arrojó a la tierra destrozándola en mil pedazos y cada fragmento se convirtió en rana, de allí su abundancia y su aversión al Sol, de quien huye saliendo solamente cuando hay lluvia; f) Abundan también las cuentas fundidas con forma de jaguar, a veces reconocible por la posición expectante de sus patas o por su cola levantada. En general, fue representado en forma muy estilizada. Hoy en día, estas piezas son muy apreciadas por los indígenas de la vecina península de la Guajira; g) Garras y h) Colmillos de felino, que disminuyen gradualmente de tamaño, forman imponentes y agresivos collares; i) Cuentas que representan un animal fantástico. Medio centenar forman una de las piezas mejor diseñadas de la orfebrería precolombina. Cada cuenta es casi imperceptiblemente más pequeña que la siguiente y, gracias a sus dos orificios, el collar se anuda formando una franja sólida de gran flexibilidad que se ajusta fácilmente a las curvas del pecho, hombros y espalda.

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| Diademas

a) Las más comunes son láminas martilladas en tumbaga dorada, dobladas en forma cónica; b) Otras, menos altas, presentan una especie de |visera que se prolonga hacia adelante. Estas tienen dos o tres prolongaciones que se elevan de la lámina en forma de hongo.

| Discos

Círculos laminares con un pequeño orificio central, de unos doce centímetros de diámetro. Están decorados con puntos y uno o dos círculos concéntricos repujados cerca del borde. Generalmente han sido martillados en oro de buena ley o en tumbaga dorada, muy pulidos en una de sus caras. No ofrecen ningún desgaste alrededor del orificio, lo que supone que no fueron usados como discos rotatorios, sino seguramente, como aplicaciones sobre textiles o maderas.

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| Herramientas

Unicos objetos utilitarios, entre las numerosas piezas tairona. A cinceles y punzones se les dio dureza martillando en frío una aleación de tumbaga. Sirvieron para cortar y perforar láminas metálicas. De igual manera elaboraron agujas y anzuelos, que luego fueron dorados por oxidación.

| Narigueras

Junto con las cuentas y las orejeras, son las piezas más numerosas del oro tairona. Las más comunes son: a) Aros de alambre delgado; b) Aros delgados o gruesos, doblados en espiral; c) y d) Semilunares planas y macizas. Estas narigueras fueron martilladas en oro de alta ley o en tumbaga dorada; e) En forma de "n", con remates planos o semiesféricos, que atrevesaban el cartílago nasal, fundidas en tumbaga dorada; f) y g) En forma de mariposa, compuesta por un triángulo central y dos placas laterales para cubrir buena parte de las mejillas y el labio superior. El triángulo puede tener una apertura en su base, en cuyo caso la nariguera debió pasar completa por el hueco abierto en el cartílago, o en uno de sus lados para facilitar su colocación. Algunos ejemplares alcanzan una singular maestría en el trabajo de filigrana fundida; h) Laminares con prolongaciones laterales, generalmente martilladas, lisas o decoradas con círculos concéntricos repujados, que recuerdan la filigrana fundida. Algunas atravesaban el cartílago nasal y otras colgaban de él; i) Tubulares sencillas y dobles, martilladas, muy comunes. Se utilizaban atravesando la nariz, haciéndola ver, por su volumen, levantada y achatada; j), k) y 1) Con prolongaciones laterales ascendentes, son pequeñas en relación con las anteriores. La mayoría son huecas y presentan excelentes trabajos en filigrana o placas colgantes.

| Orejeras

Solo existen dos grupos: a) Semilunares huecas sin adornos de filigrana. Son delgadas y, aunque parecen martilladas por su fragilidad y dobleces en los extremos superiores, en realidad fueron fundidas a la cera perdida. Utilizaron, seguramente, hormas de cerámica o madera para modelar la cera. Plegar una lámina de tumbaga hasta alcanzar esta forma, sería una tarea imposible. b) y c) Semilunares huecas con adornos de filigrana que forman hileras de líneas onduiantes cruzadas y muchas presentan en sus extremos dos cabezas de serpiente, más o menos estilizadas. Es posible suponer que sugieren el movimiento de dos serpientes en direcciones opuestas. d) Tubulares huecas. Largos tubos martillados de tumbaga dorada o de buen oro para ser inserta- dos en los lóbulos, eran adornados en sus extremos con una tapa que, generalmente, remataba en la cabeza de una serpiente. Observando las piezas antropomorfas de oro se ven también tapas de orejeras con adornos repujados.

| Pectorales

Piezas de gran tamaño para colgar en medio del pecho. Hay muchos pectorales circulares planos, en láminas martilladas de oro de alta ley, a veces decorados con motivos similares a los de los discos. Un agujero de suspensión situado cerca del borde superior, los diferencia de ellos. a), b) y c) Pectorales decorados con elaboradas figuras zoomorfas o antropomorfas repujadas. Una de estas figuras se encuentra en numerosos pectorales de distintas formas, siempre presentando los mismos atributos. Siempre de frente y con las piernas abiertas. Conservando siempre un tamaño mayor que el de los personajes y animales que lo acompañan. Los Ijkas llaman a este personaje, Zerankua, divinidad generativa. Observando con cuidado los pectorales, puede verse que sus atributos no tienen mayor variación: narigueras en forma de mariposa, orejeras tubulares con tapas circulares, pectorales de ave, con alas y cola desplegadas, terminados en espirales. d) El cuerpo de serpiente con cabezas en cada extremo y movimiento bidireccional, inspira seguramente la forma de numerosísimos pectorales en espirales divergentes, que se encuentran en esta región. Fueron fundidos en tumbaga con alto contenido de oro y, posteriormente, dorados por oxidación. Su diseño les da gran elasticidad. e) y f) Pectorales de aves con alas desplegadas, comunes en la iconografía precolombina de la América Intermedia, pueden clasificarse en dos grandes grupos en la zona tairona: laminares y fundidos. Los primeros fueron martillados en oro de distintas leyes. El diseño de la cabeza, insertada en el cuerpo, es complejo pues al doblar la lámina se obtiene la protuberancia del pico y, en la parte posterior dos apéndices alargados se doblan sobre sí mismos para crear los anillos de suspensión. En ocasiones las cabezas se funden por separado y se insertan en el pectoral martillado. En contraste con la simplicidad de los laminares, los pectorales fundidos son muy adornados: cordones, esferas y figuras subalternas les imprimen el estilo barroco, característico de las piezas taironas. g) La profusión de adornos llega a su grado máximo en los pectorales fundidos antropomorfos. Representan seres humanos con la cara modificada por adornos que le dan aspecto animal. En el caso del "hombre-murciélago" las narigueras tubulares dobles levantan el tabique nasal, la diadema de visera tiene protuberancias en forma de membranas auriculares y el adorno sublabial prolonga su hocico. (Anne Legast, 1982). h) Pectorales antropomorfos que representan hombres con máscaras de murciélagos, aves o felinos.

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| Pezoneras

Láminas martilladas en oro de buena ley con la forma del pezón, usadas para adornar los senos o las tetillas. Son escasos en el área tairona, mientras que en el Sinú son muy comunes.

| Placas para aplicar a textiles

La cantidad hallada en la región, corrobora los hallazgos arqueológicos de ocupación humana hasta más arriba de los 2.500 m.s.n.m., donde se hacía necesario usar vestidos de algodón u otro material. a), b) y c) Placas pequeñas para ser prendidas a fajas tejidas, usadas en muñecas, antebrazos, tobillos, piernas o cuello, según lo indican numerosas figurinas cerámicas. d), e) y f) Placas grandes, cosidas sobre el centro del pecho, eran como los pectorales, las piezas más destacadas del atuendo. A diferencia de ellos, son frágiles, con decoración repujada sobre láminas muy delgadas que, gracias al textil que las sujetaba, no sufrían mayor deterioro.

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| Portapenes

El caracol es, contrapuesto a los bivalvos, símbolo del sexo masculino. No es raro encontrar en las zonas cálidas de la Costa Atlántica muchos caracoles strombus usados como portapenes. Algunos fueron fundidos en oro, conservando la forma alargada de los |gasterópodos.

| Separadores

Su forma básica es rectangular y presenta un conjunto de orificios laterales dispuestos de tal manera que mantuvieran separadas las vueltas de collares o brazaletes.

| Tembetas o adornos sublabiales

Objetos cilíndricos de oro o piedra, con una superficie semicóncava en uno de sus extremos para apoyarse suavemente sobre el maxilar inferior. En las tembetas de piedra es plano el otro extremo y después de atravesar la piel por debajo del labio inferior, se le agregaba una tapa de oro: a) y b) Láminas martilladas, repujadas luego con líneas o puntos. c) hasta h) Fundidas a la cera perdida. La aleación de tumbaga se doraba por oxidación. La cabeza de serpiente, exagerada su lengua bífida, es uno de los remates más comunes en estas tapas y el único motivo que se sale de la forma geométrica.

El adorno sublabial era muy común en el área tairona, lo mismo que en mesoamérica, pero en las otras zonas arqueológicas colombianas estos objetos son desconocidos, con excepción de algunos hallazgos en el área Tolima.

| Tapas de recipiente

Solo dos se encuentran en la colección del Museo del Oro. Fueron fundidas en tumbaga dorada y sirvieron para tapar vasijas de calabazo o cerámica, pues en esta zona no existen recipientes de oro.

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| Remates de bastón

Objetos para colocar verticalmente sobre varas o estandartes, presumiblemente de madera. Los de oro son poco comunes, en tanto que los de concha y hueso abundan en la región. Fundidos a la cera perdida, la mayoría con núcleo removido para crear una cavidad donde pequeñas esferas metálicas producían sonidos al ser agitados. Dos remates de colocación horizontal, con figuras zoomórfas de] más puro estilo tairona, pueden considerarse atípicos. Su posición se asemeja a la de los numerosos remates del área sinú.

| Otros

a) Lámina martillada en oro de buena ley con una cabeza de ave rapaz como remate. Pieza única y singular por su función. Sirvió posible- mente como funda para uno de los dedos de la mano.

b) Cuchillos ceremoniales. Piezas fundidas en tumbaga dorada, muy elaboradas en su decoración, algunas veces con figuras antropozoomorfas semejantes a las de los pectorales. Su fragilidad permite suponer un uso ceremonial.

c) Placas martilladas en oro de buena ley con extremos ascendentes y decoración repujada. Su uso es indefinido, pues no presentan orificios para ser colgadas o cosidas a textiles. Pudieron ser incrustadas a piezas de madera.

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| BIBLIOGRAFIA

Legast, Anne. " |La Fauna Mitica Tairona": Boletín Museo del Oro. Año 5, enerobril. 1982. Bogotá, Colombia.

Reichel Dolmatoff, Gerardo. " |Things of Beauty Replete with Meaning-Metals and Crystals in Colombian Indian Cosmology "Sweat of the Sun, tears of the Moon: Gold and emerald treasures of Colombia. Natural History Museum of Los Angeles County, 1981. Los Angeles, USA. Reichel Dolmatoff, Gerardo. Los Kogi. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, Procultura. 1985. Bogotá, Colombia.

Tayler, Donald. |The ika and their systems of belief. Thesis submitted for the Decree of Ph. D. in the University of Oxford, St. John's College. 1974. Oxford, Inglaterra.

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