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INDICE
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FORMA Y FUNCION EN EL ORO
TAIRONA
CLEMENCIA PLAZAS
Entre 1965 y 1975 cobra tal auge la guaquería en la Sierra
Nevada de Santa Marta, que quienes la practican -gente desempleada
y ambulante, en su mayoría procedente del interior del país-
organizan la Asociación de Guaqueros Colombianos, con más de mil
miembros con carnet, amparados por una |
personería
jurídica, a pesar de ejercer una actividad ilegal. La
búsqueda del oro precolombino los hace mover de un lugar a otro,
penetrar al corazón de la Sierra, desmontar y establecerse como
colonos.
Hacia fines de los años 70 la Sierra se ve inundada por
traficantes de marihuana, quienes aprovechan la presencia de los
colonos para contribuir a lo que se llamó la
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marimbera. El dinero fácil que se obtiene con la marihuana,
protege los pocos sitios arqueológicos intactos hasta que la
competencia de los cultivos norteamericanos y la intensa lucha
oficial contra el narcotráfico, debilitan la bonanza, renaciendo el
interés por la guaquería, congelado durante estos años.
Un paisaje desolador, con el suelo repleto de cráteres, como si
hubiera sido profusamente bombardeado, es la huella visible en los
sitios arqueológicos costeros del paso ávido de los guaqueros. En
su búsqueda de entierros, desafortunadamente localizados en los
sitios de vivienda, hacen daños irreparables en los antiguos
centros urbanos, descubiertos en las zonas más altas.
Por esto llegan al Museo del Oro 10.949 piezas de orfebrería
hasta conformar el 34% de su colección. Fueron adquiridos a
intermediarios o comerciantes que, de una u otra manera, evitaron
que fueran a parar a colecciones privadas en Europa y los Estados
Unidos, como un número incalculable de piezas tairona, tanto de oro
como de cerámica.
La mayoría de estas adquisiciones se hizo por lotes de más de
cien objetos, con datos de procedencia vagos o ambigüos, tales como
los de "hinca y Bonda" o de la "Región
Tairona".
Luego de clasificar las piezas de oro tairona en 22 categorías,
según su forma y función, se las ubicó de acuerdo con las
procedencias que aparecen en el archivo del museo, constatando la
inutilidad de los datos de hallazgo. (v. A. M. Falchetti. Mapa 1,
en esta publicación). Casi todas las formas procedían de la mayoría
de los sitios. No existe una distribución regional, formal o
tecnológica, que permita plantear hipótesis. Es preciso atenerse a
las pocas piezas de oro excavadas directamente por arqueólogos para
situar el conjunto orfebre dentro de su contexto cultural. (v. A.
M. Falchetti, este volumen).
A nivel iconográfico, estilístico y tecnológico, la orfebrería
tai- rona es un conjunto coherente, formado por miles de objetos
hechos para ser utilizados intensamente. Presenta huellas de roce y
desgaste por los años de uso. El diseño recargado, próximo a la
exageración, concuerda con su tendencia emblemática. Cada tipo de
combinación de rasgos humanos con rasgos animales, seguramente
identificaba a grupos sociales específicos, relacionados mítica y
ancestralmente con determinados animales.
La rica y particular cosmogonía expresada a través de los mitos
de las tribus Kogui e Ijka, habitantes de la Sierra Nevada y
descendientes de los taironas, es una fuente de conocimientos
inagotable para entender el universo simbólico contenido en su
orfebrería.
Todas las mitologías aborígenes americanas coinciden en que en
un principio no había diferencias entre hombres y animales. Con el
Sol, aparecen el tiempo y la muerte, pero los hombres quedan afuera
del mundo primordial, fuente del poder. El contacto involuntario
con ese mundo implica desorden y enfermedad, mientras que el
acercamiento voluntario, a través del ritual (bailes, cantos,
máscaras) permite al hombre regresar al estado hombre-animal para
obtener el poder sobrenatural y el control del cosmos.
La variada mezcla de hombres y animales, presente en los objetos
tairona, nos indica la constante preocupación de esta cultura por
mantener un contacto vivo con ese mundo primigenio.
Son muy escasas las representaciones femeninas. En contraste,
los Muiscas, contemporáneos de los Taironas, podían representar a
la mujer, generalmente asociada a la
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droga o en su función materna, ya que su orfebrería era más de
carácter votivo que emblemático.
Los tairona utilizaron la cera perdida para fundir piezas en
tumbaga, aleación de oro y cobre. Cada molde era original y muy
elaborado. Muchas piezas se fundieron con núcleo para obtener
volumen. Al extraerse del molde y despojarse de residuos, se las
sometía a calentamientos sucesivos para oxidar el cobre de la
aleación, que una vez retirado dejaba una película superficial de
oro puro. Después se las pulía hasta darles un acabado
perfecto.
Antes de introducirnos en la presente clasificación del oro
tairona, es conveniente saber que los koguis no valoran el oro,
otros metales precios y las gemas, como muestras de riqueza o
prestigio personal. El oro para ellos es un potencial simbólico de
fertilidad que pertenece a toda la sociedad. El Sol, principio
masculino por excelencia, le comunica al oro su poder creador.
(Reichel-Dolmatoff, 1981) Por este motivo el día de la siembra del
maíz se ofrenda oro en las lagunas, úteros de la madre tierra, para
fertilizarla. (Taylor, 1974).
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Ajorcas y brazaletes
Piezas martilladas en oro de buena ley. Servían para cubrir la
sección inferior de la pierna y el brazo, respectivamente. a)
Algunas presentan círculos repujados a lo largo de los bordes y en
sus extremos dos orificios para ser aseguradas por medio de
cuerdas. b) Fundidas en tumbaga y luego martilladas. Hacia los
extremos son más delgadas, y su fuerte consistencia les permite
permanecer en su sitio sin necesidad de amarres.
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Broches
a), b) y c) Centenares de piezas fundidas, en forma de ancla y a
veces adornadas con cabezas de serpientes existen en la colección
del Museo del Oro. Por su cantidad, delicada filigrana y pequeñez
(4 cms. en promedio) han sido consideradas y exhibidas como cuentas
de collar. Sin embargo, su apertura longitudinal resulta
inexplicable para dicha función. Según Juan Mayr (comunicación
personal) los ijkas las utilizan actualmente en las ceremonias como
broches para atar las largas hileras de cuentas de cornalina,
cuarzo y oro, heredadas de sus antepasados. Se las cruzan sobre el
pecho, abrochándolas en la espalda. Los broches son fundidos a la
cera perdida, con núcleos de arcilla y carbón, hoy removidos. Los
núcleos de las piezas tairona fundidas son de color muy claro, en
contraste con los de otras zonas del país. La coloración se produce
según el carbón que contengan.
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Campanas
a) En forma de pera con adornos en el borde. b) Cilíndricas,
lisas con apertura lateral total o parcial. La aleta delgada que se
desprende de la apertura lateral y los fuertes anillos de
suspensión, indican que debieron colgar en lugares con corrientes
de viento. Actualmente ninguna conserva la cuerda que sostenía el
|badajo para hacerlas sonar. c) También son comunes las
campanas con motivos antropomorfos.
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Cascabeles
Por lo general, son más pequeños que las campanas y muchos
debieron ser utilizados como cuentas de collar o prendidos a los
brazaletes, a) Los únicos con tamaño semejante al de las campanas
son de cobre fundido a la cera perdida. Son evidentes las uniones
del hilo de cera que les fue dando su forma cónica. Su tosquedad
contrasta con la delicadeza de los demás cascabeles, que, a su vez,
pueden dividirse, según su forma, en: b) Cónicas lisas; c) Cónicas
antropomorfas; d) y e) Semicirculares con cara humana o de rana; f)
y g) De forma compuesta lisas o antropomorfas. Las tres últimas son
las más comunes. Su figurativismo es del más puro estilo tairona.
Delgados hilos, lisos y torcidos, y esferas de diferentes tamaños,
adornan esquemáticas figuras agresivas. Las pequeñas esferas que
producen el sonido son también de metal pulido y, generalmente,
traen un alto contenido de Cu.
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Cinturones
Bandas metálicas martilladas en oro de muy buena ley, de unos 10
cms. de ancho. Su flexibilidad permite ceñirlas fácilmente a la
cintura. A veces presentan ondulaciones repujadas a lo largo de los
bordes y agujeros en los extremos para ser aseguradas por medio de
cordeles.
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Colgantes
Fueron seguramente utilizados pendiendo del centro de un collar.
Son piezas únicas, no repetidas como las cuentas de collar, y de
menor tamaño que los pectorales. a) Su forma se asemej a a la de
los grandes pectorales, donde la mezcla de rasgos animales y
humanos crean personajes específicos, seguramente utilizados como
emblemas. b) Ocasionalmente, representan animales de gran realismo,
entre los que sobresalen por su belleza, los colgantes en forma de
ave, que vistos de perfil muestran gran variedad de tocados y picos
de garzas, patos cucharos, patos aguja y paujiles; y de frente
representan al ave en actitud de vuelo con sus alas desplegadas y
sus miembros encogidos, haciendo innecesaria la representación del
resto del cuerpo. c) Rapaces con alas abiertas y cola desplegada,
mostrando todo su esplendor al posarse en tierra. d) No tan
numerosos, pero sorprendentes por su cuidadosa elaboración, son los
colgantes en forma de lechuza, que representan al ave erguida, con
sus alas replegadas y sus grandes ojos inquisidores. Estas piezas
fueron fundidas a la cera perdida, con núcleo hoy removido. La
cabeza se desplaza hacia arriba deslizándose por el mismo cordel
que sujeta la pieza, a través de orificios en la cabeza y el,
cuerpo. La cabeza encaja, a manera de tapa, dentro del cuerpo de la
lechuza, pequeño recipiente de uso desconocido. Una de estas tapas,
en vez de estar sujeta por el cordel, entraba. de perfil en el
cuello de la lechuza y giraba, quedando ajustada cuando la lechuza
miraba hacia adelante; e) Colgantes zoomórfos de especie múltiple,
representan una figura fantástica con cabeza felina, cuerpo de rana
y una serpiente como cola. Según un mito regional, este
|batracio simboliza el centro, punto de convergencia
claramente expresado en este típico colgante. Son también comunes
los colgantes que representan conchas y pueden agruparse en dos
clases; f) Los bivalvos y g) Los gasterópodos. Según Reichel
Dolmatoff en su libro "Los Kogi", estas son
representaciones simbólicas de los genitales masculino y femenino;
h) Algunos tienen forma indefinible y se desconoce su
representación.
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Cuentas de collar
Millares de cuentas de oro expresan la profusión de los collares
utilizados por los taironas. Las más comunes fueron martilladas y
entre sus formas figuran: a) Láminas lisas y repujadas, b) Tubos
sencillos y c) Esferas. Posiblemente eran intercaladas entre
cuentas de piedras de colores, muy apreciadas por esta cultura; d)
También fabricaron láminas de oro redondeadas para cubrir las
cuentas de piedra; e) La rana es el animal más representado,
aparece desde la más realista hasta la más sofisticada
estilización. Martilladas en láminas de oro, con sus atributos
repujados, o fundidas con el núcleo aún en su interior o removido
como en el caso de las cuentas sonajeras. La rana, segunda esposa
del Sol según la mitología kogui, fue repudiada por haberle sido
infiel. El mito dice que la arrojó a la tierra destrozándola en mil
pedazos y cada fragmento se convirtió en rana, de allí su
abundancia y su aversión al Sol, de quien huye saliendo solamente
cuando hay lluvia; f) Abundan también las cuentas fundidas con
forma de jaguar, a veces reconocible por la posición expectante de
sus patas o por su cola levantada. En general, fue representado en
forma muy estilizada. Hoy en día, estas piezas son muy apreciadas
por los indígenas de la vecina península de la Guajira; g) Garras y
h) Colmillos de felino, que disminuyen gradualmente de tamaño,
forman imponentes y agresivos collares; i) Cuentas que representan
un animal fantástico. Medio centenar forman una de las piezas mejor
diseñadas de la orfebrería precolombina. Cada cuenta es casi
imperceptiblemente más pequeña que la siguiente y, gracias a sus
dos orificios, el collar se anuda formando una franja sólida de
gran flexibilidad que se ajusta fácilmente a las curvas del pecho,
hombros y espalda.
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Diademas
a) Las más comunes son láminas martilladas en tumbaga dorada,
dobladas en forma cónica; b) Otras, menos altas, presentan una
especie de
|visera que se prolonga hacia adelante. Estas
tienen dos o tres prolongaciones que se elevan de la lámina en
forma de hongo.
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Discos
Círculos laminares con un pequeño orificio central, de unos doce
centímetros de diámetro. Están decorados con puntos y uno o dos
círculos concéntricos repujados cerca del borde. Generalmente han
sido martillados en oro de buena ley o en tumbaga dorada, muy
pulidos en una de sus caras. No ofrecen ningún desgaste alrededor
del orificio, lo que supone que no fueron usados como discos
rotatorios, sino seguramente, como aplicaciones sobre textiles o
maderas.
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Herramientas
Unicos objetos utilitarios, entre las numerosas piezas tairona.
A cinceles y punzones se les dio dureza martillando en frío una
aleación de tumbaga. Sirvieron para cortar y perforar láminas
metálicas. De igual manera elaboraron agujas y anzuelos, que luego
fueron dorados por oxidación.
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Narigueras
Junto con las cuentas y las orejeras, son las piezas más
numerosas del oro tairona. Las más comunes son: a) Aros de alambre
delgado; b) Aros delgados o gruesos, doblados en espiral; c) y d)
Semilunares planas y macizas. Estas narigueras fueron martilladas
en oro de alta ley o en tumbaga dorada; e) En forma de
"n", con remates planos o semiesféricos, que
atrevesaban el cartílago nasal, fundidas en tumbaga dorada; f) y g)
En forma de mariposa, compuesta por un triángulo central y dos
placas laterales para cubrir buena parte de las mejillas y el labio
superior. El triángulo puede tener una apertura en su base, en cuyo
caso la nariguera debió pasar completa por el hueco abierto en el
cartílago, o en uno de sus lados para facilitar su colocación.
Algunos ejemplares alcanzan una singular maestría en el trabajo de
filigrana fundida; h) Laminares con prolongaciones laterales,
generalmente martilladas, lisas o decoradas con círculos
concéntricos repujados, que recuerdan la filigrana fundida. Algunas
atravesaban el cartílago nasal y otras colgaban de él; i) Tubulares
sencillas y dobles, martilladas, muy comunes. Se utilizaban
atravesando la nariz, haciéndola ver, por su volumen, levantada y
achatada; j), k) y 1) Con prolongaciones laterales ascendentes, son
pequeñas en relación con las anteriores. La mayoría son huecas y
presentan excelentes trabajos en filigrana o placas colgantes.
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Orejeras
Solo existen dos grupos: a) Semilunares huecas sin adornos de
filigrana. Son delgadas y, aunque parecen martilladas por su
fragilidad y dobleces en los extremos superiores, en realidad
fueron fundidas a la cera perdida. Utilizaron, seguramente, hormas
de cerámica o madera para modelar la cera. Plegar una lámina de
tumbaga hasta alcanzar esta forma, sería una tarea imposible. b) y
c) Semilunares huecas con adornos de filigrana que forman hileras
de líneas onduiantes cruzadas y muchas presentan en sus extremos
dos cabezas de serpiente, más o menos estilizadas. Es posible
suponer que sugieren el movimiento de dos serpientes en direcciones
opuestas. d) Tubulares huecas. Largos tubos martillados de tumbaga
dorada o de buen oro para ser inserta- dos en los lóbulos, eran
adornados en sus extremos con una tapa que, generalmente, remataba
en la cabeza de una serpiente. Observando las piezas antropomorfas
de oro se ven también tapas de orejeras con adornos repujados.
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Pectorales
Piezas de gran tamaño para colgar en medio del pecho. Hay muchos
pectorales circulares planos, en láminas martilladas de oro de alta
ley, a veces decorados con motivos similares a los de los discos.
Un agujero de suspensión situado cerca del borde superior, los
diferencia de ellos. a), b) y c) Pectorales decorados con
elaboradas figuras zoomorfas o antropomorfas repujadas. Una de
estas figuras se encuentra en numerosos pectorales de distintas
formas, siempre presentando los mismos atributos. Siempre de frente
y con las piernas abiertas. Conservando siempre un tamaño mayor que
el de los personajes y animales que lo acompañan. Los Ijkas llaman
a este personaje, Zerankua, divinidad generativa. Observando con
cuidado los pectorales, puede verse que sus atributos no tienen
mayor variación: narigueras en forma de mariposa, orejeras
tubulares con tapas circulares, pectorales de ave, con alas y cola
desplegadas, terminados en espirales. d) El cuerpo de serpiente con
cabezas en cada extremo y movimiento bidireccional, inspira
seguramente la forma de numerosísimos pectorales en espirales
divergentes, que se encuentran en esta región. Fueron fundidos en
tumbaga con alto contenido de oro y, posteriormente, dorados por
oxidación. Su diseño les da gran elasticidad. e) y f) Pectorales de
aves con alas desplegadas, comunes en la iconografía precolombina
de la América Intermedia, pueden clasificarse en dos grandes grupos
en la zona tairona: laminares y fundidos. Los primeros fueron
martillados en oro de distintas leyes. El diseño de la cabeza,
insertada en el cuerpo, es complejo pues al doblar la lámina se
obtiene la protuberancia del pico y, en la parte posterior dos
apéndices alargados se doblan sobre sí mismos para crear los
anillos de suspensión. En ocasiones las cabezas se funden por
separado y se insertan en el pectoral martillado. En contraste con
la simplicidad de los laminares, los pectorales fundidos son muy
adornados: cordones, esferas y figuras subalternas les imprimen el
estilo barroco, característico de las piezas taironas. g) La
profusión de adornos llega a su grado máximo en los pectorales
fundidos antropomorfos. Representan seres humanos con la cara
modificada por adornos que le dan aspecto animal. En el caso del
"hombre-murciélago" las narigueras tubulares
dobles levantan el tabique nasal, la diadema de visera tiene
protuberancias en forma de membranas auriculares y el adorno
sublabial prolonga su hocico. (Anne Legast, 1982). h) Pectorales
antropomorfos que representan hombres con máscaras de murciélagos,
aves o felinos.
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Pezoneras
Láminas martilladas en oro de buena ley con la forma del pezón,
usadas para adornar los senos o las tetillas. Son escasos en el
área tairona, mientras que en el Sinú son muy comunes.
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Placas para aplicar a textiles
La cantidad hallada en la región, corrobora los hallazgos
arqueológicos de ocupación humana hasta más arriba de los 2.500
m.s.n.m., donde se hacía necesario usar vestidos de algodón u otro
material. a), b) y c) Placas pequeñas para ser prendidas a fajas
tejidas, usadas en muñecas, antebrazos, tobillos, piernas o cuello,
según lo indican numerosas figurinas cerámicas. d), e) y f) Placas
grandes, cosidas sobre el centro del pecho, eran como los
pectorales, las piezas más destacadas del atuendo. A diferencia de
ellos, son frágiles, con decoración repujada sobre láminas muy
delgadas que, gracias al textil que las sujetaba, no sufrían mayor
deterioro.
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Portapenes
El caracol es, contrapuesto a los bivalvos, símbolo del sexo
masculino. No es raro encontrar en las zonas cálidas de la Costa
Atlántica muchos caracoles strombus usados como portapenes. Algunos
fueron fundidos en oro, conservando la forma alargada de los
|gasterópodos.
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Separadores
Su forma básica es rectangular y presenta un conjunto de
orificios laterales dispuestos de tal manera que mantuvieran
separadas las vueltas de collares o brazaletes.
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Tembetas o adornos sublabiales
Objetos cilíndricos de oro o piedra, con una superficie
semicóncava en uno de sus extremos para apoyarse suavemente sobre
el maxilar inferior. En las tembetas de piedra es plano el otro
extremo y después de atravesar la piel por debajo del labio
inferior, se le agregaba una tapa de oro: a) y b) Láminas
martilladas, repujadas luego con líneas o puntos. c) hasta h)
Fundidas a la cera perdida. La aleación de tumbaga se doraba por
oxidación. La cabeza de serpiente, exagerada su lengua bífida, es
uno de los remates más comunes en estas tapas y el único motivo que
se sale de la forma geométrica.
El adorno sublabial era muy común en el área tairona, lo mismo
que en mesoamérica, pero en las otras zonas arqueológicas
colombianas estos objetos son desconocidos, con excepción de
algunos hallazgos en el área Tolima.
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Tapas de recipiente
Solo dos se encuentran en la colección del Museo del Oro. Fueron
fundidas en tumbaga dorada y sirvieron para tapar vasijas de
calabazo o cerámica, pues en esta zona no existen recipientes de
oro.
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Remates de bastón
Objetos para colocar verticalmente sobre varas o estandartes,
presumiblemente de madera. Los de oro son poco comunes, en tanto
que los de concha y hueso abundan en la región. Fundidos a la cera
perdida, la mayoría con núcleo removido para crear una cavidad
donde pequeñas esferas metálicas producían sonidos al ser agitados.
Dos remates de colocación horizontal, con figuras zoomórfas de] más
puro estilo tairona, pueden considerarse atípicos. Su posición se
asemeja a la de los numerosos remates del área sinú.
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Otros
a) Lámina martillada en oro de buena ley con una cabeza de ave
rapaz como remate. Pieza única y singular por su función. Sirvió
posible- mente como funda para uno de los dedos de la mano.
b) Cuchillos ceremoniales. Piezas fundidas en tumbaga dorada,
muy elaboradas en su decoración, algunas veces con figuras
antropozoomorfas semejantes a las de los pectorales. Su fragilidad
permite suponer un uso ceremonial.
c) Placas martilladas en oro de buena ley con extremos
ascendentes y decoración repujada. Su uso es indefinido, pues no
presentan orificios para ser colgadas o cosidas a textiles.
Pudieron ser incrustadas a piezas de madera.
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BIBLIOGRAFIA
Legast, Anne. "
|La Fauna Mitica
Tairona": Boletín Museo del Oro. Año 5, enerobril.
1982. Bogotá, Colombia.
Reichel Dolmatoff, Gerardo. "
|Things of Beauty
Replete with Meaning-Metals and Crystals in Colombian Indian
Cosmology "Sweat of the Sun, tears of the Moon: Gold
and emerald treasures of Colombia. Natural History Museum of Los
Angeles County, 1981. Los Angeles, USA. Reichel Dolmatoff, Gerardo.
Los Kogi. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, Procultura. 1985.
Bogotá, Colombia.
Tayler, Donald.
|The ika and their systems of belief.
Thesis submitted for the Decree of Ph. D. in the University of
Oxford, St. John's College. 1974. Oxford, Inglaterra.
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