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INDICE
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(Pieza Carátula)
No. Catálogo: 30.199
Colgante antropomorfo fundido
a la cera perdida, procedente del río
Don Diego, Departamento del Magdalena. Dimensiones:5.8 de ancho
por 7.1 de alto
Peso: 37.50 gms
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DESARROLLO DE LA ORFEBRERIA
TAIRONA
EN LA PROVINCIA METALÚRGICA DEL
NORTE COLOMBIANO
Las áreas orfebres prehispánicas del centro y norte de Colombia
y el istmo centroamericano, estuvieron involucradas durante siglos
en una esfera de influencias mutuas. Formaron una misma
"provincia metalúrgica" donde se advierte la
presencia de muchas formas comunes y de una tecnología similar que
favorece el uso de las técnicas de fundición, las aleaciones de oro
y cobre (tumbaga) y el dorado por oxidación. (Plazas y Falchetti,
1978. 1985 Bray, 1978. Ms.). En territorio colombiano, se incluyen
en esta "provincia metalúrgica del norte", las
áreas orfebres conocidas como Quimbaya, en el valle medio del río
Cauca, Sinú (o Zenú), en las llanuras del Caribe, Tairona en la
Sierra Nevada de Santa Marta, y Muisca en las altiplanicies de la
Cordillera Oriental. Desde los comienzos de la era cristiana, hasta
una época cercana al año 1000 d. de C., técnicas, formas e ideas
fueron transmitidas de una región a otra; piezas relacionadas por
sus formas y tecnología fueron producidas en regiones que forman un
continuo initerrumpido sobre un extenso territorio. Estas
tradiciones generalizadas constituyen un substrato metalúrgico que
nutriría el desarrollo de los estilos regionales que ya se formaban
en esa época en la provincia metalúrgica del norte. En cada área
orfebre, se desarrollaría una orfebrería característica y única,
formada por piezas cuya función, estilo e iconografía estaban
guiados por el contexto social y cultural propio de las comunidades
que las produjeron en su época de mayor consolidación y
estabilidad.
Así, la orfebrería Sinú o Zenú de las llanuras del Caribe, ya
existía como conjunto particular y único hacia los años 500-1000 d.
de C., -cuando ya se había consolidado la sociedad Zenú-,
prolongándose hasta la conquista española. La orfebreria muisca y
tairona, adquirían su carácter particular, al tiempo de la mayor
estabilidad de estas sociedades de habla chibcha, en una época
comprendida entre los años 800-1000 d. de C. y la conquista.
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Lám. 1 Recipiente antropomorfo fundido, perteneciente al tesoro
de los Quimbayas.
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El presente articulo , analiza los procesos culturales en la
provincia metalúrgica del norte colombiano, enfatizando el
desarrollo de la orfebrería tairona, según los datos disponibles
hasta el momento.
Múltiples interrelaciones en la Provincia Metalúrgica del
Norte, antes del año 1000 d . de C.
Desde los comienzos de la era cristiana, se extendieron es esta
área tradiciones metalúrgicas representadas por las piezas cuyos
orígenes anteceden a la consolidación de los estilos regionales y
cuya distribución trasciende las fronteras entre áreas culturales.
Se extendieron en una amplia región que incluye el valle del río
Cauca, las llanuras del Caribe, la zona de Urabá, el istmo
centroamericano y, de manera más tangencial, la Sierra Nevada de
Santa Marta. Las formas involucradas son:
- Una serie de piezas relacionadas entre sí, colocadas aquí bajo
el nombre de "tradición quimbayoide". (Láms.
1-2).
- Pectorales con espirales divergentes. (Lám. 3).
- Colgantes y pectorales fundidos en tumbaga en forma de aves
bicéfalas con alas desplegadas. (Lám. 4).
- Colgantes en forma de animales con cola levantada. (Láms.
5-6-7).
- Colgantes antropomorfos con tocado recurvado. (Láms. 8-9).
- Figuras humanas esquematizadas conocidas con el nombre de
colgantes "Darien". (Láms. 10-11).
Al analizar estos procesos en el istmo centroamericano, W. Bray
incluye pectorales con espirales divergentes, aves bicéfalas
simples y algunos animales de cola levantada procedentes de
hallazgos documentados, en el conjunto más antiguo conocido para la
orfebrería del istmo, denominado "Grupo Inicial",
cuya ubicación cronológica estaría entre los comienzos de la era
cristiana y el 600 d. de C. Aves bicéfalas y animales de cola
levantada, también existen en el conjunto denominado
"Grupo Internacional", con cronología estimada en
400- 900 d. de C. En este último se incluyen también los colgantes
antropomorfos y las piezas de la tradición quimbayoide. (Bray, Ms.
Cooke y Bray, 1975). Aunque estos grupos incluyen piezas elaboradas
en épocas diferentes, es evidente que forman un continuo
ininterrumpido y que varias formas coinciden en el tiempo y el
espacio.
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Lám. 2. Colgante antropomorfo con rasgos quimbayoides.
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Lám 3 Pectoral con espirales divergentes.
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La Tradición Quimbayoide
En una época anterior al año 1000 d. de C., se registró la
influencia de esta tradición en la provincia metalúrgica del norte
y el istmo centroamericano. La orfebrería conocida como
"quimbaya clásica" o "quimbaya
temprana", ha sido definida básicamente a partir del
estudio del Tesoro de los Quimbayas, hoy en el Museo de Américas de
Madrid, constituido por piezas halladas en el municipio de Filandia
en el departamento del Quindío. (v. Pérez de Barradas, 1966.
Plazas, 1978). Esta orfebrería es notable por la maestría en el
manejo de las técnicas de fundición y las aleaciones de oro y
cobre, utilizadas para fabricar piezas huecas y pesadas y por el
realismo de las representaciones antropomorfas. (Lám. 1). Pérez de
Barradas diferenció este conjunto de otras manifestaciones orfebres
del valle del río Cauca, sugiriendo que era anterior al año 1000,
cuando el área fue ocupada por grupos diferentes. (Pérez de
Barradas, 1966: 83). Datos más recientes confirman que esta
orfebrería no corresponde a las ocupaciones tardías del área y que
se asocia a la cerámica denominada Marrón Incisa, perteneciente a
comunidades anteriores. (Bruhns, 1970: 7-8. Plazas, 1978: 25. Bray,
1978:51). Esas asociaciones permiten ubicar la producción de la
orfebrería quimbaya clásica, en una época comprendida
aproximadamente entre los años 400-1000 d. de C.*
La distribución de piezas relacionadas en territorio colombiano,
abarca el curso alto y medio del río Cauca. Por el norte se
extienden hasta el Cauca antioqueño y la región de Caucasia en los
límites con el Zenú. (v. Plazas, 1978: fig. 2). Más recientemente,
piezas de orfebrería quimbaya han sido reportadas en el valle medio
del río Magdalena. (Castaño, 1985).
La orfebrería hallada en esas regiones se relaciona
estrechamente con las piezas del Tesoro de los Quimbayas por sus
formas específicas y su tecnología. Aunque no podríamos hablar de
un núcleo de origen y difusión, puesto que la distribución de las
piezas es gradual, sí podemos afirmar que los valles de los ríos
Cauca y Magdalena compartieron una orfebrería con fuerte identidad
caracterizada por una serie de rasgos que se agrupan de manera
coherente. Al alejarnos de esas regiones, el conjunto parece
romperse, aunque seguimos encontrando rasgos similares a la
orfebrería quimbaya en piezas diseminadas en buena parte del
occidente colombiano y el istmo centroamericano. Esta es el área de
influencia de la tradición quimbayoide, cuya presencia se advierte
principalmente por rasgos similares a la orfebrería quimbaya que se
incorporan en figuras antropomorfas (Lam. 2) de diversas regiones,
aunque modificados por normas locales en la producción orfebre: se
trata de figuras humanas de formas suaves, rostros apacibles con
ojos semi-cerrados, diademas, orejeras múltiples, ligaduras en
brazos y piernas y espirales a los lados de la cabeza como
estilización de las orejas.
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Lám. 4. Pectoral en forma de ave bicéfala procedente de San
Benito Abad, en el bajo río Sán Jorge.
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Lám. 5. Colgante en forma de animal con cola levantada. Valle
medio del rio Cauca.
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Lám 6-7. Colgantes en foema de felino. Sierra Nevada de Santa
Marta.
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La influencia de la tradición quimbayoide alcanzó el área
tairona de manera tangencial y tal vez a través de regiones
intermedias. Allí han sido halladas figuras antropomorfas con
rasgos quimbayoides (págs. 16-17) y fue utilizada una tecnología
con orientación similar a la quimbaya. Influyó también la región de
Urabá en el noroeste colombiano y su presencia se sintió con fuerza
en centroamérica, donde variadas figuras humanas de carácter local
muestran sin embargo rasgos similares a la orfebrería quimbaya.
Allí forman parte del llamado "Grupo
Internacional" de orfebrería. (Bray, Ms.).
Otras piezas de amplia distribución
Pectorales con espirales divergentes (Lám. 3) martillados en oro
de alta ley, con forma similar a los ejemplares del "Grupo
Inicial" centroamericano, han sido hallados
esporádicamente en las llanuras del Caribe, la región de Urabá y el
valle medio del río Cauca. Piezas con esta forma se popularizaron
en las zonas bajas al norte de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Fundidos en tumbaga y dorados superficialmente, se identifican por
su tecnología con la orfebrería tairona, aunque su falta de
contexto no permite conocer su época ni su asociación cultural.
Colgantes en forma de aves bicéfalas con alas desplegadas, de
cabeza plana, pequeños y simples, relacionados con los del
"Grupo Inicial" centroamericano, han aparecido en
distintas regiones de las llanuras del Caribe. Ejemplares más
grandes y vistosos, en que se distinguen claramente las cabezas de
aves de pico curvo, (Lám. 4) proceden del valle del río Cauca, las
llanuras del Zenú y el norte de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Similares entre sí, estas piezas no presentan rasgos distintivos de
la orfebrería quimbaya, zenú o tairona. Al mismo tiempo, tienen
similitud con ejemplares hallados en el sur de Panamá y la
vertiente atlántica de Costa Rica; en Panamá, su ubicación
cronológica estaría hacia los años 700-900 d. de C. (Bray, Ms.).
Las aves bicéfalas, podrían ser representantes ancestrales de los
pectorales ornitomorfos que después serían comunes en conjuntos
orfebres ya consolidados de la provincia del norte; se
popularizaron, por ejemplo, entre tahonas y muiscas, quienes dieron
a estas piezas la fuerza estilística y el carácter tecnológico
particular de su orfebrería.
Animales con cola levantada y actitud expectante, muchos de
ellos tan estilizados que dificultan una identificación, (Lám.
5-6-7) han aparecido en el valle medio del río Cauca, las llanuras
del Caribe, la región de Urabá, y esporádicamente en la Sierra
Nevada de Santa Marta. Sus formas muestran cierto regionalismo a
pesar de estar unidas por elementos comunes. Piezas relacionadas en
Panamá y Costa Rica, incluidas en el "Grupo
Inicial", fueron producidas desde los comienzos de la era
cristiana y otras variantes corresponden al período comprendido
aproximadamente entre el 500 y 900 d. de C. (Bray, Ms.). Existen
piezas contemporáneas con la tradición quimba- yoide, como se
advierte por la presencia de pequeños colgantes en forma de
animales de cola levantada en el Tesoro de los Quimbayas (Pérez de
Barradas, 1966: fig. 28).
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Lám. 8. Colgante antropomorfo con tocado recurvado. Fundido
tumbaga. Valle medio del río Cauca. (?)
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Lám. 9. Colgante con cuerpo zoomorfo y cabeza antropomorfa.
Fundido en tumbaga y dorado. Procedente de Colosó (Serranía de San
.Jacinto;.
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En este variado conjunto, merecen destacarse algunos que
mantienen la actitud expectante y la cola levantada, al tiempo que
presentan evidentes rasgos de felino. Algunos, procedentes de las
llanuras del Caribe y la zona costera al norte de la Sierra Nevada
de Santa Marta (Lám. 6) recuerdan piezas del Zenú**. Otros, procedentes de la
región de la Sierra Nevada (Lám. 7) se distinguen por un realismo
que contrasta con los felinos de la orfebrería tairona. Aquellos,
parecen ser los ancestros de los felinos que se integrarían en los
conjuntos orfebres zenú y tairona adquiriendo un fuerte carácter
local; los taironas, agresivos, complejos, recargados y
frecuentemente mezclados con rasgos de batracio y serpiente; los
del Zenú, más realistas y apacibles.
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Lám. 10. Colgante antropomorfo fundido en en tumbaga.
Procedente de San Rafael, Antioquia. La cara presenta rasgos
quimbayoides y la parte inferior es similar a la de los colgantes
"Darién".
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Lám. 11. Colgante "Darién" procedente de la
Serranía de San Jacinto.
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También atestiguan las fuertes relaciones entre el centro y
norte de Colombia y el istmo centroamericano, los colgantes
antropomorfos con tocado formado por una proyección central y dos
aletas curvadas a los lados (Láms. 8-9) y los colgantes
"Darien" que representan figuras humanas
esquematizadas con una serie de rasgos distintivos (Láms. 10-I l).
El análisis de sus rasgos formales y tecnológicos, permite
establecer variaciones regionales y es aparente que piezas de estas
clases fueron producidas antes del año 1000 d. de C., siendo
contemporáneas de la expansión de la tradición quimbayoide.
Colgantes antropomorfos realistas con tocado recurvado, fundidos
en oro o en tumbaga rica en oro (Lám. 8) son generalmente
clasificados como "Sinú". Sus vagas procedencias
señalan a las llanuras del Zenú y al valle medio del río Cauca. Sus
características tecnológicas y sus rasgos faciales se relacionan
con la orfebrería zenú, pero muestran, en ocasiones cierto
parentesco con la quimbaya: es el caso de los personajes con
ligaduras en las piernas que sostienen en sus manos una barra con
placas colgantes. (Lám. 8). En Panamá y Costa Rica, ejemplares
relacionados con los anteriores presentan un fuerte carácter local
y en ocasiones incorporan rasgos quimbayoides; pertenecen al
"Grupo Internacional". (Bray, Ms.).
Los colgantes "Darien" y piezas relacionadas,
fundidos en oro o tumbaga, son piezas muy variadas, que sin embargo
mantienen ciertos atributos básicos, y tienen una amplia
distribución en el occidente y norte de Colombia y el istmo
centroamericano. (Falchetti, 1978). Los ejemplares más antiguos
fueron producidos en el suroccidente colombiano, en una época tal
vez anterior a los comienzos de la era cristiana.
Algunas piezas del occidente colombiano, son contemporáneas de
la tradición quimbayoide, como los ejemplares con rasgos faciales
quimbayoides procedentes del macizo antioqueño (Lám. 10) y piezas
halladas en el valle medio del río Cauca y el Chocó, que por sus
rasgos tecnológicos y sus formas presentan gran similitud con
ejemplares centroamericanos (Falchetti, 1978) incluidos en el
"Grupo Internacional" (Bray, Ms.).
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Fig. I . Orfebrería de Nahuanje (tomado de |
Mason
1931-1939 Láms. CXLII-CXLVIII)
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Colgantes "Darien" y figuras humanas con
tocado recurvado, fueron también producidos en épocas posteriores,
integrándose ocasionalmente a los estilos regionales. Es el caso
del único colgante "Darien" hallado en la Sierra
Nevada de Santa Marta (Fotografía Carátula) que representa un
personaje con nariguera en forma de mariposa y serpientes a los
lados, rasgos distintivos de la orfebrería tairona posterior al año
1000. En la Serranía de San Jacinto, al norte de las llanuras del
Zenú, colgantes Darien muy esquematizados (Lám. 11) y figuras
humanas con tocado recurvado y cuerpo zoomorfo (Lám. 9) se integran
a la orfebrería local, cuya producción se prolonga hasta la
conquista española. (Págs. 21-22).
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Lám 12 . Pectoral triangular con extremos en espiral.
Martillado en oro de alta ley y repujado. Región de Santa
Marta.
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Lám 13 . Colgante antopomorfo fundido en tumbaga el dorado
superficialmente. Sierra Nevada de Santa Marta. ( c. a. Siglos V -
Ix d de C).
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¿Una etapa formativa de la orfebrería Tairona?
Hace ya algunos años, H. Bischof propuso la existencia de una
etapa antigua de la cultura tairona en la zona costera al norte de
la Sierra Nevada: el período Nahúanje, ubicado cronológicamente
hacia los años 500-600 d. de C. (Bischof, 1968). Posteriormente, en
la región de la bahía de Cinto, materiales relacionados con los del
período Nahuanje fueron fechados en 430 ± 60 d. de C., y atribuidos
a un período Tairona Temprano Costero. (Oyuela, 1985).
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Lám 14 Colgantes antropomorfos procedentes de la región de
Santa Marta (c. A. Siglos V - IX d. De C).
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Lám 15 Vista posterior de los anteriores.
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Existen indicios de una producción metalúrgica en esa época. En
efecto, a ella corresponde una tumba excavada por A. Mason en el
sitio costero de Nahuanje (sitio 1) (Cf. Mason, 1931-39: 32-36). La
tumba, recubierta con lajas de piedra, encerraba un ajuar funerario
con piezas de orfebrería particulares. Tecnológicamente variado,
existen objetos de oro y tumbaga elaborados tanto por martillado
como por fundición.
- Collares de cuentas laminares, discoidales, tubulares y en
forma de barril, una nariguera semi-lunar plana (fig. 1, b) y
varias narigueras circulares huecas, (fig. 1, a) son piezas simples
y poco diagnósticas.
- Pequeños cascabeles fundidos (fig. 1, h-j) difieren de los
ejemplares comunes en la orfebrería tairona
|1
.
- Broches triangulares (fig. 1, f), colgantes en forma de aves
de pico largo (fig. 1, g) y discos con orificio central y
decoración repujada en contorno (fig. 1, c), son formas que aunque
se relacionan con piezas comunes en la orfebrería tairona
|2
son más
simples.
- Pectorales triangulares con extremos en espiral, uno de ellos
con decoración repujada que representa un hombre de pie con aves a
los lados, cuya iconografía no es típica tairona (fig. 1, d).
- Pectorales de forma similar y con iconografía generalizada,
existen en la colección del Museo del Oro. Su falta de contexto, no
nos permite afirmar que pertenezcan a una etapa antigua. Pero
resulta interesante señalar que también hay piezas de esta forma
decoradas con personajes típicamente taironas, como el hombre que
sostiene un ave en cada mano, adornado con pectoral ornitomorfo y
nariguera en forma de mariposa, sentado sobre una hamaca que remata
a los lados en cabezas de serpientes
|3
.
- Una nariguera con prolongaciones laterales, fundida, en
tumbaga y abierta por detrás (fig. 1, e) es atípica en la
orfebrería tairona, aunque algunas piezas similares procedentes de
la Sierra Nevada existen en la colección del Museo del Oro. Su
forma es más común en el Zenú y zonas aledañas.
- Un colgante antropomorfo fundido en tumbaga, representa a una
mujer con un ave sobre su cabeza y una cabeza de ave a cada lado.
(fig. 1, 1). Varias piezas similares existen en la colección del
Museo del Oro. (Láms. 13-15).
El tratamiento de la diadema y del collar, la forma de la
cabeza, las espirales a sus lados y las formas redondeadas de estos
personajes, señalan cierta relación con la orfebrería quimbaya.
Representaciones similares de las aves -superior y laterales- se
encuentran en piezas del Zenú procedentes del bajo San Jorge y
correspondientes ala época comprendida aproximadamente entre el 500
y 1000 d. de C. (págs. 19-20). El tema general de la pieza de
Nahuanje y la asociación específica del ser humano con las aves,
son comunes en la orfebrería tairona; sin embargo, no existen en
esta última las representaciones femeninas, ni los rasgos de la
cara humana y la iconografía específicos de la pieza de Nahuanje.
Los colgantes antropomorfos taironas representan generalmente
hombres con atributos animales, atuendos recargados y un elaborado
trabajo de filigrana fundida
|4
. Tecnológica- mente, la figura
de Nahuanje y las piezas similares del Museo del Oro, difieren de
la orfebrería tairona y se asemejan a piezas quimbayas; son
fundiciones cerradas, sin orificios en la parte posterior para
retirar el núcleo del interior (Láms. 14-15). La fundición es más
burda, y no presentan detallados adornos de filigrana fundida como
las figuras taironas.
Por sus características híbridas, la orfebrería de Nahuanje
parece representar una etapa formativa de la orfebrería tairona:
incluye formas simples, piezas con elementos quimbayoides, objetos
que comparten rasgos con la orfebrería zenú, formas simplificadas
de la orfebrería tairona y piezas que sugieren temas que luego
serían comunes en esta orfebrería. Muestra una tecnología avanzada
y es poco probable que las técnicas metalúrgicas fueran
desarrolladas localmente. Es más factible que técnicas llegadas por
influencia foránea, fueran adoptadas e integradas a un conjunto
orfebre que iría adquiriendo gradualmente, al igual que la cultura,
una fuerza y coherencia propias.
Los materiales restantes -cerámica, piedra, etc.- hallados en la
tumba de Nahuanje, y en general, pertenecientes al período del
mismo nombre, coinciden con los datos que arroja la metalurgia al
sugerir la participación de una etapa formativa de la cultura
tairona en una amplia esfera de influencias. La cerámica, por
ejemplo, presenta características híbridas: posee rasgos
ancestrales de formas cerámicas taironas de épocas más tardías
(Oyuela, 1985) pero también, se relaciona con la de sitios de las
llanuras del Caribe unidos a desarrollos más antiguos (Bischof,
1968); la cerámica pintada, rojo sobre crema, tiene formas comunes
en la alfarería tairona tardía, pero su decoración está relacionada
con el Primer Horizonte Pintado del río Ranchería en el norte de
Colombia. (Reichel-Dolmatoff, 1951. Ardila, 1983). Este, a su vez,
está vinculado con tradiciones cerámicas que abarcan una amplia
región del occidente venezolano, el norte de Colombia y
Centroamérica. (Reichel-Dolmatoff, 1951. Coe, 1962).
La consolidación de los estilos regionales del norte
En las tradiciones metalúrgicas tratadas en páginas anteriores,
pode- mos encontrar una tecnología que influiría en el desarrollo
de los estilos regionales y los ancestros de formas que se
popularizarían en ellos, pero modificando su iconografía,
diferenciándose y adquiriendo el carácter propio de la metalurgia
local -tairona, muisca o zenú- regido por el contexto cultural
propio de cada sociedad.
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|La orfebrería Tairona de la Sierra Nevada de Santa
Marta
La etapa de mayor consolidación de la cultura tairona en la
región costera y la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa
Marta, ha sido ubicada entre una época cercana al año 1000 d. de C.
y la conquista española*** (Reichel-Dolmatoff, 1954a; 1954b.
Bischof, 1968. Oyuela, 1985).
Las fechas obtenidas para Buritaca 200, asentamiento ubicado
entre 900 y 1100 mis. s.n.m. y para Alto de Mira, a 1500 mis.
s.n.m., fluctúan entre los años 1000 y 1500d. de C. (Herrera de
Turbay, 1980: 9. Groot, 1980: 29. Cadavid, 1986: 23. Oyuela, 1986:
28. Ardila, 1986:38). La única fecha asociada directamente con
orfebrería tairona, 1385 ± 50 d. de C., fue obtenida en Buritaca
200, en una tumba de pozo con cámara lateral, dentro de una
vivienda. Está asociada con dos broches en forma de ancla y dos
orejeras semi-lunares huecas
|5
(Groot, 1980: 29). En otra
tumba en el mismo asentamiento, fueron hallados dos broches
triangulares
|6
, cinco pequeñas aplicaciones
para textil cóncavas
|7
y una nariguera en forma de
mariposa con decoración de filigrana fundida
|8
(Groot, 1985). De Buritaca 200,
procede también una placa para textil laminar
|9
(Herrera de Turbay,
comunicación personal). En algunos de los numerosos entierros
excavados en el sitio costero de Gairaca, Mason recuperó objetos de
oro y tumbaga asociados a urnas funerarias de cerámica rojiza,
comunes en los asentamientos taironas costeros (Mason, 1931-39;
25-31; 245-272). Caras humanas en relieve, con representaciones de
orejeras de argolla, narigueras en forma de mariposa y pectorales
de ave, originalmente de oro, decoran frecuentemente las urnas
funerarias. Otras piezas de oro han sido documentadas para los
sitios costeros de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta
(Mason, 1931-39; 23-24; 245-272) y Los Naranjos, sobre la margen
occidental del río Piedras (Oyuela, 1985: 50-51) en tumbas de pozo
con cámara lateral y cerámica clásica tairona. En las estribaciones
de la Sierra, en el sitio de Jirocasaca, cerca de Santa Marta,
(Reichel-Dolmatoff, 1958: 72-73) y en Pueblito, a 200 mis. sobre el
nivel del mar, en tumbas de cista recubiertas con lajas de piedra.
(Mason, 1931-39: 102-8; 245-272. Reichel-Dolmatoff, 1958: 73).
Tomados en conjunto, estos hallazgos incluyen formas clásicas de
la orfebrería tairona: orejeras semilunares huecas; cuentas de
collar en forma de rana; colgantes en forma de jaguar; pectorales
ornitomor fos fundidos; narigueras circulares y en forma de
mariposa; broches en forma de ancla; placas para textil cóncavas y
circulares repujadas, brazaletes y campanas
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Lám 16. Pectoral ornitomorfo procedente de la Sierra Nevada de
Santa Marta.
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Lám 17 Pectoral ornitomorfo muisca procedente del departamento
de Boyacá.
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Hallazgos de piezas o lotes de orfebrería de procedencia
confiable pero de contexto menos preciso, han sido documentados
para los sitios de Bonda, Los Cóngolos, Mamatoco, La Bocatoma,
Taganga y Matagiro, en las estribaciones de la Sierra (Mason,
1931-39: 245-272. Reichel-Dolmatoff, 1958: 73-77). Estos hallazgos
añaden a la lista: colgantes antropomorfos, narigueras con
prolongaciones laterales ascendentes, cinceles y cuentas tubulares
fundidas
|11
.
En el siglo XVI, los conquistadores españoles hallaron en la
Sierra Nevada de Santa Marta una floreciente industria metalúrgica.
Según el cronista Herrera, el término Tairona significaba fragua, y
Castellanos afirma que la población de Bondigua era uno de los
principales centros metalúrgicos del área. (Véase,
Reichel-Dolmatoff, 1951: 58; 86). Aunque poco precisos en sus
comentarios sobre técnicas de orfebrería, los cronistas mencionan
el uso del dorado por oxidación (Enciso, 1848). Algunos documentos
del siglo XVI, hallados por Juan Friede (1951) en el Archivo de
Indias de Sevilla, mencionan la fabricación de águilas, papagayos,
cascabeles y orejeras en oro de baja ley y de patenas y collares en
oro fino; uno de los documentos, se refiere al uso de un núcleo de
tierra dura denominado "copey", que se recubría
de oro, sin precisar la técnica utilizada. Los numerosos datos
existentes en las crónicas sobre los adornos metálicos utilizados
por los pobladores de la Sierra Nevada, fueron recopilados por
Reichel-Dolmatoff (1951: 86-87). Se mencionan diademas, orejeras,
narigueras, bezotes (adornos sublabiales), patenas, cuentas de
collar, brazaletes, ajorcas, y adornos para las mantas de
algodón.
Tomada en conjunto, la orfebrería tairona es particular e
inconfundible en el panorama de la metalurgia prehispánica de
Colombia. A pesar de la variedad en sus aspectos decorativos, miles
de adornos forman un conjunto coherente en su tecnología, su estilo
recargado, sus formas homogéneas y los temas representados;
batracios, serpientes, aves rapaces y felinos se combinan
frecuentemente formando complejas figuras híbridas;
hombres-murciélago, hombres jaguar, hombres-ave, expresan la
estrecha relación entre hombres y animales, entre mundo social y
naturaleza, según relaciones míticas aún vivas entre los ijkas y
kogis, descendientes de los taironas que habitan actualmente la
Sierra Nevada de Santa Marta. Los temas en la iconografía del oro,
expresaban un sistema de creencias, una particular visión del mundo
que justificaba la función de estos adornos en la sociedad.
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|Taironas y muiscas: los grupos
chibchas
Los muiscas, ocuparon las altiplanicies de clima frío de la
Cordillera Oriental, en una época posterior al 800 d. de C., según
las fechas y datos arqueológicos disponibles. (Archila, 1986.
Castillo, 1984). Para los muiscas, los objetos de orfebrería
estaban íntimamente ligados al culto religioso. Piezas de oro,
cobre y tumbaga, pequeñas, toscas y de uso popular, que representan
seres humanos, animales, objetos de la vida diaria y escenas de la
vida política y social, eran depositados en templos y santuarios,
como ofrendas particulares o comunales. (Cortés Alonso, 1960. Duque
Gómez, 1979. Plazas y Falchetti, 1985).
Pertenecientes a una misma familia lingüística, habitantes de
zonas montañosas, taironas y muiscas estaban unidos por un fuerte
substrato cultural común, a pesar de las diferencias en aspectos de
su cultura material y su organización socio-política. Se advierten
diferencias en la función que atribuyeron a las piezas de
orfebrería: los recargados y emblemáticos adornos taironas,
contrastan con las pequeñas y toscas ofrendas muiscas. (Plazas y
Falchetti, 1985). Conjuntos contrastantes, en su función,
tecnología, formas e iconografía; diferencias que no opacan la
identidad de ciertos temas, que parecen encerrar un simbolismo
común. Así, taironas y muiscas fabricaron pectorales ornitomorfos,
con el carácter tecnológico y estilístico propio de su orfebrería
(Láms. 16-17); pero es notoria la identidad temática de los
ejemplares adornados con cabezas de aves que se proyectan hacia
adelante, rematadas frecuentemente en su parte superior o inferior
con figuras humanas. Y, más allá de las representaciones, existe
una actitud similar hacia el oro, su valor como metal sagrado y
como ofrenda. Para estas comunidades de tierras montañosas, los
picos altos y las lagunas ubicadas en parajes apartados de los
páramos, eran sitios sagrados por excelencia, donde realizaban
ofrendas por intermedio de los jeques o mohanes, mediadores entre
hombres y dioses. Piezas de oro, cobre y tumbaga, caracoles y
esmeraldas, eran ofrecidos por los muiscas durante ceremonias
colectivas en lagunas convertidas en santuarios principales; o,
envueltas en algodón dentro de ofrendatarios de cerámica, eran
depositados en templos, cuevas o abrigos rocosos. (ver Plazas y
Falchetti, 1985). También en sitios altos e inaccesibles de la
Sierra Nevada de Santa Marta, los ijkas y los kogis realizan aún
sus pagamentos. Las lagunas altas, donde nacen los ríos que
descienden por las faldas de la Sierra, simbolizan el útero de la
madre tierra, fertilizado por el sol, principio máximo de
fertilidad. (Tayler, 1974). El oro, recibe del sol ese potencial
simbólico de fertilidad. Así la ofrenda adquiere ese poder, y el
hombre al realizarla propicia esa fertilidad. De allí que esta
connotación se encuentre también en otros materiales utilizados
como ofrenda. Símbolo de fertilidad son los caracoles marinos para
los actuales tunebos, descendientes de los vecinos norteños de los
muiscas. (Osborn, 1985). Símbolo de fertilidad son las esmeraldas y
el algodón. (Reichel-Dolmatoff, 1981). Por eso, tal vez, productos
como esmeraldas y caracoles marinos, eran transportados de mano en
mano por largas distancias, y tenían un lugar preponderante en las
relaciones de intercambio que unían a taironas y muiscas.
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Lám. 18 Colgante antropomorfo procedente del bajo río San
Jorge. ( Siglos V - X d. De C.)
|
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Lám. 19.
a) Remate de bastón procedente de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La iconografía es clásica Tairona. Su forma, atípica en esta
orfebrería, muestra la influen- cia de la Serranía de San
Jacinto.
b) Remate de bastón procedente de la Serranía de San Jacinto.
|
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|La orfebrería Zenú de las llanuras del
Caribe
En las llanuras tropicales del Caribe, bañadas por los ríos
Sinú, San Jorge, Cauca y Nechí, fue producida la orfebrería
conocida como Sinú o Zenú, notable por la ostentosidad de los
adornos de alta ley o de tumbaga alta y por el naturalismo de las
representaciones de vistosos animales. (Pérez de Barradas, 1966.
Falchetti, 1976). Remates de bastón, figuras antropomorfas (Lám.
18) y orejeras de filigrana fundida gruesa, forman junto a otras,
un conjunto coherente y de fuerte carácter local.
Aunque desconocemos la antigüedad de esta orfebrería, sabemos
que ya se hallaba consolidada en la época comprendida entre el 500
y 1000 d. de C. Estas piezas han sido halladas en contextos
arqueológicos correspondientes a ese período, época de auge de los
zenúes. Densas poblaciones ocupaban entonces las llanuras
inundables del bajo San Jorge, donde construyeron una compleja red
de canales artificiales que cubre 500.000 hectáreas de tierras
cenagosas. (Plazas y Falchetti, 1981; 1985). El área de influencia
de la orfebrería zenú, se extiende por el sur hasta el curso medio
del río San Jorge, donde se advierte una zona de transición entre
los conjuntos orfebres zenú y quimbaya. En esta región existían,
hacia el 900 d. de C., importantes asentamientos zenúes, con
cementerios de túmulos funerarios donde han sido halladas piezas
características de su orfebrería. (Plazas y Falchetti, 1981); pero
también se encuentran esporádicamente narigueras elípticas cóncavas
o huecas y cuentas de collar en forma de cara humana, formas de
evidente estilo quimbaya. Y, aunque la orfebrería zenú tiene un
carácter muy propio, comparte con la quimbaya el gusto por las
fundiciones huecas y pesadas, el dorado por oxidación sobre una
aleación rica en oro, la filigrana fundida como técnica decorativa
y las representaciones humanas realistas.
La orfebrería zenú tuvo una larga vida en las llanuras del
Caribe, con modificaciones a través del tiempo que aún esperan ser
estudiadas en detalle. Después del año 1000 d. de C., las llanuras
inundables fueron progresivamente desocupadas, pero los zenúes
sobrevivieron en las zonas más altas de las sabanas hasta la
conquista. (Plazas y Falchetti, 1981). Los cronistas relatan que en
esa época existían comunidades de orfebres especializados en
poblaciones zenúes de importancia, como el Finzenú, en el curso
medio del río Sinú.
|
|La Serranía de San Jacinto. Entre taironas y
zenúes
Los taironas de la Sierra y los zenúes de las llanuras,
produjeron conjuntos orfebres contrastantes en sus formas, temas e
iconografía, expresión de la identidad propia de estas sociedades.
Pero entre estas regiones, la Serranía de San Jacinto, cadena
montañosa que separa las llanuras, del litoral Caribe, recibió y
generó influencias en ambas direcciones, amalgamando rasgos de las
dos en una orfebrería de fuerte carácter local. En entierros con
urnas funerarias, se han encontrado numerosos adornos relativamente
pequeños y de formas homogéneas, elaborados en tumbaga o cobre y
dorados superficialmente. Desconocemos la antigüedad de esta
orfebrería, aunque repetidos hallazgos de piezas de orfebrería
asociadas con cuentas de vidrio y artefactos de hierro de origen
español, señalan su continuidad hasta una época posterior a la
conquista. (Falchetti, 1976).
El conjunto incluye colgantes "Darien", que
adquieren el carácter tecnológico y estilístico propio de esta
orfebrería. La influencia de la orfebrería zenú se advierte en
aspectos tecnológicos, formas y temas; los numerosos remates de
bastón de la serranía, aunque son más pequeños y elaborados en
tumbaga o cobre, recuerdan los del zenú, al igual que las
representaciones naturalistas de animales que incluyen especies
propias del ambiente montañoso de la serranía y también, fauna
típica de los medios ribereños y cenagosos de las llanuras. La
técnica de la filigrana fundida, dominante en la orfebrería zenú,
fue también muy popular en la Serranía, aunque los motivos son más
variados.
Algunos temas representados en piezas de la Serranía, y escasos
en la orfebrería zenú -como las asociaciones del hombre con el
águila y el jaguar- muestran un vínculo temático con la orfebrería
tairona. La manera de representarlos es sin embargo diferente: en
la Serrania, hombres y animales conservan su individualidad, sin
mezclarse nunca en un sólo ser, como en la orfebrería tairona.
Figuras humanas de la Serranía, llevan narigueras con
prolongaciones ascendentes, piezas comunes en la zona y que a su
vez son comunes y variadas en el área tairona
|12
; también las
campanas de tumbaga
|13
aunque con variantes
regionales fueron fabricadas en ambas regiones. (Falchetti,
1976).
Del área tairona proceden algunos remates de bastón de
colocación horizontal, (Lám. 19) atípicos para la zona y similares
en forma a los de la Serranía (Lám. 20). Su tecnología y los temas
representados -como un hombre con cabeza de serpiente- indican que
fueron elaborados en la Sierra Nevada. También se han hallado en el
área tairona, orejeras semi-circulares de filigrana fundida fina
-forma muy común en la Serranía- piezas que a veces se incorporan
en figuras antropomorfas taironas.
No solamente en el oro se advierten estos vínculos. En la
Serranía, son frecuentes los hallazgos de placas aladas de piedra
-estilizaciones de murciélagos- y cuentas de collar de cornalina,
elementos abundantes en el área tairona. Aunque se podría pensar
que estas piezas llegaron allí por intercambio, bien pudieron ser
producidas en la Serranía; las cuentas de cornalina en forma de
bala, difieren de las alargadas y globulares cuentas taironas; las
placas aladas, tienen una larga vida en las llanuras del Caribe:
aparecen por ejemplo en Momil, en contextos correspondientes
aproximadamente al siglo 11 a. de C. (v. Reichel-Dolmatoff, 1956;
1974).
Conclusiones: Homogeneidad y particularismo en la provincia
metalúrgica del norte
Tradiciones metalúrgicas de amplia dispersión y estilos
regionales particulares, caracterizan una historia de más de 1500
años en la provincia metalúrgica del norte colombiano y el istmo
centroamericano. Al intentar vislumbrar su significado cultural,
nos enfrentamos a la diversidad y complejidad de procesos
culturales aún fragmentaria- mente conocidos. Retomando algunos
ejemplos descritos en páginas anteriores, es posible plantear
brevemente la forma como homogeneidad y particularismo alternan en
el desarrollo de la metalurgia del norte.
Aguilas bicéfalas, animales con cola levantada, pectorales con
espirales divergentes, etc., fueron producidos desde los comienzos
de la era cristiana en distintas regiones esparcidas sobre un
extenso territorio. Cada forma parecería tener su propia
distribución espacial, coincidiendo con otras en el tiempo y el
espacio de manera aparentemente errática; ciertas diferencias
regionales muestran la presencia de distintos centros de
manufactura, pero su distribución continua dificulta establecer
límites entre áreas culturales. Al proponer el término
"Grupo Internacional" para estas piezas, Bray
(Ms) añade que son internacionales en su estilo y contenido, por no
estar ligadas a una ideología o mitología específicas. Su
distribución amplia y continua y su relativa homogeneidad podrían
indicar, en efecto, que no se encontraban ligadas a grupos sociales
específicos y que su distribución no coincide con fronteras
etnográficas. Esta situación contrasta con la de los estilos
regionales quimbaya, zenú, muisca y tairona, vinculados de manera
más precisa a un territorio determinado, y cuya fuerza local
inconfundible expresa su vinculación a un orden social
particular.
Sin embargo, es posible que las tradiciones de amplia difusión
expresen la presencia de diversos substratos culturales
interrelacionados en el tiempo y el espacio; al encontrar en
algunas de ellas formas ancestrales de los estilos regionales, no
podemos dejar de pensar en aspectos ideológicos que serían
incorporados de manera particular por cada sociedad en la época de
mayor consolidación y estabilidad. Las aves bicéfalas de alas
desplegadas, por ejemplo, son los ancestros de formas que se
popularizarían en la orfebrería de taironas y muiscas, grupos de
habla chibcha unidos por un fuerte parentesco cultural. Estas
formas ancestrales tal vez encierren un contenido ideológico o
mítico que tomaría una interpretación propia en cada sociedad,
expresada en piezas con fuerte carácter local en su estilo y
tecnología.
La fuerza local de los estilos regionales, como expresión de una
realidad social específica, es innegable. Sin embargo, el
parentesco cultural puede esconderse detrás de conjuntos orfebres
contrastantes, como es el caso de taironas y muiscas, cuya fuerte
relación subyace más allá de los aspectos formales, estilísticos y
tecnológicos de su orfebrería. Aunque es claro que los estilos
regionales se asocian a zonas geográficas más restringidas, no
podemos pretender trazar límites estrictos a su área de influencia.
Las fronteras culturales son en su mayoría graduales y difusas.
Así, es evidente, por ejemplo, la existencia de un estilo regional
quimbaya con fuerte identidad, en el curso medio de los ríos Cauca
y Magdalena. Pero esta orfebrería forma parte de la tradición
quimbayoide que se expande como un continuo ininterrumpido sobre
amplias regiones. Situaciones como esta,, podrían asimilarse de
cierta manera al modelo propuesto por Bray (1984) para explicar las
interrelaciones que durante siglos unieron al centro y norte de
Colombia y el istmo centroamericano: distintas áreas culturales con
identidad propia, cada una con mayores contactos y similitudes con
sus vecinos inmediatos, formarían una cadena ininterrumpida, en que
las similitudes disminuyen con la distancia. Esto podría explicar
el sistema de intercambio cultural que evidentemente se registró
durante siglos en la provincia metalúrgica del norte.
Sin embargo, las múltiples interacciones que en el espacio se
presentan como una cadena de relaciones y que dan a las piezas su
apariencia "internacional", parecen representar
distintos tipos de relaciones y desarrollos culturales. Una
transmisión gradual de técnicas e ideas pudo realizarse a través de
fronteras étnicas; pero la influencia de tradiciones de amplia
dispersión, puede ser también la expresión de substratos culturales
que unieron a grupos dispersos en grandes extensiones, como pudo
ser el caso de la tradición quimbayoide. Al mismo tiempo, fuertes
desarrollos regionales se manifestaban en distintas regiones,
cuando, en determinadas épocas, distintas sociedades lograban su
mayor consolidación, dando su propia interpretación a variados
elementos culturales, según su propio código social, sin dejar de
participar en esas relaciones en cadena que caracterizaron a la
provincia metalúrgica del norte.
|
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Tayler, D. B. T
|he Ika and their Systems of Beliefs. Phd
Dissertation. Oxford University.
|
*
|
En el panorama de la metalurgia prehispánica de Colombia, el
valle del río Cauca representa una zona de transición. Por un lado,
participó en la tradición metalúrgica del suroccidente colombiano
que se desarrolló como parte del auge cultural de esa área entre el
500 a. de C. y el 1000 d. de C. Por otro lado, formó parte de la
provincia metalúrgica del norte (Plazas y Falchetti, 1983).
|
|
**
|
Una pieza muy similar a la ilustrada aquí en la Lám. fue
reseñada por Mason (1931-39:264; Lám. CXLVIII, 9). La pieza fue
hallada en Nahuanje.
|
|
***
|
Datos recientes, como una fecha de 600 +/- 90 d. de C. para el
sitio de Frontera, ubicado a 500 mts. s.n.m., asociada al parecer
con arquitectura lítica y cerámica tairona, sugieren que esta etapa
puede remontarse atrás en el tiempo. (Cardoso, 1986).
|
|
|1
|
Véase, Plazas este volumen, Fig. 5
|
|
|2
|
|Ibíd., Figs. 3c; 7b; 10
|
|
|3
|
|Ibíd., Fig. 14c
|
|
|4
|
Véase, Plazas este volumen, Fig 14,9h.
|
|
|5
|
Véase, Plazas este volumen, Figs. 3a; l3a.
|
|
|6
|
|Ibid., Fig. 3c.
|
|
|7
|
|Ibid., Fig. 16a.
|
|
|8
|
|Ibid., Fig. 12g.
|
|
|9
|
|Ibid., Fig. 16b.
|
|
|10
|
Véase Plazas este volumen, Figs. 13a; 8e; 7e; 14f; 12a, f-g;
3a; 16a,c; 2; 4.
|
|
|11
|
|Ibid, Figs. 7a; 12j-1; 11; 8b.
|
|
|12
|
Véase, Plazas este volumen, Figs. 12, 8-1.
|
|
|13
|
Ibid., Fig. 4 a-c.
|
|