Ficha bibliográfica
Titulo:
Reseña de Libros, Boletín Museo del Oro. Nš 18. Enero - abril 1987
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Luis Guillermo Vasco Uribe




INDICE




 

Reseña de Libros
TAIMA-TAIMA. A LATE PLEISTOCENE PALEO-INDIAN KILL SITE IN NORTHENMOST SOUTH AMERICA

Final Reports of 1976 excavations. Edited by Claudio Ochsenius and Ruth Gruhn. South American Quaternary Documentation Program. Germany.

Desde el año de 1956 el arqueólogo J. M. Cruxent inició estudios arqueológicos tendientes a ubicar yacimientos paleoindígenas en las inmediaciones de la ciudad de Coro. "En el valle del río Pedregal, en un área de unos 1.000 kilómetros cuadrados, Cruxent localizó más de 45 sitios y ha colectado unos 20.000 artefactos" (Rouse y Cruxent 1966: 35). La región en donde se encuentran los principales yacimientos se conoce con el nombre de El Jobo. Más tarde, en 1959-1960, Cruxent excavó el sitio de Muaco, al este de la desembocadura del río Pedregal, descubierto en 1952 por Royo y Gómez (1960: 154-155). Allí se obtuvo una primera fecha, sobre placas de |Gliptodon, que arrojó una edad de 16.375 ± 400 A.P. para la serie joboide (Rouse y Cruxent 1966: 191; Royo y Gómez 1960: 157). En 1962, Cruxent descubrió el sitio de Taima-taima, cerca de dos kilómetros al este de Muaco. Por la zona pasa la Quebrada Guadalupe, en cuya cuenca son comunes manantiales ascendentes que poseen agua permanentemente; por ello, el sitio de Taima-taima fue bautizado inicialmente con el nombre de |Los pozos de Royo y Gómez. Las primeras excavaciones en Taima-taima fueron realizadas entre 1962 y 1967 por Cruxent, quien culminó los trabajos en 1970, excavando cerca de 150 m2. En 1969, el mismo investigador localizó en los alrededores un nuevo sitio, libre de las posibles altepaciones de las fuentes ascendentes, conocido como Cucuruchú, en donde excavó un área superior a los 100 m2. Desde los primeros trabajos en la zona, Cruxent empezó a publicar noticias sobre los hallazgos, las cuales generaron una intensa discusión (Cruxent 1967; Lynch 1974: 362-364), ampliada con dos artículos de Bryan en 1973 y 1975. Así, en 1976, se reiniciaron trabajos tendientes a continuar las excavaciones que durante la década del sesenta había adelantado Cruxent en Taima-taima. En esa temporada de campo participó una excelente nómina de investigadores, compuesta por Alan Bryan, Rodolfo Casamiquela, José M. Cruxent, Ruth

Gruhn y Claudio Ochsenius, quienes publicaron un avance en |Science, en 1978 (v. Bryan y otros 1978). El informe final, motivo de esta nota, estuvo preparado en 1979. Sin embargo, por incumplimiento de una de las partes comprometidas en la publicación, la Universidad Francisco Miranda de Coro, sólo hasta hace unos pocos meses pudo ser editado en Alemania. Ya en 1984, Gruhn y Bryan habían hecho una pequeña pero ilustrativa publicación (Gruhn y Bryan 1984) que, junto con la de 1978, aclaraba algunos problemas, pero dejaba vacíos preocupantes en varios aspectos. Por ello, la publicación de este libro ha sido recibida con gran entusiasmo y expectativa.

Gran parte de la importancia del libro radica en la importancia del sitio para la comprensión de los procesos tempranos de poblamiento de América del Sur y, en general, para la historia más temprana de toda América. Los problemas discutidos en torno a los yacimientos venezolanos de El Jobo pueden agruparse en dos categorías: la primera, se relaciona con cuestionamientos sobre la validez de algunas asociaciones, el fechamiento incorrecto de los conjuntos, la dudosa factura humana de algunos litos y, en fin, con problemas técnicos y metodológicos de los sitios mismos; la segunda tiene que ver con la significación de un sitio de matanza sin puntas de proyectil clovisoides en el panorama paleomericano, en el que parece que los modelos construidos para explicar el poblamiento primitivo y la forma de vida de los primeros hombres de América, no tienen sino una aplicabilidad restringida a pequeñas áreas y cada vez son más difíciles las generalizaciones (v. Bryan 1985: 9-11).

Las críticas a las fechas consideradas por Cruxent para la Serie Joboide, en el área del río Pedregal, se basaron principalmente en que la edad de cada uno de los conjuntos de terrazas podría indicar la época más antigua que fuera posible asignar a los artefactos depositados en ellas, pero nunca tomarse como fecha de los restos arqueológicos mismos. Ante la disponibilidad de sitios estratificados y un buen número de fechas de C-14, los argumentos se desviaron hacia el alto riesgo de contaminación y alteración que significaban los canales de flujo de los manantiales ascendentes. En el libro los autores no pierden tiempo en discutir otros sitios difíciles de sustentar por la fragilidad de las evidencias, sino que se concretan en Taima-taima y, aquí, los capítulos sobre estratigrafía -escrito por Alan Bryan- y fechas de radiocarbón -de Bryan y Gruhn- son concretos, muy claros y pródigos en explicaciones que no permiten dudas sobre la interpretación cronológica del yacimiento. A la vez, el capítulo de Bryan ofrece detallada y precisa información sobre el contenido de cada unidad estratigráfica y la distribución espacial de elementos claves para la interpretación posterior. De un total de 27 fechas de radiocarbón disponibles para Taimataima, solamente tres aparecen estadísticamente discordantes, aunque sus diferencias no alteran significativamente los resultados (USGS-247, UCLA-2133, IVIC-672). Con máxima precaución, los autores las colocan en un lugar reservado para no arriesgar la consistencia de la cronología. Como Bryan y Gruhn lo manifiestan (p. 53), Taima-taima es uno de los sitios de matanza de megafauna mejor fechado en América. La edad de la Unidad 1, que contiene la evidencia clara de actividad humana, está entre 14.000 y 12.500 años antes del presente. Hoy estas fechas ya no son tan difícilmente recibidas como en el pasado, pues se conocen en Suramérica sitios de cacería de grandes animales en fechas muy cercanas, como Tibitó (Correal 1981), fechado en 11.740 ± 110 A.P. y Monte Verde (Dillehay 1984a), con fechas entre 13.000 y 12.500 A.P., que se suman al conocido sitio de Tagua-Tagua, en Chile, con fechas alrededor de 11.000 A.P. Además, ya son reconocidos en Suramérica dos sitios con fechas alrededor de 32.000 años antes del presente: son ellos, el inobjetable yacimiento brasilero de Boqueirao de Pedra Furada, cuyo estadio más antiguo, fechado entre 32.000 y 25.000 A.P., está representado por más de 500 artefactos que comprenden |Choppers, chopping tools, denticulados, buriles, lascas retocadas (Guidon y Delibrias 1986: 769), y Monte Verde, en Chile, donde ha sido obtenida una fecha de cerca de 33.000 A. P. para un estrato que tiene algunas piezas de madera, tres piedras de basalto modificadas por percusión y fragmentos de carbón (Dillehay 1984b: 11).

El estudio de los restos de fauna extinta encontrados en Taima-taima, hecho por Rodolfo Casamiquela, no se limita a la taxonomía sino que aborda consideraciones biológicas que permiten conocer la edad y el tamaño de los individuos. En la Unidad I, Casamiquela determina que la gran mayoría de huesos pertenecen al esqueleto desarticulado de un único mastodonte, de 67.5 cm. de longitud, un poco más de 2 metros de altura y una edad calculada entre 5-6 años (con una esperanza de vida aproximada entre 70-80 años), que podría proveer cuanto menos dos toneladas de carne y vísceras.

Aunque aparecen restos de mastodontes ( |Stegomastodon y Haplomastodon) en el estrato basa¡, los cuales corresponden a individuos no jóvenes, los autores son claros en considerar como única evidencia irrefutable de la intervención humana en la muerte y faenado de estos animales, la brindaba por el estrato medio (Unidad I). No obstante, algunos huesos de los viejos mastodontes fueron usados como yunques por los cazadores del individuo joven. El análisis estratigráfico indica que, en el momento en que el mastodonte fue asesinado, una delgada capa de arena cubría el pavimento de roca caliza, de manera que no existía ninguna posibilidad para que el animal estuviera enterrado en el fango, ni sus movimientos fueran difíciles, como se ha hecho tradicional creer.

El estudio de las marcas dejadas sobre algunos huesos por artefactos cortantes, permite suponer que la primera operación hecha sobre el cuerpo muerto de la presa fue la separación de la cabeza y las defensas, cortando por el cuello, dejando libre el acceso al interior del cuerpo. Ruth Gruhn, mezclando la evidencia encontrada en Taima-taima con datos conocidos de actuales grupos africanos cazadores de elefantes, dibuja en una preciosa página los episodios posibles que ocurrieron el día de la muerte del joven proboscídeo, hace cerca de trece mil años. Es probable que las fuentes de agua fueran frecuentadas por muchos animales, varios de los cuales iban a morir allí. Los cazadores hirieron a su joven presa en un lugar distante, atacándola con jabalinas o lanzas con punta de piedra (en la cavidad púbica del animal fue encontrado un fragmento de una punta de proyectil de cuarcita, de las conocidas en los conjuntos líticos de El Jobo); el herido llegó hasta los pozos de agua en donde se desplomó sobre su costado izquierdo. Gruhn narra cómo los pigmeos cortan en este momento la cola del muerto y la envían con un mensajero al campamento en señal de victoria; así pudo haber ocurrido entonces. Los carniceros desprendieron cabeza y cuello y los arrastraron lejos del agua, cortaron los miembros superiores y se dedicaron a extraer las vísceras y la carne, primero cortando desde dentro y después levantando costilla por costilla.

Ochsenius (pág. 93) se manifiesta en desacuerdo con la interpretación de Gruhn. En su artículo sobre paleoecología escribe que no cree que los animales fueran dirigidos a las fuentes de agua por los cazadores sino que, ambos, hombres y animales, fueron buscando agua, aunque al hombre lo guiara un doble propósito. Por su parte, Cruxent llama la atención sobre la existencia de mastodontes jóvenes y adultos en Muaco y Taima-taima, que habrían sido indiferentemente convertidos en comida por los cazadores. Al considerar el tamaño de las presas, le parece evidente que una punta de proyectil no era una suficiente arma por sí misma, por lo que los hombres solamente las utilizaron como armas auxiliares para herir al animal en partes vulnerables. Incluso -prosigue Cruxent- es posible que las puntas fueran envenenadas, cubriéndolas con el jugo de una Euphorbiaceae ( |llamada guaritoto) regional. Al animal herido y envenenado, se le remataba valiéndose de todos los medios posibles: lanzas de madera, mazos, palos y piedras. Este procedimiento explicaría la escasez de puntas de proyectil en algunos sitios de matanza. Luego Cruxent se refiere al problema, no resuelto satisfactoriamente, de la conservación de la carne para llevarla fresca a los asentamientos. Es difícil aceptar el uso de sal o cualquier otro método químico para "preparar" la carne en el lugar de la matanza, y la puesta de delgadas tiras de carne al sol, para secarla, la expone al ataque de insectos o gusanos diversos. Por eso Cruxent aboga por el ahumado y encenizado como la manera posiblemente más usada para conservar la carne durante semanas. Bryan dedica unos párrafos al sitio de Manis, cerca de Sequim, para llamar la atención sobre la posibilidad que eventualmente los hombres del Pleistoceno fueran "carroñeros", lo que solucionaría problemas de interpretación en varios sitios de América, donde se infiere la presencia humana, pero no ha podido ser plenamente demostrada.

No obstante, parece lógico pensar que estos comedores de carroña solamente aparecieron cuando la ocasión lo permitió y no es posible imaginar un grupo que fundamente su subsistencia en el azar de un muerto permanente cerca del campamento base.

En la misma unidad estratigráfica correspondiente a la cacería del mastodonte, se encontraron huesos de |Enuus, Pararctotherium, Glos sotherium, Glyptodon y otros. Sin embargo, no parece que estos otros animales hayan sido cazados por el hombre o, al menos, no se encuentran evidencias claras de que ello haya sido así. Un hecho interesante es que en el estrato de arena roja, inmediatamente superior, no hay restos de mastodontes: se encuentran |Equus, Macrauchenia, Glyptodon y unos fragmentos de un milodóntido y una tortuga, difíciles de precisar taxonómicamente. Cabe preguntar por el motivo de la ausencia de mastodontes en esta unidad, cuya fecha debe estar entre aproximadamente 11'.000 y 10.000 A.P. Bryan plantea sin preámbulos su extinción en este tiempo (p. 49), mientras que Ochsenius expresa que la sugerencia de Bryan de la existencia de dos biofaces, distinguidas por la ausencia de mastodontes en la segunda, debe ser comprobada mediante una exploración más extensa, para que cobre significación regional, y sugiere que estos animales hayan migrado en esta época hacia regiones un poco más húmedas.

En ésta, como en varias de sus anteriores publicaciones, Ochsenius se dedica a demostrar la continuidad climática en la zona de Taima-taima desde el Pleistoceno. Partiendo del estudio de una extensa bibliografía sobre el área y de su propia experiencia de campo, ha aportado elementos que sustentan su hipótesis de una vegetación similar a la actual en la región que él ha denominado como Cinturón Arido Pericaribeño, que incluye la Península de Paraguaná, las Antillas Holandesas y la Península de la Guajira. En el libro (Pp. 91-103), toma uno a uno los géneros de megafauna representados en los depósitos de Taima-taima para concluir que ninguno de ellos indica un clima más húmedo en el área anteriormente. Igual ocurre con la evidencia botánica limitada, en el caso de Taima-taima, a material vegetal encontrado en abundancia en los estratos inferiores, gran parte del cual ha sido considerado como contenido gastro-intestinal del joven mastodonte descuartizado en el lugar. Fragmentos de ramitas masticadas, semillas y espinas, permiten conocer algunas especies típicas de climas áridos, presentes aún en la región. Vale la pena preguntar por los estudios de polen de Ernesto Medina y Sigfried Steinhold, que refiere Royo y Gómez (1960: 155) como prueba de un clima algo húmedo y vegetación exuberante, y que nunca más fueron mencionados.

Cruxent escribió el capítulo sobre los artefactos de piedra y hueso en Taima-taima (Pp. 77-89). Comienza con dos párrafos sobre el alto valor de las ideas especulativas en la construcción de experimentos y teorías, subrayando la liberación de la capacidad imaginativa científica como la base fundamental de todo trabajo creativo. Los artefactos de piedra que describe Cruxent se agrupan en puntas de proyectil, artefactos de lasca y una categoría que él designa como "artefactos de ocasión" (tools of expediency). Sólo dos, de los cuatro fragmentos de puntas de proyectil mencionados, proceden de la excavación, ambos hallados en la cavidad pélvica de dos mastodontes excavados en diferentes temporadas de campo (1974, 1976), lo que puede sugerir un especial método de cacería de estos animales. Cruxent analiza los ejemplares reconstruyendo hipotéticamente las partes faltantes, sobre la base de su conocimiento de muchos objetos similares completos, y los clasifica dentro del tipo Joboide de forma lanceolada, sin pedúnculo y tallados sobre una lasca con trabajo bifacial y retoques por presión. Algunos de estos implementos son cuchillos o instrumentos multifuncionales, diferenciados de las puntas por la acentuación del retoque sobre uno de sus bordes. De otra parte las puntas de proyectil de El Jobo presentan cierta diversidad con respecto a la categoría tipo, lo que no solamente puede responder al talento inventivo individual, como lo sugiere Cruxent, sino que podría explicarse, eventualmente, como desarrollos estilísticos que contribuirían al aclaramiento de las cronologías internas. Unicamente dos lascas, de las tres descritas, proceden de la excavación, asociadas con huesos de megafauna. Su función principal parece haber sido el corte de carne, aunque el autor plantea que el ejemplar encontrado en la superficie parece más útil para la manufactura de implementos de madera o canastos, o para el corte de cuerdas y tendones. La categoría final de artefactos de Taima-taima, considerados por Cruxent, es denominada por él como "artefactos de ocasión" (la traducción es mía. Prefiero esta demoninación a la de "artefactos de fortuna", empleada alguna vez para los |tools of expediency de Cruxent). Catorce objetos considerados son divididos en seis categorías que incluyen un raspador, un yunque y cuatro grupos más, extrañamente clasificados por las características del mango; se entiende que son artefactos amorfos, difícilmente organizables en tipos claramente definidos pero se desprende de las descripciones que se habrían podido agrupar por su función dando, de paso, claridad sobre su uso variado. Cabe recordar la afirmación del autor que se está tratando con un complejo cultural en el que formas y tecnología especializadas son ausentes. De otra parte, el estudio de los artefactos se dificulta aún más por la acción erosiva del agua ascendente. Los artefactos de hueso descritos por Cruxent son seis, uno de ellos es un yunque y los otros aparentemente se utilizaron para desprender carne de los huesos, o para las labores de desollado de las presas, mucho más que para cortar carne. Sin embargo, en muchos huesos aparecen arañazos y marcas producidas por su utilización eventual y varias astillas poseen bordes cortantes que, aunque no es claramente comprobable, pudieron haber servido como cuchillos, buriles o trozadores. Del análisis de los instrumentos de piedra y hueso, Cruxent concluye que el conjunto de artefactos de Taima-taima está constituido por formas diversas, circunstanciales y atípicas, lo que lo lleva al convencimiento que no es posible esperar encontrar, en un sitio de matanza, un utillaje cuidadoso y delicado como el que podría aparecer en un sitio de vivienda. Aun cuando las descripciones de Cruxent son muy completas, es lamentable que no aparezcan ilustraciones de los artefactos ni cuadros estadísticos que ilustren la distribución de los implementos en le excavación y la comparación porcentual de los tipos entre sí. La ausencia de información visual precisa es uno de los motivos de confusiones y estériles discusiones, que serían fácilmente decididas con dos láminas y dos figuras. Algunas ilustraciones de artefactos fueron publicados por Cruxent en 1967, pero las nuevas excavaciones y clasificaciones hacían necesaria una nueva ilustración.

Uno de los hechos de mayor interés en Taima-taima es la presencia de los fragmentos de puntas de proyectil joboides dentro del tosco conjunto de artefactos estrechamente asociados con los animales consumidos. Recientemente, J. R. Oliver (com. pers.) ha encontrado varios ejemplares de puntas acanaladas que tipológicamente se relacionan con las conocidas del Lago Madden (Panamá), el Inga (Ecuador) y un ejemplar descrito del Golfo de Urabá (Colombia). La mayoría de los hallazgos, superficiales, se hizo un poco más al norte de Taima-taima, en el sitio El Cayude, al sur de la Península de Paraguaná, pero un ejemplar procede del Valle del río Pedregal.- El descubrimiento de Oliver, afianza la interpretación que, en uno de los capítulos finales del libro, hace Bryan. El considera que si bien los cazadores Clovis y El Jobo fueron fabricantes de puntas de proyectil bifaciales, sin embargo las diferencias de morfología y materiales abogan por dos "modelos mentales" distintos; las fechas de uno y otro, podrían indicar que se sucedieron en el tiempo. Bryan acepta tentativamente la expansión de las puntas acanaladas clovisoides atravesando América Central, pero plantea que sus portadores, al llegar a Venezuela, se encontraron con otras gentes muy bien establecidas en América del Sur. Más allá de la significación cronológica de los trabajos en Taima-taima -que lleva a suponer una mayor antigüedad para la entrada del hombre a Norteamérica- las evidencias indican la existencia de una marcada diversidad cultural en el norte de Suramérica al finalizar el Pleistoceno, surgidas de un lento proceso de colonización y la posterior adaptación a medioambientes variados, capaces de sostener significativas poblaciones humanas por largos períodos de tiempo, suficientes para que los procesos de diversificación apartaran considerablemente grupos con un tronco ancestral común.

La publicación del libro de Taima-taima no sólo aclara aspectos hasta ahora discutibles del sitio mismo, sino que al hacerlo amplía el panorama sobre la vida de los pobladores más antiguos de América, las características de esas ocupaciones y la antigüedad del poblamiento. La precisión de la antigüedad va más allá de un simple chauvinismo continental y del deseo competitivo de muchos especialistas por la paternidad del más antiguo descubrimiento; es indispensable para establecer las características geográficas y ecológicas en las cuales vivió el hombre y se desarrolló la cultura, base fundamental para la comprensión de los más viejos. procesos históricos de América, por una parte, y del desarrollo y complejidad del espíritu humano, por la otra. Enhorabuena por los autores y los editores de este volumen que llena un vacío y abre mil perspectivas.

| GERARDO I. ARDILA C.
Profesor Universidad Nacional

 

LA MOLA

Clara Inés Aramburo Siegert, Alicia Londoño Blair. Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Antropología. Tesis de grado - 1982

|Móla en lengua Cuna significa ropa.

Esta monografía es un aporte concreto al conocimiento de nuestro patrimonio textil vivo, siendo la móla no sólo una expresión plástica representativa, sino también una identidad cultural manifestada a través de la creatividad y abstracción del entorno y de la vida cotidiana de la comunidad Cuna. La |móla es un signo, una forma de escritura, un sistema de significación en sí mismo y en relación con las demás prendas de vestir de la mujer Cuna. El trabajo nos muestra una visión retrospectiva de los usos indumentarios y una explicación de la función estética particular de la |móla con la que los indígenas tratan de explicar y organizar simbólicamente su propio mundo.

Es una característica de la producción artística textil a través de la historia: la de ser en su gran mayoría completamente anónima, tejiendo los elementos propios de una cultura de manera genérica, así como, sus tipologías y estilos. La |móla como forma de arte revela las ideas de la comunidad, la expresión artística del grupo al cual pertenece, siendo su elaboración una actividad de carácter familiar realizada manualmente, siguiendo la tradición Cuna, cuya producción está orientada a su uso cotidiano y se considera arte indígena en donde participan hombre y mujer por igual en cada pieza artística.

Esta sociedad como muchas otras fue afectada por el descubrimiento del Nuevo Mundo y ha estado en contacto con grupos foráneos desde hace cinco siglos: europeos conquistadores, misioneros, comerciantes y piratas; esto explica el nivel de aculturación en que se encuentra, producto de la influencia de agentes externos que han hecho que este grupo indígena haya modificado sus valores culturales. Fue una sociedad dominada física e ideológicamente por los españoles. El poder de los misioneros sobre las comunidades indígenas permitió abusos y transformaciones en el interior de los núcleos aborígenes; la imposición de nuevas creencias y la pérdida de los valores culturales propios. Uno de ellos: la indumentaria, el comenzar a cubrirse el cuerpo (vestirse), originó nuevas prendas, objetos y colores que son los que en la actualidad conocemos y que se consideran como características de la sociedad Cuna y se deben tener en cuenta como el punto de partida para comprender el origen y la importancia de la |móla, como elemento significativo de este grupo étnico.

La descripción del traje demuestra que la indumentaria femenina, es laque mejor sintetiza los valores culturales originales. Esto es en parte el resultado de que la mujer Cuna se haya mantenido aislada en cumplimiento de la tradición. En cambio el traje masculino desapareció debido a la influencia constante y permanente de otras culturas.

La monografía describe claramente la tecnología empleada de acuerdo con la tradición a través del proceso de transformación en la fabrica ción de la |móla y su relación con la blusa: forma, diseño, color, ubicación e incorporación de la |móla en la blusa. También explica la fabricación y la forma de vestir de otras prendas fundamentales de la indumentaria Cuna, como el sabúred o falda, músue o pañolón, olasu o nariguera, los collaresy wínes o chaquiras que usan en los brazos y piernas: así como, la adquisición de la materia prima para su fabricación. Prendas, que se complementan con pinturas corporales, corte de pelo, forma de llevarlas, forma de comportamiento, color, cantidad y modo de uso que refuerzan su significación.

En este trabajo se empleó la semiología como base teórica para su desarrollo, considerando la |móla como un objeto, un sistema de signos que responden a una organización mental, a una realidad inconsciente, base sobre la cual se analiza como estructura no verbal, siendo producto de un grupo de individuos que viven en un rico universo de signos y mensajes. La |móla -imagen como signo, que no tiene origen utilitario solamente, sino que sirve también para significar una situación, para vestirse y posiblemente en alguna época, tuvo una función mágica, cuyas relaciones con el mito han ido desapareciendo progresivamente-. Para poder comprender el contenido o significado de una |móla, es necesario penetrar y asimilar las formas allí contempladas; los elementos poseen significado por su relación con el contexto, el cual es a su vez, la relación que una |móla establece con las demás. Es el pensamiento mítico que en ella cobra vida y expresa aspectos fundamentales de la filosofía indígena Cuna. El lenguaje de la |móla son los colores y las formas a través de las cuales el individuo se expresa, se reconoce a sí mismo, se comunica, elabora, descubre y cumple una función estética. Las figuras y formas representadas son en principio una verbalización de uno o varios acontecimientos, lo que se logra, reuniendo ciertas formas y colores identificables. Toda |móla consiste en una combinación de temas y motivos, es la unión de un concepto y un objeto material con un repertorio de signos, unas reglas de combinación y una selección de elementos que explicarían la estructura y función de la |móla. Los mecanismos de producción de este lenguaje, la combinación y selección de colores, imágenes y prendas se ayudan para su comprensión con la semiología.

Los diseños en las |mólas pueden ser geométricos, angulares o curvilíneos; en las composiciones se mezclan ambos estilos, predominando el geométrico o angular. Los motivos son abstractos o figurativos, siendo estos últimos, zoomorfos o antropomorfos. La representación de los objetos, sólo se encuentra en las |mólas de San Blas. -Es característica la simetría y la asimetría en el manejo de las figuras y es menos frecuente la característica del desdoblamiento. Los diseños de |mólas geométricas tienen nombres que no todos saben leer y estos mismos diseños se utilizan para la decoración de los wínes, los canastos, y los sopladores. Los dibujos son realizados sólo por los indígenas que poseen el conocimiento; actualmente estos diseños se basan en la copia de aquellos acumulados a través del tiempo o de diseños nuevos traídos de San Blas. Todavía se encuentran en la |móla elementos indígenas como españoles, también se han adquirido algunos que no corresponden a la tradición. El contraste de los colores hace que sólo se perciba el color, en la |móla, la forma no es independiente del color, el cual asociado al comportamiento, denota un sistema de valores y un significado simbólico. La selección de un-diseño color y forma no es una decisión arbitraria sino significativa, donde logran expresar sus sueños, mitos y misterios, por medio de símbolos, en un lenguaje que utiliza formas naturalistas y geométricas estilizadas.

Es incierto el origen de la técnica del apliqué, pero sí es certero, que el diseño de las |mólas tiene que ver con la decoración corporal, dejando de ser con el tiempo la piel, la depositaria de los diseños, asumiendo esta función la tela, adquirida ahora en el comercio. Otro cambio de la decoración corporal al diseño gráfico en la |móla, es que el diseño sobre el cuerpo o rostro no logra la misma significación que sobre la blusa; su fuerza necesariamente varía pero su significado es el mismo.

Según la mitología Cuna, los nombres de las |mólas fueron dados por los dioses. La monografía recopila dibujos geométricos y un listado de los nombres usados por diferentes indígenas, en lengua Cuna y su traducción al español, especificando cuando un dibujo es igual al otro(s) siendo su nombre(s) diferente(s) pues la misma |móla puede ser llamada de diversas maneras, lo cual implica que pueda tener varios significados semejantes u opuestos, se encuentran también diferentes figuras con el mismo significado. Todos estos elementos indígenas que tienen su explicación lógica ancestral y mítica y sobre los cuales no se puede reflexionar sin analizarlos en relación con los demás; el estudio de la |móla se debe realizar paralelamente con el estudio de los productos considerados como artesanías: cestería, collares, wínes y sopladores.

La |móla sigue un doble movimiento de conservación: la comercialización y el arte que se convierte en mercancías y el artista en productor de mercancías, adquiriendo como consecuencia la |móla, una forma artesanal sin perder su valor artístico; con su circulación en el mercado Capitalista hay una pérdida del significado original, adquiriendo otro de acuerdo con las relaciones materiales de producción. La |móla como objeto es portadora de una serie de significaciones sociales que denota el Universo Cuna y al cambiar su contexto sufre cambio en su significado y en su clasificación, a un estrato social antes inexistente. Toda una filosofía, una forma de vida y relación entre seres y objetos se transmite de alguna forma en estas telas de colores: los hechos culturales están siempre presentes en el contexto indumentario de la |móla. Así se da un paso para la compren- sión del significado de los objetos y su relación con niveles profundos de la cultura y del individuo. Se centra el trabajo en la |móla como delimitación de lo concreto de un contexto social amplio ligado a una permanente confrontación.

El trabajo concluye que la comunidad Cuna hace parte de aquel conjunto de comunidades indígenas del país que se encuentran en un estado acelerado de extinción física y cultural. Añade que para comprender esta cultura se debe tener en cuenta las influencias que del exterior han llegado por diversos canales a través de diferentes épocas, alternando de alguna manera con concepciones propias unidas a la transformación de la cultura Cuna. Los individuos viven y transforman la cultura de su época hasta el punto que les es imposible conservar su identidad original. De cualquier manera, los artistas Cunas vivirán eternamente a través de este discurso en tela, de este lenguaje no verbal, donde han plasmado por años no sólo sus ideas sino también, la vida misma.

| EMILIA CORTES MORENO

 

FERNANDO URBINA RANGEL:
"AMAZONIA. NATURALEZA Y CULTURA".

Banco de Occidente, Bogotá, diciembre de 1986, 197 p., 176 fotos.

|En la sombra

|el Abuelo nos dijo la Palabra,

|la que otra noche oyó del más anciano cuyos años lo hacían casi origen.

|Y el otro

|el que empuñó cinceles que cantaban talló su sueño entre la piedra antigua para durar

|más allá de todos los silencios.

Con este poema de su autoría, Urbina introduce su obra, definiéndola como una conjunción de dos elementos: la palabra y la imagen. Desde la carátula misma la imagen asalta nuestros ojos. Es la selva; es el petroglifo; es el río; es el hombre. Es el tigre, el pez, la boa, la guacamaya; es el murciélago, el tucán, el cocodrilo; es, en fin, el animal. Es el chontaduro, el calabazo, el ají; es el bejuco, el cumare, el tabaco, la coca; es, en fin, la planta. Es el canasto; es la olla de barro; es la bodoquera; es el maguare; es la maloca. Es la obra múltiple y creadora del hombre, resultado y modo de su relación con la selva, el río y sus recursos.

Y es también la Palabra. Numerosos mitos, o fragmentos, nos traen las historias de los abuelos, de los Dueños de la Palabra. Nos hablan de su poder creador. "En el principio nada había aquí. Nuestro Padre, el que nos creó, no tenía extremidades, carecía de miembros. Era corazón únicamente: Corazón-que-habla. Era un corazón bueno. Buscaba la manera de dar vida. Meditaba la forma de hacer la creación. Entonces, indagó cómo había aparecido él mismo. El solitario corazón comenzó a hablar, a decir palabras dulces, llenas de buena fe, plenas de buena intención. Con las Palabras de ese buen corazón fuimos formados".

Pero, ¿es en realidad la Palabra? Las imágenes de los abuelos que narran, que tejen la historia

con su Rafue, tratan de mostrarlo así. Pero Urbina se equivoca y al hacerlo nos engaña. No es la Palabra; se trata solamente de su imagen escrita. No es la voz humana con su poder creador; es su ícono. Y así, el texto se convierte exclusivamente en un conjunto de imagenes, Urbina no nos dice La Palabra; su papel es el de aquel otro que "empuñó cinceles que cantaban", poniendo su sueño en un libro cuya duración, es indudable, no llegará "más allá de todos los silencios".

Pero el engaño de Urbina es explicable, y fatal. Porque él recibió la Palabra en la maloca, en el mambeadero. A su oído hablaron muchas veces don José García, don Noé Rodríguez, don Rafael Núñez, don Pablo Bigidima, don Hilario López, los Abuelos. Y así, la Palabra sigue sonando en su cerebro cargada, plena de voz humana. Así ocurre siempre cuando hemos oído los mitos muchas veces en la voz de sus narradores; ya no es posible separar la Palabra de la voz que cuenta. Cuando se escribe, se oye la voz. No sucede lo mismo para el lector; en un libro, fuera de su contexto, lejos de los Dueños de la Palabra, la letra escrita carece de voz, excepto, a veces, la del propio lector (sentí todo el tiempo la necesidad de leer los mitos en voz alta, pausada, lenta; pero no es posible restituir su voz a los relatos). Es inevitable. Es la trampa de nuestra civilización con su lenguaje escrito; con él, la palabra se hace impersonal, neutra, capaz de cobrar mil voces, millones de voces, tantas como lectores; puede, incluso, existir sin voz, silente. Con él, no hay ya Dueños de la Palabra, ni palabras que se conviertan en acción, palabras creadoras, Rafue.

| II

La selva amazónica. Este es el tema del libro. Pero, ¿qué visión de ella entrega? No, por supuesto, la del infierno verde. No, por tanto, la de nuestra propia cultura. Esta se estremece de terror frente a la selva; es antiselvática. En ella, la selva existe sólo para ser derribada, destruida, arrasada, creyendo, así, civilizar el espacio, hacerlo apto para la vida humana, pues ésta no se concibe dentro de aquella. La selva aparece como naturaleza primigenia, avasalladora, espantosa. Es el "se los tragó la selva". Frente a ella se levanta, como un exorcismo, el hacha metálica, el hacha de la muerte, vencedora aún de los "palos de corazón", símbolos de la permanencia, destructora aún de la "raíz del renacer".

Ni tampoco la visión del indio como ser natural, simple parte del paisaje, uno más de los recursos componentes de la selva. Ni la del indio agobiado, absorbido por ella casi hasta el aniquilamiento, de la cual es preciso rescatarlo, salvarlo, tarea que asumen tantos redentores para, al mismo tiempo, despojarlo.

Al contrario, es la de un cosmos diverso en su unidad, conformado por múltiples Fuerzas enfrentadas: el animal, la planta, el raudal, los astros, y el hombre con su propia Fuerza, guardiando este concierto a través de la Palabra y de los Objetos de Poder, confluyentes en el Rito, lugar y momento del "equilibrio de unas Fuerzas que se oponen complementariamente en una dialéctica infinita".

Allí donde el aliento de la Madre, la Palabra del Padre y el obraje del Hijo originan el mundo del hombre indio: la Amazonia; todo en inestable armonía.

Esta unidad de lo diverso estructura igualmente el libro. Es inextricable la unión del texto y de la imagen. No son fotografías explicadas; tampoco textos ilustrados. Es una bella, bellísima simbiosis. Rota dolorosamente por el horrendo dibujo de Quintero sobre el esquema de los mundos.

Y es la presentación del Urbina poeta. Porque, además, ¿cómo reescribir un mito sin serlo? Pero no es sólo la poesía de la palabra, es también el poema visual, el de la imagen.

Y es también un llamado para entender "cómo la Nación Colombiana y la Humanidad estarían mejor si no arrebataran esta tierra de las manos que más celosamente la han cuidado, respetado y comprendido...: los indígenas". De lo contrario, un día, "silenciado el rugir de los tigres cuidadores, algo fundamental de todos nosotros habrá muerto".

| LUIS GUILLERMO VASCO URIBE
Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia

 

FRANK SALOMON: LOS SEÑORES ÉTNICOS DE QUITO EN LA ÉPOCA DE LOS INCAS

Colección Pendoneros; Instituto Otavaleño de Antropología. Otavalo, 1980.

La historia, en una de sus acepciones más convencionales, es el análisis del cambio real; lo que semánticamente es cierto para nosotros debe serlo para los demás. Las únicas estructuras de un texto son aquellas que son legibles en la superficie y que van formuladas en términos explícitos. ¿Y lo Otro?, ¿lo que no queda en el texto, lo que está allí pero sin formular, eso que no pertenece al mundo de los hechos? Un texto puede privilegiar un relato específico o puede, por el contrario, abrir el horizonte, más o menos extenso, del conjunto de mitos, ritos e instituciones de los que dispone una cultura.

El libro de Frank Salomón. "Los señores étnicos de Quito en la época de los Incas" (su Tesis Doctoral para la Universidad de Cornell, 1978), es un texto coherente en sus líneas y sugerente entre líneas.

El autor renuncia a toda esperanza de conocer el pasado "como sucedió realmente", aseveración que coloca su texto por fuera de la historio grafía tradicional. Se trata, como él mismo lo dice, de una etnografía del pasado andino del norte del Ecuador.

Los términos utilizados en su trabajo, términos como "redistribución", "llajta", "aswa", "ch'arki" y otros, provienen de su conocimiento de la cultura desde adentro, de su conocimiento del quichua.

Los españoles, en su concepción medieval de la propia cultura, tienden a favorecer en sus crónicas las instituciones indígenas que se asemejan a los modos de gobierno de la Península, -estados y reinos corresponderían de alguna manera a los ideales europeos de monarquía e imperio-, y a ignorar a los cacicazgos, orientados por señores naturales, que les recordaban a los caballeros españoles cuyas "luchas de bandas y linajes", amenazaban al naciente estado nacional.

El libro de Salomón está dedicado precisamente a los cacicazgos del área de Quito. Se nutre de la amplia documentación administrativa y judicial de las comunidades indígenas, inaugurando, para el Ecuador interandino, esta nueva modalidad de trabajo histórico basado en fuentes primarias. Estas fuentes tienen la ventaja, sobre las fuentes convencionales, de dejar traslucir las creencias indígenas acerca de su propia cultura.

El problema de los "Andes de páramo" en contraposición a los "Andes de puna", fue reconocido por el geógrafo alemán Carl Troll (1958, 1968) en sus investigaciones sobre los Andes. En Colombia, G. Reichel Dolmatoff (1961), especifica la influencia del variado medio ambiente de los Andes de páramo sobre el desarrollo de los cacicazgos subandinos, nombre con el cual designa a los cacicazgos colombianos.

¿Quién es el protagonista de esta etnografía sobre los señores naturales de la provincia de Quito? La "llajta", "el pueblo de naturales"; su caracterización es, quizá, el mayor aporte de este sorprendente libro; comunidad que el autor estudia dentro de una perspectiva regional, y en sus relaciones con las comunidades "yumbos" de las vertientes templadas de las dos cordilleras, estableciendo de una vez por todas, y de manera fáctica, la articulación económica costa-sierra-selva.

El maíz es otro de los actores principales de este relato, el maíz en la esfera de lo político, de lo económico y de lo ritual.

Dos autores, Frank Salomón para el Ecuador interandino, y Michael Taussig para Colombia, comparten una misma preocupación: discernir la naturaleza ambivalente de las relaciones entre los habitantes de la sierra y los de la selva tropical húmeda, en lo económico y en lo religioso, respectivamente.

En lo que concierne a la parte sur de los Andes colombianos, el libro de Salomón introduce una serie de personajes cuya presencia se intuía de manera algo vaga. Se trata de los Mindalaes, o indios mercaderes, una institución indígena limitada a la frontera norte del Tawantinsuyu, ya que las evidencias de su existencia al sur de Quito son muy pobres.

Con la introducción de estos Mindalaes en la escena, la articulación económica deja de ser una hipótesis para convertirse en un hecho. El estudio de esta institución aborigen enriquece notablemente los mecanismos de funcionamiento del comercio interregional, de comunidades que no fueron favorecidas por los relatos de los cronistas mayores.

Respecto al caso Pasto y al avance incaico dentro de dicho territorio, el trabajo de Salomón es muy sugerente. En la época en que él redactó su tesis doctoral, no se conocían los datos arqueológicos y las fechas absolutas que se conocen ahora. Sabemos, por ejemplo, que, contrario a lo que afirma Salomón, los Pasto sí incluyeron dentro de su microverticalidad las tierras productoras de coca, algodón y ají, ya que poseían colonias permanentes en el valle del Chota, donde había cultivos extensivos de los tres productos y en menor escala, sobre las terrazas del río Guáitara.

El estudio de los Pasto y sus vecinos, grupos ubicados en los límites septentrionales del Tawantinsuyu, permite mirar muy de cerca, instituciones, mitos y ritos aborígenes que más al sur fueron sustancialmente alterados por la conquista efectiva de los Incas. Los trabajos de Salomón en general, alientan y estimulan las investigaciones sobre estos cacicazgos andinos que los estudiosos del Tawantinsuyu han dejado de lado, subyugados por la presencia del aparato estatal.

| MARIA VICTORIA URIBE
Arqueóloga

 

REVISTA COLOMBIANA DE ANTROPOLOGIA

Volumen XXV, 1984-1985, Bogotá, 284 p.

En su volumen veinticinco, el órgano del Instituto Colombiano de Antropología nos entrega 5 articulos sobre temas diversos: etnografía, antropología social, etnología y arqueología, reflejando así las inquietudes que continúan animando a la antropología.

Aprovechando su presencia en la dirección del Instituto, Roberto Pineda Giraldo publica el artículo "Ciclo vital y chamanismo entre los indios chocó", escrito con su esposa Virginia Gutiérrez en 1954, basado en un trabajo de campo de 1949-1950 y en una lectura lineal de la bibliografía disponible en el momento, en la cual destacan los trabajos de varios misioneros.

Con su trabajo, los Pineda quieren dar una "visión de mitad de siglo" de los chocó, pero lo hacen, al mismo tiempo, de la antropología que se practicaba en ese período y que sentó bases para la actual.

Bajo el clásico enfoque del culturalismo norteamericano, la primera parte, referida al ciclo vital, sigue con minucia los hábitos y costumbres que acompañan y norman la vida del hombre chocó desde su concepción hasta su sepultura, resaltando ciertas contradicciones entre lo vivido y las respuestas obtenidas en las entrevistas, considerando que las últimas pueden señalar nuevas pautas resultantes de la aculturación.

Es notorio cómo categorías occidentales como niñez, infancia, juventud son trasplantadas sin mayor fundamentación al mundo de emberás y waunanas.

Sorprenden aquí algunas afirmaciones como la referida a la ausencia de prácticas anticonceptivas entre los indígenas, cuando éstas han sido documentadas con frecuencia y presentan un obvio carácter tradicional, pareciendo ser muy antiguas; o la que concierne a la fuerte valoración negativa de la soltería femenina, cuando ella cubre también la de los varones.

Idéntico enfoque guía la descripción de la figura y actividades del jaibaná, aunque aquí el detalle es más escaso y el apelar acríticamente a la información contenida en la bibliografía más frecuente y de importancia. Pese a que nada nos cuentan los autores al respecto, se percibe su dificultad para obtener suficiente información sobre este álgido tema durante su trabajo de campo, así como la menor riqueza y fluidez de los datos pertinentes.

En consecuencia con su óptica teórica, los autores nos presentan los dos temas en sí mismos, aislados de otros aspectos importantes de la vida de los chocó, tales la economía y la organización social, para no citar sino dos de ellos. No aparece, tampoco, ningún intento de explicación de los hechos anotados ni de acercarse a la visión del mundo que los sustenta. Fuera de un marco de esta naturaleza, muchas cosas aparecen como simplemente insólitas o curiosas, productos del capricho o del azar y, en ocasiones, descabelladas o pueriles.

Aunque etnografía de esta clase continúa practicándose entre nosotros, la impresión que deja este trabajo es la de su irremediable vejez.

Con su artículo "Organización social en el Noroeste del Amazonas" (que fue ponencia en el I Seminario de Antropología Amazónica), Francois Correa continúa la línea iniciada por él de tiempo atrás, intentando desarrollar elementos de una etnología de la región.

Esta vez, confrontando la información reciente sobre filiación, matrimonio y residencia, introduce "algunas generalizaciones" referidas a aspectos como la horticultura itinerante de la yuca brava, la tipología de las unidades sociales delimitadas por filiación y alianza, la caracterización de los clanes y sus jerarquías, los procesos de dinámica social, los fenómenos lingüísticos como bases de identidad y diferenciación, las reglas de intercambio matrimonial y residencia (incluyendo la situación e incidencia de malocas y aldeas). Para concluir conque la dinámica de la acción de la sociedad occidental sobre las unidades socioculturales amazónicas va produciendo su descomposición, redefiniendo a sus miembros como indios genéricos "dentro de su propia escala de relaciones sociales".

"Consideraciones acerca de la evolución de la infancia" de Ximena Pachón, presenta en forma comparada la situación de la infancia dentro del feudalismo y en la sociedad moderna.

Con base en los muy escasos trabajos disponibles sobre la materia, desarrolla las tesis de que, excepto por un brevísimo período luego del nacimiento, los infantes se integraban directamente al mundo adulto feudal sin que existieran, por lo tanto, épocas de niñez, adolescencia y juventud. El mundo infantil estaba caracterizado, pues, por la indiferencia de la familia y la sociedad hacia el niño y por el anonimato de éste. Por otra parte, la familia no era un ámbito privado sino que vivía inmersa dentro de la comunidad, la cual cumplía, incluso, con las tareas de socializar a los nuevos miembros de la sociedad. Tal situación. se reflejaba en las lenguas, pues éstas carecían casi por completo de los conceptos necesarios para diferenciar las edades. Aspectos demográficos son presentados como partes de la causalidad de los fenómenos anotados.

Los finales del siglo XVIII y el siglo XIX marcan el cambio de la anterior situación con la conformación de la familia moderna y la aparición de diversos procesos de especialización y diferenciación social, que llevan a prestar una atención específica a .los niños en los diversos momentos de su vida, estableciendo entre ellos, la sociedad y la familia relaciones de una naturaleza por completo diferente.

Tratándose de un análisis preliminar, muchas de cuyas partes son resúmenes de lo expuesto en otros escritos, es difícil valorar la validez e importancia de trabajos como el de Darna Dufour: "Flujos de energía a través de los hogares tatuyo". Lo limitado de los períodos durante los cuales se realizaron mediciones importantes de energía producida y consumida, lo muy pequeño de la muestra estudiada, tan sólo cuatro hogares, y la utilización de los indicadores de la FAO/ OMS, con solamente ligeros ajustes, lanza interrogantes bastante amplios al respecto de esta forma de etnografía en donde desaparecen los seres humanos, existiendo, incluso, los mecanismos para "corregir" las "desviaciones" introducidas por su presencia, por la vida diaria de la gente.

Para terminar, la revista nos presenta el informe de Gerardo Ignacio Ardila sobre las excavaciones en el Alto de Mira, Alto Buritaca, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Las condiciones de penuria presupuestal, escasez de tiempo e inadecuadas asignaciones de personal de su contrato, con el ICAN son una de las características más notables, resaltando el provecho logrado por el investigador en tan precarias circunstancias.

Sus conclusiones reafirman aquellas que sobre tipología y cronología se han obtenido en anteriores trabajos de Reichel-Dolmatoff, Cadavid, Herrera de Turbay y Lleras para la región, confirmando, además, una estabilidad de rasgos arqueológicos para el período que va desde el 1090 al 1550 d.n.e. Como peculiaridad del sitio de Alto de Mira, el autor presenta una continuidad en la; ocupación del lugar que contrasta con los periodos de abandono o reutilización postulados para otros sitios por Herrera y Lleras.

| LUIS GUILLERMO VASCO URIBE
Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia

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