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TRES FORMAS DE ACCESO A RECURSOS EN
TERRITORIO DE LA CONFEDERACION DEL COCUY, SIGLO XVI
CARL HENRIK LANGEBAEK RUEDA.
|"ayudando a su fertilidad la variación de su
temperatura, pues a cortas distancias, según la altura o bajío que
hace la tierra, se experimenta frío, cálido o templado, y de esta
variedad de temples se origina su mayor excelencia, pues lo que en
un sitio no produce, en otro se multiplica".
|OVIEDO Y BAÑOS, 1763
Fotografías:
Jorge Mario Múnera
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Las lagunas de altura constituían lugares sagrados para los
indígenas de los Andes venezolanos y colombianos. Las áreas de
altura se aprovechan también para sembrar tubérculos y realizar
jornadas de cacería .
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Introducción
Desde hace algunos años, los estudios etnológicos realizados
entre los actuales grupos de lengua chibcha de la Sierra Nevada de
Santa Marta (Reichel-Dolmatoff, 1982) y de la Sierra Nevada del
Cocuy (Osborn, 1979, 1985 y 1986) han planteado numerosos datos
sobre el patrón de poblamiento móvil de las sociedades indígenas de
esa familia lingüística en el medio ambiente de montaña. Estos
valiosos aportes sólo han venido a ser tomados en cuenta por los
arqueólogos y etnohistoriadores que investigan sobre las antiguas
sociedades del Altiplano Cundiboyacense en los últimos años, sin
que aún sea posible establecer modelos propios, ni especular sobre
patrones de explotación del medio ambiente andino a la llegada de
los españoles (Langebaek, 1984). En esa perspectiva, el propósito
del presente artículo es el de dar una visión general de la
economía de los cacicazgos laches de la Sierra Nevada del Cocuy en
el siglo XVI, mediante el análisis de datos de archivo sobre la
circulación de artículos por vía de intercambio, el control de
pisos térmicos y las pautas de "tributo" y
redistribución.
El marco geográfico de esta investigación corresponde al
estudiado, desde el punto de vista etnológico, por Osborn (1985),
cuyo principal foco de interés consiste en los aspectos ideológicos
involucrados en el control de diferentes pisos térmicos. En otros
reportes, hemos sostenido que el movimiento de población indígena a
través de tierras con diferentes propiedades geográficas estaba
vinculado con el interés en abastecerse continuamente de una amplia
gama de productos, y así lograr una ideal autosuficiencia
alimentaria. Estas posiciones son, desde luego, complementarias
debido a que ni los mitos estudiados por Osborn, ni los documentos
de archivo pueden, por si solos, tomarse como fuente exclusiva para
aproximarse ala problemática del poblamiento indígena
prehispánico.
La selección de los cacicazgos laches del Cocuy como objeto de
estudio se ve justificada a dos niveles. Por una parte, su
importancia como la única confederación no muisca de los Andes
Orientales, cuya existencia ha sido documentalmente probada (Tovar,
1980), hace de ella un marco ideal para estudiar los más diversos
temas de organización económica, política y social en un contexto
geográfico y étnico más bien pequeño. De otro lado, aparte de
referencias aisladas, o de estudios de carácter local, consideramos
que la abundante información de archivo sobre la región ha sido
poco aprovechada, al menos en relación a las recientes y serias
investigaciones de archivo aplicadas al estudio de las sociedades
muisca y guane, vecinas a la Sierra Nevada del Cocuy (Colmenares,
1984, Morales, 1984, Tovar, 1980). En el Archivo Histórico Nacional
de Colombia reposa una enorme cantidad de documentos sobre la
Sierra, un área que desde los primeros tiempos de la conquista fue
objeto del interés de los españoles debido a su enorme potencial
agrícola, disponibilidad de abundante mano de obra indígena y
presunta existencia de tesoros. Esta investigación se basa en el
análisis de un buen número de documentos que son el producto del
interés español en conocer las características geográficas y de
poblamiento del territorio serrano: "visitas"
coloniales de fines del siglo XVI e inicios del XVII, pleitos sobre
tierras y actas para el poblamiento y catequización de los laches.
Nuestro marco de comparación lo constituye la información conocida
para los actuales tunebo del flanco oriental de la Sierra Nevada,
así como los datos disponibles sobre los antiguos habitantes de los
valles fríos de Cundinamarca y Boyacá, y de la Serranía de Mérida
en Venezuela, con los cuales los laches compartían un habitat
similar y algunos aspectos de su cultura.
Generalidades y relaciones culturales con grupos vecinos
La confederación del Cocuy estaba compuesta en el siglo XVI por
el cacicazgo de ese mismo nombre, así como por los de Cheva, Chita,
Ogamora, Panqueba, El Pueblo de la Sal, Sacamá y Ura, clasificados,
tanto en las crónicas como en los documentos de archivo, como
pertenecientes a la etnia lache (Aguado/ 1581/, 1956,1: 331-335 y
ANC Vis. Sant X f 944 v). Su territorio se circunscribía a los
flancos sur, oriental y occidental de la Sierra Nevada de ese mismo
nombre, en el actual Departamento de Boyacá, y abarcaba diferentes
pisos térmicos, desde nieves perpetuas hasta los Llanos Orientales,
es decir tierras de páramo (3.000 y más m.s.n.m.), frías (2.000 -
3.000 m.s.n.m.), templadas (1.000 - 2.000 m.s.n.m.) y cálidas
(1.000 y menos m.s.n.m.). Más que en ninguna otra parte de la
Cordillera Oriental de Colombia, el territorio ocupado por los
laches se caracteriza por la existencia de una gran variedad de
nichos ambientales como resultado de variaciones en altura, régimen
de lluvias y fertilidad de las tierras: en su límite occidental,
los cacicazgos del Cocuy tenían acceso al Cañón del Río Chicamocha,
una región que recibe muy poca precipitación y donde la vegetación
resulta propia de un clima semidesértico; a medida que se asciende
hacia los picos nevados, en sentido oeste-este, el nivel de humedad
aumenta a proporciones benignas a la vez que se encuentran grandes
planadas donde hoy, como en épocas precolombinas, se ubica la mayor
parte de la población. En la margen oriental de la Sierra, la
precipitación anual promedio es mucho más alta, con lluvias
distribuidas durante todo el año, pero las tierras no son tan
fértiles como en su contraparte occidental. Aquí, los principales
atractivos para el hombre radican en la existencia de fuentes de
agua salobre al pie del río Casanare, el acceso a cotos de caza y
la cercanía de los Llanos con su enorme potencial pesquero.
Por el occidente, los cacicazgos sujetos al Cocuy limitaban con
comunidades pertenecientes a las confederaciones muiscas de
Sogamoso y Duitama. Por el norte confinaban con Tequia, en la
actual región de Málaga, cuyos indígenas sólo "obedecían a
su propio cacique" (ANC Vis Sant IV f 588r) así como con
Chiscas donde "antes que entrasen los cristianos no
sirvieron ni fueron sujetos a nadie" (ANC Vis Boy II f
22r)
|1
. En
el flanco oriental, por su parte, tenían por vecinas a varias
comunidades de lengua chibcha las cuales no habían alcanzado un
nivel de organización política notable, como era el caso de Támara
y Tecasquirá que no estaban "sujetos a nadie"
(ANC Vis Boy 11 f 21 r y 129v; en Tovar, 1980: 100), además de
diversos grupos no chibchas, como los achaguas y caquetíos que
vivían en el Llano propiamente dicho (Piedrahita/ 1666/, 1972,1: 57
y ANC Vis Boy XIII f 329v).
En el área de la actual población de Güicán, al norte de Cocuy,
tenían sede los indígenas de la "nación" tuneba
de Güaicaná, la cual figura en los documentos de fines del siglo
XVI e inicios del XVII como parte del cacicazgo de Panqueba, y por
lo tanto perteneciente a la etnia lache y a la confederación del
Cocuy (ANC Vis Boy XI f 301v). La relación entre la
"nación" tuneba de
|Güaicaná y los
actuales tunebos no es clara; en las crónicas de la conquista no se
habla de tunebos (Osborn, 1985) y en los documentos más tempranos
que tuvimos oportunidad de consultar sólo se menciona a los que
pertenecían al cacicazgo de Panqueba. En documentos tardíos, por el
contrario, se hace frecuente alusión a ellos como "nación
rebelde" en oposición a los indígenas reducidos al sistema
de encomiendas (ANC C+I XXI f 799r), a la vez que se les ubica en
gran diversidad de sitios, como los alrededores de Chita (ANC Vis
Boy XI f 320v), las cabeceras del río Cravo (ANC C+I L f 335r),
Labateca y -en general- todo el Piede- monte hasta alcanzar
territorio venezolano por el norte (Morey, 1975: 37), incluyendo
pueblos en los Llanos como El Piñal y Patute (Sánchez/ 1765/, 1983:
402 y 404).
Queda pendiente una explicación al hecho de que el término
"tunebo", de hacer referencia a un pequeño grupo
de indígenas sujetos a Panqueba, se hiciera extensivo a un gran
número de comunidades de la Sierra Nevada y alrededores, hasta ser
prácticamente sinónimo de "indio" en la
actualidad (Osborn, 1985: 23-24). Por nuestra parte, consideramos
muy probable que se trate de una generalización impuesta por los
administradores españoles a todos aquellos indígenas de la región
que, como precisamente ocurrió con los de
|Güaicaná,
lograron huir del control colonial y buscaron refugio en el flanco
oriental de la Sierra. Esto explicaría, por cierto, el sentido con
el cual figura la denominación "tunebo" en los
documentos, siempre como sinónimo de "remiso" en
oposición a los indígenas más o menos ladinos que vivían en los
pueblos "laches" bajo la tutela española (cf.
Rojas, 1963: 1519 y Salazar y Sarmiento, 1985).
Por su posición geográfica, los cacicazgos sujetos al Cocuy
ocupaban un área intermedia entre la Cordillera Oriental de
Colombia y la Serranía de Mérida, en Venezuela, así como entre
estas dos regiones y los Llanos Orientales. Lo anterior, parece
reflejarse a nivel de los rasgos más notables de la cultura lache;
desde el punto de vista de la lengua, perteneciente a la familia
lingüística chibcha, y del material cerámico recolectado en la
Sierra, se pueden establecer claros paralelismos entre los antiguos
habitantes de la Sierra y los grupos que ocupaban el Altiplano
Cundiboyacense y Santander del Sur (Silva, 1945 y Cardale: en
Osborn, 1985). Otros aspectos, especialmente en lo que toca a la
presencia de viviendas y terrazas agrícolas con muros de piedra y
el uso de pendientes alados
|2
en su parafernalia votiva,
recuerdan aspectos de los indígenas de los andes venezolanos (cf.
Wagner, 1979 y Osborn, 1985: 120). De otra parte, con los grupos de
los Llanos, los laches compartían su afición por el consumo de yopo
(
|Anadenanthera peregrina), así como alguna
"amistad" con determinados grupos, como los
¡pues, caquetíos, tamez y achaguas (Piedrahita/ 1666/, 1972, 1:
57).
La relación entre los cacicazgos sujetos al Cocuy y sus vecinos
inmediatos se adscribe dentro de la cadena de vínculos que aún los
actuales tunebos establecen entre ellos y la amplia gama de
sociedades que poblaban el territorio comprendido entre
Cundinamarca y los Llanos venezolanos en el siglo XVI (Osborn,
1985). Sin embargo, a nivel de organización política y lengua, los
vínculos parecen haber sido mucho más fuertes con el Altiplano
Cundiboyacense y el Piedemonte, que con el occidente de Venezuela.
Desde el punto de vista de la lengua el poco material disponible
referente a la Serranía de Mérida sugiere poca relación con la
familia lingüística chibcha, de tal manera que la lengua, o
lenguas, que se hablaban en esa región sólo se han podido incluir
en el grupo de las "no clasificadas" (Coe, Snow y
Benson, 1986: 156); por el contrario, en las
"visitas" realizadas a los territorios muisca,
guane, lache y del Piedemonte, resulta común encontrar un buen
número de toponímicos y antropon¡micos comunes. En cuanto al nivel
de organización política, el patrón observado en los andes
orientales colombianos apunta hacia la existencia de comunidades, o
"cacicazgos", compuestos por dos o más subgrupos
sujetos ("capitanías") cada uno de las cuales
tenía alrededor de un centenar de individuos, en tanto que, en los
andes venezolanos cada cacique comandaba pequeñas unidades
independientes (generalmente llamadas
"parcialidades" en los documentos), sin
subdivisiones internas, y compuestas por apenas unas pocas decenas
de miembros (Langebaek, 1985).
Tres formas de acceso a productos
|1. Poblamiento disperso y móvil
La característica más sobresaliente del patrón de poblamiento
lache parece haber sido la movilidad de los indígenas a través de
la amplia variedad de pisos térmicos que ofrece el medio andino
mediante desplazamientos desde aldeas nucleadas hacia bohíos y
labranzas dispersos, como era común entre los demás grupos de la
Cordillera Oriental de Colombia y los andes venezolanos. De acuerdo
a datos arqueológicos (Silva, 1945 y Osborn, 1985) y de cronistas
(Aguado/ 1581/, 1956, I: 333) los indígenas de la confederación del
Cocuy tenían aldeas nucleadas que generalmente se ubicaban en
sitios donde confluían ríos. De la información de archivo se
infiere, además, que también poseían parcelas alejadas de esas
poblaciones, a las cuales se desplazaban por temporadas; en 1571,
los de Cocuy tenían su aldea principal en tierra fría, donde
cultivaban papa, maíz y fríjoles (ANC Vis Boy 11 f 158r), pero
simultáneamente controlaban tierras de cultivo cerca al Río de las
Nieves, afluente del Chicamocha, donde cosechaban artículos propios
de clima templado, como coca, algodón y maíz (ANC Vis Sant X f 904)
cuya producción se complementaba con lo obtenido de
"planadas" "cuesta arriba que van hacia
el páramo", lugar en el cual tenían "bohíos
pequeños como santuarios" y algunas labranzas (ANC Vis Boy
XXIV f 654v; en Tovar, 1980: 114-115).
De otro lado los cacicazgos de Ura, Cheva y Ogamora también
tenían sus respectivas aldeas, pero sus miembros "andaban
viviendo y asistiendo en sus labranzas de maíz y hayo/coca/
"(ANC Vis Boy XII f 317v y también véase 376r) de forma
que cuando los españoles pretendieron juntar los habitantes de los
tres pueblos en uno solo, pidieron quemar "sus casas y
bohíos sin consentir ningunos en quebradas socolor de
labranzas"(/ 1602/ ANC Vis Boy XII f 393r). Los indígenas
de Panqueba, por su parte, tenían sede principal en tierras un poco
más bajas que las de Cocuy pero, ocasionalmente, se desplazaban a
un sito denominado "Guitarrilla", de tal manera
que, según el encomendero local:
|" ... los naturales del dicho pueblo tienen sus
casas pobladas en él y allí viven y es verdad que en el sitio que
llaman Guitarrilla tienen los dichos indios algunas labranzas y en
ellas algunos bohíos de poca consideración y duermen /en ellos/
algunas noches por ser tarde y no poder acudir al dicho
pueblo"(/ 16021 ANC Vis Sant X f 914r).
Las sedes principales de los diversos cacicazgos se ubicaban
sobre alturas diferentes, aunque la tendencia más clara consistió
en ubicarlas en la región de clima frío de la vertiente occidental,
es decir en las tierras más fértiles: Cocuy, la aldea más
importante estaba ubicada al oeste de los picos nevados (ANC Vis
Sant X f 904r), e igual sucedía con Ura que ocupaba un sitio
"frío y paramoso y tierra avolcanada y montuosa y
ladera" (ANC Vis Boy XII f 376v), probablemente en
términos del lugar actualmente conocido como "pueblo
viejo" cerca al Cocuy (Silva, 1945: 377), y con Cheva
localizada un poco al este del actuar pueblo de Jericó (D. G. C.,
1971, I: 521). Ogamora por su parte, se ubicaba en tierras más
bajas, con acceso al Cañón del Río Chicamocha (ANC Vis Boy XII f
376v), mientras el Pueblo de la Sal y Sacamá, los cacicazgos de
menor status político, se encontraban al otro lado de la Sierra, en
una región de clima templado con pocas tierras fértiles disponibles
(Tabla 1).
El ordenamiento de las aldeas principales en el territorio de la
Sierra implicaba que los cacicazgos de mayor status,
particularmente el del Cocuy, se ubicaran en tierras muy altas,
cercanas a los páramos regiones de nieves perpetuas. Al igual que
entre los actuales tunebo (Osborn, 1985), y la mayor parte de las
sociedades andinas suramericanas (Reinhard, 1985), es posible que
parte de este hecho se relacion con el importante rol ceremonial
que jugaban las regiones de altura para los indígenas. Otras
ventajas de la tierra fría, seguramente, también se tuvieron en
cuenta: la facilidad para almacenar producto agrícolas, el acceso a
tierra donde, además de poder cultivar maíz, se lograban buenas
cosechas de tubérculos de altura, así como la existencia de pocos
riesgos de plagas y enfermedades (Langebaek, 1984). La esfera de
acción de las parcelas dispersas probablemente se regía por
consideraciones aún más prácticas, y poco tenía que ver con ideas
de tipo "aislacionista"; las parcelas que tenía
Cocuy en los páramos estaban "unas entre
otras"con las de Panqueba (ANC Vis Boy XXIV f 654v), y se
sabe que ambos cacicazgos también compartían tierras cercanas al
Río de las Nieves, en clima templado (ANC Vis Sant X f 904r).
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Tunjo Muisca con bandeja para yopo; un producto importante en
los ritos adivinatorios de Muiscas y Laches.
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Las "Aguilas" de oro circularon en el
occidente venezolano, prove- nientes en parte del área Muisca vía
el territorio Lache.
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En lo fundamental, el patrón de poblamiento de los cacicazgos
laches parece haber estado orientado a buscar un manejo óptimo de
los recursos disponibles en el medio que ocupaban, especialmente en
lo que toca a la satisfacción de las necesidades de nutrición y,
secundariamente, para conseguir algodón y coca. Se trata, como en
el caso observado para los muiscas, guanes e indígenas de los andes
venezolanos, de un mecanismo del cual cada comunidad disponía para
tener acceso autónomo a los productos básicos de subsistencia,
reflejado en la variedad de cultígenos que cada uno podía
usufructuar, sin la necesidad de depender de fuentes foráneas
(Tabla 1).
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Tabla I
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PRODUCTOS CULTIVADOS POR CADA CACICAZGO
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maíz
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papa
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frijol
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yuca
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batata
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auyama
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ají
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coca
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algodón
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SEDE
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Cocuy
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X
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X
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X
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X
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X
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Chita
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X
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X
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X
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X
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Ura
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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Cheva
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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Ogamora
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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Panqueba
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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X
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Pueblo de la Sal
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X
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X
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X
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X
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Sacamá
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X
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X
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X
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|Fuente: ANC Vis Boy II f 48v y í58r, Vis Boy XII f
373r-374r, Vis Boy XIII f 535r y Vis Sant X f 885r.
El movimiento de indígenas a través de diversos pisos térmicos
debió favorecer, además, el acceso a recursos de caza y pesca; la
primera, en especial de venado, se menciona con frecuencia para los
territorios que dominaban Chita (/ 1572/ ANC Vis Boy II f 363r),
Cheva y ogamora (ANC Vis Boy XII f 378v). De otra parte se sabe que
en el Piedemonte llanero era costumbre desplazarse hacia el Llano
en verano para pescar, actividad que probablemente también
involucraba a los laches. Un poco más al oriente de los dominios de
la confederación del Cocuy, "cuando viene el verano no se
hallarán en los pueblos de Támara y Choazaque indio ninguno porque
se van a la pesquería de los Llanos" (/ 1572/ (ANC Vis Boy
XII f 378v) y parece que los muiscas del cacicazgo de Pisba hacían
lo mismo, probablemente en el mes de noviembre, época en la cual la
pesca abunda, y tiempo que los actuales tunebos aprovechan para
desplarse desde sus asentamientos habituales para ir a pescar
(Cháves, 1965).
Desde luego, los desplazamientos de indígenas también podían
involucrar aspectos ideológicos, como aún sucede entre los actuales
tunebos (Osborn, 1985). En particular debe mencionarse que todavía
en el año de 1772 se acusaba a los tunebos de Güicán de persistir
en realizar peregrinaciones "a una peña que llaman ... del
|Chuchagúa" con fines rituales (ANC C+1 L f
195r-200v) y que, de acuerdo a la información de Rivero (/ 1739/,
1956: 58-59) y Antolínez (1929:527), eran comunes las
"romerías" a la laguna de Euccas, sobre unos
3.600 m.s.n.m., lugar en el cual arrojaban "cosas de
precio y estima, según la devoción de cada uno" (Rivero /
1739/, 1956: 58-59), una costumbre que resultaba común tanto en las
lagunas de altura en territorio muisca, como en las de las montañas
del occidente venezolano.
Los ejemplos descritos, especialmente el de Panqueba donde los
indígenas sólo se quedaban a dormir en sus bohíos dispersos cuando
era tarde, sugieren que había parcelas ubicadas muy cerca de las
aldeas principales; éste hecho, similar a lo que conocemos para el
territorio muisca (Langebaek, 1985), podría dar pie para homologar
el patrón de poblamiento lache al modelo de
|microverticalidad definido en la Sierra ecuatoriana para
los casos en que los habitantes "tenían campos situados en
diferentes pisos ecológicos alcanzables en un mismo día con la
posibilidad de regresar al mismo lugar de residencia por la noche-
(Oberem, 1981: 51). Sin embargo, resultaría simplista reducir a esa
categoría las pautas de poblamiento indígena en ésta parte de los
andes puesto que tanto las referencias sobre el abandono de pueblos
en verano para pescar, como el hecho de que los actuales tunebos se
trasladen a viviendas dispersas durante semanas enteras (Cháves,
1965 y 1975 y Osborn, 1979 y 1985), sugieren que un verdadero
desplazamiento por temporadas largas pudo haber existido.
Probablemente, la realidad correspondió a movimientos sobre
distancias cortas (
|microVerticalidád), con ocasionales
traslados a sitios bien alejados, según la ubicación y necesidades
de cada comunidad.
|2. Circulación de productos centralizada en manos de los
caciques
La subordinación de cacicazgos en torno al Cocuy permitió que
las diferentes comunidades integradas a la confederación pudieran
tener acceso a productos excedentes de las otras, mediante un
mecanismo centralizado en la persona del cacique, y de la comunidad
de mayor status. En líneas generales, aunque se trata de un medio
para hacer circular bienes, las redes de circulación no seguían
pautas donde se respetara un principio de equidad. Sin embargo, a
pesar de su contenido eminentemente jerárquico, nos encontramos
ante un sistema de movimiento de artículos que difícilmente podría
corresponder a un aparato estatal, basado en la coerción y la clara
existencia de una élite dominante.
Según los datos disponibles, el Cacique de Cocuy tenía
"domi- nio" directo sobre los cacicazgos de
Chita, Cheva, Ogamora, Panqueba y Ura (Tovar, 1980: 35-38),
mientras que Chita "dominaba" a el Pueblo de la
Sal (Tovar, 1980) y éste, a su vez, tenía sujeto a Sacamá (ANC Vis
Boy XIII f 535r). Internamente, cada cacicazgo lache estaba
constituido, como sus homólogos muiscas, por dos o más
"capitanías" o "parcialidades"
al mando de sus respectivos "capitanes" (ANC Vis
Sant X f 928r). Al parecer no todas las capitanías tenían el mismo
rango entre sí dado que los caciques de cada comunidad usualmente
provenían de una capitanía específica; el del Cocuy, por ejemplo,
generalmente pertenecía a la de Cichaguy y era respetado por
"Cacique Grande y Primera Cabeza" (ANC Vis Boy
XIII f 485r-485v). Los caciques, y presumiblemente los capitanes,
eran especialistas desligados de la producción directa de alimentos
cuyo cargo se usaba heredar a los hijos de hermanas, o en su
defecto, a los hermanos (/ 1602/ ANC Vis Sant X f 944v; Vis Boy XII
f 374v, 379r y 348r)
|3
.
Los caciques tenían derecho a que los indígenas de su comunidad,
y todos aquellos que pertenecían a comunidades de menor status, le
ayudaran con "la
|tampsa", término
chibcha traducido como "tributo", además de
hacerle "la sementera y /a que/ se le acuda en la
fabricación de su casa y cercado" (ANC Vis Boy XIII f
604r). En ese contexto, los indígenas de Chita daban mantas, carne
y panes de sal al Cocuy argumentando que era
"Grande" y "valiente"; los de
Ura, Cheva y Ogamora contribuían con mantas, coca y oro, los de
Panqueba daban mantas, venados y pájaros, mientras el Pueblo de la
Sal, que no reconocía directamente al Cocuy, contribuía con sal al
cacique de Chita (Tovar, 1980: 35-38).
Es claro, con todo, que la circulación de productos de manos de
los productores a los caciques era sólo parte de un proceso que no
terminaba allí. Algunos bienes acumulados por los caciques se
consumían comunalmente o retornaban a las comunidades en forma de
"regalos", cerrándose así un círculo de
redistribución intercomunal centralizado. En efecto, los indígenas
de Cheva, Ogamora y Ura hicieron énfasis en que, si bien hacían
labranzas a sus caciques, éstas eran "de maíz
|que los
mismos indios comen y beben" (ANC Vis Boy XI I f
378v; en Tovar, 1980: 36), probablemente en fiestas relacionadas
con la maduración del grano, como sucedía en territorio muisca
(Langebaek, 1985: 84-95). De igual forma, los del Pueblo de la Sal
declararon que del cacicazgo de Chita, al cual estaban sujetos, los
indígenas "llevan al Cacique del Pueblo de la Sal hayo y
maíz para que comiése
|e que él les dá sal" (ANC
Vis Boy II f 54r; en Tovar, 1980:37). Finalmente, resulta
importante anotar que algunos documentos sugieren que en caso de
que la comunidad considerara que su cacique no cumplía con sus
funciones, tenía derecho a deponerlo y a elegir un nuevo sucesor (/
1602/ ANC Vis Boy XIII f 470r-470v).
3.
|Intercambio
En cierto sentido, el intercambio constituye la forma más amplia
mediante la cual circulaban productos, puesto que no se veía
limitada (como las anteriores) por la pertenencia de sus
participantes a determinada comunidad o confederación, o por
barreras étnicas o de desarrollo político, a la vez que abarcaba
toda clase de artículos, desde comida hasta bienes eminentemente
suntuarios provenientes de áreas bien alejadas.
Aún no está claro si la economía lache había alcanzado, como
entre sus vecinos muiscas, un nivel de desarrollo tal que la
realización de mercados a los cuales asistieran numerosos
participantes a intervalos regulares fuera un acontecimiento usual.
Hay referencias sueltas de las cuales se deduce que los indígenas
iban a "mercados", pero no está claro si se
trataba de lugares dentro de sus propios límites étnicos, o si se
hace referencia a sitios extraterritoriales. Es suficientemente
evidente, en contraste, que la circulación de artículos se hacía a
través del trueque, sin mediación de moneda, puesto que los
testimonios hablan del cambalache de unas cosas por otras y, aún en
1571, las autoridades españolas admitían que un quinto de arroba de
yopo (
|Anadenanthera peregrina), una droga narcótica que se
conseguía en los Llanos, valía lo mismo que una "manta
colorada", sin que se le pudiera asignar un valor
monetario (ANC Vis Boy 11 f 292v y véase 300v).
|
Mapa 1
Ubicación de los cacicazgos sujetos al Cocuy y grupos limítrofes.
(Con información sobre especialización regional).
|
De acuerdo a los datos disponibles, parte importante de la
actividad económica de la Sierra giraba alrededor de la actividad
de los indígenas del Pueblo de la Sal en las fuentes de agua
salobre que dominaban en territorio de lo que hoy corresponde a La
Salina. En 1571, la,ocupación más común allí era "hacer
sal . . . y venderla a los que van a comprarla y que se la compran
y le dan por ella mantas, algodón y carne" (ANC Vis Boy 11
f 48v) y aún en 1602, su explotación era "beneficio común
en éste Rincón de Chita y los Llanos" (ANC Vis Boy XIII f
460r). Según los miembros del cacicazgo productor de sal, no eran
"mercaderes ni salen de su tierra" (ANC Vis Boy
II f 48v), mientras las comunidades comarcanas iban a su pueblo
"y se la compran". Este testimonio está
confirmado por la declaración de los indígenas de Chita, quienes
afirmaron ir a ese lugar con maíz, papas y fríjoles a conseguir el
mineral (/ 1571 / ANC Vis Boy XII f 165v), y por la de los
habitantes de Sacamá según la cual conseguían el producto
"del dicho Pueblo de la Sal, donde la han
beneficiado" (/ 1635/ ANC Vis Boy XIII f 535r). Fuera de
adquirir los artículos mencionados, parece probable que los
indígenas del Pueblo de la Sal se beneficiaran al poder disponer de
bienes para cuya producción contaban con la materia prima, pero
probablemente no con el tiempo, o el interés, para transformarla;
en efecto, según su propio testimonio, se sabe que hilaban algodón,
pero que no tejían mantas, "sino que los indios de Chita y
del Cocuy por sal que le dan se las tejen" (/ 1571 / ANC
Vis Boy 11 f 51v).
Otras actividades, además de la explotación de sal, están
documentadas. Los indígenas de Panqueba producían coca, algodón,
"petacas grandes",
"petaquillas", alpargatas, vasijas de barro,
mantas blancas, pardas y coloradas, así como "esteras de
junco" que intercambiaban con grupos comarcanos (/ 1602/
ANC Vis Sant X f 944r, 948v y 952v); los de Chita tejían mantas y
por cada una de ellas "se les daba veinte y una libras /de
algodón/ ... de las cuales hacen cinco mantas de la marca"
y además producían excedentes de "maíz y turmas y lo dan
por algodón y hayo" (/ 1572/ ANC Vis Boy II f 165r y
363r). Cheva y Ogamora, por su parte, tenían acceso al Cañón seco
del Río Chicamocha, lugar privilegiado para tener plantíos de coca,
"su principal trato y granjería" (Langebaek,
1986).
Las relaciones de intercambio con la región de los Llanos
Orientales parecen haber sido importantes. Al igual que para los
muiscas, las planicies del oriente resultaron supremamente
atractivas para los indígenas de la Sierra ya que allí podían
conseguir una gran variedad de artículos que no se conseguían, o
escaseaban, en su territorio, particularmente yopo, miel, cera,
cueros de felino, totumos, algodón, aves de plumería y maní (Mora y
Cavelier, 1983 y Langebaek, 1985). Para 1571, los indígenas de Ura
tejían mantas "de algodón el cual van a buscar a los
Llanos, dos jornadas de aquí" (ANC Vis Boy XII f 374r).
Años más tarde, los de Sacamá declararon hilar y tejer algodón
"del que rescatan y han en el pueblo de Támara y Llanos
que son sus vecinos, a trueco de sal que llevan del dicho . . .
Pueblo de la Sal"(/ 1635/ ANC Vis Boy XIII f 535r). De
otro lado, las crónicas de Castellanos, Piedrahita y Simón afirman
que por el Río Casanare circulaban mantas, panes de sal y artículos
de oro provenientes de la Cordillera (Silva, 1945: 402)
"en cuyo rastro vinieron a salir a los pueblos de ...
Cocuy y Chita" (Simón/ 1625/, 1981,11: 79); aún a
principios del siglo XVII, los documentos refieren que los
indígenas de la Sierra "solían" ir a los Llanos
con el fin de realizar intercambios (cf. Pacheco, 1959: 385).
|
ESQUEMA 1.
Redes de intercambio (--> )
y de "tributo" y redistribución (->
)
|
Las figuras de oro que llegaban a los Llanos Orientales
probablemente eran muiscas, no laches, pero parece que circulaban a
las tierras bajas por intermedio de los indígenas de la Sierra
Nevada del Cocuy. Según Castellanos (/ 1601/ 1955,11: 132), los
españoles encontraron "Joya de oro mal labrada"
cerca del Río Carabo el cual se nutría con aguas provenientes de la
Sierra. Según algunos testimonios del siglo XVI el conquistador
alemán Hutten tuvo conocimiento del "Nuevo
Reino", es decir del "Altiplano
Cundiboyacense", gracias al hallazgo de "dos
coronas de oro fino" en territorio de los macatoas
llaneros, próximos a el área lache. Muchos documentos prueban, por
cierto, que ciertas "águilas" de oro constituían
un artículo de intercambio muy común en el occidente venezolano.
Algunas de estas "águilas" podrían corresponder a
los pectorales y colgantes en forma de ave con alas desplegadas,
tan comunes en la orfebrería muisca, aunque, seguramente en buena
parte podrían ser taironas.
Las redes de intercambio que comunicaban la población del
Piedemonte con los cacicazgos sujetos al Cocuy, refuerzan la
hipótesis propuesta en otra investigación (Langebaek, 1985) en
cuanto a la existencia de un vivo proceso de integración étnica
entre las comunidades de lengua chibcha de los Andes Orientales
colombianos, por medio del trueque de artículos. Todavía en el año
de 1741, José Cassani observaba que la región entre el Llano y la
Sierra se caracterizaba porque los habitantes que hablaban una
misma lengua "comer- ciaban entre sí, y se miran como
diferentes de los otros; y como aquél campo es todo libre, los
límites los tienen más en la boca, que en el terreno"
(Cassani, 1741: 48) y porque muchos indígenas del área hablaban
"más ... dialectos de la mosca /por muisca/ que lenguas
distintas" y conocían "bien el mosca, que es como
general en extendidísima parte de aquel territorio"
(Cassani, 1741: 48).
De otro lado, los datos disponibles sobre los vínculos entre los
cacicazgos de la Sierra y los de los Llanos también apoya la idea
expuesta para otras partes de los Andes, como el Ecuador (Oberem,
1974 y Salomon, 1980), Nariño (Uribe; en Pineda, 1985, 27-29), el
Alto Magdalena (Pineda, 1985: 27-29) y el territorio muisca
(Langebaek, 1985), en lo que toca a la existencia de una importante
relación de complementareidad entre la economía de los grupos
cordilleranos y la de sus vecinos de las tierras bajas orientales.
En general, éste vínculo se puede caracterizar como asimétrico, en
el sentido de que el status económico y político de las comunidades
de los Llanos fue más bajo que los de su contraparte andina. Los
artículos andinos que abastecían a los Llanos (en el caso lache sal
y textiles principalmente) exigían una considerable inversión de
trabajo para su producción, en tanto que los bienes que
intercambiaban las comunidades de las tierras bajas casi siempre
eran materias primas, especialmente algodón, destinadas a abastecer
las actividades de producción en las montañas. En muchas ocasiones,
por cierto, los indígenas de los Llanos reconocían el rol sagrado
de las regiones de altura, especialmente de las áreas donde nacían
ríos, e incluso se preciaban de mantener relaciones de amistad con
caciques andinos (Morey, 1975: 252), hasta llegar, en algunos
casos, a darles regalos como reconocimiento de su prestigio
(Langebaek, 1985).
Aparte de las anteriores evidencias de intercambios con los
Llanos, se sabe que también existían vínculos económicos entre los
laches y otros grupos cordilleranos. En 1602, los indígenas de
Cheva y Ogamora declararon que los indígenas de "Sogamoso,
Gámeza y otros comarcanos" le cambiaban oro y mantas por
parte de su producción de hojas de coca (ANC Vis Boy XII f
378v-379r; referido en Colmenares, 1984: 23), mientras que, los de
Chusbita, en territorio de la confederación muisca de Sogamoso,
afirmaron que tejían mantas "de algodón el cual iban a
buscar a Chita" (ANC Vis Boy XVII f 776r). Existen, así
mismo, numerosos datos sobre especialización e intercambio para
otros grupos cercanos a los laches y con quienes proba- blemente
pudieron mantener vínculos de intercambio. Un poco más al norte de
Cocuy, los indígenas de Chiscas conseguían bija (Bixa orellana) en
Pamplona y luego la cambiaban por mantas (/ 1571 / ANC Vis Boy II f
22r), mientras que los de Tequia daban carne de venado y curíes por
oro (/ 1602/ ANC Vis Sant IV 588v). Así mismo, se sabe que los
diferentes grupos de la Serranía de Mérida producían adornos
líticos, sal, miel, cera, algodón, mantas, hilo y hamacas (Wagner,
1979 y Langebaek, 1985) y que los guanes, de Santander, se
destacaban por la producción de coca, mantas, cerámica y algodón
(Morales, 1984).
Finalmente, el hallazgo de caracoles marinos en diversos sitios
arqueológicos de la Sierra Nevada del Cocuy (Silva, 1945: 378 y
Osborn, 1985, Lam. VI) indica que los vínculos de intercambio entre
los laches y otras etnias vecinas daba la posibilidad de tener
acceso a productos de origen bastante alejado. Desgraciadamente,
hasta el momento sólo contamos con ese dato para sustentar la
existencia de redes de intercambio a larga distancia, y no sabemos
a través de que grupo, o grupos, se tenía dicho acceso. Las rutas
de circulación de productos en tiempos prehispánicos no implicaban
la movilización de indígenas a través de largas distancias, así que
más que en un contacto directo con los grupos de la costa, debemos
pensar en la existencia de grupos vecinos que participaban a modo
de intermediarios. Tres etnias que probablemente actuaron en este
sentido fueron los muiscas, quienes, a su vez, recibían caracoles
de grupos del Valle del Magdalena; los indígenas de la Serranía de
Mérida que los obtenían de la Cuenca del Maracaibo (Wagner, 1979),
o los motilones de la Serranía de Perija, quienes mantenían
relaciones de intercambio con los grupos del litoral
(Reichel-Dolmatoff, 1946 y Uscátegui, 1961: 218) y que, según
documentos inéditos de la comunidad franciscana, también se
relacionaban con los antiguos pobladores de la Sierra Nevada del
Cocuy (Arcila, 1951: 220).
Conclusiones
En éste artículo, hemos descrito tres formas mediante las cuales
los indígenas de la confederación del Cocuy tenían acceso a
recursos. El control de pisos térmicos, asimilado parcialmente al
modelo de
|microverticalidad, se ha interpretado como un
mecanismo propio de cada cacicazgo para aspirar al abastecimiento
autónomo de los bienes más prosaicos y fundamentales, especialmente
productos agrícolas. La circulación de excedentes en manos de los
caciques, por su parte, se ha tomado como una forma de acumular y
distribuir bienes la cual permitía, por un lado, mantener
especialistas desligados de la producción directa de alimentos y,
por otro, hacer que cada uno de los cacicazgos de la confederación
tuviera acceso a productos característicos de los demás.
Finalmente, el intercambio figura como un meca- nismo mediante el
cual los cacicazgos sujetos al Cocuy adquirían bienes de las más
diversas procedencias, a nivel territorial o extraterritorial, sin
que la circulación de artículos se viera obstaculizada por barreras
étnicas o políticas.
Indudablemente, lo anterior no se puede tomar como si habla-
ramos de tres formas de circular productos completamente
desarticuladas al interior de la economía lache. En nuestra
opinión, la más fundamental de las formas de tener acceso a
productos fue la del control de diferentes ecologías por cuanto
toca a la solución de las necesidades más elementales, y por tanto
más importantes, de la vida humana, mientras que la capacidad de
mantener especialistas y realizar intercambios se derivan de esa
capacidad de autoabastecimiento en los renglones prioritarios de la
economía y de la capacidad de generar excedentes. El control de
pisos térmicos corresponde a cada cacicazgo como grupo de gente
sujeta a un cacique y que aspira a un manejo óptimo de su
territorio. La circulación de productos de los indígenas al cacique
de su propia comunidad o a aquél que reconocían como superior ya no
pertenece exclusivamente a esa esfera, sino que toca a un rol
político más amplio, abierto a los cacicazgos de la etnia lache que
se habían agrupado bajo la tutela de un líder mayor, superando los
límites de la comunidad políticamente autónoma. El intercambio, por
su parte, tenía una acción aún más amplia la cual permitía
establecer relaciones con etnias vecinas con las que se compartía
un mayor o menor vínculo cultural, pero que en todo caso no hacían
parte de la confederación.
|
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|
|1
|
Tequia es clasificada por algunos autores como perteneciente a
la etnia lache (Morales, 1984, 25), pero su misma independencia
política y el hecho de que Aguado (/ 1581 /, 1956, I: 333) hable de
los indígenas de ese lugar como diferentes "en lengua y
trajes de los laches" nos hace pensar lo contrario.
|
|
|2
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Los pendientes alados se conocen en la literatura arqueológica
como "placas líticas" o "placas
sonajeras" y se encuentran desde Costa Rica hasta el Lago
Valencia, en Venezuela. El Padre Ardila (1986: 286) ilustra una de
ellas procedente de territorio guane y parece que en los andes
venezolanos se producían en gran escala (Wagner, 1979). En
Colombia, los "tairona" de la Sierra Nevada de
Santa Marta producían y utilizaban un buen número de pendientes
alados. Algunos pocos han sido encontrados en el territorio guane y
en el norte de la zona muisca.
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|3
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La costumbre de herencia del cacicazgo entre los lathes es
idéntica a la que conocemos para los muiscas, pero resulta
diferente a la que existía en los andes venezolanos, donde
generalmente heredaba el cargo el hijo mayor del cacique (ANC Vis
Ven IX f 478v).
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