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del Museo del Oro EL MUSEO DEL ORO PARA LOS NIÑOS... Una experiencia MERCEDES
CORPAS DE GUHL
(Servicios Educativos Museo del Oro) Bogotá, marzo de 1986
Desde sus pupitres ordenados frente al tablero, los niños copian una
interminable lista de palabras que no entienden, "culturas orfebres" dice el
título, que deberán aprenderse para la próxima clase.
(Con seguridad también la olvirán.... pero el maestro siente que "ha
cumplido" con el programa)
Un grupo de escolares recorre el Museo, curiosos observan, preguntan,
comentan con sus vecinos. Uno de ellos, estrenando la seriedad que le permite su primero
de bachillerato dice: "¡ Claro, aquí están las cosas modernas de esa
época!".
El Museo del Oro ha sido consciente de la importancia que tiene para los niños
colombianos en el conocimiento del mundo de sus antepasados. Desde hace más de quince
años a través de su sección de Extensión Cultural fue el pionero de los museos
colombianos al programar actividades especiales para escolares dentro del Museo y en salir
a las instituciones educativas con conferencias-motivación para preparar la visita.
Gracias a esta actividad maestros y escuelas fueron incluyendo en sus actividades una
visita al Museo del Oro.
Bogotá fue creciendo, los grupos de escolares se fueron haciendo más numerosos
y su visita "obligada" se fue convirtiendo en una rutina de la que los niños
poco podrían recordar porque no había suficiente tiempo ni para preparar la visita ni
para gozarla.
¿Cómo hacer entonces para que los estudiantes conozcan y sientan el mundo de
sus antepasados, su historia a través de los objetos que les pertenecieron en lugar de
memorizar simplemente los datos?
En marzo de 1984 se inició el programa "El Museo para los niños",
buscando una respuesta a estos interrogantes a partir de condicionamientos concretos de
nuestros escolares:
1. Los estudiantes sólo pueden realizar una visita anual al Museo. Ea la
mayoría de los casos una en toda la primaria.
2. Se trata de grupos numerosos de cuarenta o más estudiantes.
3. El Museo en Bogotá recibe diariamente un promedio de doscientos cincuenta
escolares.
4. El espacio para los programas con escolares es reducido. 5. Para atender a los
niños contamos con tres guías.
6. Por lo general los planteles educativos programan sus salidas simplemente para
cumplir un requisito.
Era necesario, pues, traducir los objetivos diseñados racionalmente en realidad
concreta: sensibilizar, motivar, estimular, informar, siempre relacionándose con
nuestro pasado precolombino. Así nació nuestro "Museo para los niños".
Empezamos con un audiovisual para niños en el que las piezas del Museo cuentan
su historia, la visita guiada en lenguaje sencillo, acorde con las inquietudes de los
niños y un taller recreativo de apenas treinta minutos de duración en el que los niños
recrean el aspecto que más les gustó de su visita! Los materiales son colores,
marcadores y cartulina, papel amarillo que llamamos "oro martillado", tijeras,
pegante, lana y aguja. No hay instrucciones, basta la imaginación y la emoción de los
momentos que se han vivido para fabricar narigueras y coronas, viviendas, utensilios de
trabajo, leyendas, etc., que se irán con sus dueños como un recuerdo para salones de
clase y hogares. Las guías estimuladas por el entusiasmo de los niños, se multiplicaban
para atender a todos los que venían, sin embargo, ni el espacio ni el tiempo les
alcanzaba y fue necesario buscar otros caminos que hicieran posible que nuestros pequeños
visitantes desarrollaran actividades dinámicas y pudieran trabajar con la ayuda de sus
maestros; surgieron así las Hojas Didácticas.
Hojas didácticas
Unas hojitas con una gran ilustración y unas pocas palabras que llevaban al
niño a buscar uno o unos objetos, completarlos y que se debían trabajar en grupo,
permitieron que los niños fueran encontrando su pista y entendiendo qué era o para qué
servía. Las hojitas fueron creciendo, especializándose y se convirtieron en nuestro
punto de apoyo en las exposiciones itinerantes; en lugar de escuchar pasivamente las
informaciones de la guía, niños y jóvenes las utilizan para buscarlos objetos más
representativos y el mensaje que transmiten.
Los Museos Regionales
Apenas unas semanas después de iniciarse en Bogotá el Museo para los niños,
empezaron también sus actividades en los Museos del Oro de Cartagena, Santa Marta y
Manizales, con las modificaciones posibles debidas a las condiciones de cada Museo; los
patios y el clima de los Museos de la Costa han hecho posible desarrollar juegos y rondas,
y dramatizaciones de tradiciones y leyendas.
Poco a poco maestros y escolares han ido respondiendo a las invitaciones de los
Museos y actualmente hay más de un grupo escolar que los visita diariamente.
Para los Museos Nariño de Pasto e Ipiales la experiencia con los niños se
había iniciado con anterioridad y ya antes de su inauguración las actividades de
motivación que se habían organizado habían preparado un público entusiasta de
escolares y maestros que actualmente participa con mucho interés en los distintos
programas.
Es muy importante tener en cuenta que en todos los museos regionales hay gran
afluencia de estudiantes de los municipios cercanos.
Para los Museos Quimbaya de Pereira y Armenia y el nuevo montaje de Manizales,
que se inaugurarán próximamente, se están preparando programas didácticos especiales
entre otros el "Rincón de Arqueología" en Armenia.
Las Exposiciones Itinerantes
Las exposiciones itinerantes nacionales de 1984 y 1985, "Al encuentro de
nuestras raíces", "Antes de Colón" y "El oro, una tradición que
permanece" recorrieron poblaciones de la Costa Atlántica, Boyacá y los Santanderes,
el suroccidente colombiano y llegaron hasta Florencia, Leticia y la zona minera del
Pacífico.
En todos los lugares visitados por estas exposiciones se invitó a los maestros y
escolares a participar en "El Museo para los niños". Más de cincuenta mil
estudiantes de todo el país conocieron a sus antepasados a través del Museo del Oro y
desarrollaron las actividades del taller. Conservamos como un gran tesoro algunos trabajos
que muestran cómo interpretaron los niños la vida de los que trabajaron el oro; escenas
llenas de colorido de Cartagena, Santa Marta, Montería, Cúcuta, detalles muy cuidados en
Pasto, ríos y mineros en la Costa Pacífica entre otros.
Para "México, 3.000 años de historia" y "Kaánas diseño
guajiro", se prepararon hojas didácticas-visita que han reemplazado la visita guiada
y llevan al estudiante a ser espectador activo. En cada caso han llegado cerca de diez mil
escolares.
Los maestros
Nuestros programas pueden ser maravillosos, tener niños felices durante un rato
en el Museo, pero, ¿Cómo dar continuidad al interés despertado?, ¿Cómo llegar a más
niños y adultos? En realidad, ¿cómo hacer del Museo una verdadera herramienta en la
docencia? El camino es llegar directamente a los maestros y mostrarles cómo a través de
la realidad, de los objetos pueden ser sus clases más dinámicas y los alumnos más
activos en su proceso de aprendizaje.
Educación y cultura: el gran vínculo
A finales de 1985 se logró consolidar el proyecto de extensión del Museo a la
comunidad educativa más importante: "El museo una herramienta en la
enseñanza-aprendizaje de las ciencias sociales". Para que el curso respondiera
verdaderamente a las necesidades de los maestros contamos con la asesoría y el apoyo del
Centro Experimental Piloto de la Secretaría de Educación de Cundinamarca, quien dio los
parámetros y la organización para que el curso diera créditos para el escalafón y la
coordinación de dos profesoras de ciencias sociales de la Universidad de Santo Tomás.
Las ciento treinta y cinco horas de trabajo exigidas por el Ministerio de Educación para
los tres créditos del escalafón, llevaron a mostrar el mundo precolombino en el que se
desarrollaron las culturas del oro a través de un 30% de teoría y un 40% de práctica.
En el contexto geográfico a través de una salida al campo, la arqueología con los
mismos objetos, la vida diaria por comparación conta actual, y principalmente la
preparación por parte de los docentes participantes de actividades y materiales
didácticos que pudieran aplicar directamente con sus alumnos.
El curso se inauguró en la primera semana de diciembre de 1985 conta asistencia
de sesenta y cinco maestros de primaria, en su mayor parte de poblaciones
cundinamarquesas, todos deseosos de conseguir unos créditos sin mayor esfuerzo. En la
medida en que las clases fueron avanzando la apatia frente al abundante trabajo se fue
transformando en interés y entusiasmo. La asistencia fu asidua y constante y el resultado
final fue abrumador; toda,. sentían el cambio de actitud hacia el proceso de enseñanza y
querían que el e. curso continuara después de Navidad. Actualmente preparamos un nuevo
curso con las mismas características para finales de 1986.
Para los Museos Regionales se están programando cursos similares, aplicando el
planteamiento y la estructura del primer curso en Bogotá.
El salón de clase
Para llenar el salón de clase con un pequeño rincón-museo, los Servicios
Educativos están organizando las cajas didácticas o pequeñas exposiciones
itinerantes con el fin de presentarlas en la clase y hacerla más dinámica. Cada caja
incluye una cartilla para el docente con actividades-motivación prev lasa la exhibición,
sugerencias para el uso de los objetos y paneles didácticos como material de apoyo a los
programas oficiales y finalmente, una propuesta de actividades posteriores a la
presentación de la caja.
Entre los distintos temas que se están preparando para las cajas, a finales del
mes de mayo estarán listas las siguientes:
- Algunos aspectos de la vida del hombre colombiano desde los días más remotos.
- Los muiscas y sus herramientas líticas (la. parte). - Los muiscas y la
alfarería (2a. parte).
- La decoración negativa (cultura Nariño). - El cacique (cultura Nariño).
Los resultados
No es difícil saber a cuántos escolares y maestros hemos llegado hasta el
momento, cerca de 180.000 niños y sus maestros entre 1984 y 1986, además de los sesenta
y cinco docentes que participaron en el curso de Bogotá.
Un trabajo en equipo
Para que esta maravillosa experiencia de el Museo del Oro con los niños tenga
éxito, hemos contado con el interés, colaboración y entusiasmo de muchas personas
dentro y fuera del Museo: apoyo y respaldo de unos, experiencia de otros, imaginación y
esfuerzo de quienes están directamente con los niños, paciencia y creatividad de los que
han participado en la elaboración del material y los niños y maestros que nos han
acompañado.
LAS EXPOSICIONES
ITINERANTES Los Chibchas en los Andes Orientales
Echando una ojeada hacia atrás en la historia de la arqueología en Colombia, se
encuentran grandes sorpresas; una de las mayores es, tal vez, la de comprobar que muchos
de los pioneros de esta disciplina tuvieron una amplitud de visión muy superior a la del
grueso de sus sucesores. Un ejemplo de ello está constituido por el enfoque de cojunto
que se le ha dado a los estudios arqueológicos y prehistóricos; Rivet y algunos de los
investigadores de aquella época analizaron los conjuntos de vestigios y datos locales,
enmarcándolos dentro del panorama de las grandes familias lingüísticas Chibcha, Karib,
etc. Posteriormente se fue abandonando esta concepción y se pasó gradualmente al enfoque
regional, de área y finalmente de sitio, llegando en ese proceso a la costumbre,
generalizada hoy día, de escribir arqueologías de cada localidad.
Esta evolución ha significado ciertamente una concentración mayor en los
detalles y variantes locales, pero también ha significado una pérdida de la visión de
las relaciones y similitudes a un nivel más amplio y, por tanto, la proliferación de
entidades arqueológicas supuestamente independientes. En un sentido histórico el enfoque
localista no aporta mayor cosa a la comprensión de los procesos de formación de grupos
regionales durante la Colonia y República.
En uno de esos movimientos pendulares, que son tan propios a estas disciplinas,
algunos investigadores hemos considerado que puede resultar productivo retomar la visión
de grandes conjuntos, cuando frente a un corpus muy ampliado de datos locales, existen
mejores probabilidades que antes de interrelacionar regiones pequeñas dentro de grandes
macrorregiones.
Los Andes Orientales del norte de Suramérica, constituidos por la Cordillera
Oriental de Colombia y la Serranía de Mérida en Venezuela, representan uno de los casos
en los cuales la visión de conjunto aplicada a una región natural, promete resultados
muy significativos. Esta vasta región fue ocupada a partir del Siglo IX -X por varios
grupos étnicos, muy probablemente pertenecientes a la gran familia lingüística Chibcha,
que a lo largo de siete u ocho siglos desarrollaron una forma de vida con grandes
semejanzas.
Mientras que esta visión de conjunto no podrá, probablemente, aplicarse a las
ocupaciones anteriores a las Chibchas, sí proporciona, por otro lado, una invaluable
herramienta para la comprensión de fenómenos actuales. El estudio de los grupos
regionales, que curiosamente ahora se plantea como una novedad, tiene que arrancar
forzosamente de la identificación del sustrato indígena prehispánico. Y es,
precisamente, ese sustrato común a los actuales pobladores de los Andes Orientales lo que
explica que, aun después de que por cinco siglos han actuado fuerzas divergentes, se
conserven tantos lazos de identidad en la región. Incluso, para escándalo de algunos,
ese pasado indígena parece ser responsable de mayores elementos de hermandad entre
colombianos y venezolanos que los generados a raíz de la lucha común por la
independencia.
Hemos intentado transmitir la idea fundamental de que el pasado indígena está
latente en la vida diaria de hoy día. Y, además, que ese pasado indígena, aun cuando no
estuviera revestido de la monumentalidad que tuvieron los Mayas o Aztecas, fue una época
de grandes logros y del transcurrir de una vida activa y ordenada.
Con las limitaciones que nuestros conocimientos actuales nos imponen, podemos, no
obstante, trazar el cuadro de una gran cadena de pueblos relacionados, que aplicaron casi
todos los recursos tecnológicos agrícolas que se conocían en el Nuevo Mundo, y crearon
extensas redes de intercambio y mecanismos de redistribución de la producción,
asegurando la subsistencia de las comunidades locales en todos los tiempos. Bien fuera
dentro de la organización de las grandes federaciones regionales de los Muiscas o agrupa
dos en pequeños cacicazgos, como los Chitarero, todos los pueblos Chibchas hicieron uso
óptimo de la diversidad ecológica que les ofrecía su territorio creando un complejo
sistema económico que sólo la conquista español; logró desequilibrar.
De seguro muchas lecciones nuevas se habrán de encontrar en el estudio de los
Chibchas de los Andes Orientales; lecciones acerca de nuestra identidad nacional y
regional y acerca de muchos otros aspectos que otra investigadores vendrán a desarrollar
posteriormente. Sólo podemos esperar el haber despertado algunas inquietudes.
ROBERTO LLERAS |