Ficha bibliográfica
Titulo:
Reseña de libros del Boletín del Museo del Oro 1986: Territorio, económia y sociedad Páez
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: María Teresa Findji, José María Rojas.




INDICE




  TERRITORIO, ECONOMIA Y SOCIEDAD PAEZ

María Teresa Findji y José María Rojas. CIDSE Universidad del Valle

La iniciativa de los indígenas del Resguardo de Jambaló de realizar un censo tendiente a establecer sobre una base certera cuantas personas quedaban y con que recursos contaban, fue el incentivo para que María Teresa Findji y José María Rojas emprendieran el trabajo titulado TERRITORIO, ECONOMIA Y SOCIEDAD PAEZ. Para su realización contaron con el apoyo económico de COLCIENCIAS y el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle, institución ésta, que liberó parcialmente a los investigadores de su carga académica. Igualmente la comunidad de Jambaló, en su interés por conocerse a sí misma, desempeñó un papel fundamental en la realización de la presente investigación.

El imperativo determinado por los intereses concretos de los indígenas de Jambaló, necesariamente tenía que enfatizar la investigación sobre la realidad social actual, "privilegiar la dimensión histórica del presente"; sin embargo para lograr esta meta, los autores se adentraron en el pasado de este pueblo, se interrogaron sobre sus orígenes, y buscaron dentro del universo de su cultura, unas constantes, unos rasgos de identidad, con relación a los cuales solamente podía adquirir sentido, según los investigadores, la medición y el censo de personas y cosas.

De esta forma, en la primera parte de la investigación se desarrolla una minuciosa reconstrucción del proceso histórico de la formación del territorio Páez, siendo la tradición oral, la memoria colectiva de este pueblo, la fuente principal de la elaboración. Pero para esta reconstrucción la búsqueda no se queda solamente ahí, los archivos históricos y el material bibliográfico existente, fueron examinados cuidadosamente, extractando y analizando la información dispersa y estructurando finalmente este complejo desarrollo de la sociedad Páez.

Partiendo de la ubicación de los Paeces y de otros grupos existentes en el alto Magdalena durante la época de llegada de los europeos, los investigadores describen el violento proceso de su conquista, y la implantación de la colonia; trazan los movimientos poblacionales y la formación de los territorios; los documentos históricos se contrastan con la memoria colectiva, muy presente según los autores, dentro de los actuales pobladores de Jambaló.

En esta parte histórica del trabajo, el auge económico de la gobernación de Popayán a principios del Siglo XVIII es analizado dentro de una perspectiva muy amplia, mostrando el papel desempeñado por la consolidación de la economía minera y describiendo la especificidad de su desarrollo, dentro del cual, las minas se integran a las haciendas ganaderas, productoras de carne, base de sustentación de la fuerza de trabajo minera. Esta estructura económico-social, que aparentemente deja disociada a la población indígena cordillerana, es analizada como el rasgo característico de la gobernación durante este siglo.

¿Qué pasaba mientras tanto con los indígenas? Estos son vistos como una población en proceso de trasformación, como un pueblo que se acomoda a las cambiantes condiciones de la sociedad colonial: a principios del Siglo XVIII la lengua española ha empezado a permear ciertas capas de la población aborigen y hacen su aparición en el escenario de la historia de Popayán los "Nuevos Caciques" o Caciques Coloniales. Estos dirigentes interpretan su situación de manera novedosa, buscando alternativas para poderla manejar y sobre todo tratando de encontrar una autonomía frente a los invasores. El Cacicazgo y el Resguardo son las dos instituciones que les permiten lograr estos objetivos. La alinderación de sus territorios, realizada a principios del Siglo XVIII en Tierradentro y practicada posteriormente por los pobladores de la vertiente occidental de la cordillera, es otro de los aspectos característicos de esta transformación, que es descrito por los investigadores.

El trabajo pasa posteriormente a analizar la nueva situación de los indígenas durante la época republicana, abriendo importantes perspectivas de estudio para futuros investigadores. El reconocimiento de las poblaciones indígenas durante el período colonial como sociedades diferentes e inferiores a la sociedad blanca y cristiana, garantizaba en medio de la discriminación, su existencia diferente; pero este reconocimiento durante la época republicana se pierde, ya que la nueva visión de la sociedad al no admitir las desigualdades y la existencia de las dos repúblicas, elimina los pueblos de indios y los cacicazgos, aspecto este señalado por los autores, que ha pasado desapercibido dentro de la literatura histórica.

La transformación de los territorios coloniales en territorios republicanos, la decadencia de la economía del oro, el aparecimiento de la explotación de la quina, y el surgimiento de la hacienda de terraje, son luego analizados, buscando los investigadores siempre aquellos factores económicos que explican o inciden en la transición ocurrida durante la época republicana en la antigua gobernación de Popayán. De igual manera se analiza el proceso de ruralización y el aparecimiento de la sociedad agraria caucana a finales del Siglo XIX, la consolidación del terraje y los conflictos sociales surgidos por la reducción de la población indígena a la degradante condición de terrajera, mostrando cómo la tierra se transforma en el único medio de producción disponible y cómo el valor de ésta se encuentra determinado de manera muy peculiar, siendo el número de terrajeros existentes, su aspecto fundamental.

De esta manera el análisis histórico desemboca en la segunda parte del trabajo en la cual se realiza una cuidadosa descripción cuntitativa de la estructura productiva y social del resguardo. La base de esta descripción la constituyen los datos obtenidos a través de una encuesta realizada sobre 848 unidades domésticas localizadas en 28 veredas, en el caserío mismo de Jambaló y en la Mina, habiendo quedado por censar algunas veredas de la zona norte del resguardo.

La lectura de esta segunda parte, pone de manifiesto varios aspectos, entre los cuales vale la pena señalar en primer lugar el amplio manejo teórico que los autores muestran sobre el funcionamiento de las economías familiares campesinas y el conocimiento empírico, viviencial de las condiciones particulares de la economía Páez en general y de manera particular sobre el propio resguardo de Jambaló. Es importante también resaltar la parte creativa que se trasluce a traves de todo su trabajo, y en particular de cada uno de los diversos momentos de su diseño metodológico: el sistema de codificación utilizado que les permitió la construcción de la tipología de las Unidades Domésticas expuesta y utilizada a lo largo de la investigación; la minuciosa elaboración de las variables analizadas; la selección de los indicadores, etc., muestran todos estos aspectos, además de la capacidad metodológica y teorica de los autores, como la investigación no es un proceso mecánico sino fundamentalmente una práctica creativa.

La descripción realizada en esta segunda etapa del trabajo parte de una novedosa combinación de métodos: el estructural y el tipológico Esta combinación les permitió a los autores mantener la particularidad, caracterizada por lo indígena, por lo Páez, dentro de la generalidad ubicada en lo campesino. De esta manera la especificidad de la información no se pierde, y aquellos datos no significativos cuantitativamente, se resaltan rescatando su importancia cualitativa.

Otro aspecto relevante del trabajo y digno de tenerse en cuenta lo constituye el coherente manejo a lo largo de la investigación, del concepto de Unidad doméstica como unidad de información y de análisis, para llegar finalmente a establecer la especificidad de la Unidad Doméstica de Producción Páez, y señalando el papel que en esta particularidad juega su forma de asentamiento, la cual tiende a la conformación de un TERRITORIO como espacio de reproducción social, y el cual no se restringe al limitado espacio de la parcela familiar. Esta forma, contrasta con la apropiación característica de las Unidades de Producción puramente campesinas, dentro de las cuales la modalidad de asentamiento es la apropiación privada. Esta especificidad explica como cualquier intento económico que no tienda a afirmar el territorio de la sociedad Páez, tal como ocurre con la gran mayoría de proyectos que se han realizado en la región, lleva necesariamente a la destrucción de su sociedad y de su cultura.

La ROCERIA es otro de los aspectos sobre el cual el trabajo de estos sociólogos, aporta luces esclarecedoras que llevan a mirar bajo otra óptica el problema de la tierra y sus formas de explotación dentro de las comunidades indígenas. De esta manera, el trabajo explica cómo la ROCERIA, práctica característica del manejo de la tierra dentro de la cultura Páez, requiere necesariamente de una mayor cantidad de tierra disponible, señalando como el que una gran cantidad de las tierras recuperadas por los indígenas se caractericen por la "prosperidad de sus rastrojos" no quiere decir de ninguna manera que estas se encuentren abandonadas o que los indígenas no las necesiten, ya que al dejar enrastrojar y el realizar posteriormente la rocería equivale dentro de la concepción Páez, a cultivar la tierra, a reproducir la vida y garantizar la existencia de la comunidad.

Los comentarios anteriores reflejan solamente algunos de los aspectos más sobresalientes del trabajo presentado por María Teresa Findji y José María Rojas, cuyos resultados concretos sobrepasan ampliamente las expectativas creadas sobre el proyecto inicial presentado a consideración de COLCIENCIAS. La investigación no solamente es esclarecedora de la angustiosa situación por la que pasan las comunidades indígenas Paeces, sino que abre horizontes nuevos de trabajo sobre su problemática, pero sobre todo muestra otra forma de acercarse a estas comunidades, territorios reservados casi exclusivamente a la investigación antropológica.

XIMENA PACHON C.

 

MITOLOGIA DE LOS INDIOS ANDOQUES DEL AMAZONAS

Jon Landaburu, Roberto Pineda C. Instituto Caro y Cuervo - UNESCO, Bogotá 1984

Recopilados a lo largo de varios años de acuciosa investigación, los relatos consignados en este volumen por Landaburu y Pineda constituyen uno de los corpus míticos más significativos publicados hasta hoy sobre la tradición oral en grupo amazónico.

No se trata en efecto de una simple colección de narraciones, que los autores años después de terminado el manuscrito reconocen como incompleta, sino de una obra unitaria que comunica de manera auténtica el fantástico universo y la heroica lucha de supervivencia cultural y física del pueblo de la Gente del Hacha.

La estructura general de las narraciones responde a un proceso de organización interna que se fue dando a medida que progresaba el cono cimiento de la cultura Andoque y al término del cual los autores identificaron en la tradición oral el principio de ordenamiento espacial del universo. Aunque un esquema temporal de ordenamiento hubiera permitido la organización de algunas narraciones en tres períodos, antediluviano, diluviano y posdiluviano, la utilización de un criterio espacial resultó, sin embargo, más eficaz.

Así lo indicaban, según lo señalan los autores, la omnipresencia en la lengua de esquemas orientacionales y direccionales y la misma geografía local estructurada según el eje del río Caquetá en Cabecera-(Occidente)-Centro y Bocana (Oriente). A las direcciones Occidente y Oriente se suman el Zenit y el Nadir y a cada una de ellas corresponden fuerzas y principios energéticos propios, cuya interacción con el centro constituyen el proceso de construcción del mundo.

Para dar cuenta, a través de la presentación necesariamente lineal del texto escrito, de la "polivalencia" del mito, de su carácter simbólico y complejo, los autores construyen un sistemade referencias que hacen posible su comprensión y que según ellos constituyen también parte del mito. En efecto, ningún elemento de la narración aparece arbitrariamente. Todo nombre, lugar geográfico, personaje, animal, planta o elemento cultural que interviene en el mito está allí, por una razón particular que los autores hacen explicita mediante un sistema de notas. En ellas se indican los nombres en Andoque y su traducción, los nombres propios y sus variaciones, se precisa la identificación científica de las especies y se explican sus características esenciales se anotan las asociaciones simbólicas, referencias a otras versiones o variaciones debidas a los informantes y se hacen aclaraciones de carácter etnográfico, indicando las funciones de un personaje, o explicando la naturaleza de un ritual etc. Además de las notas consignadas al final de cada capítulo, la introducción del volumen y un glosario constituyen una síntesis etnográfica e histórica que no por ser breve es menos penetrante.

Incluye también el libro una nota lingüística donde se presentan los rasgos esenciales de la fonología, morfología y sintaxis Andoque y una explicación de la convención ortográfica utilizada. Igualmente en el capítulo final se presenta un texto en su versión original en la lengua, acompañado de la traducción castellana y que ilustra el procedimiento seguido en la recolección de las narraciones. En efecto todos los textos fueron contados en Andoque, la mayoría de ellos por el capitán Yiñeko, Plumón-de-Fiebre y por su hermano Yiñejoke, Plumón-de-Gavilán, quienes no son hablantes del castellano. La traducción hecha con ayuda de Físi, el hijo del capitán, restituye con maestría tanto la versión original en Andoque como el habla caqueteña, con sacrificio a veces de la gramática española, pero siempre respetando el sentido original y el sabor de la expresión viva.

Esta es sin duda una característica que hace delectable la lectura y al mismo tiempo manifiesta la capacidad de análisis del enfoque antropológico de Landaburu y Pineda en el cual la lingüística constituye una herramienta privilegiada, no como mecanismo automático de traducción sino como comprensión del simbolismo cultural y señal de la atención que los autores han prestado a la palabra mítica de la gente Andoque.

Ahora, gracias al trabajo de Landaburu y Pineda esa palabra interpela a la misma sociedad que hace apenas medio siglo esclavizó y casi destruyó por completo los Andoques y demás naciones indígenas del Caquetá.

|"No vayas a llorar, no llores, no te pongas triste. Deja que nos venga eso así, deja que pase. Ya verás, no nos va a pasar nada... "

|"El dueño del palo multiplicador recogió todo el personal de los otros capitanes para personal de él. Los otros capitanes se quedaron callados porque ya no tenían personal; porque se les había ido toda la gente a donde él. Por todas partes se oía su voz; la única voz que se oía: sonido de manguare, sonido de palo multiplicador, sonido de pilón de coca. Y ese era el capitán más nombrado.

En ese tiempo ya mencionaban al capitán Garza del Centro, el dueño del centro de la tierra. Y decían por todas partes: -El grupo del Hacha.... el grupo del Hacha..- "

"...y de nuevo nos volvimos gente, de nuevo crecimos, pero no eramos nada"

FRANCISCO ORTIZ

 

OBSERVACIONES ETNOBOTANICAS SOBRE ALGUNAS ESPECIES UTILIZADAS POR LA COMUNIDAD INDIGENA ANDOQUE
(Amazonas Colombia).

Constanza La Rotta Cuellar. Corporación Araracuara. Bogotá 1983

Esta publicación corresponde a la investigación presentada como tesis de grado por la Bióloga Constanza La Rotta C. a la Universidad Nacional de Colombia. Se aborda como cometido la comprensión de las mutuas relaciones entre cultura y vegetación, a partir de la experiencia de los Andoque de la Amazonia Colombiana.

La investigación etnobotánica, como un aspecto de la etnología, ha tenido en Schultes desde 1945 hasta la actualidad, su figura más desta cada. La Rotta comenta someramente los logros de la literatura etnobotánica para Colombia y Perú, poniendo en evidencia que su estudio profundiza en la etnobotánica Andoque, tangencialmente esbozada por el antropólogo Pineda Camacho a través de sus trabajos sobre el sistema hortícola Andoque.

La Rotta acoge las conclusiones expuestas por esta literatura, referentes a un orden y a un conocimiento armoniosamente elaborados por el indígena a partir de la observación de la naturaleza y del espacio, fuertemente anudados a la mitología y a la magia, entendida ésta como una forma de ciencia diferente a la occidental; "la magia postula un determinismo global e integral, en tanto que la ciencia opera distinguiendo niveles, algunos de los cuales admiten formas de determinismo que se consideran inaplicables a otros niveles". Su formación académica no inhibe a La Rotta para aproximarse -haciendo gala de un buen sentido etnológico- al dominio del saber andoque sobre el conjunto de especies domesticadas y silvestres, métodos de siembra y cultivo, taxonomía y asociaciones mitológicas, llegando a desentrañar algunos principios que informan las propiedades de las plantas. Así, las plantas poseedoras de cualidades curativas se identifican por su sabor dulce, o por presentar sustancias colorantes, y por su capacidad de enfriar o calentar el cuerpo, las que al contacto producen calor, tiñen de rojo; las que enfrían, colorean de negro.

La investigación arroja la descripción, por orden alfabético, de 128 especies vegetales agrupadas en 49 familias, bajo los criterios científicos usuales, a los cuales se incorpora en buena parte de los casos la trascripción del nombre de la planta en lenguaje Andoque, su significado, usos y observaciones, contribuyen a precisar el papel, múltiple en muchas de las veces, de cada especie para la gente Andoque.

El área de estudio ocupada por la comunidad indígena está ubicada a orillas del caño Aduche, tributario del río Caquetá, corregimiento de Santander, en la comisaría del Amazonas. Los habitats donde se coleccionó el material, pertenecen al bosque primario, chagras y rastrojos. Se incluyen siete figuras sobre ubicación del área de estudio, e ilustraciones alusivas al ciclo de producción, distribución de plantas y régimen de inundaciones; las tablas 1, 2 y 3 relevan en razón de su gran importancia para los Andoque, las diferencias entre las 11 clases de yuca. 10 clases de ají y 10 clases de piña reconocidas por ellos. Tres apéndices complementan la publicación, el primero versa sobre una introducción lingüística necesaria para la lectura de los términos Andoque, el segundo, y el tercero sintetizan la información obtenida sobre especies vegetales. Las colecciones de estas reposan en el herbario Amazónico y en el herbario Nacional Colombiano.

La variedad en el tratamiento dado culturalmente a las especies vegetales engloba la fabricación y reparación de elementos de cultura material y de objetos de uso ritual, construcción de vivienda, consumo como condimentos, bebidas y comestibles cotidianos y rituales, elaboración de colorantes para fibras vegetales, cuerpo y cabello, preparación de ictiotóxicos, miméticos olorosos, venenos y coadyuvantes para cacería, usos preventivos y terapéuticos para la salud corporal, oral y mental, usos en la limpieza y dieta rituales previas a la acción chamánica, procesamiento de estimulantes y empleo de perfumes de protección mágica, entre otros.

En ese aspecto el trabajo, aparte de permitir una lectura etnográfica, conforma un esfuerzo por rescatar el saber botánico andoque, para el patrimonio de la comunidad científica, a quien potencialmente interesa para efecto de estudio fitoquímicos y farmacológicos.

En términos de vacíos, falta en el texto una semblanza del chamanismo Andoque, como la instancia comprometida en el manejo y control de muchas de las especies vegetales descritas; las frecuentes anotaciones sobre la intervención chamánica hubiera podido cohesionar una caracterización de este ejercicio, tal como aparece para las labores de autosubsistencia de la comunidad.

Los resultados de esta juiciosa investigación enriquecen a la bien constituida producción etnológica sobre los Andoque. Las recurrentes menciones a las relaciones de similitud y de dominio que conectan las especies vegetales y animales, y que se funden en el conocimiento mitológico, prestan toda su fuerza a una de las conclusiones establecidas por el trabajo, en cuanto a que "existe una taxonomía indígena en la cual el hombre, las plantas y los animales hacen parte de un conjunto indivisible".

AIDA GALVEZ ABADIA

 

LOS PUINAVES DEL INIRIDA:
Formas de Subsistencia y Mecanismos de Adaptación

Gloria Triana. Instituto de Ciencias Naturales Museo de historia Natural Biblioteca José Jerónimo Triana No. 8. Universidad Nacional. Bogotá, 1985

Con este trabajo monográfico sobre el grupo Puinave se llena un notorio vacío de la literatura etnográfica de este grupo, localizado en el área de transición del alto Orinoco entre la zona Amazónica y la región de los llanos. El estudio se centra en la descripción del sistema económico destacando el aprovechamiento de la naturaleza, en el contexto de las influencias tecnológicas v culturales impuestas por la sociedad mayor.

En una primera parte se analizan las formas tradicionales de producción, considerando en detalle el sistema hortícola, la cacería y la pesca. La autora realiza un inventario bastante completo de las especies útiles y sus respectivos ciclos productivos. Se destacan la sistematización de los calendarios ecológicos y astronómicos que coinciden en buena parte con los de los grupos llaneros. Las fechas ecológicas anotadas corresponden a los momentos reproductivos de las diferentes especies de tortugas, los cuales señalan los períodos de pesca, precisando en cada uno de ellos las especies ictiológicas que se aprovechan y que constituyen la principal fuente de proteínas de este grupo. La adaptación al ambiente rebereño y el uso de las técnicas pesqueras son características de los Puinave y aunque la cacería constituye también un aporte importante a su dieta, se limita en general al área fluvial.

El ciclo hortícola por su parte analizado igualmente en detalle, está referido a algunos episodios ecológicos y al calendario astronómico basado en la observación de las Pleyades, Orión y Scorpio, entre otras constelaciones, y cuyo conocimiento es común a los grupos del oriente colombiano.

Triana presenta en forma detallada la distribución y usos de las plantas de la chagra, tanto cultivadas como espontáneas, así como de las especies de recolección según su aplicación para fines artesanales e industriales, medicinales, en la magia amorosa, la caza y la pesca.

La autora presenta la nomenclatura de plantas silvestres y cultivadas (incluyendo los nombres de subespecies), y de animales, clasificados, por los Puinave en: animales de monte (mamíferos terrestres), animales de los árboles (micos y ardillas), animales de agua (tortugas y peces) y animales voladores (aves), consignando los nombres indígenas y castellanos y su determinación científica.

El estudio de la economía indígena se enmarca en una presentación de la historia y de la organización social y su relación con el tamaño de los grupos y las pautas de asentamiento. Triana analiza la conformación social de los poblados y las redes de intercambio interno, con las otras etnias de la región y con la sociedad mayor, relación esta última que ha determinado cambios importantes en la adaptación tradicional. Se estudian en particular los efectos que ha tenido la explotación de los recursos comercializables como el caucho y la fibra del chiquichiqui.

La autora presenta el sistema de parentesco y la nomenclatura de los clanes pero no amplía suficientemente su análisis para dar cuenta de la fusión de clanes Puinave y Curripaco y de la posible organización dualista de los asentamientos, apenas sugerida. Probablemente la falta de información en este campo se deba a los trastornos causados por la influencia deculturadora de los misioneros de las Nuevas Tribus, cuyo impacto se analiza en el capítulo final del trabajo. Allí se muestra cómo estos misioneros lograron erosionar el sistema ideológico mediante la implantación de un programa de educación bilingüe, en el cual los maestros indígenas fueron convertidos en pastores evangélicos incorporando algunos elementos tradicionales pero conformando un aparato político cuyo control escapa a los mismos indígenas.

FRANCISCO ORTIZ G.

 

RELACIONES DE PARENTESCO EN LAS RELACIONES DE PRODUCCION EN LA COMUNIDAD INDIGENA DE SAN DIEGO DE MUELLAMUES

Luz Alba Gómez. Tesis de grado Departamento de Antropologia, Universidad Nacional (INEDITA), Bogotá

Son escasas las tesis de grado que constituyen un verdadero aporte a la investigación en Antropología; por lo general se limitan a ser descriptivas y poco analíticas. No es el caso de este trabajo sobre el resguardo de Muellamués en Nariño, llevado a cabo con un novedoso enfoque metodológico: "Tanto la comunidad como el investigador actuarán como sujetos conocedores e interpretadores de una realidad concreta: Muellamués". Sin retórica, sin necesidad de acudir a largas discusiones teóricas, escuchamos la voz de una comunidad en transición, aparentemente campesina pero con profundas raíces indígenas. A esta Tesis le faltó documentación histórica sobre los Siglos XVI a XIX para explicar el origen de ciertas costumbres. El estudio contempla, entre otros temas la incidencia que el minifundio y la escasez de tierras han tenido sobre el sistema de parentesco. En ese sentido es dialéctico, toma en cuenta los cambios en la economía indígena, propiciados por la vinculación al mercado capitalista.

De todas las manifestaciones de la cultura de Muellamués, la que parece ser más tradicional y atávica es la de los textiles; casi podría decirse que estos en muy poco han cambiado. Y es allí donde encontramos una serie de palabras, de origen incierto algunas y otras de origen quechua, utilizadas para denominar las partes del telar v las diferentes técnicas de tejido.

Como decíamos antes, la comunidad de Muellamués está vinculada al mercado nacional. A pesar de esto y de lo que ello implicó para la economía indígena, se continúa practicando el intercambio intra y extraterritorial. Este intercambio resulta mucho más costoso que la compra directa, sin embargo persiste por razones extraeconómicas: visitar a parientes y amigos que viven en tierra templada y obtener por trueque los productos que estos cultivan, con la confianza que un bulto de maíz será un bulto de maíz y no otra cosa.

Aún persiste el término "mindala" para denominar a las mujeres "que vienen de lejos y traen productos de los guaicos (tierra templada) a la tierra fría". Son los "Mindalaes" de la época prehispánica, los mercaderes aborígenes. Respecto a la economía interna del grupo, el estudio Contempla detenidamente como se lleva a cabo la redistribución interna de los productos y como funciona la reciprocidad generalizada. Extrapolando un poco el caso concreto de la economía intercambiaría de Muellamués, resulta palpable el modelo de la microverticalidad, en ocasiones abstracto o simplemente esquemático.

Por razones de supervivencia, esta comunidad agrícola se está convirtiendo en comunidad ganadera; a pesar de esto, toda la superestructura religiosa continúa recreando rituales de origen agrícola

Las secciones endógamas en que está dividido en resguardo y la existencia de una "línea invisible"que pasa por la mitad de oriente a occidente) y lo divide en dos: la sección de arriba (sur) y la de abajo (norte), son aspectos que merecen un estudió más detallado y hacia atras en el tiempo.

MARIA VICTORIA URIBE

 

THE ETHNOBOTANY OF THE TIKUNA INDIANS, AMAZONAS, COLOMBIA

Linda Leigh Glenboski. Instituto de Ciencias Naturales. Universidad Nacional de Colombia Bogotá

Durante siete meses comprendidos entre julio de 1972 y febrero de 1973, Linda Leigh Glenboski, investigadora Norteamericana del Departamento de Biología de la Universidad de Alabama, Estados Unidos, convivió con los indígenas Tikuna del río Loreto-Yacú en el Amazonas Colombiano. Producto de su investigación en este grupo indígena, la Universidad Nacional de Colombia, edita este pequeño libro en idioma inglés sobre la Etnobotánica Tikuna, donde la autora plantea los motivos que justificaron esta investigación, la metodología y los resultados de la misma.

Se justifica según dicha investigadora, la realización del estudio, por la escasa investigación Etnobotánica realizada entre los Tikuna, y por el activo proceso de aculturación que hace imperativo el registro sobre usos y funciones de las plantas. En este sentido, su trabajo comprende cuatro aspectos principales:

Listado de especies de plantas usadas por los Tikuna y el propósito para su uso;

Registro de los nombres en español y sus equivalentes Tikunas;

Métodos de cultivo, recolección y preparación; e

Importancia de estas plantas en la cultura Tikuna.

Si bien, el objetivo de la investigación es una descripción Etnobotánica, la lectura del texto no brinda información suficiente sobre las particularidades de este grupo indígena, sobre aspectos tan importantes como las características del asentamiento del grupo en las riberas del río Loreto-Yacú, el proceso de colonización y aculturación y su impacto en la vida actual, etc., que permitan una mejor comprensión de los usos de las plantas y las variaciones, de los recursos botánicos. Quizás la escasa bibliografía citada (sólo 5 textos) explica la insuficiente información etnológica y etnohistórica.

Las características principales de dicho grupo según Glenboski, se pueden sintetizar en los siguientes, se trata de un grupo amazónico, que habita la parte Colombiana de esta zona del norte de Leticia ubicado sobre las riberas del río Loreto-yacú, afluente del Amazonas en territorio colombiano: hablan el dialecto Tikuna, posiblemente miembros de la familia Arawak según P. Rivet citado por la autora. La mayor concentración de éstos indígenas se encuentra en un pequeño poblado, Puerto Nariño, ubicado cerca de la desembocadura de dicho río. Existe allí bastante presencia de blancos o mestizos y de misiones católicas, lo que ha implicado un cambio en sus costumbres, lengua y cultura, pues se establecen transacciones económicas entre unos y otros, mediatizadas por la lengua española, que permiten la adquisición de bienes novedosos para el indígena. Se trata de un grupo económico de autosubsistencia cuyas actividades principales son la agricultura y la pesca y algunas otras que les permiten la producción de un pequeño excedente, como son el corte de maderas, la recolección de peces tropicales y la caza de animales para veder sus pieles. Con el producto de estas ventas compran ropas, medicamentos de patente y algunos otros artículos manufacturados.

En el corto capítulo dedicado al método de trabajo de campo, hace referencia la autora a tres grandes problemas que se le presentaron y a la manera como los fue resolviendo en el transcurso de la investigación:

l. Descubrir informantes o personas que le pudieran aportar la información requerida.

2. Ganarse la confianza de estos informantes y

3. Determinar métodos de obtención de la información pertinente a las plantas usadas.

Evidentemente, los dos primeros son los problemas inherentes a toda investigación, cuando el objeto es tan distante a nosotros, otro pueblo u otra cultura. Estas dificultades se acentuaron con las diferencias lingüísticas, sobre todo para la comprensión de giros y expresiones producto de la relación sincrética entre el español y el Tikuna.

Estas dificultades, en buena parte fueron vencidas, dice Glenboski, por la intermediación de una familia mestiza de bastante influencia entre los indígenas, pues como dueña de una tienda o almacén, estaba en contacto frecuente con los indígenas por el acto de la compra-venta de productos.

Con respecto al tercer problema, realizó un mapa de las zonas de cultivo alrededor de los lugares de habitación que incluía información sobre las personas que habitaban las casas, tamaño de las huertas, plantas cultivadas con su nombre en español y el uso dado.

Además del levantamiento de los mapas, se elaboraron unos cuestionarios para ser respondidos por las personas cabeza de familia, y también se implementaron charlas informales con la comunidad sobre la temática de la investigación. Por último se recolectó una muestra de las planas utilizadas.

El capítulo central del libro comprende la descripción de las plantas utilizadas por los Tikuna, que alcanzó a descubrir la autora en su investigación, las clasificó de acuerdo a los requisitos taxonómicos vigentes, las ordenó alfabéticamente e incluyó alguna información adicional como nombre en español y en Tikuna, habitat, formas de cultivo y de empleo, procedimientos de preparación para su uso etc.,

En el capítulo siguiente se trata de ordenar el listado anterior, con un poco más de dedicación a la información sobre las formas de cultivo y empleo. En este último caso clasifica las plantas en alimenticias, medicinales, para la construcción de viviendas y embarcaciones, y para usos comerciales. El apéndice II del libro hace referencia a esta clasificación. El apéndice III hace referencia a plantas que no le fue posible identificar.

En esta parte podríamos decir que la autora deja al lector en vilo, pues se esperaría una mayor riqueza en la descripción de los usos y en el valor simbólico de estas plantas. Es insuficiente la información sobre plantas de uso ceremonial y médico, de manejo restringido o secreto. Creo que el poco tiempo en el terreno, la escasa bibliografía reseñada donde faltan aportes importantes como las investigaciones en Etno. botánica Amazónica del norteamericano E. Evans Schultes y las dificultades de idioma y de aceptación entre el grupo, que ella menciona, han ayudado a que esto ocurra.

Por último quiero hacer algunas apreciacio nes sobre este tipo de investigaciones. Los estudios etnobotánicos en nuestro país son bastante escasos, sin embargo, su importancia es inmensa si tenemos en cuenta la gran riqueza de especie; vegetales que existe en nuestro suelo. Por lo tanto, es necesario programarlas y articularla; en un gran proyecto que permita algún día establecer un inventario de nuestras riquezas, y conocer la mejor manera de aprovecharlas er armonía con la naturaleza y con los grupos humanos que tienen cada uno su propia forma de relacionarse con sus recursos naturales. Lo investigadores Colombianos poco nos hemos interesado por el conocimiento de nuestras espe cies vegetales nativas y lo que han hecho investigadores extranjeros también poco nos ha servido, ya que no se ha contado con los suficientes mecanismos que garanticen la apropiación y difusión de estos conocimientos por parte de las instituciones académicas y del estado a quienes compete esta labor. Los grupos estudiados poco se han nutrido de estas investigaciones.

Vale la pena plantear aquí el viejo problema ético de la relación entre el investigador y su objeto, del compromiso del primero con el segundo, dela necesidad de compensar la expropiación de un conocimiento, máxime si se trata no sólo de un pequeño aspecto de la vida de un pequeño grupo, justificación que se ha tomado como válida, sino que se trata de un gran aspecto, las riquezas naturales de todo un país, el nuestro. En última instancia todos nosotros somos el objeto.

JOSÉ FERNANDO URIBE MERINO

 

EL ARRIERO, UNA IDENTIDAD Y UN ESLABON EN EL DESARROLLO ECONOMICO NACIONAL

Germán Ferro Medina. Bogotá, 1985. Trabajo de tesis para optar al título de Antropólogo, Departamento de Antropología, Facultad de Humanidades, Universidad de los Andes

Los diez capítulos de esta tesis están destinados a dibujar la imagen legendaria del arriero antioqueño. En el primero de ellos, se da cuenta de la metodología y las fuentes utilizadas; en los siguientes se le enseña al lector la estructura de la actividad transportadora y de las economías a las que servía de corriente circulatoria: minería, comercio, agricultura, industria; los componentes básicos de la infraestructura: caminos y bodegas; y el mundo material, el paisaje natural y creado que enmarcaba el universo del oficio de la arriería. Los restantes se centran en la arriería como profesión y modo de vida y en su actor principal, el arriero; como ente moldeado por el trabajo en que crece, madura y muere.

Por su carácter, las fuentes de información se podrían agrupar en cuatro clases: relatos de viajeros del Siglo XIX, archivo de casas o firmas comerciales, obras de tratadistas recientes de la historia regional, la geografía, la economía y la cultura de Antioquia y, finalmente, como esencia, el testimonio de personas que ejercieron la profesión, la vivieron como testigos y copartícipes colaterales. Es una buena combinación, que evita que el antropólogo limite su ámbito y desvincule el contexto cultural propiamente dicho, del medio y de los factores que nutren y condicionan el comportamiento. Si bien alguna de las fuentes se muestra deficiente por la limitación de la consulta a los documentos de casi una sola casa comercial, su manejo es correcto y válido en cuanto tiende a llenar las lagunas que dejan las encuestas y las demás fuentes empleadas.

No se trata pues, de un relato etnográfico (como tal se le podrían anotar fallas por carencia) sino un intento de reproducir un modo de vida casi heróico, pulido por las exigencias de operación de un subsector de la economía, el transporte, enfrentado a un ambiente que impone las condiciones y difícilmente deja margen para opciones de alternativa y en el cual, mula y hombre, confundidos en un centauro moderno, son los actores solitarios de un destino. El arriero surge del común, se capacita pragmáticamente en la tecnología elemental pero precisa de su oficio, se impregna en el proceso de socialización, de la ética de sus colegas, estrechamente unida a la de la familia y a la de su etnia; y así equipado, acepta el reto de su tarea como profesional y como aventurero, porque siempre tiene que afrontar el azar que le exige esfuerzos físicos a veces desproporcionados, dominio de las artes, iniciativa... e improvisación.

La imagen que surge del texto es la del prototipo de una actividad ocupacional, de un oficio que se engrandece por sus avatares, es una de las tantas que con perfiles diferentes, pero con un fondo común que nunca se ha establecido, caracterizaron o debieron caracterizar al antioqueño, en la época, esa si bien definida, del Siglo XIX y primeros decenios del XX, a partir de los cuales esa imagen ocupacional comienza a diluirse en el turbión de las nuevas tecnologías del transporte y la profesión va a quedar como caricatura pobre de una epopeya, a reducirse a "un mandado" a algo que ya "no es arriería o no se llama arriería".

La imagen identificatoria de una cultura regional es mas compleja y sutil que la de una actividad ocupacional, así ella esté teñida de leyenda y de valor sustancial. Pero es, sin duda, parte de esa cultura, y parte necesaria de su historia. Como el arriero, Ferro ha abierto con ella un camino nuevo y allegado materiales valiosos para la interpretación de la etnia antioqueña; ese camino tendrán que transitarlo otros antropólogos, porque la tarea no ha concluido y aún quedan cargas "por alzar".

ROBERTO PINEDA GIRALDO

 

LA MEDICINA TRADICIONAL EN COLOMBIA

Virginia Gutiérrez de Pineda. Universidad Nacional de Colombia

La lectura detenida de estos dos nuevos volúmenes, nos compenetra con una historia que estaba en mora de escribirse: la de la medicina tradicional, desde la indígena precolombina, pasando por la colonial y el aporte del negro, hasta el presente en donde "El triple legado" de nuestra nacionalidad aflora y es profundamente analizado por la autora.

Este esfuerzo es el producto -como muchos deben saberlo- de no menos de dos décadas de estudio e investigación de la realidad de nuestro país.

No se trata de una monografía más, o de una etnografía, que se detiene en los paisajes exóticos de nuestra cultura para hacer un inventario de extrañezas y datos curiosos. Por el contrario, a través del uso minucioso y pertinente de los cronistas, la autora logra arrancarle a todos estos escritos la vida de nuestros antepasados y reconstruir con brillantez, cuánto de esa vida queda en nosotros y cómo nuestra característica triétnica nos forja un presente lleno de contradicciones; pero también nos hace apropiarnos de la herencia de costumbres y modos de vida de prácticamente los vectores étnicos que son los creadores de la historia. ¿Cuánto del chamanismo Americano en sus rituales, técnicas no llegó a nuestro continente con nuestros primeros pobladores? ¿Y no son sus herederos verdaderos sabios de la botanica? ¿Las biotecnologías usadas por los indígenas actuales: moxas, semejantes a las empleadas por los chinos, extracción de venenos letales, usando avispas inmunes, no nos revelan -para citar unos pocos ejemplos- ¿el esfuerzo de investigación de nuestros médicos aborígenes? ¿Y qué no decir de las trepanaciones craneanas practicadas por los muiscas? A través de las páginas de estos dos volúmenes el lector irá descubriendo su propio pasado y su presente Colombia es escudriñada con fascinación; una Colombia aparentemente oculta, se muestra el desnudo.

Es la cultura de nuestro pueblo en su complejidad, la que es analizada. Las ansiedades, los temores, las esperanzas, los mecanismos de defensa culturales, son descritos sin ambajes, sin apasionamientos. Los conceptos que sobre la vida, la muerte, la enfermedad y la salud, son empleados como un excelente hilo conducto para recorrer la historia de las prácticas y creencias de nuestro pueblo.

El curanderismo, la brujería, la religión, son analizados como un sistema total, en donde cada uno de sus componentes es inseparable de le demás, pero, sin confundirse. La visión sincrética y holística del pensamiento popular es claramente precisada. En la mente de nuestro pueblo todas las instituciones se conciernen y relacionan. La vida misma es un milagro que repite a diario. El sentido de todos los actos es comprendido a la luz de su cotidianidad. Ningún acto sobra, ningún exceso es anormal en gramática de la vida popular, todo cumple un función y está hecho para ser instrumentalizado en el momento conveniente.

Por todas estas razones, los libros de antropóloga Virginia Gutiérrez deben ser libros obligados de consulta de todos aquellos que se interesan por estudiar y conocer la realidad colombiana, pero también de todo colombiano que quiera entender el mundo que vive y el legado de sus antepasados.

CARLOS E. PINZON CASTAÑO

 

LA FAMILIA DE HECHO EN COLOMBIA CONSTITUCIÓN, CARACTERÍSTICAS Y CONSECUENCIA SOCIO-JURÍDICAS

Ligia Echeverri de Ferrufino: Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, Abril 1984

Es un trabajo muy ambicioso. Lo es por la cobertura que proyecta y por razones metodológicas. Fuera de la amplitud de los temas que abarca, los desmenuza prolijamente.

La Antropología Social de pasadas décadas ha tenido metodológicamente un reto: la cuantificación. En el momento actual en que las Matemáticas no dejan espacio académico donde no penetren, la tardanza antropológica para asimilarlas ha puesto en entredicho su validez. Ni siquiera el idioma castellano, tan generoso en calificativos y modos adverbiales, daba suficiente espacio para describir adecuadamente una situación cultural. Menos aún, darle el peso adecuado cuando el intento pormenorizador se encaminaba a parangonar fenómenos. La fuerza y la validez de las comparaciones se perdían, tratando de precisar con sólo palabras. Más, menos, un poco más, un poco menos, no sirven para mucho, máxime cuando se escribe para un país, que requiere que sus investigaciones tengan aprovechamiento. Las políticas de acción no se planean a base de "masomeneos". También la docencia de un hecho se facilita cuando hay exactitud, y las comparaciones en la dialéctica se afirman matemáticamente. Y si de derivar principios teóricos se trata o de confrontar hipótesis, la mensura exacta de los fenómenos da alternativas con más acierto.

Sin embargo, la cuantificación de fenómenos culturales es todavía tarea difícil. Los contenidos encubiertos, el trasfondo de cada personalidad, los patrones de apertura a la pregunta, los valores de intimidad y recato, o los de exposición pública tienen intrincados vericuetos que hacer que el dato cuantificable tenga tanto de verdad como de mentira. Además la red metodológica para agarrarlos es todavía muy esquiva en su alcances. Por ello, los avances en este campo hoy en día, pueden posiblemente en el futuro generacional antropológico ser juzgados como actos fallidos. Además, los antropólogos puristas y tra dicionales, miran estos intentos como actos ortodoxos. Mientras tanto y con metas superati vas, que valga el esfuerzo. Y esto es lo que ha hecho Ligia Echeverri de Ferrufino, seguir ron piendo los moldes tradicionales antropológico ya iniciados en otros estudios de familia, y ahora con la familia de hecho llevados más adelante.

Este país ha marcado su destino familiar hasta hoy con las herencias domésticas que lo conformaron. Desde entonces, tres legados y sus mezclas se vienen jugando y acoplando dentro de una sociedad que los acoge en forma harto disímil. El que quiere imponerse viene de fuera en donde había tenido una secular gestación acomodándose a nichos institucionales distíntos, siendo a su vez suma de herencias polimorfas. A veces me parece, que aún al llegar no había homogeneizado el producto. Y se halla con otro, también suma de injertos, tampoco amo y señor de su habitat institucional. En todo caso no parecía con el invasor, que le superimpone un régimen de dominación para absorverlo. Se añade un ingrediente más a la mezcla, el africano, también polivalente y a quien no deja expresar sus fuentes sino acomodarse a un esquema ecológico-social.

Los tres entran en proceso de mixtura dando y cediendo. El mestizaje es no sólo de etnias si no de culturas y se lucha por la imposición de fenotipos y de estructuras. Hasta hoy se puede presenciar esta dinámica regionalmente en los sitios de su inicial anclaje y sólo la caldera urbana tamiza más finamente las mezclas, dando nuevas alternativas domésticas. Los viejos perfiles de la familia, fuera de ella, todavía permanecen vivos en sus caracterizaciones culturales.

La unión de hecho que estudia la autora, es un rasgo de este devenir. Un corte de una dinámica que se sedimenta por complejos culturales regionales en nichos etno-sociales. Aquí se van situando en la pirámide social en razón de sus logros a manera de estratos geológicos. La relación consensual también es un proceso de acomodación a las condiciones que impone el cambiante entorno institucional. Es resultante adaptativa estructural, en el polilasético mestizaje durante el ayer, y en el ajuste a una dinámica institucional que la involucra dentro de premisas sociales cada día diferentes. Y las dos coexisten por regiones culturales y por urbes.

Por ello, es necesario, tal vez imperioso, acordarse del pasado para visualizar el presente. Seguir las huellas del transcurrir en el tiempo y en el espacio de los troncos genitores de la familia actual. Rastreando así su dinámica se acierta mejor.

Aquí es donde disiento con la autora cuyo éxito descriptivo reconozco y exalto. El marco regional de los Profesores Fornaguera y Guhl, hecho con otro intento, no encaja con realidades viejas y modernas del fenómeno de la familia. Al no encajar su distribución, mezcla versiones domésticas regionales disímiles estructuralmente.

Finalmente, complementaria mejor su detallado análisis tipológico, si se añadiera en la presentación de los fenómenos, la familia legal como término de comparación. Aclararía interrogantes sobre la proporcionalidad relativa de la familia de hecho frente a la anterior, que al faltar, oscurece la incidencia del fenómeno.

VIRGINIA GUTIÉRREZ DE PINEDA

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