Ficha bibliográfica
Titulo:
Reseña de Libros del Boletín del Museo del Oro 1986: Arqueología regional en el Valle de la Plata, Colombia
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Mauricio Pardo Rojas




INDICE




  RESEÑA DE LBROS
ARQUEOLOGA REGIONAL EN EL VALLE DE LA PLATA, COLOMBIA

R. Drennan, Ed. Informe Preliminar. Museum of Anthropology, University of Michigan;
Technical Reports No. 16; Ann Arbor.

Este primer informe del proyecto arqueológico del Valle de La Plata, investigación auspiciadaporlas Universidades de Pittsburgh (EE. UU) y de los Andes (Colombia), deja entrever lo que será este estudio regional a largo plazo. Dentro de sus objetivos de largo alcance pretende evaluar la utilidad y precisión de los modelos propuestos por diversos investigadores para éxplicar el desarrollo de sociedades complejas; examinará detenidamente la relación existente entre el crecimiento de la población y el desarrollo de este tipo de sociedad; para establecer los patrones de nucleación y dispersión de la población en cada uno de los períodos prehispánicos, establecerá una cronología regional completa que cubra la secuencia de ocupación sedentaria sin intervalos. De lograrse este último objetivo es muy posible que esta secuencia nos permita entender mejor a San Agustín y Tierradentro.

Los planteamientos teóricos del proyecto se pueden inscribir dentro de la corriente positivista de la arqueología americana, escuela que otorga gran importancia al medio ambiente como factor determinante en la formación y desarrollo de la cultura. Por ello el informe incluye una serie de trabajos sobre: geología (Kroonenberg y Diederix, 1981, 1982, 1983); paisaje y suelos (Botero, CIAF); Flora actual (Rangel y Franco, Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional) y un análisis de polen (Herrera, Universidad de los Andes). Este último estudio abarca un transecto desde los 1500 hasta los 3000 m., el que permitirá no solo identificar la flora de la época sino la clase de cultivos, la rotación de los mismos y la regeneración del bosque en las épocas de descanso de la tierra.

Respecto a la introducción y al informe sobre las excavaciones y reconocimiento arqueológico de Robert Drennan (Univ. de Pittsburgh), es de lamentar su pésima traducción al castellano, en ocasiones utilizando palabras que no existen.

Drennan trabajó durante varios años en México. En sitios como los valles de México o de Oaxaca, es posible y aconsejable cuadricular las áreas de reconocimiento, mapearlas y recoger determinadas densidades de tiestos en superficie; lo facilitan la erosión y la ausencia de pastos, además de una cronología regional muy sólida y exhaustivamente estudiada. No sucede lo mismo con el valle de La Plata donde no existe ninguna investigación previa o anterior a la de Drennan. Sus puntos de referencia parecen ser hasta el momento los períodos establecidos para San Agustín, dándole preferencia a la cronología de Duque Gómez. La recolección de material de superficie en el valle de La Plata, como Drennan mismo lo indica, solo puede hacerse en los barbechos o terrenos por arar o recién arados y en los cortes de los caminos y no de manera sistemática. ¿Me pregunto si no resulta aventurado, -aún sabiendo que se trata de un informe preliminar sujeto a modificaciones a medida que avance la investigación-, hablar de períodos de ocupación (Temprano, Medio y Tardío) y de tamaño y densidad de las ocupaciones con base unicamente en recolecciones de cerámica en superficie y en pozos de sondeo? La posición cronológica de estos tipos cerámicos es aún incierta.

Por lo demás, si en últimas se trata de explicar la formación de sociedades complejas, ¿por qué otorgarle al medio ambiente un papel tan determinante? De esta manera el motor del cambio sigue siendo exógeno. Explicar la formación de las sociedades complejas utilizando el argumento Malthusiano del crecimiento de la población, por ejemplo, es confundir el efecto con la causa y, a la larga, no explicar nada. Es de espe rar que con el desarrollo de la investigación, la hipótesis entren a contemplar aspectos econó micos y sociales que fueron determinantes en l formación y evolución de estos cacicazgos.

MARIA VICTORIA URIBE

 

ARQUEOLOGIA DE LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA

Informes antropológicos. Instituto Colombiano de Antropología.
Colcultura. Volumen 1, Bogotá. 1985

Durante los últimos años los medios informativos mencionan constantemente a "Ciudad Perdida" (Buritaca 200), refiriéndose a sus características monumentales, atractivas para el turismo, o con polémicas bastante críticas acerca de lo que se hará, se hace o se hizo allí en arqueología. La crítica se fundamenta principalmente en la falta de divulgación de los resultados y actividades investigativas hechas en "Ciudad Perdida" durante los últimos nueve años. Con el primer volumen de esta nueva serie de "Informes Antropológicos", editada por el I.C.A. N. (Instituto Colombiano de Antropología Nacional) se está empezando a llenar parte de este vacío, que inquietó a la opinión pública.

En la presentación el Director del I.C.A.N. hace un breve recuento del proceso institucional de las investigaciones adelantadas en esa zona, y plantea los objetivos de la nueva publicación. El primer informe de los tres que componen el volumen se titula: "Manifestaciones Culturales en el área Tahona", Cadavid G, Herrera de Turbay L. F., pp. 5-54, escrito en 1977. Es la descripción de una prospección hecha en la Sierra Nevada entre 1973 y 1976, que culminó con el descubrimiento de Buritaca 200, conocida como "Ciudad Perdida".

Se describen meticulosamente los aspectos geológicos, hidrográficos y climáticos. Uno de los objetivos de la prospección era ubicar las regiones y asentamientos principales descritos por los cronistas; se logró correlacionar hipotéticamente 211 asentamientos detectados con la descripción etnohistórica. Se agruparon en cuadros las características y variaciones observadas de la infraestructura megalítica de los asentamientos arqueológicos: presencia de terrazas de vivienda y de cultivo, canales o sistemas hidráulicos, puentes, basureros, petroglifos, además, de tipos de muros, escaleras, caminos, viviendas de acuerdo a su forma. En cuanto a la cerámica se hicieron pequeñas recolecciones de material limitadas a los primeros 68 asentamientos con la cual se estableció una tipología; un muestreo más amplio habría permitido la definición temporal relativa de los sitios localizados, sirviendo como base a una periodización general.

Las conclusiones del trabajo confirman que las descripciones hechas por los cronistas sobre los asentamientos en ningún momento fueron exageradas acerca de la densidad de poblados en esta área. Las ideas están congruentemente expuestas con la ayuda de cuadros e ilustraciones, siendo muy útil para futuras investigaciones.

El segundo informe se titula: "Arqueología y conservación de la localidad precolombina de Buritaca 200 en la Sierra Nevada de Santa Marta" de Groot de Mahecha A. M. p.p. 55-102. Trata de investigaciones hechas en Ciudad Perdida entre 1976 y 1977, da una descripción geográfica general de la región del Alto Buritaca y del asentamiento de "Ciudad Perdida" en cuanto a sus aspectos constructivos. Además elabora una tipología de viviendas y caminos para el sitio. El trabajo está básicamente dividido en dos tópicos: en primer lugar, sobre la conservación y restauración de dos sectores del asentamiento, siendo uno de ellos el más monumental denominado eje central; en el anexo se presentan planchas planimétricas y cortes de la zona central después de la restauración. Lamentablemente no se agregaron planos del estado inicial y las fotografías que pretenden ilustrar este aspecto no son suficientemente claras para permitir comprender el proceso de consolidación.

En segundo lugar trata sobre las diferentes excavaciones hechas por la autora: una terraza en el área (Vr.: |Boletín Museo del Oro, Año 3, 1980), otra terraza excavada mediante una trinchera, y finalmente un corte de una ladera y dos tumbas aisladas en terrazas alteradas por la guaquería. Las excavaciones son bien ilustradas con gráficos y fotografías, igual que la tipología que elaboró para el asentamiento.

En las conclusiones se comparan las formas cerámicas, patrones de enterramiento y otros aspectos de la cultura material de Ciudad Perdida con la región litoral, principalmente con Pueblito mostrando las diferencias existentes.

El tercer informe, "Excavaciones de Salvamento en la Sierra Nevada de Santa Marta. (Parque Tairona y Ciudad Perdida)". de Lleras Pérez R., pp. 103-132. Como indica el título este trabajo, escrito en 1978, trata de las excavaciones hechas por el autor tanto en el área del litoral como en el interior de la Sierra Nevada.

En el parque Tairona excavó tres cortes en la zona de la ensenada de Gairaca y sólo en uno de ellos se hallaron cuatro urnas funerarias con objetos asociados, los otros no dieron mayores resultados; los artefactos encontrados están minuciosamente descritos. Desgraciadamente no se encontraron muestras de carbón que hubiesen permitido fechar no solamente este complejo funerario sino también los anteriormente investigados por Mason (1931, 36, 39) en esta misma zona.

Lleras excavó en Ciudad Perdida una vivienda en área por niveles arbitrarios, hallando en su interior 3 tumbas con material asociado. Este es descrito detalladamente igual que el comportamiento de la cerámica.

En las conclusiones compara los hallazgos de Gairaca y Ciudad Perdida llegando a plantear que se trata de una misma tradición cultural con un origen étnico común, después de analizar de forma general las similitudes y diferencias en cuanto a los artefactos líticos, cerámicos la arquitectura. Pero el autor no se plantea preguntas sobre las diferencias en el patrón de enterramiento entre estos dos sitios y lo que pueden implicar.

Sin embargo es necesario estudiar las diferencias o variaciones locales y regionales. Esto permitiría entender los procesos de especialización al interior de los asentamientos y entre éstos, además permitirá comprender las redes económicas, la jerarquización de las aldeas y otros aspectos culturales no obersevables desde una perspectiva de supuesta homogeneidad cultural.

AUGUSTO OYUELA CAYCEDO

 

MONSU, UN SITIO ARQUEOLOGICO

Gerardo Reichel-Dolmatoff, Biblioteca Banco Popular,
Textos Universitarios, Bogotá, 1985

Los doctores Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussan de Reichel son los arqueólogos que más han contribuido al conocimiento de nuestro pasado aborigen, pioneros en varios campos de la antropología Nacional. En arqueología se destacan sus trabajos en la Costa Atlántica, iniciados en 1946. Excavaron numerosos sitios que han contribuido a reconstruir en esa región un cuadro, temporal muy aproximado del formativo hasta la conquista.

Con la monografía "Monsú un sitio arqueológico" "G. Reichel-Dolmatoff contribuye nuevamente al mayor conocimiento del formativo. Al excavar Monsú en 1974 encontraron evidencia de la cerámica más antigua del continente. El sitio está localizado cerca de la desembocadura del canal del dique en el departamento de Bolívar, consiste en un montículo de 100 x 100 metros con una altura de 3 metros. Dado que los objetivos de la investigación fueron a formar secuencias temporales del formativo e información sobre los inicios de la agricultura y la cerámica, excavaron una trinchera de 18 x 2 metros que cortó el montículo desde la parte más alta hasta el extremo bajo. Siguiendo un control estricto de la estratigrafía física pudieron corregir errores de perturbación.

A partir de la clasificación de 65.757 fragmentos cerámicos y de su correlación con la estratigrafía, los autores establecieron 5 períodos culturales pertenecientes a una misma tradición de cerámica en forma de tecomate.

El período de ocupación más antiguo "Turbana" se remonta aproximadamente al cuarto milenio antes de Cristo y finaliza alrededor de 3.350±80 antes de Cristo (UCLA-2149c). De acuerdo a esta fecha obtenida de muestras de concha asociada a cerámica, se trata de la más antigua del continente Americano. Esa fecha es también un marcador tentativo del inicio del segundo período llamado Monsú, cuyo final estaría cerca de 3.050±80 (UCLA-2149A).

En el período "Monsú" continua la tradición de tecomates, se inicia la producción de platos tipo Budare y se abandona la elaboración de vasijas semiglobulares, propia del período anterior. Al terminar este período el montículo fue deshabitado, por unos 1.100 años; entonces se da el desarrollo de Puerto Hormiga, entre el 3.090±70 y 2.252±250 a. de C. (Reichel, 1965). En el tercer período de ocupación denominado "Pangola" se halló asociado a cerámica un objeto de concha que dió una fecha de 2.250±80 a. de C. (UCLA-2149B). Se encuentran las primeras piedras de moler. Luego el sitio es nuevamente desocupado hasta el período Macavi que corresponde a Canapote descrito por H. Bischof (1966) con una fecha de 1940±100 a. de C.

Es probable que desde Macavi haya continuidad hasta el período Barlovento denominado según el sitio descrito por Bischof (1966). Se caracteriza por primeras evidencias de agricultura sistemática, dado el hallazgo de azadas de concha (Strombus gigas). Para este período se obtuvieron tres fechas: 1290, 1280 y 2225 a. de C. Uno de los aspectos interesantes de Monsú es la existencia de huellas de postes que indican construcciones desde el primer período "Turbana" y que despiertan numerosas preguntas que pueden motivar investigaciones futuras.

La monografia, presenta una amplia ilustración del proceso de excavación igualmente del material arqueológico, complementado con numerosas tablas de datos útiles al especialista.

Considerando los resultados temporales de Monsú, no debemos caer nuevamente en la polémica difucionista que se planteó al comparar los hallazgos de Valdivia (Ecuador) y Puerto Hormiga (Colombia. Gracias a la publicación de Monsú se abren nuevas perspectivas para futuras investigaciones de carácter regional que permitan comprender aspectos culturales sobre procesos de cambio en patrones de asentamiento de enterramiento, estrategias de adopción manejo del espacio, demografía y agricultura. Lamentablemente pasó una década para la publicación de esta monografía básica al conocimiento de la arqueología.

AUGUSTO OYUELA CAICEDO

 

ARQUEOLOGIA DE TUNJA

Neila Castillo. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales

Después de que Silvia Broadbent y Marianne Cardale, entre otros, habían logrado a través de sus diversas obras sistematizar y aclarar el panorama arqueológico regional de las ocupaciones cerámicas de la Sabana de Bogotá y sus alrededores, se venía esperando la aparición de un estudio similar que permitiera establecer relaciones y comparaciones con el altiplano boyacense. Es cierto que antes Tunja, Sogamoso, Villa de Leyva y otros sitios habían sido investigados pero, con la excepción del estudio de Ana María Falchetti en Sutamarchan, estas exploraciones no habían presentado sus resultados dentro del marco de una metodología arqueológica moderna. En general puede decirse que la tipología cerámica de Boyacá se desconocía casi por entero y que la cronología absoluta se encontraba en una etapa muy incipiente.

El Proyecto adelantado por Castillo, con el patrocinio de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, comprendió la excavación de varios cortes en el sector de Tunja que hoy ocupan las instalaciones de la Universidad Pedagógica y Tecnológica y otros predios vecinos. El sitio escogido por Castillo resultó ser de una importancia y una riqueza de información excepcional. No sólo se trata de uno de los escasos sitios estratificados hallados en el altiplano, sino que además se encuentra en el lugar del asentamiento Muisca prehispánico más extenso del altiplano boyacense y se encuentra en excelente estado, puesto que las alteraciones naturales y humanas no han llegado a afectar esa estratigrafía.

La interpretación que hace Castillo del contexto arqueológico encontrado en sus excavaciones de Tunja se centra, como era lo lógico, en el análisis de la cerámica; Castillo identifica dos grandes complejos bien diferenciados a nivel de las formas y técnicas decorativas y separados estratigráficamente en los cortes excavados. Los complejos de cerámica incisa (1), y pintada (2) se encuentran relacionados por una zona de contacto y transición, en la cual se encuentra otro tipo que comparte algunas características de los dos complejos. En general esto sugiere que también en Tunja se produjo la ocupación del período Herrera seguida por la ocupación Muisca en épocas tardías y adicionalmente se evidencia una época de contactos entre las dos étnias y de probable mestizaje.

Sorprende dentro de este contexto que Castillo no adoptara una terminología arqueológica, que es comun ya entre todos los investigadores del altiplano, negándose a identificar los complejos cerámicos con periodos culturales. Desafortunadamente ésta posición restringe en mucho el alcance regional de los trabajos de Tunja y niega las evidencias obtenidas por otros investigadores, que permiten establecerlas identidades etnia-complejo cerámico y rastrearlas hasta épocas tan antiguas como las que corresponden al material de Tunja. Por esta via se entra en un análisis muy local y estrecho del proceso arqueológico que permite pocas salidas e inferencias más allá de la cerámica misma.

Esto mismo se manifiesta nuevamente en la tipología cerámica cuando Castillo, al dar nombres a los tipos, evita homologarlos con tipos previamente identificados pese a que el grueso de sus características sean coincidentes. Con respecto a esto, habría que anotar que otro de los factores que ha permitido madurar la investigación en el altiplano es el uso por parte de los arqueólogos de un solo conjunto de definiciones y nombres de tipos cerámicos; si cada excavación nueva supusiese el establecimiento de un conjunto nuevo de tipos cerámicos, se tendría en breve una situación caótica y sería imposible llegar a organizar un panorama del desarrollo y difusión de estas tradiciones y de los grupos que las produjeron. Esto no quiere decir, en modo alguno, que deban obviarse las diferencias locales en las formas y motivos decorativos, pero, indudablemente, un cuadro de arqueología regional será tanto más rico cuanto estas diferencias se puedan ver dentro de categorías integrativas y no como unidades aisladas y puramente locales.

Con todo, estas observaciones no implican que el trabajo de Castillo en Tunja no deba verse como un aporte serio y valioso a la arqueología del altiplano, un trabajo adelantado y en s mayor parte presentado con absoluto profesio nalismo y rigurosidad metodológica. Una so excepción valdría la pena anotar aquí, la presen tación de una de las fechas absolutas (1. 170 d C) sin su número de laboratorio ni su margen de error, lo cual contrasta con la otra fecha citada que si se presenta con estos datos imprescindibles.

La Arqueología de Tunja, aun a pesar de lo pequeños errores que contiene, marca un punto de cambio en el tipo de trabajo arqueológico adelantado en esa zona del país, y trae consigo una serie de nuevas informaciones que la convierten en un texto de consulta obligada para los estudiosos del altiplano. Es posible, que una futura reelaboración de los materiales, permita darle a este contexto arqueológico una posición más clara en el panorama regional y un mayor alcance a nivel de las inferencias sociohistóricas

ROBERTO LLERAS

 

INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL MUNICIPIO DE ZIPACON CUNDINAMARCA

Gonzalo Correal Urrego y María Pinto Nolla.
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales No. 18 Banco de la República

Esta publicación se suma a la serie de trabajos sobre la llamada etapa lítica pertenecientes al estudio general del Medio Ambiente Pleistocénico y el Hombre Prehistórico en Colombia, que busca explicar los cambios ecológicos, las manifestaciones humanas y las actividades socioculturales ocurridas en territorio colombiano y más específicamente en el área de la Sabana de Bogotá, durante cerca de nueve mil años, desde la aparición del hombre en nuestro territorio hasta el surgimiento del proceso histórico prehispánico. Fue propósito de los autores "ampliar la información relacionada tanto con las épocas en que la subsistencia dependía fundamentalmente de la depredación como el tránsito hacia la producción de alimentos y la agricultura". Investigaciones anteriores habían permitido establecer una secuencia cultural contínua que abarcaría desde el décimo tercer milenio hasta el año cinco mil antes de nuestra era, según resultados de las excavaciones de los sitios precerámicos del Abra, Tequendama, Nemocón, Sueva y Tibitó. Posteriormente la investigación adelantada en Chía por Gerardo Ardila ampliaría el lapso hasta el año 3.120 A.P. (1.170 años A.C.).

El análisis del sitio de Zipacón sugiere que los desarrollos agrícolas alfareros de la Sabana de Bogotá se remontan más allá del año 3.270 A.P. (1.320 años A.C.) marco cronológico y cultural que modifica la periodización establecida, pues corre el limite inferior inicial del año 2.225 A.P. (275 años A.C.) logrado en la denominada zona de ocupación IV del Tequendama con evidencias de prácticas agrícolas y la persistencia de una tecnología lítica de tipo Abriense y una tipología cerámica Pre-Muisca.

Los hallazgos registrados en Zipacón muestran la coexistencia de patrones de subsistencia basados en la cacería y la recolección, asociados al cultivo del maíz y la batata. Este sitio además de suministrar la fecha más antigua para la cerámica de la Sabana de Bogotá, permite una visión más concreta sobre los acontecimientos ocurridos hacia el segundo milenio antes de Cristo, esclareciendo en parte el vacío de información que existía. Según Correal y Pinto, el aspecto de mayor interés arqueológico es la presencia de cerámica, que se corresponde con los tipos "Mosquera Roca Triturado", "Mosquera Rojo Inciso" y "Zipaquirá desgrasante de tiestos"claramente definidos como tipos Pre-Muiscas (Broadbent 1971, Ardila 1980, Cardale 1981) situados tentativamente en el año 500 A.C. para Zipaquirá, 376 años A.C. para Nemocón, 275 años A.C. para la zona de ocupación IV del Tequendama y 140 años A.C. para Chía.

La presentación de información y las recapitulaciones se sustentan en el trabajo de campo y el exámen cuidadoso de resultados de investigaciones arqueológicas anteriores. Los autores abordan de manera rigurosa y efectiva, técnicas que permiten alcanzar una serie de objetivos que indudablemente contribuyen al conocimiento de este período inicial de la historia americana.

De la exposición de resultados, logrados a partir dei compendio de datos básicos para el análisis del proceso de cambio ecológico y cultural, se desprende un material esencialmente descriptivo sobre el sitio, su geología, suelos y vegetación. La asociación estratigráfica y polinológica presenta secuencias comunes con las de otros sitios de la misma área. Los elementos arqueológicos de restos óseos permiten conocer la patología y anomalías dentarias.

Los artefactos líticos en general recuerdan las tipologías establecidas para la Sabana de Bogotá y la Vertiente del Guavio. Estos fueron elaborados en Cherst y no presentan una talla cuidadosa.

La cerámica, como ya se anotó, reviste especial interés dada la composición tipológica de la muestra: tres tipos definidos y dos nuevos establecidos "Zipacón cuarzo fino" y "Zipacón rojo sobre crema" corresponden al período PreMuisca. La cerámica hallada en Zipacón se ubica entre los dos últimos siglos A.C. y los dos primeros D.C.

En cuanto a los restos de fauna se presenta en este contexto un seguimiento de la historia natural de varias especies animales. Esta información si bien no es estrictamente arqueológica, orienta los estudios sobre la prolongación de la cacería de las mismas especies hasta tiempos de la conquista, como lo referencian las crónicas y hallazgos arqueológicos que corresponden a una época posterior a la aquí mencionada. De otra parte, dicha información sirve para analizar la continuidad de antiguas tradiciones en las técnicas de caza así como la elaboración de instrumentos.

La presencia en el abrigo rocoso de Zipacón de restos óseos de pecarí, semillas de aguacate, así como relaciones en la cerámica con tipologias del Valle del Magdalena, sugiere que hubo movimientos entre los pisos térmicos cálido o templado (de donde provienen las evidencias mencionadas) y la altiplanicie cundiboyacense.

En general en la obra se aprecian los alcances y limitaciones por lograr un exhaustivo conocimiento del medio ambiente y del hombre, aunque no se explicitan los contenidos sociales para esta fase de la historia precolombina, quizá la menos conocida.

El informe incluye una breve reseña histórica de Zipacón que abarca desde la época que antecede a la llegada de los españoles, pasando por la conquista, hasta el período colonial, con algunos datos sobre la consolidación del poblado.

Presenta además un registro fotográfico, cuadros de distribución y secuencias de los vestigios.

ALVARO BOTIVA

 

JAIBANAS LOS VERDADEROS HOMBRES

Luis Guillermo Vasco. Biblioteca Banco Popular Textos Universitarios. 1985. Bogotá

Entre los Embera la realidad tiene dos aspectos indisolubles, uno visible, manifiesto, causado, aparente y otro invisible, oculto, causal, esencial. En este último un doble movimiento en dirección caer-salir origina una disyunción de los elementos primordiales, disyunción aparente y parcial, pues una serie de direcciones, movimientos y transformaciones conservan conexos, ligados a estos opuestos que "tienden siempre á la identidad, y al equilibrio" (Pág. 132). La historia, no es el transcurrir temporal (como lo capta el occidental) sino "movimiento espacial", es en el territorio, en el desplazamiento, en donde la historia fluye, se da (Pág. 134). Así los sucesos que relata el mito no se pueden concebir como tiempo pasado, sino como un aspecto del mundo vigente, permanente; precisamente, ese nivel esencial de las causas. "En el mito, la presencia de la oposición transforma su estado, engendrando la dinámica de los movimientos y las direcciones, generatriz no en el sentido de origen sino de causa y determinación. En la vida diaria, la identidad produce su transtocamiento, alterando su normalidad; y haciendo necesario el operar en ambos niveles si se quiere restablecer la situación inicial, pero principalmente en el mítico ya que es causal". (Pág. 133).

Para los hombres corrientes el mundo es percibido en el nivel aparente, causado; los acontecimientos míticos aparecen como pretéritos. "No así el jaibaná. Este es un hombre de conocimiento. Es un sabio, como lo denominan los propios indígenas; es un doctor de indios. Trasciende con su aprendizaje y con su acción el nivel de la conciencia espontánea y la acción ciega del hombre ordinario. Por esto es una vez más, el verdadero hombre, el hombre completo ligado con la realidad en su complitud" (Pág. 134).

El jaibaná por medio de su peculiar forma de conciencia, el "sueño", capta el mundo de las causas el mundo de los JAI, pero su virtud no se limita a contemplar, tiene el poder de actuar sobre dichas esencias, y consecuentemente sobre toda la realidad, tiene el poder total.

Los procedimientos ceremoniales, la parafernalia, la ornamentación, son entonces sólo los elementos externos de la actividad fundamental del jaivaná, del trabajo por excelencia: el de "ver" y transformar la realidad en su aspecto causal y por tanto en su totalidad.

Tales son de manera general las principales ideas del trabajo Vasco las cuales aparecen basadas e ilustradas con profuso material mitológico y etnográfico. Para sustentar sus tesis parte de una serie de consideraciones y operaciones metodológicas, etnológicas, etnográficas y lingüísticas.

En cuanto a objetivos el planteamiento explícito es tajante: "Mi propósito es de doble naturaleza. Por un lado, captar la concepción embera del Jaibaná. Por otro traducirla a un lenguaje accesible para nosotros los occidentales. Dejo claro con el mayor énfasis que no pretendo explicar el jaibanismo a partir de convicciones occidentales, que no planteo producir la concepción occidental, y por lo tanto pretendidamente científica, de lo que constituye este fenómeno.

Para mí, la concepción Embera al respecto es suficientemente válida para entender y explicar de qué se trata, tal como está en el mito y como ellos lo expresan en sus declaraciones y en sus respuestas... no pretendo que ningún Embera entienda lo que aquí digo. Ni mucho menos que esté de acuerdo con que mis palabras dicen lo que es el jaibaná. Está lejano el día --y será otra sociedad aquella- cuando hablaremos un lenguaje común, mutuamente inteligible. Y serán una sociedad y un lenguaje que debemos construir juntos" (Págs, 10-11).

Etnológicamente, además de las ideas mencionadas al comienzo de esta reseña, se puede percibir en el libro una diferencia inconciliable pensamiento indio Vs pensamiento occidental: el segundo es incapaz de captar al primero; son concepciones diferentes de la realidad, del tiempo, del espacio, de la historia. Vasco trae ejemplos de mitologías amazónicas, centroamericanas, andinas, para argumentar la lectura que hace el pensamiento embera; plantea a su manera una concepción pan-india: un pensamiento que sí es abstracto pero expresado a través de situaciones arquetípicas (Pág. 135).

En un nivel etnográfico parte de su propia experiencia de campo en el grupo Embera del alto San Juan conocido como Chamí, por un lado y de la bibliografía etnográfica sobre otras zonas Embera y Uaunana: Chocó, Urabá, Sinú, Panamá, Bajo San Juan y del mismo Chamí.

De otra parte a través de todo el trabajo va haciendo continuas referencias lingüísticas, principalmente morfológicas sobre términos referentes a los aspectos tratados.

La lectura de "Jaibanás, los verdaderos hombres" motiva una serie de inquietudes en los diferentes niveles de exposición.

Si lo que el autor pretende es hacer una traducción del pensamiento Embera, digerible a la racionalidad occidental, no queda claro, ya que no pretende partir de concepciones occidentales, porqué dicha traducción no abriga la pretención de un entendimiento por parte de los mismos embera. ¿Son dificultades lingüísticas, conceptuales? ¿Qué garantiza la validez de la traducción?

A través de todo el libro Vasco se pone en guardia "Ias interpretaciones de los antropólogos". contra "los fantasiosas métodos para bus car el contenido conceptual oculto tras los relatos míticos"( Pág. 135). Sin embargo, los procedimientos que exhibe el trabajo están lejos de ser una simple traducción y que solamente quede "ver" lo que en el mito se expresa en turma "directa y explícita". Se pueden entrever algunos procedimientos analíticos usados desde muy vieja data por el pensamiento occidental y la etnología tradicional, las cuales Vasco pretende no utilizar. La idea sobre un mundo esencial y captado por los hombres corrientes sólo a través de apariencias es sorprendentemente coincidente con la concepción platónica ilustrada por medio del conocido mito de la caverna. La interpretación de elementos míticos sobre la base de pares de oposición con referentes de la naturaleza es de extirpe claramente estructuralista aunque se intente deslindar campos con la ortodoxia levistrausuriana, con una mediación de tipo dialéctico entre los pares de oposición, operación esta procedente de la filosofía alemana.

Sea cual fuere la procedencia filosófica del análisis, lo claro es que el libro contiene no sólo una traducción sino una interpretación con herramientas teóricas, susceptible de discusión tanto por los antropólogos y occidentales en general como por los mismos indígenas cuando abocan el estudio de su realidad y su pensamiento. Además, pretender una "lectura directadel discurso mítico (aunque finalmente se le interprete) es desconocer la base metafórica y metonímica, no sólo de la mitología, sino del lenguaje mismo aún en sus expresiones más elementales, como lo ha demostrado la lingüística moderna; las formas de organización del significante no son su contenido: el significado. Contrariamente a como lo expone Pineda Camacho en el prólogo del libro, Vasco no considera su lectura mítica como un marco de referencia simbólico de la praxis del jaibaná sino como los hechos mismos de dicha praxis. Desde principios de siglo ya Boas señalaba cómo es necesario. para efectos de la eficiencia del análisis, diferenciar lo ético (el conjunto de los hechos etnográficos consignados por el investigador) de lo émico (la interpretación del indígena sobre estos hechos). Sostener que en el mito "el conocimiento está dado en forma directa y explícita" es prescindir inexplicablemente tanto de la interpretación que el propio indígena hace de su discurso como la que puede hacer el etnólogo a partir de múltiples informaciones y procesos analíticos.

Ya en el nivel etnológico el planteamiento sobre una realidad embera vista en dos niveles uno humano y otro natural, perteneciendo a este último los JAI como seres naturales, no humanos, puede aparecer un tanto simplificadora. ¿Cómo cabe dentro de esta óptica, explicar la ausencia, en la realidad cotidiana de los Embera, de KARAGABI, de TUTRUIKA, del Hijo de la Pierna, por ejemplo, seres a los que no se invoca ni con los que se comunica el jaibaná? El mundo de los seres sin ano ARAMOROA o ARAMUKO a donde baja el Hijo de la Pierna, no es el mismo YHABERA o CHIAPERARA, en donde viven algunos JAIS. El libro no aclara porqué, si KARAGABI está ausente para siempre de la vida de los hombres, aún para el jaibaná, no puede hablarse de un tiempo de los orígenes como pretérito.

Los datos míticos parecen plantear más bien distintos niveles de espacios y de tiempos, no siempre coincidentes, y simétricos, ni equilibrados. El hecho de que en los mitos referentes a KARAGABI, a TRITIKU, a BARAKOKO a JERUPOTOOARRA (personajes creadores protagonistas de los mitos de orígen), aparezcan JAIS como ANTUMIA, PAKORE, DOJURA (esencias o potencias con los que se relaciona el jaibaná) no es argumento suficiente para homogeneizarlo todo (JAIS y naturaleza) en el mundo "natural" en un sólo nivel (o en uno que se disyunta) pues la referencia mítica al código natural es inevitable (¿o si nó a cuál otro?).

En cuanto a organización social; ¿cuál es la base para afirmar que son grupos patrilineales y patrilocales? Los datos etnográficos de las distintas regiones indican un carácter cognaticio con linealidad y localidad indistintas por línea paterna o materna. La idea de Vasco de que la consideración del jaibaná como un ser con un aspecto de agresor malvado es algo más que todo reciente, no parece estar acorde con lo expresado por emberas de distintas regiones y por muchos de los relatos míticos. La organización social embera y del jaibanismo mismo tienen un carácter conflictivo, que no puede atribuirse de raíz a la aculturación o a la persecución misionera (aunque estas realidades históricas innegables hayan contribuido a agudizar el conflicto). La idea de equilibrio aunque no sea más que en plano conceptual, es, las más de las veces, ahora sí, una idea occidental que se trata de llevar al plano de la realidad indígena.

Al obviar los procesos metafóricos, el autor cae en inconsistencias como hablar de un "poder total" por un lado, y por otro relatar la dramática impotencia de los jaibanás ante la enferma que ha "perdido el alma".

Los elementos míticos usados para deducir el proceso de humanización, resisten por lo menos otra interpretación. Los burumiás "caníbales" y los carautas "incestuosos", fueron históricamente pueblos enemigos de los embera, los primeros en el río Bojayá y los segundos en el alto Murrí (probablemente una facción catía; hablar de algunos embera o de su idioma como 'catío' es un error etnográfico e histórico). En algunos de los grupos embera hay relatos que mencionan a estas tribus y de la guerra contra ellas asi como contra los jurá (cunas); verlos como las creaciones fallidas míticas de los hombres suscita muchas dudas.

Pese a que en la introducción se subraya la heterogeneidad entre las zonas embera y la inconveniencia de considerarlas una unidad hemogénea, el libro va enlazando mitos y rituales de diversa procedencia. Esto es riesgoso pues elementos que son reiterativos en unas partes en otras no lo son tanto, tienen carácter diferente o simplemente no existen. ANTUMIA es en el Chocó un JAI acuático, en Antioquia es más bien selvático y en el Saija (Cauca) los indios hablan de NETUARA un ente maligno de tipo anfibio o dual. ARIBADA, el resucitado felinesco, es muy importante en los emberas de cordillera, mientras que los de.tierras bajas dicen conocerlo sólo por referencia de los primeros; la forma de pintarse la cara como gato o tigre no es exclusiva del jaibaná pero fuera del Chamí los motivos faciales son diferentes; el origen del maíz en unas zonas se atribuye al mundo de abajo o al de arriba, pero en otras está asociado a la madre sapo en el mito del incesto del héroe cultural. Estos son ejemplos de elementos que difieren según las regiones. Indudablemente es posible hacer una caracterización general del grupo Chocó (emberas y uaunanas) pero se debe trabajar cuidadosamente sobre particularidades regionales de una etnia tan dispersa en la que se encuentran elementos bien específicos o incluso contradictorios sobre distintos aspectos, el jaibanismo y la mitología incluidos.

La utilización un tanto apresurada de etimologías y palabras del idioma embera en una perspectiva que podría calificarse de 'etimología ingenua merece un reexamen y una mayor profundización lingüistica.

La discrepancia con estos y con otros aspectos no puede impedir reconocer que el libro de Vasco es uno de los trabajos más suge rentes e importantes de la antropología colom biana. Sus problemas radican en circunstancias que van más allá de las opiniones e intenciones del autor. Por un lado la poca experiencia anali tica de la antropología colombiana, de tradición fundamentalmente descriptiva, y por otro de la dificultad y los conocimientos aún incipientesde la antropología en general para abocar fenómenos extraños a la lógica occidental como el chamanismo y otras formas religiosas y de pensa miento. El cariz contradictorio entre procedimientos y objetivos expresados en el libro puede verse precisamente en el marco de una búsqueda metodológica por aprehender estos fenómenos.

MAURICIO PARDO ROJAS

 

anterior | índice | siguiente