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LOS MUSEOS ARQUEOLÓGICOS REGIONALES
Una mirada del presente hacia el pasado
MARIA ELVIRA BONILLA
|Directora Museo del Oro
|Colombia se abre hacia sí misma y hacia el mundo desde la
gran variedad de sus regiones. Nuestra realidad cultural tiene base
regional y se hace universal a partir de ella
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|. Si esta
afirmación es aún válida hoy en día después de una voluntad
continuada en el tiempo por lograr una unidad cultural, una
identidad nacional, qué pensar de la Colombia prehispánica cuando
era imposible hablar siquiera de país, de Colombia, de
nacionalidad. Cuando Colombia era un territorio habitado por
sociedades tan disímiles como su naturaleza y con un desarrollo tan
desigual como lo era su consolidación cultural.
|Esta realidad, fundamentada en las investigaciones
arqueológicas y etnológicas se ha materializado en el esfuerzo de
montar Museos regionales, de acuerdo con las distintas
"culturas del oro"; para que den cuenta de la
historia de nuestros antepasados. La propuesta no ha querido
quedarse en la simple reconstrucción arqueológica de estas
sociedades ni en la presentación descontextualizada de los objetos
de oro de las colecciones. Se ha querido ir más allá: lograr una
mirada hacia el pasado desde el presente, evidenciando los puentes
y la vigencia de muchos elementos culturales ancestrales presentes
en nuestro ser de colombianos. Rastros indígenas atávicos que han
permanecido enterrados y olvidados durante siglos y que ya no hacen
parte de nuestra memoria aunque sí de nuestro ser.
|Porque mirar sin prejuicios nuestro pasado indígena no es
fácil. Ver en él no un testimonio abstracto sino una presencia
contundente, incomoda muchas veces. Más aún, hacer del indígena con
su universo cotidiano y mítico una referencia real y consistente de
nuestra identidad cultural regional y subjetiva, individual, llega
incluso a estorbar. Porque cuesta remontarse a explicar nuestra
realidad social, política, económica y cultural siglos atrás;
pensarla libremente proyectada hacia el presente, en la Colombia de
hoy. Y cuesta comprender su evolución, sus ciclos de apogeos y
hecatombes, sus superposiciones o simultaneidades temporales.
Cuesta reconstruir ese mundo a partir de dispersos testimonios
arqueológicos y de sus asociaciones: es como hacer hablar las
piezas. Y cuesta aceptar sobre todo ese mundo indígena, tan
maltratado, como el más ancestral de nuestros orígenes porque
ciertamente allí en la cultura Sinú hay muchas respuestas del por
qué de la vida, la cotidianidad, las costumbres, las creencias y
los gustos de los habitantes de Córdoba, Bolívar y Sucre como se
trata de mostrar en el Museo Sinú de Cartagena. O en la cultura
Tairona, claves de la realidad de los hombres de la Sierra Nevada
de hoy en día como se intenta exponer en el Museo Tairona de Santa
Marta. O entre los Pastos y Proto pastos hay elocuentes testimonios
para los nariñenses de hoy, como se presenta en los Museos Nariño
de Pasto e Ipiales. Y así, con el Museo Quimbaya en Armenia -con
sus complementarios de Pereira y Manizales- y el Calima en Cali y
el Tolima en Ibagué y el Muisca en Pasca, Cundinamarca, los Museos
regionales buscan pues, de una manera clara, afirmativa y además
didáctica, desenterrar nuestro pasado indígena, para aproximarnos a
él, para comprender mejor nuestro presente.
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Ospina, Juan Manuel, Boletín Cultural y Bibliográfico, Banco de
la República.
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