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LA PIEZA DEL MUSEO (portada)
Gracias a las figurinas humanas representadas en la orfebrería
Tairona sabemos que los miles de objetos de oro procedentes de la
Sierra Nevada de Santa Marta no se utilizaban indiscriminadamente
sino que eran lucidos, al parecer, en conjunto, por los miembros de
cada uno de los clanes: hombres-aves, hombres-culebras,
hombres-murciélagos, identificándolos y recordándoles su ancestro o
animal de origen.
Los rasgos animales al mezclarse con la figura humana le
confieren actitudes agresivas características de estos colgantes
emblemáticos. En esta pieza, el hombre lleva visera, nariguera
tubular doble, orejeras de falsa filigrana y tembeta, además de un
complejo tocado, seguramente, de plumería, adornado con aves. Los
elementos colocados sobre su cara lo hacen aparecer como un
murciélago, según lo explica Anne Legast en artículo que se publica
en este número del Boletín.
La pieza fue fundida a la cera perdida en una aleación de oro y
cobre. Su superficie fue luego dorada retirando el cobre por
oxidación.
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