Ficha bibliográfica
Titulo:
Ocupaciones humanas en el altiplano cundiboyacense
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Marianne Cardale de Schrimpff




INDICE

  OCUPACIONES HUMANAS EN EL ALTIPLANO CUNDI-BOYACENSE

 

La Etapa Cerámica vista desde Zipaquirá

 

Marianne Cardale de Schrimpff

 

Hasta hace unos quince años, los conocimientos que se tenían sobre los habitantes precolombinos del altiplano cundiboyacense se basaban principalmente en las obras de los cronistas y documentos conservados en los archivos. Estos se referían, naturalmente, a los muíscas, últimos moradores de la zona; se conocía poco sobre la duración del período durante el cual los muíscas dominaron el altiplano y menos aun sobre los períodos anteriores. Los estudios arqueológicos en la región, aunque valiosos, carecían generalmente de un marco cronológico debido a la escasez de sitios estratificados que hubieran sido ocupados durante largo tiempo, y a la ausencia casi total de fechas de carbono 14.

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Lám. I. Valle del río Sueva. Al fondo, pared de roca con abrigos.

El poblamiento del altiplano se remonta a unos 12.000 años, cuando, a finales del último glacial, cazadores de mastodonte ( Cuvieronius HyodonHaplomastodon) y caballo americano ( Equus Amerhippus) habitaron la zona. Gracias a las investigaciones de Correal y van der Hammen / 1 /, el período lítico es el mejor conocido para la región. Excavaciones arqueológicas en abrigos rocosos con largas secuencias culturales, (Lám. I, Lám. II) como los de la Hacienda Tequendama, permitieron reconstruir la historia de estos cazadores durante más de 6.000 años. Durante los primeros milenios después del glacial, se encuentra una secuencia importante de cambios, tanto en las especies animales de cacería como en el tipo de herramientas predominantes. Durante este período se inició la domesticación del curí (Izjereef, en: Correal y van der Hammen, 1977).

Sin embargo, falta aún información sobre los primeros pasos, dados por el hombre en el altiplano, hacia una vida sedentaria, basada en una agricultura estable. No sabemos cuándo tuvieron lugar, ni cómo fueron las relaciones de estos primeros agricultores con los cazadores y recolectores que les precedieron y con los muíscas después. ¿Se trataría de una larga etapa de evolución y desarrollo local o, como parece probable, de movimientos de población?

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Lám. II. Tibitó. Excavación de huesos de mastodonte con artefactos líticos.

Los trabajos arqueológicos efectuados por Sylvia Broadbent (1970) en los alrededores de la laguna de la Herrera, permitieron reconocer por primera vez, tipos cerámicos claramente diferentes de los que se pueden asociar con los muíscas. Mediante el estudio de este material, Broadbent llegó a la conclusión de que pertenecía a un período antiguo / 2 /.

Sitios profundos estratificados, que hubieran sido ocupados durante largo tiempo, han sido difíciles de hallar. Este problema se solucionó parcialmente buscándolos en regiones donde se encuentra algún artículo esencial, pero poco común, como lo es en el altiplano la sal / 3 /. El aguasal que brotaba a la superficie en manantiales, era hervida en vasijas de barro hasta lograr la evaporación total del agua, de esta manera se formaba un pan de sal fina, blanca y tan renombrada por su calidad que en la época de los muíscas se comerciaba con ella mucho más allá de los límites del altiplano.

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Lám. III. Cerámica del tipo   Mosquera Rojo Inciso abundante en la zona meridional de la sabana de Bogotá. Siglos IV a.C.-I. D.C

Las tres salinas principales explotadas en tiempos prehispánicos fueron las de Nemocón, Zipaquirá y Tausa. En la parte superior de la colina de la sal en Nemocón / 4 /, encontramos una gruesa capa de restos culturales, especialmente de cerámica que pudimos fechar por el método de carbono 14 entre el siglo cuarto antes de Cristo y el primer siglo después (Cardale, 1976, 1981). Una parte de la cerámica hallada corresponde a los tipos descritos por Sylvia Broadbent para la laguna de la Herrera y que ella considera antiguos / 5 / (Lám. III, Lám. IV). Cerámica similar, fechada en el siglo III antes de Cristo, fue excavada por Correal y van der Hammen en un abrigo rocoso de la hacienda Tequendama. (Perdomo, en: Correal y van der Hammen, 1977).

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Lám. IV. Cerámica del tipo   Mosquera Roca Triturada. Siglos IV a.C.- I. D.C.

La Colina de la sal de Zipaquirá, es una pequeña planicie de casi 40 hectáreas de extensión, donde hoy se encuentra el barrio de Pueblo Viejo en las afueras de Zipaquirá, y los potreros pertenecientes principalmente a la hacienda El Pedregal y a la familia Cárdenas. Desde allí, el terreno desciende en forma de abanico hasta las tierras llanas de la Sabana de Bogotá. La zona tiene unas 170 hectáreas de extensión y, antes de que las obras de minería cambiaran el nivel freático, disfrutó de un buen número de pequeñas fuentes y manantiales de agua salada / 6 /. Distintos lugares de la colina fueron habitados en diferentes épocas, (Fig. 1) tal vez porque la sal es una roca ligeramente plástica, y con el paso del tiempo pudo haber tenido pequeños movimientos que taparon algunas fuentes de aguasal e hicieron brotar nuevas en otros sitios. Los declives generalmente suaves de la colina, regados por numerosas quebradas de aguas permanentes, debieron formar un ambiente atractivo para agricultores cuyo interés principal no era, necesariamente, la sal.

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Fig. 1. Mapa de la colina de sal, Zipaquirá, que muestra las principales zonas ocupadas durante el periodo Herrera (Achurado de Puntos), Muisca (Achurado de líneas cruzadas), y (Manchas Gris  Oscuro) Colonial. (Manchas Negras) Manantiales de aguasal actuales o recientes; ubicación probable de manantiales desaparecidos.
(Con base en las planchas 209-III-C2 del Instituto Geográfico "Agustín Codassi")

Tanto la colina, como la formación salinífera que la constituye, se describieron detalladamente en una publicación anterior / 7 /. (Cardale, 1981). En resumen, podemos mencionar que los geólogos concuerdan en que la sal se depositó en un mar pando, durante el Cretáceo superior y que la masa de sal gema está cubierta por anhidrita o "rute" que es una capa muy distintiva de arcilla negra, maciza, blanda y margosa (McLaughlin y Arce 1971 );este es el residuo de la disolución de la sal causada por el contacto con las aguas subterráneas. Encima del rute se encuentra, generalmente, una capa de arcilla amarilla, cubierta a su vez por otra de arcilla gris. La altura del sitio está entre 2.700 y 2.900 metros sobre el nivel del mar, y el clima es frío, con una temperatura promedio de 13°C. Los suelos, con un Ph entre 4.4 y 5.3, están clasificados como "extremadamente ácidos" y "muy fuertemente ácidos".

Los asentamientos más antiguos localizados hasta el momento, se ubicaron sobre las laderas, en torno a las fuentes de aguasal; fueron ocupados durante los últimos dos siglos antes de Cristo y el primero después. (Lám. V, Lám. VI).

En las excavaciones efectuadas en esta zona, se recuperaron grandes cantidades de cerámica / 8 / relacionada con la estudiada por Broadbent en la región de la Herrera (Fig. 2). Es distinta a la que se puede asociar con los muíscas y la denominamos provisionalmente,   premuisca (Cardale, 1981).

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Lám. V. Acumulación de cerámica en un sitio de vivienda y explotación de sal del periódo Herrera (Salinas de Zipaquirá V.)

Este nombre, un poco vago, se justificaba al principio, cuando se conocía muy poco sobre esta cerámica y la gente que la utilizó. Aunque aún falta mucho por estudiar, actualmente poseemos mayor información. (Lám. VII). En una publicación anterior, (Cardale, 1981), registramos 23 sitios donde se había hallado esta cerámica antigua. Actualmente, podemos añadir un sitio localizado en terrenos de la Universidad Pedagógica de Tunja, excavado por Neyla Castillo, y tres abrigos rocosos en los límites meridionales del altiplano: uno, excavado por Gonzalo Correal, en el municipio de Zipacón, y dos por Lieselotte García y Sylvia Gutiérrez (el sitio La Loma, en hacienda Chueca, del municipio de Facatativá, y el sitio Tequendama III) / 9 /. Conocemos un total de 6 abrigos rocosos, 18 asentamientos al aire libre, y 3 sitios para actividades especiales que son las salinas. (Fig. 3).

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Lám. VI. Fragmento del borde de una olla con decoración ungulada del período Herrera.

Es probable que toda la zona meridional del altiplano fuera habitada por el grupo que produjo esa cerámica. Las excavaciones recientes en Tunja aportarán datos sobre la extensión de su territorio hacia el norte, e indicarán si la zona alrededor de Tunja fue habitada por la misma gente, o si la cerámica llegó allá solamente en pequeñas cantidades, como resultado de contactos.

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Fig. 2. Cerámica del periodo Herrera. Desarrollo y duración de las principales formas de vasijas (Zipaquirá V).

La sabana de Bogotá fue ocupada por este grupo durante un período de no menos de cinco siglos, desde aproximadamente el siglo cuarto antes de Cristo hasta finales del primer siglo después. (Cardale, 1981).

Tuvieron asentamientos permanentes y los abrigos rocosos fueron al parecer utilizados por viajeros durante períodos cortos y durante expediciones de cacería. E n Zipaquirá V, hay clara evidencia de que la gente vivía de la agricultura y de la cacería. Además, un desarrollo rápido de la industria salinera en Zipaquirá, Nemocón y Tausa, permitía en el siglo primero de nuestra era, el abastecimiento de una población que se calcula en unas 30.000 personas.

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Lám. VII. Vasijas miniatura del período Herrera. Museo del Oro CM 350-355)

Ya se está sintiendo la falta de un nombre más preciso que "premuisca" para esta cultura. Como las primeras descripciones de su cerámica se basaron en recolecciones efectuadas en sitios alrededor de la Laguna de la Herrera, nos pareció, a varios arqueólogos, que "Herrera" sería un nombre apropiado.

El asentamiento muisca de Zipaquirá, estaba localizado originalmente sobre la colina, y en el año de 1600 fue trasladado al sitio actual por orden del visitador Luis Henríquez, (Archivo Nacional de Bogotá, Caciques e Indios XX, 718 v-719v). Cerámica muisca se encuentra sobre casi toda la zona plana de la colina, con una gran concentración en la parte nor-occidental, que representa un asentamiento nuclear bastante grande, habitado durante un período de tres a cuatro siglos.

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Fig. 3. El altiplano Cundiboyacense con los sitios del período Herrera y los límites del territorio Muisca a la llegada de los Españoles.
(Con base en Falchetti y Plazas de Nieto, 1972, y Cardale de Schrimpff, 1981).

Como la mayoría de los arqueólogos conocen, por lo menos superficialmente, la cerámica que se considera generalmente como muisca, el tratar de identificarla puede parecer una pérdida de tiempo. Sin embargo, la atribución de un estilo de cerámica a un grupo étnico e histórico puede ser arriesgado y no está de más revisar las bases sobre las cuales se funda dicha atribución.

No existen descripciones detalladas de la cerámica muisca en las obras de los cronistas, y si acaso las hay en los documentos del siglo XVI conservados en los archivos, no han sido publicadas; es necesario entonces, investigar sitios que datan del período de contacto entre los muíscas y los primeros españoles, donde se encuentran artefactos de origen claramente español junto con cerámica indígena. En uno de estos sitios, la región de Pisba, Boyacá, se halló una momia (actualmente en el Museo del Oro) con un poporo cuyo palito lleva cuentas de vidrio verde incrustadas 1 en brea; además, se encontraron dos copas decoradas en la parte interior con pintura en zonas, y en la parte exterior, con serpientes bicéfalas modeladas; una mochila, hecha en telar y hallada en el mismo sitio, presenta entre otros motivos, un animal encorvado y estilizado que aparece con frecuencia en copas y múcuras (Cardale, 1978). Otro de estos sitios de contacto, se encuentra en las cuevas de la Belleza, Santander, estudiadas por el arqueólogo Eliécer Silva Celis. Este autor encontró que, en la época colonial, los indios seguían enterrando a sus muertos allí: "como lo prueban ciertas baratijas (cuentas de collar de vidrio, por ejemplo) colocadas con la múcura y el tortero al lado del cadáver" (Silva Celis, 1946).

Los hallazgos en estos dos sitios comprueban que tanto la copa como la múcura son, como se ha considerado siempre, formas de vasijas netamente muíscas. Indudablemente, se han encontrado muchos sitios más con objetos de las dos culturas, pero estos hallazgos quedaron sin publicar. Tanto la copa del altiplano cundiboyacense, como la múcura, son formas bastante evolucionadas e inconfundibles y al tomar en cuenta las vasijas con las cuales se han encontrado asociadas, tenemos una gama amplia de formas indiscutiblemente muíscas. (Fig. 4).

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Fig. 4. Salinas de Zipaquirá III. Reconstrucción de las principales formas de vasijas del período Muisca.

En el sitio Salinas de Zipaquirá III, se encontraron once formas de cerámica diferentes, asociadas con la copa y la múcura: 6 clases de cuencos, vasijas de cuello bajo con dos asas, ollas, jarras, "canastos" y otras formas relacionadas / 10 /. Las excavaciones de tumbas, efectuadas por Alvaro Botiva (1976) en el municipio de Guasca, también produjeron varias formas de vasijas asociadas con copas o múcuras como cuencos, jarras, "canastos" y formas relacionadas. (Lám. VIII, Lám. IX) Podemos asegurar, por lo tanto, que la cerámica excavada en el sitio Salinas de Zipaquirá III, y la encontrada en varias partes de la colina de la sal, perteneció, indudablemente, a los muíscas.

Con base en conocimientos más exactos sobre la cerámica, adquiridos durante la clasificación y análisis del material hallado en las dos excavaciones, (Salinas de Zipaquirá III y V), se resolvió elaborar un mapa de la colina que indicara, en forma tentativa, la extensión de las zonas que fueron ocupadas en diferentes períodos de su historia: Herrera, Muisca y Colonial. Está basado, principalmente, en las recolecciones de tiestos superficiales hechas en campos arados, zanjas de drenaje, cortes de carretera y otras formas de remoción reciente, complementadas con el material de pequeños cortes exploratorios.

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Lám VIII. Terrazas de cultivo probablemente del período Muisca. Finca El Placer, Cota, Cundinamarca

Uno de los resultados más interesantes, fue el reconocimiento del tamaño e importancia del principal asentamiento muisca. Sobre una área de aproximadamente 18 hectáreas se encuentran abundantísimos fragmentos de cerámica, hachas y otros vestigios culturales, en acumulaciones que en varios lugares alcanzan a tener 80 cmts. de espesor y a veces más de un metro. En adición a la cerámica doméstica se encuentran cantidades considerables de fragmentos gruesos con las superficies internas pulidas pero las exteriores muy burdas, con las uniones de las espirales visibles todavía. Esta clase de cerámica se encuentra restringida a ciertos lugares de la planicie; no la hemos hallado sobre las laderas. Como en la zona de la planicie, la sal queda a 25 ó 30 metros debajo de la superficie, no debieron existir fuentes de aguasal allí. Indudablemente los muíscas tuvieron que subirla de las fuentes localizadas sobre las laderas. Para esa época, Zipaquirá debe haber alcanzado una gran importancia y una alta densidad de población, que hicieron necesaria la ubicación de su asentamiento principal en terrenos aptos para la construcción de una población de buen tamaño, a pesar del inconveniente de la distancia considerable para transportar el aguasal.

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Lám. IX. Copa Muisca.

Otro hallazgo interesante fue el de varios sitios con cerámica muy peculiar, de pasta blancuzca, que data de la época colonial. Los más importantes se localizaron de nuevo sobre las laderas, cerca a las fuentes de aguasal de Guasca, la quebrada del Salitre Hondo y una fuente cercana al emplazamiento actual del acueducto. Este factor, junto con la abundancia de la cerámica, con sus superficies externas burdas y las grandes cantidades de carbón, sugieren que se trata de sitios donde se procesaba el aguasal. Sin embargo, es curioso encontrar que un porcentaje elevado de los fragmentos pertenecen a ollas, una forma no muy apta para la evaporación. En uno de los sitios, la cerámica se encuentra como relleno en unos pozos de forma irregular, cavados, según parece, para extraer la arcilla con la cual se elaboraron / 11 /.

A pesar de que las investigaciones en Zipaquirá revelaron un período muy largo de ocupación y explotación de la sal en la zona, la secuencia está aún lejos de ser completa. Aquí, como en todo el altiplano Cundiboyacense, existe una etapa casi desconocida entre finales del siglo primero y el florecimiento del período muisca.

Las excavaciones de Falchetti en Sutamarchán (1975) indican que cerámica muisca se elaboraba ya en el siglo XI, mientras que las investigaciones recientes de Neyla Castillo en Tunja, en sitios que datan precisamente del período desconocido, resolverán indudablemente muchas inquietudes al respecto. Es inconcebible que en Zipaquirá la sal se dejara de explotar durante este período, pero es curioso que no lográramos encontrar los sitios correspondientes. Estos están representados hasta el momento, por contados tiestos superficiales y un posible sitio, de extensión muy limitada, revelado en el corte de una zanja. Sin embargo, la colina de la sal de Zipaquirá es muy extensa y cualquier día trabajos agrícolas o la construcción de carreteables podrán revelar sitios nuevos.

No se sabe tampoco cuando se inició la explotación de la sal en Zipaquirá. Grandes cantidades de cerámica se producían solamente al iniciarse la explotación en gran escala, cuando se evaporaba el aguasal para formar bloques de sal que permitieron su transporte a zonas alejadas. Es muy factible que debajo de las muchas toneladas de cerámica del período Herrera, se encontrarán algún día restos de algún pequeño asentamiento anterior.

Sin embargo, podemos estar seguros de que la explotación del aguasal por evaporación es solamente la culminación de una larga tradición; anteriormente, la transportarían tal como salía de las fuentes, tal vez en ollas o en zurrones, como lo hacían hasta hace poco los campesinos que tenían acceso a alguna fuente pequeña. Es una tradición que bien podría remontarse a la época precerámica y que no dejaría evidencia arqueológica alguna.

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

A.N.C.   

Archivo Nacional de Colombia, Bogotá. Fondo Visitas de Cundinamarca Tomo XIII, pp. 112-241.
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Botiva Contreras, Alvaro

1976     La Fuente histórica y su validez en la investigación arqueológica. (Pautas de enterramiento, habitación y sitios ceremoniales de los chibchas de la Sabana de Bogotá). Tesis de grado, Universidad Nacional, Sin publicar).

Broadbent, Sylvia M.

1970-1    "Reconocimientos arqueológicos de la Laguna de la Herrera".  Revista Colombiana de Antropología, XV, 171-214.

Cardale de Schrimpff, Marianne

1976    "Salt production in the Eastern Cordillera of Colombia berore and after the Spanish Conquest, a preliminary survey".  Actas del XLI Congreso Internacional de Americanistas. México 1974, Tomo 2, 419-428.

1978    "Informe preliminar sobre una mochila muisca hallada en la región de Pisba".  Boletín del Museo del Oro. Banco de la República. Año 1, Enero-Abril, 18-21. Bogotá.

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1982     La Colina de la Sal. Zipaquirá. (Patrones de Asentamiento durante la época precolombina y la colonia). Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la República. (Informe sin publicar).

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Correal, Gonzalo

1979     Investigaciones Arqueológicas en abrigos rocosos de Nemocón y Sueva. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la República. Bogotá.

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1 Correal, van der Hammen   y Lermann 1970; Correal y van der Hammen, 1977; Correal 1979; Correal, 1981.
2 La cerámica estudiada procedía de recolecciones superficiales sin fechas de carbono 14. Broadbent sacó sus conclusiones utilizando el método de la seriación.
3 Véase Cardale, 1981: cap. 1.
4 Excavaciones realizadas en compañía de Ann Osborn en 1970.
5 Estos tipos cerámicos son: Mosquera Roca Triturada y Mosquera Rojo Inciso.
6 El visitador Luis Henríquez, en el año de 1600, reseñó no menos de 12 (ANC, Visitas de Cundinamarca XIII, 119 ff; citado por Cardale, 1981).
7 Investigación iniciada en 1976, con el apoyo financiero de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, del Banco de la República.
8 Esta cerámica incluye los tipos  Mosquera Rojo Inciso y Mosquera Roca Triturada establecidos por Broadbent (1971) y 2 tipos nuevos:  Zipaquirá Desgrasante de Tiestos y Zipaquirá Rojo sobre Crema (Cardale, 1981).
9 Los resultados de las investigaciones en los sitios mencionados, aún sir publicar, me fueron amablemente comunicados por los respectivos arqueólogos.
10 Esta cerámica pertenece a los tipos  Guatavita Desgrasante Gris y Guatavita Desgrasante Tiestos, definidos por primera vez por Broadbent (1971). El sitio está ubicado sobre las laderas de la colina. Consiste principalmente en una zanja que conduce a una depresión panda, las cuales se llenaron en poco tiempo con grandes cantidades de tiestos. Fechas de carbono 14, ubican este acontecimiento en el siglo XV (GrN 8455: 1440 ± 50 d. de C.; GrN 8892: 1430 ± 25 d. de C; GrN 9329: 1490 ± 30 d. de C. Todas fueron calibradas según la curva publicada por Clark, 1975).
11 Se encontraron con huesos de ganado vacuno y con abundante carbón vegetal. Una muestra de carbono dio una fecha de 1598 ± 70 d.C. (Beta 4214; calibrada según la curva publicada por Clark, 1975).

 

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