Ficha bibliográfica
Titulo:
Buritaca-200: Estudio de polen arqueológico
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Luisa Fernanda Herrera de Turbay




INDICE

  BURITACA-200:
ESTUDIO DE POLEN ARQUEOLÓGICO

 

Luisa Fernanda Herrera de Turbay*

 

I. INTRODUCCIÓN

La presente reseña contiene un resumen del estudio que la autora ha realizado en el sitio Buritaca-200, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Un informe completo del trabajo se encuentra en vía de publicación.

La investigación referida se concentró en el examen palinológico del sitio Buritaca-200 con el propósito de formular y sustentar, al menos parcialmente, hipótesis sobre la evolución temporal de la vegetación en dicha área y la influencia del hombre prehispánico sobre su medio ambiente.

Como marco de referencia para la misma, se estudiaron los datos etnohistóricos sobre los principales rasgos que caracterizaron la organización económica de los pobladores precolombinos de dicha zona.

 

II. LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA

Desde su hallazgo, en el año de 1976, el sitio en consideración fue denominado Buritaca-200, debido a la proximidad al río Buritaca y por corresponder al sitio número 200 donde se localizaron núcleos de vivienda, en una serie de reconocimientos arqueológicos llevados a cabo en la Sierra Nevada de Santa Marta por un grupo de investigadores del Instituto Colombiano de Antropología / 1 /.

Buritaca-200 está localizado en la vertiente norte de la Sierra,. entre los 950 metros y los 1.300 metros de altura sobre el nivel del mar y a unos 50 kilómetros en línea recta desde Santa Marta (ver mapa N°. 1). La región es sinuosa y de difícil acceso debido a las pendientes pronunciadas que caracterizan las cadenas montañosas existentes en dicha formación.

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III. VEGETACION ACTUAL

El tipo de vegetación presente en la región donde se encuentra Buritaca-200, corresponde a aquel de la parte baja del bosque sub-andino, con una humedad bastante alta y períodos lluviosos prolongados en el transcurso de cada año (Lám. I). En la zona en mención, la vegetación consta principalmente de palma de tagua, otros tipos de palmas (entre ellas una espinosa); aguacatillo ( Lauraceae Persea); Gramineae; otros árboles tales como pino colombiano ( Podocarpus), granizo ( Hediosmum), laurel de cera ( Myrica), encenillo ( Weinmannia), cucharo ( Rapanea), té de Bogotá ( Symplocos), canelo de páramo ( Drymis), Ilex, "cachitos" ( Styloceras), Daphnopsis, nogal ( Juglans), trompeto ( Bocconia), alchornea, hayuelo ( Dodonea), Croton, Hyeronima; además, se encuentran otros tipos de euphorbiaceae y plantas como cadillo ( Acaena), melastomataceae, tuno ( Miconia), Ericaceae, San Juanito ( Vallea), myrtaceae, Eugenia, "matapalo" ( Galladendron), Compositae, Chite ( Hypericum) y yarumo ( Cecropia) / 2 /.

 

IV. ASPECTOS ETNOHISTORICOS

Como el resto de la Sierra Nevada de Santa Marta, su vertiente norte fue región aprovechada intensamente para la agricultura por sus habitantes precolombinos, los taironas. Base de su organización económica de subsistencia, la labranza de las tierras altas, medias y bajas para obtener los alimentos que les procuraran sustento, constituyó una actividad vital para los indígenas. Así lo registran diversos relatos de cronistas que visitaron estos territorios de la Sierra durante la Conquista; sus testimonios, si bien no son muy precisos respecto a los sistemas de labranza utilizados, destacan la dedicación esmerada con que los indígenas trabajaban los suelos y conceden especial énfasis a la variedad y extensión de los cultivos observados. Castellanos, por ejemplo, en sus Elegías de varones ilustres de Indias comenta al respecto:

"... Llegaron a las faldas de la Sierra
donde tenían muchas sementeras;
Pobladísima ven toda la tierra;
insuperables todas las laderas; ... / 3 /.

y fray Pedro de Aguado, en su Recopilación historial, se refiere al mismo hecho, así:

"... El adelantado, marchando con su campo, llegó a los Llanos de Bonda, questa cuatro leguas de Santa Marta, donde los indios tenían muchas labranzas y sementeras para su sustento, en donde hizo y situó su alojamiento muy por su orden..." / 4 /.

Por ser productos indispensables en su dieta alimenticia, la yuca y el maíz constituyeron los principales cultivos (al menos por su extensión) de los taironas. Los cronistas comentan también la existencia de cultivos de plátanos, fríjoles, auyama, algodón, aguacate y cacao. Así mismo, se refieren al cultivo de frutales, tales como piñas, guamas y otros, aunque la mayoría eran silvestres; sobre este particular, Castellanos anota lo siguiente:

". .. De yucas y maíz es su comida
de lo cual ansi mismo hacen vinos;
de fructos es la tierra bastecida
silvestres, que no labran los vecinos.
Es larga serranía y estendida
toda de fragosísimos caminos,
Hay parras por los árboles tendidas,
De racimos de uvas proveídas,
Aquestas son labruscas naturales,
Cuyos gustos allí no son inicuos,
Racimillos pequeños, pero tales
Que hacen pegajosos los hocicos..." / 5 /.

Los pocos datos que aportan los cronistas sobre los métodos de labranza empleados por los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, permiten inferir que éstos tenían prácticas como rotación del terreno, cultivos mixtos y cultivos homogéneos muy densos; consiguieron así un aprovechamiento óptimo de la tierra / 6 /. Por otra parte, existen evidencias de la utilización de sistemas de regadío de las tierras mediante acequias y fosos, excavados de manera ordenada, tanto en los huertos como en los campos de cultivo / 7 /.

La topografía montañosa de la sierra hizo indispensable la preparación de las tierras a manera de terrazas de cultivo escalonadas, con el objeto de evitar el rodamiento de tierra y erosión del suelo en épocas de lluvia.

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Lámina I. Aspecto fícico de la Región.

Respecto a las herramientas utilizadas por los indígenas, se sabe que eran en su mayoría de madera y piedra. De las más utilizadas fue el hacha de piedra, uno de cuyos usos aparece descrito en el siguiente fragmento de Castellanos:

"... Y a causa de cortar con gran trabajo
con hachuelas de piedra la madera,
El árbol escavaban a buen tajo,
E ya teniendo las raíces fuera,
Lo hincaban, arriba las raíces.
Tiraban y arrancábanlo de cuajo,
antes de tener hacha forastera;
Y el tronco limpio ya de sus cervices..." / 8 /.

Patiño menciona la existencia de herramientas no sólo de piedra sino también de madera, las cuales se mantenían en un depósito comunitario para ser prestadas a quienes no las poseían; una vez desocupadas eran devueltas al acervo común / 9 /.

Antes de la llegada de los conquistadores existía un sistema de comercio entre los indígenas de la costa y los de la Sierra; intercambiaban pescado y sal por alimentos de tierras templadas y frías, con lo cual mantenían en toda la región una dieta bastante balanceada / 10 /. Al arribar los españoles, éstos se establecieron primero en la región costera y terminaron con la actividad del trueque al entrar en luchas continuas con los pobladores nativos de la zona; así, los habitantes de la región serrana dejaron de proveerse del pescado y de la sal, productos éstos que les eran básicos en su dieta alimenticia, y los pueblos costeros, a su vez, dejaron de obtener los cultivos que les proveían los de la Sierra / 11 /. Por otra parte, los conquistadores se dedicaron a destruir los cultivos de los naturales prendiéndoles fuego a las sementeras; tal proceder repercutió a la postre en contra de aquellos, pues se les fueron agotando los alimentos para cuya obtención dependían de los cultivos de los indígenas, llegando a veces a sufrir por hambre. Como resultado de las incursiones de los españoles en territorio indígena, muchos pueblos de la sierra comenzaron a ser abandonados y sus habitantes emigraron hacia el interior, cada vez más arriba y más lejos, hacia parajes donde los españoles no alcanzaran a llegar; por esto, cuando arribaron los conquistadores a muchos poblados, los encontraron totalmente desiertos. Castellanos anota al respecto:

"... Paró por descansar el caminante
En un pueblo de buena compostura,
De fértiles labranzas abundante,
Pero no vian viva criatura; ..." / 12 /.

 

V. DESCRIPCIÓN DEL SITIO

Con una superficie aproximada de 2 Km. cuadrados, Buritaca 200 está localizado en el filo de una cuchilla montañosa, con prolongaciones en los flancos de ésta; el río Buritaca delimita el sitio en su costado norte.

Se encuentran en el sitio numerosas estructuras de piedra, generalmente circulares, que son vestigio de los cimientos de antiguas viviendas (Lám. II). Circundando las viviendas, en su parte exterior, pueden apreciarse corredores de piedra sostenidos o apoyados en muros de contención. Estos últimos, elaborados tanto de piedra no trabajada como con lajas trabajadas, varían en altura según la topografía; algunos son bajos mientras otros sobrepasan los 7 m. Además de las terrazas de vivienda, se observan también terrenos totalmente enlosados, correspondientes, posiblemente, a plazas de reunión de los habitantes.

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Lámina II. Anillo de un sitio de vivienda.

El sitio está entrecruzado por caminos de diversas dimensiones que lo atraviesan en todas las direcciones y comunican entre sí las terrazas ubicadas en los diferentes niveles (Láms. III y IV). Uno de ellos, ancho y escalonado, comunica la parte más baja del pueblo con el nivel superior y es el más importante del sitio; a sus lados se notan terrazas no amuralladas que, probablemente, se utilizaban para ciertos cultivos, pues su tamaño es pequeño para ser de vivienda y en ellas no se encontraron restos de construcciones.

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Lámina III.

Otro rasgo sobresaliente de Buritaca-200, lo constituyen los canales de distribución de aguas lluvias, para evitar las inundaciones. Elaborados con lajas, se encuentran circundando los anillos de vivienda en cada terraza (Lám. V).

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Lámina IV. Caminos.

Considerando las características topográficas de la zona, puede inferirse que las áreas de cultivo en el sitio y sus proximidades estuvieron arregladas también a manera de terrazas, similares a las de vivienda, aunque elaboradas en tierra únicamente (Lám. VI); no se aprecian hoy en día.

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Lámina 5. Canal de desagüe.

Desde varias terrazas de vivienda se pueden apreciar escaleras de piedra que siguen la dirección de la pendiente aledaña; su longitud es bastante reducida y terminan abruptamente (Lám. VII); la hipótesis más convincente relaciona dichas escalinatas con el sistema de acceso a los campos de cultivo.

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Lámina VI. Flanco oriental de una serie de terrazas en la parte central del sitio utilizado probablemente para cultivos.

El material cultural obtenido en el sitio consta de utensilios de piedra, tales como hachas de diversos tamaños y cinceles angostos, generalmente de forma trapezoidal. También se encontraron hachas y otros objetos de hierro, que debieron de ser traídos en tiempo de la Conquista. El material cerámico encontrado consiste fundamentalmente en ollas globulares de barro carmelito rojizo y de grano burdo, fragmentos de copas de color negro y habano, urnas funerarias para entierros secundarios, sellos planos y cilíndricos. Además, se hallaron abundantes cuentas de collar, de diferentes tipos de piedra; finalmente cabe mencionar el hallazgo de algunos petroglifos en varios lugares dentro del sitio, los cuales se encuentran actualmente en estudio (Láms. VIII, IX, X, XI).

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Lámina VII. Escalera corta que sale de una terraza de vivienda hacia el área de cultivo.

Durante el trabajo de campo relativo a la investigación palinológica aquí descrita, no se encontró material fechable. Sin embargo, excavaciones anteriormente efectuadas en el lugar han permitido establecer algunas fechas correspondientes al período de habitación de Buritaca-200: una muestra de C-14 anexa al material cerámico, tomada en 1977 por la autora, a 50 cm. de profundidad, en una terraza de vivienda localizada en la parte suroccidental del sitio, permite ubicar su antigüedad en el periodo 1360 ± 160 d. de C. / 13 /. Muestras posteriores, obtenidas por Ana María de Mahecha, refieren la antigüedad de Buritaca-200 a fechas cercanas a las anteriores.

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Lámina VIII. Hachas de piedra.

 

VI. TRABAJO DE CAMPO

Se efectuaron tres cortes en el sitio en referencia. En el primero de ellos, localizado en una terraza de vivienda en la parte sureste del pueblo, a 1.100 m. de altura, se tomó muestra para polen, únicamente. El segundo corte fue realizado en una de las terrazas pequeñas aledañas al camino central o principal (en su costado occidental) y en la zona central del núcleo urbano; en él se tomaron muestras para análisis de polen y Ph. En este segundo pozo no se encontró material cultural alguno; se profundizó hasta los 60 cm., encontrándose ya a los 50 cm. suelo natural; éste resultó bastante arcilloso y los cambios estratigráficos poco notorios. El perfil del corte reveló una acumulación de piedra en su parte central.

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Lámina IX. Hachas de hierro.

El tercer corte se realizó también en la zona central, al sur del segundo corte y al occidente de las terrazas de vivienda, en una zona correspondiente, probablemente, a las laderas cultivables. El corte se trazó en el remate de una pequeña escalera que baja del camino hacia la ladera y termina abruptamente; en este corte se nota más claramente una estratigrafía, observándose una especie de escalonamiento que podría corresponder a las antiguas terrazas de cultivo; aparecen una capa de color gris amarillento y otra de color amarillo naranja (Fig. 1). Se tomaron las muestras para polen y Ph. Allí se encontró material cultural y su recolección se hizo sobre una cuadrícula de 0,50 m. por 0,50 m. que se abrió en la pared sur. Para adelantar el corte se tomaron niveles artificiales de 5 cm.; se profundizó hasta 65 cm.; a los 55 cm., aproximadamente, se llegó a la capa de arcilla amarilla y a los 60 cm. desapareció el material cultural.

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Lámina X. Olla globular.

 

VII. CLASIFICACIÓN CERÁMICA

La cerámica hallada en Buritaca-200 se clasificó en tres categorías amplias provisionales para facilitar su descripción, sin que se trate, en ningún momento, de una clasificación tipológica definitiva.

 

CERÁMICA HABANA

Algunas piezas tienen color habano amarillento y otras habano con un tono hacia el rosado; el desgrasante de arena consiste en mica (biotita y moscovita), cuarzo, feldespatos, plagioclasa, cuarcita, fragmentos de roca metamórfica y, dentro de la matriz, óxidos de hierro. Su superficie es lisa y algunos fragmentos presentan un baño algo erosionado; ocasionalmente con decoración incisa de líneas horizontales paralelas. Las formas principales encontradas, corresponden a botellones de cuello angosto y borde evertido vertical, cuencos pequeños, copas generalmente decoradas con aplicaciones e incisiones, y vasijas dobles con asa (ver Fig. 2).

Se recuperaron 15 fragmentos en los niveles 1, 2, 3, 7 y 11.

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Lámina XI. Sellos de arcilla.

 

CERÁMICA CARMELITA ROJIZA

Se encuentra algunas veces bastante erosionada; el desgrasarte de arena está compuesto por minerales como plagioclasa, mica, cuarzo, biotita, epidota, anfíbol y fragmentos de roca ígnea. Su superficie es lisa; algunos fragmentos muestran restos de un baño de color rojizo. En algunas piezas se observan restos de hollín, generalmente en la parte externa del recipiente. Las formas principales corresponden a vasijas globulares (con base y sin ella), utilizadas para cocinar, urnas funerarias con decoración aplicada que en ocasiones representa figuras antropomorfas y platos con hendiduras en la base interna utilizados para moler (ver Fig. 2).

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Lámina XII. Metates de piedra utilizados en la construción de muros de contención.

Se recuperaron 95 fragmentos localizados en los niveles 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11.

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CERAMICA NEGRA

Cerámica de color carmelito rojizo, pero con superficie negra, debido a una pintura negra / 14 /, o a un ahumado intencional. En los casos en que no está erosionada presenta un ligero brillo. El desgrasante es de arena de granos bastante angulares, compuesto por minerales tales como cuarzo, magnetita, zircón, plagioclasa, feldespato, anfíboles (hornblenda), micas (amarilla flopita, biotita), epidota, clorita, fragmentos de roca sedimentaria e ígnea, fragmentos de fósiles reemplazados por limonita y óxidos de hierro.

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Algunas piezas tienen decoración incisa de líneas paralelas horizontales y otras decoración incisa angulada. Las formas principales corresponden a vasijas subglobulares con cuello y representaciones antropomorfas, copas, ofrendatarios con tapa, urnas funerarias pequeñas con representación fálica y vasijas dobles unidas con un mango (ver Fig. 2).

Se encontraron 7 fragmentos localizados en los niveles 8 y 9.

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VIII. ANÁLISIS DE POLEN / 15 /

 

Diagrama 1

Elaborado a partir de la muestra de polen obtenida en el corte N°. 1.

Al bosque original sigue un lapso largo de habitación (28 cm.38 cm.) y, posteriormente, un intervalo de recuperación parcial luego del abandono del lugar; parece venir, después, un nuevo período de poblamiento, muy corto, al que sucede la regeneración completa del bosque, con características diferentes a las de su estado inicial.

 

Diagrama 2

Elaborado a partir de la muestra de polen obtenida en el corte N°. 2.

Da evidencia de un período largo de poblamiento (34 cm.-22 cm., aproximadamente), al que anteceden y suceden los estados de bosque, si bien, al igual que en el diagrama 1, la regeneración presenta rasgos diferentes a los de su composición inicial. Durante el período de habitación se observa la presencia de cereales.

 

Diagrama 3

Elaborado a partir de la muestra de polen obtenida en el corte N°. 3.

Indica la existencia de un lapso de poblamiento bastante prolongado, en el cual se evidencia el cultivo de cereales (44 cm. 26 cm. aproximadamente); la disminución posterior en gramíneas y el aumento de vegetación arbórea, sugiere que a dicho período siguió uno de abandono del lugar y recuperación del bosque.

 

IX. CONCLUSIONES

El análisis de los diagramas de polen señala la existencia de un prolongado período de ocupación del sitio. La insuficiencia de material fechable, obtenido simultáneamente con las muestras de polen, no permite una ubicación cronológica exacta de dicho lapso; sin embargo, pueden tomarse como referencia las fechas establecidas en anteriores excavaciones en el sitio; éstas dan base para determinar poblamiento del lugar hacia 1300 d. de C., aunque posiblemente la ocupación inicial de la zona se remonta a fechas anteriores.

Durante el lapso de ocupación se observa una disminución gradual de la vegetación arbórea típica de bosque, pero sin que se presente la extinción total de una especie en su composición; aparentemente, el proceso de asentamiento avanzó de manera racional, y los indígenas preservaron aquellas zonas del bosque cuyo desmonte no requirieron como espacio para construcción; seguramente, aprovecharon muchos de los árboles como sombrío para sus cultivos y evitaron así la erosión de sus terrenos por efecto de las lluvias.

Por otra parte, en el período de poblamiento que revelan los diagramas, es notoria la presencia de plantas como maíz y yuca. El primero constituyó la base de subsistencia de los habitantes de Buritaca-200; así lo sugiere la gran cantidad de metates de piedra y manos de moler que se han encontrado en el sitio; muchos de ellos aparecen totalmente desgastados por el uso y fueron utilizados luego como elementos de muros, escaleras y caminos (Lám. XII) / 16 /.

Las áreas de cultivo en Buritaca-200 quedaban localizadas en los flancos de los terrenos aledaños a las viviendas y caminos. La actividad agrícola de los indígenas se adelantó en el sitio mediante el sistema de "terraceo", que era el más adecuado para las características topográficas del terreno.

 

BIBLIOGRAFÍA

Aguado, Fray Pedro de
Recopilación historial resolutoria de Sancta Marta y Nuevo Reino de Granada de las Indias del mar océano. Bogotá, Biblioteca de la Presidencia de Colombia. 1956.

Cadavid, Gilberto y Luisa Fernanda Herrera de Turbay
Arqueología de la Sierra Nevada de Santa Marta. Manifestaciones culturales en el área tairona. Bogotá, 1977.

Castellanos, Juan de
Elegías de varones ilustres de Indias. Edición de la Presidencia de la República, Bogotá, 1955.

Mason, Alden
Archaeology of Santa Marta, Colombia. The Tairona Culture. Part. II, Section 2: Objects of Pottery, Field Museum of Natural History, Anthropological Series, vol. XX, N°. 3, Chicago, 1939.

Patiño, Víctor Manuel
Historia de la actividad agropecuaria en América equinoccial. 1a. edición, Cali, Imprenta Departamental, 1965.

Reichel-Dolmatoff, Gerardo
Datos histórico-culturales sobre las tribus de la antigua gobernación de Santa Marta. Imprenta del Banco de la República, Bogotá, 1951.

Reichel-Dolmatoff, Gerardo
Los kogui. Una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta-Colombia. Bogotá, Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. IV, 1949-50.

 

* La autora agradece la ayuda invaluable que para la realización de la investigación palinológica le prestó el profesor Thomas van der Hammen; asimismo, expresa su gratitud a Henry Hooghiemstra, y a su esposo, Gabriel Turbay M., por su colaboración permanente.
1 Véase: Cadavid, Gilberto y Luisa F. de Turbay. Arqueología de la Sierra Nevada de Santa Marta. Manifestaciones culturales en el área tairona. Instituto Colombiano de Antropología (sin publicar). Bogotá, 1977.
2 Para la identificación del nombre vulgar de las plantas, se contó con la colaboración de Orlando Rangel, Roberto Jaramillo y Gerardo Ardila.
3 Castellanos, Juan de. Elegías de varones ilustres de Indias ( Canto sequndo), tomo II, Pág. 334.
4 Aguado, fray Pedro de. Recopilación historial resolutoria de Sancta Marta y Nuevo Reino de Granada de las Indias del mar océano. Tomo I, libro 2, Pág. 84.
5 Castellanos, Juan de. Op. Cit. Tomo II, Pág. 297.
6 Patiño, Víctor Manuel. Historia de la actividad agropecuaria en América equinoccial. Pág. 118
7 Ibíd., pág. 107.
8 Castellanos, Juan de. Op. Cit., pág. 318
9 Patiño, Víctor Manuel. Op. Cit., pág. 79.
10 Ibíd., Págs. 172 y 302.
11 Reichel-Dolmatoff, Gerardo. Datos histórico-culturales sobre las tribus de la antigua gobernación de Santa Marta. Pág. 90.
12 Castellanos, Juan de. Op. Cit., pág. 525.
13 Muestra procesada por el Instituto de Asuntos Nucleares en 1977. IAN-86. Bogotá.
14 Según Mason, Alden. Archaeology of Santa Marta, Colombia. The Tairona Culture. Pág. 417.
15 Los cuadros correspondientes a los diagramas, serán publicados en el informe completo.
16 Este hecho refuerza la hipótesis sobre habitación prolongada del sitio.

 

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