Ficha bibliográfica
Titulo:
Etnohistoria del bajo Caqueta-Putumayo (s. XVI- XVII-XVIII-XIX)
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Héctor Llanos V.- Roberto Pineda C.




INDICE


Editorial
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Noticias breves
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Fundación De Investigaciones Arqueológicas Nacionales

Estudio geológico de San Agustín
Etnohistoria del bajo Caqueta-Putumayo (s. XVI-XVII-XVIII-XIX)

  ETNOHISTORIA DEL BAJO CAQUETA-PUTUMAYO
(s. XVI - XVII - XVIII - XIX)

Héctor Llanos V.
Roberto Pineda C.

El cuadro histórico del Bajo Caquetá-Putumayo* es, supuestamente, bastante sencillo: la región estaría habitada, a finales del siglo pasado, por numerosas etnias, marginadas completamente del proceso "civilizador": la situación se habría visto alterada, únicamente, por las redadas portuguesas en búsqueda de esclavos indígenas. La invasión cauchera, iniciada en los últimos lustros del siglo pasado, habría violentado, por primera vez, el orden tradicional del indio, con las consecuencias de etnocidio denunciadas por J. E. Rivera.

El estudio detenido de algunas obras sobre el Alto Caquetá, la consulta del Archivo Central del Cauca y la profundización en la tradición oral de algunos grupos de la zona, dejaban entrever, empero, un panorama diferente: La "historia" se habría colado varios siglos atrás del auge cauchero, con efectos muy considerables para la vida de las sociedades amazónicas. Sin embargo, los aspectos más relevantes del proceso permanecían desconocidos.

Este trabajo se concibió para averiguar, precisamente, algunos de los principales aspectos del proceso histórico regional, durante el periodo colonial y las primeras décadas de la república. Se intentó, específicamente, responder los siguientes puntos:

1. Antigüedad y modalidad social del contacto; caracterización social de las formas de dominación impuestas por los españoles y los luso-brasileros.

2. Enumeración, identificación, localización y descripción de las "naciones de indios".

3. Evaluación y determinación del impacto conquistador y colonizador ibérico.

4. Examen de la posible desaparición de las culturas artífices de los petroglifos por motivos ligados a los acontecimientos postcolombinos.

Con estos fines se consultaron los archivos Central del Cauca (Popayán) y Nacional (Bogotá); se obtuvieron fotocopias de algunos documentos inéditos que reposan en los archivos del Brasil. Se estudiaron, asimismo, numerosas y diversas fuentes bibliográficas (informes de misioneros, memorias, monografías etnográficas, etc.). De las conclusiones obtenidas, podemos citar, entre otras, las siguientes:

a. La penetración e irradiación española sobre el Bajo Caquetá data de la segunda mitad del siglo XVI. Los vecinos de Timaná, la vieja, rescataban desde entonces (como lo asevera Juan Friede) indios Tamas, oriundos del Caguán. El nombre Tama se refiere, en realidad, a todos los indios rescatados (esclavizados) de aquella región, y no solamente a una etnia específica. En la provisión de indios tuvieron gran importancia, además de los Andaquíes, los mismos Tamas, y los Murciélagos, según consta en un documento de la segunda mitad del siglo XVII, el cual, por otra parte, constituye la primera mención conocida de este grupo.

b. La sugerencia planteada por el profesor Friede, en el sentido de que los Tamas habrían sido un grupo caribe "tucanizado" como consecuencia de la acción franciscana (que utilizó la lengua Ceona o Siona como vehículo misional) parece ser a la inversa: los Tamas se habrían "caribizado" como consecuencia de la expansión caribe durante la Colonia.

c. La ciudad del Espíritu Santo del Caguán, en las cabeceras del río Caguán, fué, durante todo el siglo XVII, además de un vital puesto militar para la defensa de la Gobernación de Neiva, un importante centro de colonización del piedemonte amazónico: allí se fundaron encomiendas (García Borrero), y se instalaron importantes ganaderías que abastecieron, por la vía de Neiva-Tocaima, a la misma Santa Fe de Bogotá. Los indios encomendados, dedicados a la vaquería, provenían, naturalmente, de la misma comarca y de las zonas circunvecinas.

d. Si tenemos en cuenta la enorme proporción que alcanzó el rescate y la ingerencia de dicho centro de colonización, se puede suponer, con apoyo en el concepto historiográfico de "huella", que el "proceso civilizador" se realizó, de una u otra forma (captura de indios, epidemias, defusión de herramientas y tecnologías, etc.), desde tiempos muy tempranos en la comarca del Araracuara (definida como la región situada entre los Saltos del Araracuara y los Chorros de Cupatí) y el Alto Apaporis. De hecho, el primer informe conocido sobre la mencionada comarca señala, en 1750, la existencia de mercancías europeas en el río Yarí.

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e. Por el norte la influencia española también se hizo sentir. Diferentes documentos denuncian la trata mantenida entre los pobladores de la Provincia de San Juan de los Llanos y los Huaques ó Murciélagos (Carijonas). La fundación de pueblos misioneros en el río Guayabero, en la segunda mitad del siglo XVIII, generó una nueva área de contacto, cuya magnitud aún se nos escapa, con los habitantes de las cabeceras del Alto Apaporis, y algunos de los principales afluentes del Yarí (o río de los Engaños), según consta en diversas cartas del comisario español Francisco Requena, que datan del año de 1782. Las naciones Tamas y Coreguajes, entre otras, fueron trasladadas a diversas poblaciones del Meta.

f. Numerosos indígenas de la zona meridional del Caquetá y del Bajo Putumayo se incorporaron a las misiones de los Padres Franciscanos del Colegio de Propaganda Fide de Popayán. Los primeros aparecen bajo el nombre de Quiyoyo, palabra que parece ser idéntica a la de Quitoto que, según un documento, designaría a los indios capturados por los caribes. Dichas denominaciones tienen, muy posiblemente, relación con la palabra Murui (lengua huitoto) de Kuíyodo, que designaría a un personaje mítico (un loro) "comedor" de herramientas de acero.

g. La penetración portuguesa por el Yapurá (nombre del Caquetá al oriente del Araracuara) se inició en las últimas décadas del siglo XVII y llegó, generalmente, hasta la Cachoeira Grande, o raudales del Araracuara. La actividad lusitana consistió, principalmente, en la captura o rescate de indios, con el objeto de proveer de brazos a los asentamientos portugueses del Río Negro y del Alto Silimoes. Es más: numerosas poblaciones del Silimoes y del Río Negro se fundaron con nativos del Vaupés y del Yapurá (mirañas, yucunas, coerunas, corotus, anianás, del Cahuinarí, Mirití y Apaporis, entre otros). El Yapurá tenía fama de ser la "comarca de la esclavitud".

h. La colonización portuguesa del Yapurá empezó, sistemáticamente, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Aquella, a pesar de ser una acción directamente gubernamental, sólo alcanzó a traspasar, temporalmente, los Chorros de Cupatí. La política portuguesa propugnó, durante todo este periodo, por la reducción de los indios en pueblos, o por su traslado hacia aldeas fundadas a instancia de sus agentes. El asentamiento portugués estuvo, sin embargo, seria- mente amenazado y obstaculizado por la resistencia y ofensiva guerrera de los Muras, que en el contexto del Yapurá incluye tanto a la etnia propiamente dicha Mura, como a todos los grupos opuestos a los luso-brasileros.

i. Los grupos indígenas tuvieron un papel activo en el tráfico de esclavos y en el intercambio de mercancías. Las relaciones socio- políticas impuestas por los europeos y los mamelucos, repercutieron directamente en los territorios tradicionales, en la tecnología, la composición étnica y demográfica, las condiciones de producción, los patrones y ritos guerreros y antropofágicos, los sistemas de creen- cias, etc. Sería un grave error pensar que su organización tradicional permaneció inmutable hasta finales del siglo XIX. El proyecto sociocultural (en el sentido existencialista del término) de estos pueblos estuvo determinado, y lo sigue siendo, por la presencia del blanco.

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j. No se encontraron referencias con respecto a los talladores de los petroglifos. Los informes oficiales de las Comisiones de Límites no mencionan la existencia de habitantes en las Serranías del Araracuara y de Cupatí (La Pedrera), lo que contrasta con el abundante material cerámico y lítico que allí existe. Según Martius, en 1820 subsistía aún la tradición entre los indígenas de que el río había estado anteriormente muy poblado, lo mismo que las serranías.

k. Existía un comercio del oro en el Apaporis. Según el P. Monteiro (1768), los Caviyarís, del río Cananary, habrían sido vistos llevando láminas de oro en las orejas. Monteiro advierte, además, que los Tariánas, del río Papurí, llevarían asimismo láminas de oro en las orejas, las que obtendrían, a cambio de plumas, de los Panenuá, habitantes de la parte superior del río Ucayarí (?).

I. Las actividades extractivas y la acción colonizadora, por parte de la Nueva Granada y el Imperio del Brasil, disminuyeron considerablemente en todo el Caquetá y el Putumayo durante la mayor parte del siglo pasado; subsistió, no obstante, un reducido comercio (ceras, venenos, tinturas, etc.) y el tráfico de esclavos.

El trabajo comprendió, además, la descripción y análisis de los pueblos de misión franciscana del Caquetá y del Putumayo y el registro de los principales "usos y costumbres de los indios", según las crónicas de entonces. Se incluye, por último, un apéndice documental (cartografía histórica, lista de apellidos indígenas, documentos varios).

El estudio, en conclusión, pretende dar una visión de carácter histórico sobre algunos aspectos de la lucha entre el indio amazónico y el conquistador blanco.

Referencias cartográficas.

El mapa del comisario español Francisco Requena, sobre el río Apaporis, es fiel copia del original que se encuentra en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Dejamos constancia de nuestro agradecimiento al agregado policial de la Embajada de Colombia en Washington, Coronel Luis Ospina, gracias a cuyas gestiones obtuvimos copia de todos los mapas de la Comisión Española de Límites (1782). El mapa del Yapurá, elaborado según las noticias dadas por Geraldo Goncales, data del año 1781. Es, según nuestras informaciones, el primer mapa portugués sobre la comarca del Araracuara.

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El otro mapa, que muestra las comunicaciones del Vaupés con el Apaporis, es el fruto de la minuciosa exploración de estos territorios por parte de Manoel de Gama Lobo d'Almada, en 1784. Las fotocopias de estos dos mapas se obtuvieron directamente de los originales, que se encuentran en la Biblioteca e Arquivo Publico de Belén del Pará, gracias a la gentileza de su Directora.

* Para efectos del estudio se entiende por Bajo Caquetá-Putumayo la faja propiamente ecuatorial, localizada al oriente del río Caguán (afluente del Caquetá), y del río Caucayá (tributario del Putumayo), definida, en su otro costado, por la frontera colombo-brasilera.

 

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