Ficha bibliográfica
Titulo:
Estudio geológico de San Agustín
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Tito Hernández T.- Hernán Tello C.




INDICE

  ESTUDIO GEOLOGICO DE SAN AGUSTIN (Huila)

Tito Hernández T.
Hernán Tello C.]

El estudio geológico de San Agustín se realizó con el propósito de aumentar la información sobre esta importante región arqueológica. Se buscó analizar la composición y el origen de las rocas en que fueron labradas las estatuas, la fuente ceremonial de Lavapatas y los utensilios para estas labores. También se elaboró un mapa geológico con escala 1:25.000 que cubre una extensión de cien kilómetros cuadrados, teniendo como centro el pueblo de San Agustín, complementado con fotografías aéreas.

San Agustín está ubicado al sur del departamento del Huila, a unos 40 kilómetros del nacimiento del río Magdalena, a una altura de 1.700 metros sobre el nivel del mar, rodeado de cañones, los cuales facilitan un estudio geológico. Al occidente y norte, el río Magdalena rodea la región, y por el sur el cañón del río Sombrerillos o Naranjos.

Morfológicamente es en general ondulada, con colinas amplias y de poca elevación.

El trabajo realizado permitió identificar los siguientes tipos de rocas: al noreste, en el sitio denominado El Estrecho, que se considera como localidad tipo, el río Magdalena corta rocas sedimentarias, clasificadas como areniscas (sublitoarenita: 85% cuarzo y 15% carbonatos), y calizas compuestas por carbonatos aloquímicos en un 70% y cuarzo en un 25%; se destaca en ellas su contenido fósil, como Cucullaea (Idonearca) gabrielis Leymerie, Trigonia (Notoscabrotrigonia) tocaimaana Lea y Exogyra boussingaultii D'Orbigny, entre otros, que permiten suponer que estas rocas fueron depositadas en un ambiente marino. Con los fósiles es posible determinar que la época de formación se ubica en el Cretáceo inferior (Aptiano), o sea hace ciento veinte millones de años, aproximadamente.

Sobre la anterior unidad sedimentaria se acumularon, discordantemente (relación que implica un período de erosión), rocas más jovenes, con fragmentos de andesitas, principalmente lavas, unidos por una matriz (fragmentos más pequeños) volcánica que se conoce como conglomerado volcánico o aglomerado.

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Montículo Nº 1 , Meseta A. Alto de los idolos. Estatuas labradas en tobas. Las lajas de cubierta son lajas andesíticas y algunas de las columnas De composición basáltica .

Las relaciones descritas permitieron establecer que después de la transgresión marina, que depositó las rocas sedimentarias, vino una orogenia (levantamiento de la corteza terrestre), que originó la retirada del mar, acompañada de un vulcanismo, que depositó el aglomerado en un medio acuoso no marino, durante el Terciario.

Por último, a finales del Terciario, durante el mioceno, o sea hace veinte millones de años, se inicia la última gran actividad volcánica en la Cordillera Central, que se prolonga hasta el Cuaternario, depositando tanto lavas como cenizas volcánicas, que, al compactarse, reciben el nombre de tobas, conformando así el tercer tipo de rocas.

También se encontró una unidad ígnea clasificada como granito rosado, a la que se le dio una edad precretácea, por no afectar la unidad sedimentaria. Este granito aflora en la esquina sureste de la región estudiada, en la desembocadura del río Sombrerillos en el Magdalena. Además, se halló un mármol a partir de las calizas de la unidad sedimentaria, compuesto principalmente de calcita, de color gris a gris claro, y que, por tener las maclas deformadas (al microscopio), permitió establecer que se originó por causa de tectonismo y no por efectos intrusivos del granito.

A continuación se describen las fallas o movimientos fuertes que originan el rompimiento de la corteza terrestre:

Al norte del área se reconoció la falla del río Mazamorras, por cambiarle al río Magdalena su rumbo oeste-este hacia el sureste. Al sur, orientando al río Granadillos, se encuentra la falla del mismo nombre, y que fue reconocida como tal por estar orientando al río. Además esta falla transformó las calizas del Cretáceo en mármoles, deformándoles las maclas de la calcita.

La otra falla se encuentra en la esquina sureste de la región; origina la quebrada de El Ahorcado y orienta el río Magdalena hacia el norte. El lado norte de esta falla, al levantarse, desarrolló conos de deyección.

No parece que estas fallas hayan afectado la unidad del Terciario Superior; por lo tanto, se les asigna una edad entre el Cretáceo tardío y el Terciario medio.

Conclusiones geológicas para la arqueología:

A continuación se describe la forma como los indígenas agustinianos utilizaron las rocas de la región: la muestra recolectada por la Comisión Arqueológica en el sitio denominado La Estación, donde se hallaron viviendas, frente a la casa-museo, corresponde al granito rosado, que se encontró en la desembocadura del río Sombrerillos en el Magdalena; por lo tanto, fue transportado 5 kilómetros, hasta el lugar de las viviendas. Las rocas de la unidad sedimentaria, tanto areniscas como calizas, no fueron utilizadas, lo que es extraño, puesto que estas rocas tienen fósiles con figuras muy hermosas.

Del conglomerado volcánico o aglomerado, los indígenas agustinianos obtuvieron los fragmentos andesíticos para hacer manos y piedras de moler.

La cubierta volcánica depositada sobre el aglomerado da un aspecto ondulado a toda la región, por el fácil proceso erosivo del agua sobre las cenizas. De esta unidad volcánica, compuesta principalmente de tobas -cenizas compactadas- y de lavas, fue de donde obtuvieron todo el material para elaborar sus estatuas. De esta manera se establece que no tuvieron que transportar el material sino que lo encontraron en el subsuelo de toda la región. Esto se puede comprobar en la Fuente de Lavapatas, que fue labrada sobre tobas. También cerca a la fuente se encuentra una rana, labrada in situ, sobre lavas.

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Volcán de la Horqueta, 300 m. al noroeste del parque arqueológico del Alto de los idolos.

En general se pueden reconocer las estatuas labradas sobre tobas por tener fragmentos como lunares y ser de un color más claro, casi blanco, que las lavas.

Labrada sobre tobas está la estatua principal del Montículo Oriental de la Mesita A, que tiene un nudo al lado derecho; la "estatua de la copa", ubicada en el Montículo 10 del Alto de Los idolos y varias que se encuentran al frente de la casa-museo del parque de San Agustín. Labradas sobre lavas andesíticas son: la estatua "El Obispo" , el "dios solar de cara triangular", el "Aguila con la serpiente en el pico" y las lajas que cubren los templetes funerarios y las tumbas menores.

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Durante este estudio encontramos cinco conos volcánicos pequeños. Inicialmente se insinuaban con el estudio geomorfológico y fotogeológico al observar que las quebradas o drenaje tenían un sentido radial. Después pudimos comprobarlo en el cono de la Horqueta, ubicado a 300 metros al noroeste del Alto de Los ¡dolos, donde encontramos rocas porosas llamadas pumitas, características de volcanes. Este volcán, durante su erupción, arrastró un fragmento del conglomerado, de cuatro metros de diámetro, levan- tándolo desde la profundidad hasta la superficie del cráter.

Los otros cuatro volcanes los clasificamos como tales por su aspecto geomorfologico, con drenaje radial y son: el Cerro de la Pelota, el Alto del Purutal, el de Santa Mónica, al suroeste, y el de Las Guacas. La identificación de estos volcanes permite presumir que los indígenas agustinianos pudieron presenciar la explosión de alguno de ellos, puesto que éstos se clasifican como del cuaternario, y en esta forma pudieron ser causantes de una posible migración de la región por sus efectos destructores o por causas religiosas. Esta idea, como es lógico, es simplemente una hipótesis de trabajo, por cuanto para saber exactamente si esos conos volcánicos estuvieron activos en aquella época se requiere un estudio más detallado.

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