Reseñas. Con el corazón hecho pedazos
Con el corazón hecho pedazos
Crimen pasional. Contribución a una antropología de las
emociones.
Myriam Jimeno Santoyo
Universidad Nacional de Colombia, Centro de Estudios Sociales,
Bogotá, 2004, 261 págs.
¿Quién no ha escuchado esos cientos de canciones
románticas donde se justifica de alguna manera la muerte del/de la
compañero/a afectivo/a arguyendo celos o un "exceso de
amor"? La vivencia afectiva pasional en países como Colombia
nos suena siempre a culpa, a pecado, a sufrimiento, a infidelidades
y venganzas, hasta el punto de no ser soportadas por quien las
padece; ese mismo que puede llegar a acudir a la fuerza para que su
amante no se vaya. En el caso de muchas mujeres, quienes atestiguan
altísimas y crecientes cifras de maltrato cometido en su contra, la
agresión reiterada de sus cónyuges llega a ser contrarrestada por
ellas con un ataque final: el asesinato insalvable que ponga fin a
un sufrimiento prolongado del que parecían no tener escapatoria
alguna.
Lo que es ostensible, no obstante, es cómo esas representaciones
"de oídas" se yerguen como principios rectores de la vida
individual y colectiva. Es posible, entonces, presenciar la zozobra
constante en que decenas de mujeres viven sus relaciones de pareja
cuando tildan a su compañero de "muy celoso", e incluso
puede encontrárselas temiendo por sus propias vidas. Es también
corriente leer los titulares de la prensa que afirman un
"crimen pasional", cuando se narra la noticia de la
muerte de uno de los cónyuges a manos del otro, independientemente
de las circunstancias que lo hayan rodeado o basándose en éstas si
los temas lo ameritan: existencia de amantes, episodios de celos,
amenazas de abandono... Y, en particular para los hombres, suele
advertirse una situación momentánea de "ira e intenso
dolor" que precede el acto criminal contra sus compañeras.
En este sentido, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad
sirve a la antropóloga Myriam Jimeno para señalar, en los primeros
manuscritos de su libro, la analogía entre la emoción y la acción
irracional contenida en la representación occidental del llamado
"crimen pasional". Como eje temático del texto, éste
último es abordado por la autora desde una perspectiva cognitivista
de la emoción que conjuga un análisis comparativo entre dos países
latinoamericanos (Colombia y Brasil), la exploración de los
discursos jurídicos a partir de la revisión documental y el recurso
de los testimonios de implicados en algunos casos rotulados con el
mote de "crimen pasional" que ocurrieron durante las
décadas de 1980 y 2000.

Sin duda, el grueso teórico y metodológico de este trabajo lo
constituye la noción de 'configuración emotiva', basada no sólo en
el postulado de la emoción como acto comunicativo, sino también en
lo emotivo como un complejo en donde se articulan "las
creencias, los sentimientos y su verbalización, con la estructura
de las jerarquías sociales"1 . El principio de esta categoría
analítica es la relacionalidad y su inserción dentro de un marco
simbólico particular, donde se da cuenta de los niveles individual
y colectivo "entretejidos y sostenidos por una trama social
coloreada por las variedades y contrastes nacionales, de género
[...] y de posición social" (pág. 48).
Para la antropología, el estudio de las emociones ha estado
permeado también por las dicotomías clásicas entre razón y
sinrazón, las cuales incluyen una metaforización de género que
equipara la primera con lo masculino y la segunda con lo femenino.
Por tanto, en el ejercicio mismo de las ciencias sociales también
se han reproducido teórica y metodológicamente estos dualismos que
dan cuenta, entre otros, de una perpetuación de las relaciones de
subordinación entre los géneros. Jimeno muestra con su trabajo cómo
pueden llegar a cuestionarse estos pares de oposición dilucidando
precisamente las prácticas de representación, los órdenes
simbólicos y las relaciones de poder que subyacen bajo esas simples
taxonomías. Así, además de una propuesta analítica sobre el tema de
la violencia y la emoción, este texto nos ofrece una postura
reflexiva en nuestro quehacer como antropólogos.

Este tipo de cuestiones, superando los ánimos meramente
deconstructivistas, nos invita a desnaturalizar ciertas categorías
que usamos tanto en la cotidianidad como en el ámbito académico. El
terreno del crimen pasional, tal como lo propone Jimeno, pone de
manifiesto los dispositivos que soportan la construcción
histórico-cultural de las emociones, en tanto la violencia puede
llegar a ser ejercida como un acto plenamente racional,
premeditado, que se escuda en consensos sociales básicos en torno a
temas como el amor y los roles de género. Dichos consensos parten
de la premisa naturalizada del dualismo mente-cuerpo y
razón-emoción, y de una concepción del acto violento como emotivo e
irracional, incluso salvaje.
Uno de los asuntos que se evidencian en este estudio es el
altísimo grado de naturalización de tales dicotomías y cómo logran
mantenerse sin discusión en los discursos jurídicos y académicos y
en las relaciones socio-afectivas, hasta el punto de que se
considera lícito
"matar por amor" -especialmente en el caso de los
hombres- y se argumenta en defensa del homicida una confusión del
juicio por la aparición súbita de la emoción violenta, motivada en
muchos de estos casos por un "exceso de amor". Confluyen
en este dictamen los discursos jurídicos y psiquiátricos y la
vigilancia siempre atenta de instancias sociales como la familia,
todos los cuales inciden en el castigo del actor del delito y
reproducen los imaginarios sociales frente al crimen pasional.
Jimeno apela a la experiencia personal de este tipo de crimen
recogiendo relatos de presidiarios hombres y mujeres en cárceles de
Brasil y Colombia, además de entrevistar a familiares, abogados,
psicoterapeutas y jueces tanto de homicidas como de víctimas. Así
mismo, incluye un capítulo entero donde efectúa una revisión
crítica de códigos penales, manuales de criminología, psiquiatría y
psicología criminal, de los que emergen las condiciones
histérico-culturales sobre la noción de responsabilidad del sujeto
ante la ley y la cuestión del honor atravesada por el género y la
institución familiar. Ambos tipos de fuentes manifiestan una
situación ambivalente en la "configuración emotiva"
implicada en el crimen pasional: "...la prohibición normativa
sobre el uso de la violencia y su disculpa cuando es producto de
intensa emoción" (págs. 242-243). Según la autora, el eje de
esta ambigüedad es precisamente la subordinación del sujeto
responsable a sus emociones cuando éstas intervienen en el delito.
Tal situación permite o supone extraer al homicida de la
"normalidad", reduciéndolo a una condición incluso
patológica desde la cual actúa "sin intención", situación
que aminora el castigo penal.
En este sentido, vale la pena reiterar que, a pesar de que
también se aluda a la in imputabilidad en la defensa de las mujeres
que cometen estos delitos, este mecanismo suele tener más éxito
entre los hombres acusados. Quizá no sólo se encuentre
extremadamente naturalizada la idea de que los estados emotivos
están indisolublemente ligados con lo irracional, lo anormal y lo
patológico. Este argumento también parece funcionar mejor respecto
a lo masculino: los hombres, dueños permanentes del buen juicio,
pueden ser disculpados por un episodio emotivo que les nuble la
razón. Por otra parte, otro gran sustento cultural privilegia la
masculinidad: la venganza por asuntos de honor, como lo apunta
Jimeno, es disculpada socialmente en cuanto se trata de una ofensa
al rol natural que un hombre debe asumir en sociedad.

El texto de Jimeno desvela la falacia de la escisión entre
cognición y emoción, precisamente desde una esfera relegada a los
confines de lo privado. De nuevo, un estudio de esta magnitud
demuestra el papel fundamental de la experiencia personal como
acción política. Las desigualdades entre hombres y mujeres irrumpen
en los dispositivos del crimen pasional, al igual que la vivencia
afectiva de pareja como constitutiva de la propia identidad y como
base de la seguridad ontológica de muchos. En caso de que éstas
tambaleen, la violencia se esgrime como recurso legítimo que
enfrente o contrarreste una situación de caos generada por la
separación del compañero afectivo (pág. 244).
El trabajo de Jimeno indica como conclusión los mecanismos que
se engranan en la configuración emotiva del crimen pasional: 1. La
patologización del crimen pasional como producto de un estado
emotivo anormal; 2. La sobre valoración de ciertos códigos sociales
como el honor; 3. La permisividad social ante el sujeto que
delinque, cuando interviene la emoción en el crimen, y 4. La
sobredimensión de la experiencia del amor-pasión. Todos estos
aspectos confluyen en el mismo fenómeno dando cuenta de elementos
constitutivos de la acción social frente a la emoción, el amor y la
violencia, desde una posición generizada de sujeto. De ahí que
pueda hablarse de una naturalización, legitimación y reproducción
de relaciones de poder y dominación en el tratamiento actual de
este delito.(1)
Este estudio puede interesar a un público muy amplio. En primer
lugar, a los académicos de las ciencias sociales, quienes
encontrarán en él una propuesta teórica y metodológica innovadora
en Colombia sobre el análisis de las emociones como construcciones
histórico-culturales y sus implicaciones sociales y políticas. En
segundo lugar, debiera también interesar a los académicos y
funcionarios de la rama jurídica, en cuyas manos se encuentra el
ejercicio del castigo y la defensa, y cuyos fallos -en especial
ahora que en nuestro país son públicos- contribuyen a reproducir
las representaciones sobre el crimen y la reparación de las faltas.
Y, en términos más generales, ésta debiera constituir una
herramienta de emancipación para los subordinados en estas
relaciones de dominación donde prima la violencia
-predominantemente hacia las mujeres.
LEONARDO MONTENEGRO
1
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Myriam Jimeno, Crimen pasional: con el
corazón en tinieblas, Brasilia, Universidad de Brasilia,
Departamento de Antropología, 2002, pág. 2.
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