Reseñas. Releer a los cronistas
Releer a los cronistas
Los indios medievales de fray Pedro de Aguado.
Construcción del idólatra y escritura de la historia en una crónica
del siglo XVI
Jaime Humberto Borja Gómez
Ceja, Bogotá, 2002, 247 págs., il.
Producto de su tesis doctoral en historia, presentada ante la
Universidad Iberoamericana de México D. R, el libro del profesor
Jaime Humberto Borja Gómez es un interesante esfuerzo, saludable
por demás, de releer a los criticados pero nunca bien estudiados
cronistas coloniales(1) . En efecto, aunque en épocas pasadas,
principalmente en la década de los cincuenta del siglo XX, Orlando
Fals Borda(2) y Juan
Friede adelantaron importantes estudios sobre Aguado; en el caso
del segundo, expresados en cinco ensayos y artículos(3), alternos a la edición de la
Recopilación historial de fray Pedro Aguado, la que Borja considera
la mejor versión(4), y
en épocas recientes Álvaro Félix Bolaños(5) y algunos especialistas en literatura
colonial, entre los que destacamos a Hernando Cabarcas
Antequera(6), han
hecho relecturas de algunos de los cronistas, es todavía mucho lo
que se puede elucidar sobre ellos, máxime cuando las tendencias
posmodernas ponen tanto énfasis en lo positivo de hacer etnografía
—¿en este caso etnohistoria?, ¿o
historiografía?— a partir de la forma como está escrito un
texto sin necesidad de recurrir a las necesarias fuentes de
archivo. Es así como, para estructurar su relectura de fray Pedro
Aguado, Borja se monta en la controvertida historia de las
mentalidades y en una serie de obras de la antropología, la
lingüística, la semiología y la semiótica.
En el primer capítulo hace una excelente ubicación de la orden
franciscana, a la que pertenecía Aguado, en la que resalta las
funciones de ésta (abrir el mundo y descubrir el mundo), la
escritura de viajes en la tradición franciscana y la percepción del
Otro en los relatos medievales, punto que nos parece el más
importante, pues, realmente, las crónicas coloniales desempeñaron
un papel fundamental en la concepción europea de la otredad, sobre
la que ese continente fundamentó su dominación colonial no sólo
sobre América sino sobre otros continentes, culturas, religiones,
etnias, etc.

El segundo capítulo comparte la unidad de análisis con Álvaro
Félix Bolaños: Una historia común a la historia: la retórica, los
héroes y los tiranos, pues luego de describir y analizar la forma
como se escribía la historia en el siglo XVI y qué era la historia
para un autor de ese siglo, es concluyente en afirmar que Aguado,
como cualquier hombre de su época, lo que es extendible al también
franciscano fray Pedro Simón, objeto del estudio de Bolaños, empleó
la retórica como técnica para ordenar y producir el discurso, toda
vez que la retórica fue una técnica que se aplicó al tratamiento de
las ideas en todos los campos del conocimiento: un arte universal
que debía "aderezar" toda comunicación. Para el análisis,
situó las claves para la lectura de la Recopilación, de acuerdo con
los parámetros que ofrece Aguado, para reconstruir el sentido que
quiso darle a su obra, con el fin de entender la narración a partir
de las determinaciones literarias propias de su época y la
intertextualidad que remite al pensamiento clásico, bíblico y
medieval. Con lo que trata de ser coherente con los elementos
suministrados en el primer capítulo.
El argumento que deviene es que el indígena que presentó Aguado
es un indígena retórico, demoniaco, idólatra, que surgió de una
realidad textual y no de una realidad aprehendida por la
experiencia, pero el discurso de Aguado se dirigió a un público
lector europeo cuya atención, benevolencia y docilidad había que
capturar mediante la persuasión, la enseñanza y el deleite, en lo
que intervino la conmoción psíquica de los sentimientos, todo ello
orientado a una causa: defender y presentar, lo más verosímil y
didáctico posible, la azarosa y tesonera labor de la evangelización
adelantada por los "humildes" frailes franciscanos, como
los trabajos y sufrimientos de los conquistadores españoles por
pacificar y poblar el Nuevo Mundo.
El tercer capítulo es un interesante ejemplo de lo dúctil que
puede resultar el término imaginario para el análisis histórico, ya
que "América se convirtió en el espacio discursivo por
excelencia, que albergaba todos los vicios, todas las virtudes, y
sus amanuenses intuían que escribir era crear"(7). Éste es quizá el capítulo más
sugestivo, pues trata de la imaginación, de la forma como se
presentó, mediante la narración, un continente a otro, de cómo ese
otro inventó, creó o construyó, con el fin de dominar, una imagen
del indígena totalmente desvirtuada, pero, como el objetivo era
justificar una acción o unas acciones, el discurso elaborado por
Aguado en torno al indígena no fue homogéneo sino variado,
diversificado, de acuerdo con diferentes ideologías que se
organizaron en concordancia con las necesidades de amplificación y
con las intervenciones del autor. Empero, lo que más sorprende es
que aun ahora, a comienzos de un nuevo milenio y un nuevo siglo, el
indio retórico que describió Pedro Aguado se convirtió en un indio
real cuya imagen no ha cambiado mayor cosa. Nos parece importante
el llamado que hace Borja Gómez a someter las crónicas a una
crítica textual o de contexto, pero también creemos que, pese a que
estos trabajos se adelanten, es muy difícil, como lo menciona el
autor, que la imagen de salvajes y bárbaros impuesta hace cinco
siglos cambie de la noche a la mañana. Quizá, en algunos siglos eso
se logre, pero no va a ser con las posturas posmodernas; más ha
contribuido el hacer mismo de los indígenas, su participación en la
esfera pública, etc.

El cuarto capítulo es un análisis de las fuentes que utilizó
Aguado. El autor sostiene que, más que fuentes, el cronista
recurrió a pruebas para sostener un argumento. En general se trata
de un análisis de la forma como fue escrita la Recopilación
historial, como se hiló la narración y se la hizo verídica y
verosímil, a partir de que Aguado, como muchos de los hombres de su
tiempo, encontró que los hechos tenían un fondo histórico
íntimamente relacionado con el pasado clásico o bíblico, pues la
Biblia y en especial el Génesis, gracias a su coherencia
interpretativa y a su carácter exegético, forjó un universo
mitológico, así como una poderosa fuente generadora de imágenes,
narraciones y alucinaciones, que se prolongó hasta el siglo XVIII,
cuando retrocedió ante el empuje de las ideas ilustradas y de la
ciencia. Obviamente que la utilización de la Biblia como prueba y
sostén de la Recopilación hizo que, por ejemplo, al origen
del indígena se lo ubicó como diluviano, como de las tribus
perdidas de Israel, pues el resto del mundo conocido —Asia,
África y Europa— había sido poblado por los hijos de Noé:
Sem, Cam y Jafet, respectivamente, lo que permitió a Aguado afirmar
que los indígenas americanos eran, además de idólatras y paganos,
"perversos y olvidados de Dios", y por tanto justificar
la dominación y asimilación europea.
El quinto capítulo trabaja fundamentalmente, como la retórica,
esencialmente el exemplum. Utilizado por Aguado, hizo verosímil su
discurso, le dio fuerza a la función moral y trató de explicar lo
sobrenatural, le dio a América un carácter de tierra prometida y un
carácter divino.
1
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Además de fray Pedro de Aguado
(Recopilación historial) hay que destacar para Colombia a los
cronistas Juan de Castellanos (Elegías de varones ilustres de
Indias), Gerónimo de Escobar (Relación corográfica de Popayán),
Pedro Cieza de León (La crónica del Perú) y fray Pedro Simón
(Noticias historiales).
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2
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Orlando Fals-Borda, Fray Pedro de
Aguado, el cronista olvidado de Colombia y Venezuela, Cali,
Editorial Franciscana de Colombia, 1956.
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3
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Juan Friede, "New Archival data
Concerning fray Pedro Aguado. O.F.M.", en The Americas,
Washington, vol. XII, núm. 2, julio de 1955, págs. 155-198.
-"Estudio Preliminar", en fray Pedro Aguado, Recopilación
historial, Bogotá, Biblioteca de la Presidencia de la República,
1957, págs. 155-198. -"Los franciscanos en el Nuevo Reino de
Granada y el movimiento indigenista del siglo XVI", en
Bulletin Hispanique, Burdeos, enero-marzo, año LXXX, t. LX, núm. i,
1958, págs. 5-29. - "La censura española del siglo XVI y los
libros de historia de América", en Revista de Historia de
América, México, núm. 47, junio, 1959. págs. 45-94 -"La
historiografía indiana de Esteve Barba y fray Pedro Aguado",
en Revista de Indias, Sevilla, año XXVIII, núms. 111-112, enero -
junio, 1968, págs. 181-185.
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4
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La primera edición de la primera parte,
totalmente dedicada a la actual Colombia, de la Recopilación
historial fue publicada, fragmentariamente, en 1906, por la
Academia Nacional de Historia de Colombia, con una introducción de
Eduardo Posada. La segunda edición, en 1916-1917, corrió a cargo de
Jerónimo Bécker para la editorial española de Jaime Rates. La
tercera edición, publicada en 1930, con un título largo
"Recopilación historial resolutoria de Santa Marta y el Nuevo
Reino de Granada de las Indias del mar océano, en la cual se trata
del primer descubrimiento de Santa Marta y el Nuevo Reino y lo en
el subcedió hasta el año de sesenta y ocho, con las guerras y
fundaciones de todas las ciudades y villas de él", fue hecha
por la también editorial española Espasa-Calpe. La cuarta es la
hecha por Friede, en 1956, para la Biblioteca de la Presidencia de
Colombia, que, además de contener el ya mencionado "Estudio
preliminar", está enriquecida con notas y comentarios, así
como con un índice onomástico y geográfico al final de cada uno de
los cuatro volúmenes. La segunda parte de la Recopilación
historial, centrada principalmente en Venezuela, fue editada por
primera vez en 1913-1915 por la Imprenta Nacional de Caracas. La
obra fue copiada directamente del manuscrito original que existe en
la Real Academia de la Historia de Madrid, por el archivista y
paleógrafo Rafael Andrés y Alonso, bajo la dirección de Pedro César
Dominici. Al igual que para la parte colombiana, Jerónimo Bécker
también hizo una edición, la segunda, para la misma casa editorial
de Jaime Rates, de lo concerniente a Venezuela, entre 1918-1919,
que volvió a ser reeditada en 1960 por la Real Academia de Historia
de Madrid. En 1963, la Academia Nacional de Historia de Venezuela
publicó una tercera edición a cargo de Guillermo Morón.
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5
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Álvaro Félix Bolaños, Barbarie y
canibalismo en la retórica colonial. Los indios pijaos de fray
Pedro Simón, Bogotá, Cerec, 1994.
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6
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Por ejemplo, la revista Texto y
Contexto, de la Universidad de los Andes, dedicó el número 17, de
septiembre-diciembre de 1991, al tema de la literatura
hispanoamericana de la Colonia, la cual fue el resultado de un
simposio celebrado en el marco del Congreso de Americanistas de
Nueva Orleans en julio de ese año. Uno de los colaboradores de la
mencionada publicación fue Hernando Cabarcas Antequera, que en 1994
publicó el libro Bestiario del Nuevo Reino de Granada. La
imaginación animalística medieval y la descripción literaria de la
naturaleza americana, Bogotá, Colcultura, 1994.
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7
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Jaime Humberto Borja Gómez, Los indios
medievales de fray Pedro de Aguado. Construcción del idólatra y
escritura de la historia en una crónica del siglo XVI, pág.
93.
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