Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseñas. Releer a los cronistas

Releer a los cronistas

Los indios medievales de fray Pedro de Aguado. Construcción del idólatra y escritura de la historia en una crónica del siglo XVI

Jaime Humberto Borja Gómez
Ceja, Bogotá, 2002, 247 págs., il.

 

Producto de su tesis doctoral en historia, presentada ante la Universidad Iberoamericana de México D. R, el libro del profesor Jaime Humberto Borja Gómez es un interesante esfuerzo, saludable por demás, de releer a los criticados pero nunca bien estudiados cronistas coloniales(1) . En efecto, aunque en épocas pasadas, principalmente en la década de los cincuenta del siglo XX, Orlando Fals Borda(2) y Juan Friede adelantaron importantes estudios sobre Aguado; en el caso del segundo, expresados en cinco ensayos y artículos(3), alternos a la edición de la Recopilación historial de fray Pedro Aguado, la que Borja considera la mejor versión(4), y en épocas recientes Álvaro Félix Bolaños(5) y algunos especialistas en literatura colonial, entre los que destacamos a Hernando Cabarcas Antequera(6), han hecho relecturas de algunos de los cronistas, es todavía mucho lo que se puede elucidar sobre ellos, máxime cuando las tendencias posmodernas ponen tanto énfasis en lo positivo de hacer etnografía —¿en este caso etnohistoria?, ¿o historiografía?— a partir de la forma como está escrito un texto sin necesidad de recurrir a las necesarias fuentes de archivo. Es así como, para estructurar su relectura de fray Pedro Aguado, Borja se monta en la controvertida historia de las mentalidades y en una serie de obras de la antropología, la lingüística, la semiología y la semiótica.

En el primer capítulo hace una excelente ubicación de la orden franciscana, a la que pertenecía Aguado, en la que resalta las funciones de ésta (abrir el mundo y descubrir el mundo), la escritura de viajes en la tradición franciscana y la percepción del Otro en los relatos medievales, punto que nos parece el más importante, pues, realmente, las crónicas coloniales desempeñaron un papel fundamental en la concepción europea de la otredad, sobre la que ese continente fundamentó su dominación colonial no sólo sobre América sino sobre otros continentes, culturas, religiones, etnias, etc.

El segundo capítulo comparte la unidad de análisis con Álvaro Félix Bolaños: Una historia común a la historia: la retórica, los héroes y los tiranos, pues luego de describir y analizar la forma como se escribía la historia en el siglo XVI y qué era la historia para un autor de ese siglo, es concluyente en afirmar que Aguado, como cualquier hombre de su época, lo que es extendible al también franciscano fray Pedro Simón, objeto del estudio de Bolaños, empleó la retórica como técnica para ordenar y producir el discurso, toda vez que la retórica fue una técnica que se aplicó al tratamiento de las ideas en todos los campos del conocimiento: un arte universal que debía "aderezar" toda comunicación. Para el análisis, situó las claves para la lectura de la Recopilación, de acuerdo con los parámetros que ofrece Aguado, para reconstruir el sentido que quiso darle a su obra, con el fin de entender la narración a partir de las determinaciones literarias propias de su época y la intertextualidad que remite al pensamiento clásico, bíblico y medieval. Con lo que trata de ser coherente con los elementos suministrados en el primer capítulo.

El argumento que deviene es que el indígena que presentó Aguado es un indígena retórico, demoniaco, idólatra, que surgió de una realidad textual y no de una realidad aprehendida por la experiencia, pero el discurso de Aguado se dirigió a un público lector europeo cuya atención, benevolencia y docilidad había que capturar mediante la persuasión, la enseñanza y el deleite, en lo que intervino la conmoción psíquica de los sentimientos, todo ello orientado a una causa: defender y presentar, lo más verosímil y didáctico posible, la azarosa y tesonera labor de la evangelización adelantada por los "humildes" frailes franciscanos, como los trabajos y sufrimientos de los conquistadores españoles por pacificar y poblar el Nuevo Mundo.

El tercer capítulo es un interesante ejemplo de lo dúctil que puede resultar el término imaginario para el análisis histórico, ya que "América se convirtió en el espacio discursivo por excelencia, que albergaba todos los vicios, todas las virtudes, y sus amanuenses intuían que escribir era crear"(7). Éste es quizá el capítulo más sugestivo, pues trata de la imaginación, de la forma como se presentó, mediante la narración, un continente a otro, de cómo ese otro inventó, creó o construyó, con el fin de dominar, una imagen del indígena totalmente desvirtuada, pero, como el objetivo era justificar una acción o unas acciones, el discurso elaborado por Aguado en torno al indígena no fue homogéneo sino variado, diversificado, de acuerdo con diferentes ideologías que se organizaron en concordancia con las necesidades de amplificación y con las intervenciones del autor. Empero, lo que más sorprende es que aun ahora, a comienzos de un nuevo milenio y un nuevo siglo, el indio retórico que describió Pedro Aguado se convirtió en un indio real cuya imagen no ha cambiado mayor cosa. Nos parece importante el llamado que hace Borja Gómez a someter las crónicas a una crítica textual o de contexto, pero también creemos que, pese a que estos trabajos se adelanten, es muy difícil, como lo menciona el autor, que la imagen de salvajes y bárbaros impuesta hace cinco siglos cambie de la noche a la mañana. Quizá, en algunos siglos eso se logre, pero no va a ser con las posturas posmodernas; más ha contribuido el hacer mismo de los indígenas, su participación en la esfera pública, etc.

El cuarto capítulo es un análisis de las fuentes que utilizó Aguado. El autor sostiene que, más que fuentes, el cronista recurrió a pruebas para sostener un argumento. En general se trata de un análisis de la forma como fue escrita la Recopilación historial, como se hiló la narración y se la hizo verídica y verosímil, a partir de que Aguado, como muchos de los hombres de su tiempo, encontró que los hechos tenían un fondo histórico íntimamente relacionado con el pasado clásico o bíblico, pues la Biblia y en especial el Génesis, gracias a su coherencia interpretativa y a su carácter exegético, forjó un universo mitológico, así como una poderosa fuente generadora de imágenes, narraciones y alucinaciones, que se prolongó hasta el siglo XVIII, cuando retrocedió ante el empuje de las ideas ilustradas y de la ciencia. Obviamente que la utilización de la Biblia como prueba y sostén de la Recopilación hizo que, por ejemplo, al origen del indígena se lo ubicó como diluviano, como de las tribus perdidas de Israel, pues el resto del mundo conocido —Asia, África y Europa— había sido poblado por los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, respectivamente, lo que permitió a Aguado afirmar que los indígenas americanos eran, además de idólatras y paganos, "perversos y olvidados de Dios", y por tanto justificar la dominación y asimilación europea.

El quinto capítulo trabaja fundamentalmente, como la retórica, esencialmente el exemplum. Utilizado por Aguado, hizo verosímil su discurso, le dio fuerza a la función moral y trató de explicar lo sobrenatural, le dio a América un carácter de tierra prometida y un carácter divino.

1
Además de fray Pedro de Aguado (Recopilación historial) hay que destacar para Colombia a los cronistas Juan de Castellanos (Elegías de varones ilustres de Indias), Gerónimo de Escobar (Relación corográfica de Popayán), Pedro Cieza de León (La crónica del Perú) y fray Pedro Simón (Noticias historiales).
2
Orlando Fals-Borda, Fray Pedro de Aguado, el cronista olvidado de Colombia y Venezuela, Cali, Editorial Franciscana de Colombia, 1956.
3
Juan Friede, "New Archival data Concerning fray Pedro Aguado. O.F.M.", en The Americas, Washington, vol. XII, núm. 2, julio de 1955, págs. 155-198. -"Estudio Preliminar", en fray Pedro Aguado, Recopilación historial, Bogotá, Biblioteca de la Presidencia de la República, 1957, págs. 155-198. -"Los franciscanos en el Nuevo Reino de Granada y el movimiento indigenista del siglo XVI", en Bulletin Hispanique, Burdeos, enero-marzo, año LXXX, t. LX, núm. i, 1958, págs. 5-29. - "La censura española del siglo XVI y los libros de historia de América", en Revista de Historia de América, México, núm. 47, junio, 1959. págs. 45-94 -"La historiografía indiana de Esteve Barba y fray Pedro Aguado", en Revista de Indias, Sevilla, año XXVIII, núms. 111-112, enero - junio, 1968, págs. 181-185.
4
La primera edición de la primera parte, totalmente dedicada a la actual Colombia, de la Recopilación historial fue publicada, fragmentariamente, en 1906, por la Academia Nacional de Historia de Colombia, con una introducción de Eduardo Posada. La segunda edición, en 1916-1917, corrió a cargo de Jerónimo Bécker para la editorial española de Jaime Rates. La tercera edición, publicada en 1930, con un título largo "Recopilación historial resolutoria de Santa Marta y el Nuevo Reino de Granada de las Indias del mar océano, en la cual se trata del primer descubrimiento de Santa Marta y el Nuevo Reino y lo en el subcedió hasta el año de sesenta y ocho, con las guerras y fundaciones de todas las ciudades y villas de él", fue hecha por la también editorial española Espasa-Calpe. La cuarta es la hecha por Friede, en 1956, para la Biblioteca de la Presidencia de Colombia, que, además de contener el ya mencionado "Estudio preliminar", está enriquecida con notas y comentarios, así como con un índice onomástico y geográfico al final de cada uno de los cuatro volúmenes. La segunda parte de la Recopilación historial, centrada principalmente en Venezuela, fue editada por primera vez en 1913-1915 por la Imprenta Nacional de Caracas. La obra fue copiada directamente del manuscrito original que existe en la Real Academia de la Historia de Madrid, por el archivista y paleógrafo Rafael Andrés y Alonso, bajo la dirección de Pedro César Dominici. Al igual que para la parte colombiana, Jerónimo Bécker también hizo una edición, la segunda, para la misma casa editorial de Jaime Rates, de lo concerniente a Venezuela, entre 1918-1919, que volvió a ser reeditada en 1960 por la Real Academia de Historia de Madrid. En 1963, la Academia Nacional de Historia de Venezuela publicó una tercera edición a cargo de Guillermo Morón.
5
Álvaro Félix Bolaños, Barbarie y canibalismo en la retórica colonial. Los indios pijaos de fray Pedro Simón, Bogotá, Cerec, 1994.
6
 
Por ejemplo, la revista Texto y Contexto, de la Universidad de los Andes, dedicó el número 17, de septiembre-diciembre de 1991, al tema de la literatura hispanoamericana de la Colonia, la cual fue el resultado de un simposio celebrado en el marco del Congreso de Americanistas de Nueva Orleans en julio de ese año. Uno de los colaboradores de la mencionada publicación fue Hernando Cabarcas Antequera, que en 1994 publicó el libro Bestiario del Nuevo Reino de Granada. La imaginación animalística medieval y la descripción literaria de la naturaleza americana, Bogotá, Colcultura, 1994.
7
Jaime Humberto Borja Gómez, Los indios medievales de fray Pedro de Aguado. Construcción del idólatra y escritura de la historia en una crónica del siglo XVI, pág. 93.