Reseñas. "Un libro original"
"Un libro original"
Religión, culture, and society in Colombia: Medellín
and Antioquia, 1850-1930
Patricia Londoño Vega
Clarendon Press, Nueva York, 2002, 402 págs.(1)
La historia de la religión en América Latina, magistralmente
estudiada por especialistas en el periodo colonial y por algunos
sociólogos en tiempos recientes, ha sido poco cultivada en lo que
respecta al siglo XIX; de ahí que el historiador tenga que armar su
cronología y sus temas casi de cero. Patricia Londoño Vega logra
esto y más para el caso de Colombia. He aquí un libro original en
cuanto a tema, fuentes y enfoque. Entre los proyectos hasta ahora
emprendidos acerca de la Iglesia en América Latina, seguramente es
uno de los mejor documentados; y la gama de fuentes y publicaciones
periódicas consultadas, en los ámbitos regional y religioso, es
impresionante. Londoño Vega no aborda la religión de manera
aislada, sino como estrechamente ligada a la cultura e inmersa en
la sociedad; y el manejo que da a las referencias teóricas,
diseñadas alrededor del concepto de sociabilidad en sus diversas
variantes, es asequible y amable con el lector. Para un colega del
fallecido lan Christie resulta gratificante ver su Stress and
Stability in late EighteenthCentury Britain {Tensión y estabilidad
en Gran Bretaña a fínales del siglo XVIII), citado como un
libro relevante y sugestivo para un estudioso de la Antioquia de
1850 a 1930.

Tradicionalmente, Antioquia fue vista como un modelo de
desarrollo racional en un país por lo demás difícil, como una
región democrática, con cierta movilidad social, menos violenta que
el resto de Colombia. Después del decenio de 1950, la región
sucumbió al caos político y a la crisis social, y Medellín llegó a
ser rotulada como la "capital mundial de la droga". Para
poder apreciar lo que no funcionó y entender el brusco tránsito de
la tranquilidad al conflicto, la autora se remonta a la época
cuando la región tuvo una mayor cohesión social. Consciente de que
la sociabilidad no abolió los conflictos de clase, ella cifra su
interés en la interacción entre las clases y en los vínculos entre
personas de diferente origen social. No se limita a observar dicha
interacción a partir de fricciones, desavenencias o prejuicios,
sino también en la forma como las personas se percibían unas a
otras, en los acercamientos e intercambios de valores, vistos desde
las rutinas cotidianas. El libro empieza con un brillante recuento
de la expansión de la Iglesia católica en Antioquia, mostrando cómo
alcanzó una mayor presencia a pesar de la hostilidad de los
liberales y de un pasado de privilegios. La autora, sin desconocer
la intransigencia y la intolerancia del catolicismo colombiano o
los limitantes efectos de la romanización, muestra la forma como
los católicos se involucraron en hospitales de caridad y otras
labores de asistencia social, como los jesuitas buscaron una nueva
acogida entre los trabajadores urbanos al cambiar las viejas
asociaciones devotas por organizaciones de ayuda mutua, y hacia el
decenio de 1930, por sindicatos católicos. La Iglesia llegó a ser
una institución familiar, estrechamente ligada a la gente a través
de nuevas formas de organización social; con una influencia
unificadora, no divisoria. La autora describe las actividades
desarrolladas por las asociaciones voluntarias y por congregaciones
religiosas. La religión se expandió no únicamente dentro de las
iglesias sino también en las calles; la religiosidad popular se
expresó en eventos bien fueran cívicos o piadosos, como en el
citado ejemplo de 1875, cuando una procesión para festejar un
acontecimiento civil congregó magistrados, abogados, doctores y
asociaciones profesionales, "que marcharon detrás de la
Asociación del Sagrado Corazón de Jesús". Pero ¿qué
significó este fervor religioso? Algo más que la consabida imagen
de mujeres piadosas vestidas de negro corriendo a la misa matutina.
La fe promovió obras de caridad y mantuvo a las familias más
adineradas pendientes de las necesidades de los pobres y
desamparados; la fe llenó expectativas seculares y espirituales.
Las sillas permanecieron llenas en las iglesias pero también en las
bibliotecas, las salas de lectura y otras entidades culturales a
las que la gente acudía en busca de una vida mejor, contribuyendo a
la integración y la cohesión social. A medida que la Iglesia
aumentó su presencia y entró en la vida de las gentes a través de
las parroquias, las asociaciones pías, las congregaciones
religiosas y las expresiones públicas de fe, —no era una
religión introvertida sino una con propósitos humanitarios—
uno de sus resultados fue la proliferación de sociedades
filantrópicas que añadieron estabilidad social a Antioquia. La
educación, confesional en su esencia pero de orientación
pragmática, profesional y técnica, fue una parte integral de este
panorama gracias a su cobertura y a su calidad. Las asociaciones y
entidades culturales se evidenciaron en un montón de sociedades
literarias, bibliotecas públicas, clubes sociales y asociaciones
encaminadas a promover un proyecto civilizador. La autora concluye
en este estudio ejemplar sobre la cultura y la religión que esta
"sociedad dinámica caracterizada por una creciente
religiosidad, ofrece una visión distinta a la de las acostumbradas
suposiciones simplistas aún vigentes en Hispanoamérica, según las
cuales la religión se opone necesariamente a la modernización en lo
social y cultural". A medida que presenta la evidencia,
resulta difícil disentir.
JOHN LYNCH
Instituto de Estudios Latinoamericanos, Londres
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Traducción de la reseña originalmente
publicada en The English Historical Review, vol. CXVIII, núm. 475,
Oxford, febrero de 2003, págs. 451-453. Agradecemos a los editores
el permiso de traducirla y publicarla en el Boletín Cultural y
Bibliográfico.
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