Reseñas. La fotografía como lenguaje
La fotografía como lenguaje
La fotografía urbana, máquina del tiempo
Museo de Bogotá
Alcaldía Mayor de Bogotá, Instituto Distrital de Cultura y Turismo,
Bogotá, 2004, s. p., il.
Susan Sontag planteó un enfoque filosófico sobre la fotografía
como arte y como medio de comunicación que ha alterado nuestra
percepción de las relaciones sociales y de nuestro sentido de la
realidad. Un hecho obvio es que la fotografía, y no la pintura,
proporciona nuestras principales imágenes visuales del mundo y de
nosotros mismos en las sociedades contemporáneas. "El museo de
la memoria en Occidente es ya sobre todo visual" ha señalado
acertadamente Sontag a propósito de las fotografías de Abu
Ghraib.
El argumento fundamental de Susan Sontag sobre la fotografía es
que no es un arte sino un lenguaje; es decir, un medio de
expresión: "Con el lenguaje, se pueden hacer discursos
científicos, memorandos burocráticos, cartas de amor, listas de
víveres y el París de Balzac. Con la fotografía, se pueden hacer
retratos para pasaportes, fotografías meteorológicas,
pornográficas, rayos X, fotos nupciales y el París de
Atget".
El Museo de Bogotá, con su catálogo La fotografía urbana,
máquina del tiempo, ilustra el cambio de nuestra percepción de la
realidad arquitectónica de Bogotá, entre 1912 y 2004. La fotografía
urbana, señalan los textos del catálogo, está conectada con la
sensación de un mundo que desaparece. "La nostalgia, que
proyectamos en ellas, es un sentimiento que no se dirige hacia el
pasado en sí, sino hacia las ausencias del presente. Las
fotografías evocan 'aquello que ya no somos', todo aquello que
hemos perdido". El fusilamiento del tres de mayo de Goya o La
violencia de Alejandro Obregón son un instante que resume una
masacre, no una narración de todo el acontecimiento. Eso es
precisamente lo que comparte la profesión de pintar con la
fotografía; sin embargo, ¿cómo negar entonces que estas
imágenes amplían nuestro entendimiento de lo que significa estar en
una España o en una Colombia desamparadas bajo el terror que nos
produce un sentimiento de indignación moral? No obstante, la
fotografía aísla, no puede narrar.
El otro aspecto que no toca el catálogo es que "la
humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización
generalizada", como lo han afirmado (en 1997) Jordi Borja y
Manuel Castells, con el argumento de que a principios del siglo XXI
la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas.

Ángel Rama advirtió, en 1984, que la traslación del orden social
a una realidad física, en el caso de la fundación de las ciudades,
implicaba el previo diseño urbanístico mediante los lenguajes
simbólicos de la cultura sujetos a una concepción racional; sin
embargo, el diseño "fue circular y aún más revelador del orden
jerárquico que lo inspiraba, pues situaba el poder en el punto
central y distribuía a su alrededor, en sucesivos círculos
concéntricos, los diversos estratos sociales. Obedecía a los mismos
principios reguladores del damero: unidad, planificación y orden
riguroso, que traducían una jerarquía social. Tanto uno como otro
modelo no eran sino variaciones de una misma concepción de la razón
ordenadora, la que imponía que la planta urbana se diseñara 'a
cordel y regla', como dicen frecuentemente las instrucciones reales
a los conquistadores" (Rama, 1984: 6 y 7).
Según cifras de la Historia de Bogotá, entre 1912 y 1927 la
ciudad creció 2,18 veces: es decir, pasó de 320 hectáreas en 1905 a
530 en 1912 y a partir de ahí a 1.160 en 1927. A su vez, la
población pasó de 100.000 habitantes en 1905 a 200.000 en 1927.
Esto significa que entre 1905 y 1927 Bogotá creció 3,6 veces en su
tamaño. Por esta época, 1912-1927, empezó a hacerse realmente
notable la expansión de Bogotá en diferentes direcciones: en los
Altos de San Diego, cercanos a la fábrica de Bavaria, se creó un
barrio que en principio se llamó Unión Obrera y luego pasó a
llamarse La Perseverancia. Otro capítulo notable de progreso
urbanístico, en este periodo, fue la inauguración de la Estación de
la Sabana, el 20 de julio de 1917, y la avenida Santiago de Chile
(hoy avenida 72), en septiembre de 1920. Estas transformaciones
urbanísticas fueron, en efecto, las primeras que experimentaba
Bogotá en su existencia después de cuatro siglos de su fundación
(Historia de Bogotá, t. III, 1988).

Pero el crecimiento de la población de Bogotá en el siglo XX no
paró allí. En 1951 la ciudad tenía 715.250 habitantes; en 1964 ya
había sobrepasado el millón y medio de habitantes; es decir,
1.697.311; en 1985 había llegado a 3.967.988 habitantes; y en 1993
contaba con 5.484.244 habitantes. En 2004, la ciudad albergaba
probablemente una población cercana a los 8.000.000 de habitantes
si incluimos los municipios de Soacha y Chía, el 98 de cuya
población vive en la capital, a pesar de un contexto de evidente
metropolización, suburbanización y crecimiento de asentamientos
periféricos, constituidos parcialmente en asentamientos dormitorios
y en centros alternativos de desarrollo urbano. Estas proporciones
cuantitativas ilustran la importancia del periodo que comprende el
catálogo que reseñamos (DANE, censos de 1985 y 1993).
Los complejos y diversos procesos que se desarrollan en Bogotá
expresan fenómenos interrelacionados y dominantes en toda la región
de la sabana: la urbanización y la modernización. Éstos generan, a
su vez, cambios en el estilo de vida que surgen como efecto del
impacto de la ciudad en la sociedad. En consecuencia, la
urbanización física está acompañada de la urbanización económica,
social y cultural. No obstante, este proceso se lleva a cabo en
forma desigual y diferenciada en los diversos espacios, actividades
económicas y grupos sociales de la ciudad y sus zonas adyacentes.
Lamentablemente el catálogo La fotografía urbana, máquina del
tiempo no toma en cuenta estas trasformaciones de la ciudad y su
impacto en la región de la sabana de Bogotá y las distintas formas
de relación entre espacio y sociedad.
Para el año 2015, según proyecciones de Naciones Unidas, habrá
33 megaciudades, 21 de la cuales se hallarán en Asia. Estas
megalópolis impresionan a los observadores tanto por su desaforado
crecimiento como por su compleja multiculturalidad; según Néstor
García Canclini, nos desorienta su heterogeneidad, el cruce de
emigrantes de muchas regiones del país y de gentes procedentes de
otros países. Dentro de la lista de megaciudades están Ciudad de
México, Los Ángeles, París, Moscú, Sao Paulo, Tokio y Buenos Aires,
y probablemente a mediano plazo estará Bogotá, si el concepto de
ciudad-región se desarrolla y consolida. En esta perspectiva, la
multiculturalidad y la interculturalidad implican modos de
producción de lo social y lo cultural y a su vez sugieren modos de
relaciones de negociación, conflicto y préstamos recíprocos en una
dinámica social, cultural y política turbulenta. Mientras esto
sucede, lo ha dicho acertadamente Darío Jaramillo Agudelo, "y
todos encerrados en sus casas", en su extenso poema Bogotá
mía.
ALEXANDER CIFUENTES
Profesor titular, Universidad Distrital
Grupo de investigación, interculturalidad, ciencia y tecnología
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
BARTHES, Roland, 1980, La chambre claire. Note sur la
photographie, París, Cahiers du Cinema, Gallimard Seuil.
BORJA, Jordi; CASTELLS, Manuel, 1997, Local y global. La gestión
de las ciudades en la era de la información, Bogotá, Taurus.
DANE, Censos de 1985 y 1993.
DÍAZ, Hernán; JARAMILLO AGUDELO, Darío, 1999, Bogotá mía, Bogotá,
El Navegante Editores.
GARCÍA CANCLINI, Néstor, 1997, Imaginarios urbanos. Buenos Aires,
Editorial Universitaria de Buenos Aires.
RAMA, Ángel, 1984, La ciudad letrada. Ediciones del Norte,
Hanover, Estados Unidos.
SONTAG, Susan, 1977, On Photography, Nueva York, Farrar, Straus
& Giroux.
ZAMBRANO, Fabio et al., 1988, Historia de Bogotá, Bogotá, Villegas
Editores, t. III.