Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. La fotografía como lenguaje

La fotografía como lenguaje

La fotografía urbana, máquina del tiempo

Museo de Bogotá
Alcaldía Mayor de Bogotá, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 2004, s. p., il.

 

Susan Sontag planteó un enfoque filosófico sobre la fotografía como arte y como medio de comunicación que ha alterado nuestra percepción de las relaciones sociales y de nuestro sentido de la realidad. Un hecho obvio es que la fotografía, y no la pintura, proporciona nuestras principales imágenes visuales del mundo y de nosotros mismos en las sociedades contemporáneas. "El museo de la memoria en Occidente es ya sobre todo visual" ha señalado acertadamente Sontag a propósito de las fotografías de Abu Ghraib.

El argumento fundamental de Susan Sontag sobre la fotografía es que no es un arte sino un lenguaje; es decir, un medio de expresión: "Con el lenguaje, se pueden hacer discursos científicos, memorandos burocráticos, cartas de amor, listas de víveres y el París de Balzac. Con la fotografía, se pueden hacer retratos para pasaportes, fotografías meteorológicas, pornográficas, rayos X, fotos nupciales y el París de Atget".

El Museo de Bogotá, con su catálogo La fotografía urbana, máquina del tiempo, ilustra el cambio de nuestra percepción de la realidad arquitectónica de Bogotá, entre 1912 y 2004. La fotografía urbana, señalan los textos del catálogo, está conectada con la sensación de un mundo que desaparece. "La nostalgia, que proyectamos en ellas, es un sentimiento que no se dirige hacia el pasado en sí, sino hacia las ausencias del presente. Las fotografías evocan 'aquello que ya no somos', todo aquello que hemos perdido". El fusilamiento del tres de mayo de Goya o La violencia de Alejandro Obregón son un instante que resume una masacre, no una narración de todo el acontecimiento. Eso es precisamente lo que comparte la profesión de pintar con la fotografía; sin embargo, ¿cómo negar entonces que estas imágenes amplían nuestro entendimiento de lo que significa estar en una España o en una Colombia desamparadas bajo el terror que nos produce un sentimiento de indignación moral? No obstante, la fotografía aísla, no puede narrar.

El otro aspecto que no toca el catálogo es que "la humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada", como lo han afirmado (en 1997) Jordi Borja y Manuel Castells, con el argumento de que a principios del siglo XXI la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas.

Ángel Rama advirtió, en 1984, que la traslación del orden social a una realidad física, en el caso de la fundación de las ciudades, implicaba el previo diseño urbanístico mediante los lenguajes simbólicos de la cultura sujetos a una concepción racional; sin embargo, el diseño "fue circular y aún más revelador del orden jerárquico que lo inspiraba, pues situaba el poder en el punto central y distribuía a su alrededor, en sucesivos círculos concéntricos, los diversos estratos sociales. Obedecía a los mismos principios reguladores del damero: unidad, planificación y orden riguroso, que traducían una jerarquía social. Tanto uno como otro modelo no eran sino variaciones de una misma concepción de la razón ordenadora, la que imponía que la planta urbana se diseñara 'a cordel y regla', como dicen frecuentemente las instrucciones reales a los conquistadores" (Rama, 1984: 6 y 7).

Según cifras de la Historia de Bogotá, entre 1912 y 1927 la ciudad creció 2,18 veces: es decir, pasó de 320 hectáreas en 1905 a 530 en 1912 y a partir de ahí a 1.160 en 1927. A su vez, la población pasó de 100.000 habitantes en 1905 a 200.000 en 1927. Esto significa que entre 1905 y 1927 Bogotá creció 3,6 veces en su tamaño. Por esta época, 1912-1927, empezó a hacerse realmente notable la expansión de Bogotá en diferentes direcciones: en los Altos de San Diego, cercanos a la fábrica de Bavaria, se creó un barrio que en principio se llamó Unión Obrera y luego pasó a llamarse La Perseverancia. Otro capítulo notable de progreso urbanístico, en este periodo, fue la inauguración de la Estación de la Sabana, el 20 de julio de 1917, y la avenida Santiago de Chile (hoy avenida 72), en septiembre de 1920. Estas transformaciones urbanísticas fueron, en efecto, las primeras que experimentaba Bogotá en su existencia después de cuatro siglos de su fundación (Historia de Bogotá, t. III, 1988).

Pero el crecimiento de la población de Bogotá en el siglo XX no paró allí. En 1951 la ciudad tenía 715.250 habitantes; en 1964 ya había sobrepasado el millón y medio de habitantes; es decir, 1.697.311; en 1985 había llegado a 3.967.988 habitantes; y en 1993 contaba con 5.484.244 habitantes. En 2004, la ciudad albergaba probablemente una población cercana a los 8.000.000 de habitantes si incluimos los municipios de Soacha y Chía, el 98 de cuya población vive en la capital, a pesar de un contexto de evidente metropolización, suburbanización y crecimiento de asentamientos periféricos, constituidos parcialmente en asentamientos dormitorios y en centros alternativos de desarrollo urbano. Estas proporciones cuantitativas ilustran la importancia del periodo que comprende el catálogo que reseñamos (DANE, censos de 1985 y 1993).

Los complejos y diversos procesos que se desarrollan en Bogotá expresan fenómenos interrelacionados y dominantes en toda la región de la sabana: la urbanización y la modernización. Éstos generan, a su vez, cambios en el estilo de vida que surgen como efecto del impacto de la ciudad en la sociedad. En consecuencia, la urbanización física está acompañada de la urbanización económica, social y cultural. No obstante, este proceso se lleva a cabo en forma desigual y diferenciada en los diversos espacios, actividades económicas y grupos sociales de la ciudad y sus zonas adyacentes. Lamentablemente el catálogo La fotografía urbana, máquina del tiempo no toma en cuenta estas trasformaciones de la ciudad y su impacto en la región de la sabana de Bogotá y las distintas formas de relación entre espacio y sociedad.

Para el año 2015, según proyecciones de Naciones Unidas, habrá 33 megaciudades, 21 de la cuales se hallarán en Asia. Estas megalópolis impresionan a los observadores tanto por su desaforado crecimiento como por su compleja multiculturalidad; según Néstor García Canclini, nos desorienta su heterogeneidad, el cruce de emigrantes de muchas regiones del país y de gentes procedentes de otros países. Dentro de la lista de megaciudades están Ciudad de México, Los Ángeles, París, Moscú, Sao Paulo, Tokio y Buenos Aires, y probablemente a mediano plazo estará Bogotá, si el concepto de ciudad-región se desarrolla y consolida. En esta perspectiva, la multiculturalidad y la interculturalidad implican modos de producción de lo social y lo cultural y a su vez sugieren modos de relaciones de negociación, conflicto y préstamos recíprocos en una dinámica social, cultural y política turbulenta. Mientras esto sucede, lo ha dicho acertadamente Darío Jaramillo Agudelo, "y todos encerrados en sus casas", en su extenso poema Bogotá mía.

ALEXANDER CIFUENTES
Profesor titular, Universidad Distrital
Grupo de investigación, interculturalidad, ciencia y tecnología

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
BARTHES, Roland, 1980, La chambre claire. Note sur la photographie, París, Cahiers du Cinema, Gallimard Seuil.
BORJA, Jordi; CASTELLS, Manuel, 1997, Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información, Bogotá, Taurus.
DANE, Censos de 1985 y 1993.
DÍAZ, Hernán; JARAMILLO AGUDELO, Darío, 1999, Bogotá mía, Bogotá, El Navegante Editores.
GARCÍA CANCLINI, Néstor, 1997, Imaginarios urbanos. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires.
RAMA, Ángel, 1984, La ciudad letrada. Ediciones del Norte, Hanover, Estados Unidos.
SONTAG, Susan, 1977, On Photography, Nueva York, Farrar, Straus & Giroux.
ZAMBRANO, Fabio et al., 1988, Historia de Bogotá, Bogotá, Villegas Editores, t. III.