Reseñas. La propaganda antigua
La propaganda antigua
Eficacia probada
José María Raventós
Creatividad Mediterránea, Bogotá, 2002, 207 págs., il.
El subtítulo define la obra, señala su dirección e indica al
destinatario: "Frases que movieron las cajas registradoras del
siglo XX". En España. Se dice en la solapa. La reimpresión,
con patrocinio publicitario, es un reconocimiento a la presencia
del compilador en la publicidad colombiana durante muchos años.
Ofrece una selección de eslóganes craneados (así dicen) para fijar
la atención del público sobre productos de gran demanda, dividida
en dieciséis categorías comerciales, con destaques tipográficos
para romper la monotonía. O por motivos propios de una obra
publicitaria.
A pesar del prologuista, la falta de explicaciones por parte del
autor reduce el libro a unas pocas frases brillantes perdidas en un
montón de lugares comunes y repeticiones que no hacen honor a los
famosos creativos publicitarios, representados por las ideas más
pobres y anodinas, que sin embargo fueron, según se afirma, el
motor de un inmenso mercado durante un siglo. La mediocridad se
impulsa sola, puesto que va sin esfuerzo.
No siempre el eslogan más rebuscado es el más efectivo. Lo
aparentemente simple puede resultar genial sin parecerlo.
"Tome Coca-cola" es la mejor de las consignas: una orden
breve y convincente, siempre imitada (Fume Pielroja). Que no figura
entre las campañas más vendedoras citadas por el autor. La
publicidad es una guerra tan despiadada como todas las guerras. Y
el más pequeño error o descuido puede costar muy caro. Por eso los
publicistas hilan finísimo.

Entre las frases más elaboradas del conjunto, algunas sorprenden
por su ingenio, audacia y humor. Ejemplos:
Anís Infernal. El peor del mundo (1933). Nadie se
resiste a probarlo. Si lo pruebas estás perdido. Licor
Frangélico (1992). Ambos apelan a lo que todos desean: escapar de
sí mismos.
Por una parte refresca. Por otra parte anima. Aperitivo
Ricard (1984).
Usted me conoce. Mi nombre es Chesterfield (Chester para los
amigos). Cigarrillos Chesterfield (1965).
El turrón más caro del mundo. Turrón (1880-1980).
Despierta al tigre que hay en ti. Cereales Kellog's
(1982).
Manténgala al alcance de los niños. Margarina Rocío
(1990).
Huevos como los de antes. Huevos El Corral (1987).
Ni rastro de olor. Ambientador Johnson (1990).
Acabarán copiándonos. Copiadoras Canon (1988).
Bueno hasta la última gota. Infusiones Hornimans (1957).
Ese fue desde principios del siglo XX en Colombia el lema del Café
La Bastilla, también "Digno de servirse en vajilla de
oro".
Eficacia probada, que da título al libro, es el lema del
insecticida Cruz Verde (1985).
En el último cuarto de siglo nuevas tecnologías transforman la
publicidad. Lo demostrativo reemplaza a lo sugerente, la imagen a
la idea, lo subliminal a lo convencional, lo espectacular a la
frase ingeniosa. En las antologías, el video sustituye al libro.
Cuando usted ve algún comercial colombiano percibe mucho
movimiento, color y música, le atraen modelos y lugares, pero en
ese despilfarro y exhibicionismo desaparece la marca o producto que
pretendían anunciarle.
Los ejecutivos empresariales suelen estar coartados por el
temor. Cuando el poeta Jotamario Arbeláez derrochaba su talento en
O. P. Institucional Ltda., creó para una temporada de vacaciones la
siguiente frase, que no alcanzó la aceptación del anunciante:
Conozca el mundo antes de que se acabe. AVIANCA lo lleva y lo trae.
Sigo creyendo que es una frase genial. Lo difícil es encontrar al
ejecutivo genial que concuerde con el publicista.
Eficacia probada se presenta en semilujo, Propalcote de 115
gramos, a dos columnas, con grabados. Por algunas indicaciones se
puede deducir que ha sido impreso en Bogotá, aunque no consta en
los créditos, como es de ley. Tampoco figura el crédito de la
excelente portada, que por esa razón lo merece. No es de poca
monta: una portada llamativa constituye la principal propaganda de
libros, discos y revistas. Se dice esto porque la cacareada
industria nacional no tiene tal convicción. Se economiza en las
portadas y el libro, por lo general, es feíto y apestado. No está
hecho para el placer de ser leído. Deja caer las hojas sin
rubor.
Finalmente, cabe recordar que el autor ha sido un diligente y
entusiasta coleccionista de materiales publicitarios por afición
profesional. Lo cual da origen a diversos volúmenes, entre ellos
1880-1980, cien años de publicidad gráfica en Colombia, comentado
con maestría muy bien informada por Patricia Londoño Vega en este
Boletín, número 4,1985. Seguida dicha página (se aprovecha la
oportunidad para destacarlo), de otra sobre Luís Vidales, escrita
por Darío Jaramillo Agudelo, que inicia el subgénero de la reseña
crítica en sustitución de la cortés reseña convencional.
JAIME JARAMILLO ESCOBAR