Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. El elemento erótico

El príncipe de Lampedusa, autor de la extraordinaria novela El Gatopardo, emitió otro juicio, traído a colación por R. H.: "Ulises podría ser comprendido a la perfección por un inglés que fuese al propio tiempo excepcionalmente culto y excepcionalmente vulgar. Para comprender Finnegan's Wake, en cambio, se requiere ser Dios".

Como dijo otro crítico, su traducción al español aún se demorará unos años, porque estamos esperando en primer lugar su traducción al inglés. Moreno-Durán no se arredra con tal dificultad. No es posible traducir a Joyce, nos dice. De ahí la importancia de las "versiones". Cada quien debería emprender su propia traducción, parecería decirnos el autor.

Pero defender el Finnegan's aduciendo que está escrito en sesenta y cinco lenguas es irrisorio. Basta que estuviera escrito en una sola para que fuera igualmente incomprensible.

Los descubrimientos y aportes propios de Moreno-Durán giran sobre todo alrededor de la mujer y el elemento erótico en Joyce. Como aporte propio, entre otros muchos, está el descubrimiento, no advertido aún por ninguno de los biógrafos: la cama itinerante de Molly, su hogar portátil, en la cual transcurre el ochenta por ciento de la novela. Ulises comienza y termina en la cama.

De igual modo, Moreno-Durán ha hecho, en su muy personal lectura, el recuento de veinticinco amantes de Molly. En la excelente presentación del libro, Azriel Bibliowicz replica que ha leído la novela entera una vez más y en vano, en busca de los veinticinco amantes, a lo cual el autor responde que no pudo haber tenido menos de veinticinco y que él mismo se declara como el número veintiséis. Y es que los mundos de Joyce y de Moreno-Durán no dejan de tener asombrosos puntos de contacto. Los simples nombres de la sensual Lunita Laredo y de Anna Livia Plurabelle parecen más invenciones estrambóticas del segundo que del primero. Y, acaso, Rafael H. Moreno.-Durán no sea más que un sueño de Joyce.

Como de costumbre, la lectura entre líneas de nuestro comentarista se dirige a resaltar los aspectos eróticos de una prosa que actúa como afrodisíaco. Como dice en su peculiar estilo escatológico-barroco, "una pareja que quiere canibalizarse sin contención alguna". Y aunque Joyce sabe que él fue el primero en poseer a Nora, se excita al pensar que otro hombre pudo "frotarla". Le atraen las minucias sexuales del escritor: ¿Disfunción eréctil? ¿Eiaculatio praecox? Más misterioso me parece el contenido de una carta de Joyce a Nora, en la que pone en duda la paternidad de su hijo Giorgio: "La primera noche que dormí contigo en Zúrich fue el 11 de octubre y él nació el 27 de julio. Esto hace nueve meses y dieciséis días. Recuerdo que aquella noche hubo muy poca sangre...". No puedo dejar de preguntarme, con alguna aprensión, si es que acaso siempre había mucha sangre...

Aprovecha el autor el hecho de que, a partir de 1975, con la publicación por Richard Ellman de las cartas completas y no expurgadas de Joyce a Nora Barnacle, se inicia una nueva etapa en la crítica joyceana. Por fin, señala, la nada convencional relación erótico-afectiva entre ellos arroja luz sobre la presunción de que Nora Barnacle, desde el 15 de junio de 1904, "fue el lento pretexto que adquirió forma en la intimidad doméstica y en la escritura cómplice de las cartas, hasta llegar a ser si no el modelo principal, sí uno de los más significativos que le dieron forma y carácter al personaje de Molly Bloom".

Ya va siendo hora de advertir, por si no está claro, y de ello no hago el menor misterio, que no me gusta el Ulysses, al que considero la superchería literaria triunfante más grande del siglo XX y probablemente de toda la historia. Naturalmente, no comparto otros juicios del autor, como cuando la emprende contra Henry James y su "extrema pudibundez bostoniana", o cuando ataca a Émile Zola, acusándolo de convertir la naturaleza en una combinación de "letrina y prostíbulo", combinación que, paradójicamente, es la que prevalece de punta a punta en la novela de Joyce, a quien no rebaja de "el más importante escritor inglés desde Shakespeare". La paradoja no es tan evidente si no aceptamos que Joyce sea el escritor inglés más importante desde Shakespeare. Y podríamos añadir que seguramente Henry James, si lo hubiera conocido, habría repudiado el Ulysses con todas sus fuerzas.

No es que le reproche a Moreno - Durán sus gustos. Ni más faltaba. Si hay algo que no le podemos reprochar es la ignorancia. No hay campo de la cultura que tenga secretos para él. Pero todos tenemos nuestras disidencias estéticas, y como regla general he observado que es aconsejable leer a los autores que gustan a los autores que nos gustan. Pero, desde luego, también hay excepciones a esta sencilla regla de conducta literaria.

Para mí la explicación de todo el affaire Joyce es harto más sencilla. El señor James Joyce, un buen escritor irlandés, persona por lo demás huraña, famosa por su escaso sentido del humor, hosquedad y poca amabilidad, escribe varios libros de calidad, entre ellos los cuentos de Dublineses y el Retrato del artista adolescente, que han hecho más por el prestigio del Ulises que el Ulises entero. Pero con el tiempo, creo haber descubierto en sus biografías (y esta teoría no es mía sino de un psiquiatra amigo mío que a pesar de ser psiquiatra no me cobra por hablar con él) que empieza a sufrir una perturbación mental, probablemente una variedad de la esquizofrenia. Y esa enfermedad se patentiza abiertamente en el Ulises, para llegar a extremos de demencia total en el Finnegan's Wake.

Paradójicamente, en este libro encontramos un Moreno-Durán infinitamente menos barroco que al que estamos acostumbrados. Y ciertamente mucho más legible y disfrutable que la lectura del propio Ulises, pero igualmente obsedido por los temas sexuales y escatológicos, omnipresentes en su obra... Aunque al final, aquejado acaso por el complejo del axólotl, se va convirtiendo en Joyce y comienza a delirar y yo me voy convirtiendo en Moreno-Durán y hago lo mismo...

Es posible que tras la lectura de este libro me guste más Moreno-Durán. Difícilmente me gustará más el Ulises.

LUIS H. ARISTIZÁBAL