BIOGRAFÍA, LORENZO JARAMILLO. VIAJE A RUSIA
VIAJE A RUSIA
PARÍS, JUNIO 12, 1984
[...] El viernes, dentro de cuatro días, me voy a Rusia hasta el
27: Moscú y Leningrado. Estoy muy ilusionado y saqué mis cuadernos
de ruso para repasar. Va a ser mi ocasión, probablemente la única,
de utilizar los años de estudio [...] Estuve viendo ópera y me
fascinó y me impresionó (y fue buena introducción espiritual al
viaje a la URSS) la ópera Borís Godunov de Músorgski.
Sensacional. [...] Estoy a los vuelos y tengo que ir a bañarme
porque tengo cita a las 12 con Óscar (Uribe) para ir a comprar los
cigarrillos y los calzoncillos baratos y medias para llevar y
repartir entre camareras y meseros soviéticos (a cambio de mejor
servicio, caviar, etc.). Como que sí es así: Ya les contaré. Además
chusco comparar con la China, ¿no? [...]
MOSCÚ, JUNIO 20, 1984
[...] Amaneció haciendo un día maravilloso, después de unos días
encapotados. Hoy, después de desayunar, salimos en tren hacia
Leningrado (para ver paisaje y rusos en voyage). Son las 8
½ a.m. este papel en que escribo es la cubierta del programa
del Teatro Bolshói. Desde chiquito oyendo hablar del Bolshói:
primero Yolanda, después las épocas balletísticas de Puchi, la
Messerer, las películas de la Plisiétskaia... y, un buen día.., por
fin estuve ahí. El primer día, recién llegados, fuimos (y
¡encontramos boleta! En el mercado negro, claro, ¡en
dólares!) a una especie de sesión solemne de la escuela de ballet
del Bolshói. Para qué contarles la perfección técnica, la gracia y
elegancia de los cuerpos de esa gente: de los 6 ó 7 años hasta por
ahí los 18. Muy, muy bonito. El teatro, enorme, dorado, imponente.
Las águilas bicéfalas del zar fueron suplantadas en todas las
decoraciones por la hoz y el martillo. Hasta el telón, que es
lindísimo con la hoz y el martillo, espigas y la sigla
CCCP (URSS en ruso), claro. Nosotros en platea, todos rusos, no
extranjeros. Los mandan al Palacio de los Congresos, y sólo
excepcionalmente al Bolshói. Anoche volvimos a ver
Troviata. El sábado fuimos al Palacio de los Congresos (en
el Kremlin) a ver El trovador [de Verdi]. Más que la
ópera, el espectáculo es el palacio mismo. Gigantesco, enorme,
desorbitado. Ahí se reúne el Partido cada no sé cuanto, supongo que
del mundo entero. Miles de Vieiras, más o menos. Pisos y pisos de
foyers, con escaleras mecánicas que se pierden como las de
Jacob en el cielo. Pero en vez de ángeles, suben y bajan multitudes
de rusos: mal vestidos, gruesos, soviéticos. Eso en cuanto a
espectáculos. También fuimos al Circo. La Plaza Roja (vivíamos a la
vuelta, en el Hotel Metropol, que fue en los buenos tiempos uno de
los grandes, con guirnaldas doradas, en el techo, faroles,
mármol... el comedor con lámparas sobre columnas, orquesta, fuente
en el centro) es imponente, con San Basilio a un extremo y el
Kremlin a un lado. Y al frente de la muralla, el Mausoleo
de Lenin, donde lo tienen embalsamado, que es impresionante.
Hicimos la cola de dos horas para entrar (cuatro días en la semana,
lo abren durante una hora; ¡y cada vez hay una cola de
cuadras). Pensé mucho en Jaime, claro -quién sabe por qué. Le
habría gustado ver eso. Es muy emocionante, de una solemnidad
enorme. El Mausoleo es todo de mármol rojo y negro y se baja, se
pasa frente a la vitrina -ahí está él- y se sale, todo sin parar y
sin dejar distancia entre la gente. Cada hora cambian, con los
campanazos del Kremlin, la guardia. Marchan con paso de ganso. Me
gustó mucho la catedral de la Anunciación, en el Kremlin, donde
coronaban a los zares, pesada, simple, llena de iconos. Fuimos a
ver la Galería Tretiakov, museo de pintura rusa. En peregrinación
intelectual fuimos “por allá” a la casa donde nació
Dostoievski, lejos y perdida. El viaje de Moscú a Leningrado lo
hicimos en tren y de día. Ocho horas prácticamente del mismo
paisaje: bosques lindos y verdes a ambos lados. Naturalmente, sólo
rusos y nada qué comer. Ellos llevan, envueltos en papel, pan,
cohombros y salchichón; toman agua. Como gran aventura les cuento
-además es otro aspecto!- que vendí mis pantalones de cuero viejos
(de hace doce años), que ya me quedaban estrechos, unos
bluejeans y unos pantaloncillos franceses nuevos
(comprados con esa intención) en circunstancias de película:
fábrica abandonada, miradas subrepticias, acción rápida: marché
noir. ¡Rublos para caviar! Rusia sensacional. La gente
es tosca pero amable. Campesinos. La estación de tren era como una
gran estación llena de gente de Funza. Frau Otrembas por miles; y
Don Vaitas. Disciplina total, limpieza sorprendente...
HOY, JUNIO 21, 1984, YA ESTAMOS EN LENINGRADO
[...] En el Hotel Européiskaia. Nos tocó en categoría
lujo, -¡no había más!-, que es una suite
sorprendente con piano de media cola, parqué muy elaborado, tapete
chino, espacios enormes, techos altos, espejos de pared entera,
divanes, armarios, un televisor tamaño gigante y un radio muy feo.
Papelera de plástico al lado del secretaire de estilo.
¡Me desenvuelvo con mi ruso! Por lo menos he podido pedir en
restaurantes, etc. Todo con ayuda de mi amigo fiel, un diccionario
francés-ruso, ruso-francés. Después les escribiré contándoles más
sobre Leningrado, pues al llegar a París no tendré tiempo para
crónicas muy largas. [...]

Retrato de Rosario, su hermana, actriz de teatro, 1990,
acuarela y tinta sobre papel, 52 X 42 cm., Bogotá.
PARÍS, JUNIO 29, 1984
[...] Parece que el correo de la URSS es bastante más lento -si
es que podemos llamar lento al de la China, que más bien me
sorprendió por lo bueno- que el de sus vecinos. Les mandé alguna
postal de Moscú y alguna de Petersburgo (Leningrado) y una carta.
Ya les llegará -espero- algún día. Tenían alguna crónica del viaje
que no repetiré aquí (para eso la escribí allá). Todo acabó muy
bien. Leningrado es muy bonita pero me gustó más Moscú. El Ermitage
-un lindo edificio barroco dé Rastrelli al borde del Neva- es
opulento, enorme y alberga las famosas colecciones en un desorden
total e ignorancia de todo lo que pueda ser la museografía moderna.
Salas enormes en donde se alterna la pintura con las artes
decorativas; se pasa de cuadros a vitrinas con platería a joyería.
Me decepcionó un tris. Importantes, importantes, tienen cuadros
como para unas tres salas. El resto es relleno. Eso sí, buenísimos:
Rembrandts, Van Dycks, Matisses, dos Rafaeles, dos Leonardos y tres
Velázquez. Había una exposición especial con los Murillos
(montones) y otras cosas del XVIII español (Velázquez, Zurbarán...)
y otra de trabajo en metal en Rusia durante siglos -de espadas y
samovares a iconos y abanicos. La comida en la URSS, aun en los
restaurantes de los hoteles de lujo para turistas, es
definitivamente mala. El caviar riquísimo, baratísimo y siempre
hay. De resto, la comida es escasa. En los restaurantes las tres
cuartas partes del menú no existen; hay tres o cuatro cosas que se
repiten. De postres, sólo hay helados; menos mal que son ricos.
Todavía no hemos ido a los famosos restaurantes georgianos y
ucranianos, donde se paga en divisas. ¿Cómo será eso en los
hogares soviéticos? No hay frutas. De verduras sólo repollo,
remolacha y montones de cohombros. Carnes, sólo
steak y pollo al horno. Postres, sólo helado. Bebidas
químicas tipo Fanta y té, difícilmente. Nada qué comprar.
[...] Falta de libertad, escasez, disciplina, pobreza, descontento,
lo dijeron dos o tres personas con quienes hablamos y de diferentes
ambientes.

Retrato de Isabel Londoño, 1986, óleo sobre lienzo, 128 x 63
cm., Bogotá.
PARÍS, JULIO 4, 1984
[...] Estoy comenzando un nuevo tríptico que espero hacer en el
verano, entre julio y agosto. A fines de agosto me voy a un curso
de papel en Alsacia. Ahora almorzaré con Óscar y lo acompañaré al
aeropuerto para volar a Bogotá. Mientras me voy escribo y estoy
oyendo a Charles Trenet: Douce France. [...] Mañana voy a
comer donde Luis Caballero con la plana mayor de la Colombie á
París:¡Juan y Mónica Cárdenas, Plinio A. Mendoza y Emma
Reyes! Para salir del ambiente nacional, el viernes comeré con
Michel Volstein y el sábado, después de la ópera (Manon de
Jules Massenet, para la cual él me compró boleta), iré a comer con
mi amigo cantante Vinson Cole (él canta, tenor, Des
Grieux). Y gente a lui. ¿Cómo les parece la
vida social? [...] Viniendo del aeropuerto entré a ver algunas
exposiciones en galerías y la exposición de dibujos de Chagall (de
toda su vida) en el Pompidou. También vi últimamente la exposición
de De Kooning [...] ¿Les llegó el paquete con el Cahier de
l’Heure, Camus, Gatopardo y Proust? Para Puchi le envío el
programa de Kantor. Fui a verlo la semana pasada con Teresa.
¡Buenísimo! Después fuimos a comer a restaurante japonés
[...] Lo de los Children of London: eso le pasa a la gente
cuando no compra en el momento; es clásico: no compró tal cosa, y
cuando quiso, ya no había. Ni que la reina de Inglaterra quisiera
uno: ya no hay. [...]
PARÍS, JULIO 9, 1984
[...] Ayer fui a cine con Robert de Puissegur, a Kind Hearts
and Coronet, una comedia negra inglesa clásica, con Alec
Guiness, deliciosa. Después, a comer a un restaurante marroquí.
[...] La comida donde Luis Caballero con Plinio, Emma Reyes y
Cárdenas fue una paella deliciosa que Cecilia Zambrano, la otra
invitada, hizo mientras yo le hacía un retrato a Luis. Plinio: que
me había conocido chiquito donde los Latorre [...] Yo aquí
digiriendo mis viajes... Las actividades culturales se han ido
clausurando. Quedará para el verano sólo mi amado cine, sobre todo
vejeces que no he visto... ¡Qué placer! [...] Lástima que
Martha Bauer se haya ido, ¿no? Es como un pedazo más que se
va desprendiendo del muro; hasta que quede parado sólo un pedazo,
como en cualquier abadía de Glastonbury... [...] Sigo disfrutando
de muchas cosas. Siempre dije que quería venir a vivir a París para
tener la experiencia de vivir a París joven... Eso ha sido. No era
sólo por mi trabajo: era por mí. Yo también me merezco darme algún
gustico [...] Con Teresa seguimos yendo a ver vejeces
cinematográficas en salas de arte y ensayo. Últimamente fuimos a
ver Foreigh Correspondent de Hitchcock, regular, y dos
viejos Buñueles del periodo mexicano La vida criminal de
Archibaldo Cruz y El gran calavera. ¿Les conté
que vi Él, también de Buñuel, con Arturo de Córdova y
Delia Garcés? Ese día fuimos con Roberto. Éramos unas seis personas
en la sala, y estaba allí, sola, Karole Armitage, una coreógrafa
nueva gringa que vino en el otoño con su compañía. Yo fui a verla.
Después presentó con el grupo de Recherche Choreographique de la
Ópera un ballet suyo (Teresa y yo lo vimos) y ahora ha presentado,
con el mismo grupo, un ballet con música de Stockhausen dans le
cadre de una Soirée Stockhausen en la Opera Comique. Yo fui la
semana pasada. Ese día, pues, hablamos con ella antes, entre y
después de las películas que vimos juntos. Esta noche vamos Teresa,
Robert y yo a comer, tal vez a un restaurante ruso. Bueno, ahora
acabo esta carta y seguiré pintando un buen rato [...]

Luis Caballero, Federico Uribe, Lorenzo J., París, 1989.
PARÍS, AGOSTO 14, 1984
[...] Figúrense que aparecieron aquí los Quintana y me compraron
mi cuadrito de fin de año y mi primer Tríptico de París.
En dólares girados de Suiza que ya llegaron! Vieron mi segundo
Tríptico de París, que estoy apenas haciendo, y lo quieren
comprar también. Y qué, además, quieren comprar todo lo que vaya
haciendo. Sin exigirme nada; al ritmo y con el estilo que yo quiera
[...] Para resumir: los Quintana me compraron esas cosas. Con lo
cual decidí retomar la idea de hacer unas litografías que había
abandonado un poco porque veía que no tendría la plata y un poco
porque veía que no tendría el tiempo, pues había que regresar ya.
Pero lo de las ventas me da la plata y me compra el tiempo -pues me
puedo quedar (y es lo que haré, en vista de mis actividades de
trabajo y de los espectáculos y cines que vienen en el otoño).
Septiembre y octubre en París (¡Oh delicia!). [...] vuelvo a
lo de las litografías: le hablé, pues, a Luis al respecto. Él, en
este preciso momento, está acabando para un editor francés unas
ilustraciones (en litografía) para unos poemas de Cernuda -un
proyecto ya viejo qui traîme depuis longtemps y que
él está terminando a marchas forzadas. Le habló al muchacho que
dirige el taller donde él está trabajando y el muchacho dijo que me
podía recibir para mis litografías… ahora en
agosto. No había tiempo que perder y era la oportunidad.
La cogí, dije sí a todos los precios, dejé a un lado mi tríptico
que quería terminar antes de Alsacia (a donde me voy, como
planeado, del 23 al 30), cines, etc. Y sin siquiera haber hecho
bocetos o proyectos (los quería hacer mais je n’y suis
pas arrivé: mucho cine atravesado) me lancé sobre las piedras.
Fui ayer y fui hoy, e iré mañana y el viernes. El jueves me quedo
en París haciendo mil vueltas (entre otras, comprar papel) y para
mi cita con Marta. Y probablemente iré la semana entrante antes de
Alsacia – y después de Alsacia también. Eso es fuera de
París, a 30 kilómetros, en pleno. campo. Hay por allá, al norte, en
medio de trigales y cerca de un pueblito una vieja abadía (la
Abbaye de Royaumont) que es monumento histórico y donde funciona
una especie de fundación cultural a la Quimara. Sólo que en vez de
Jorge Rodríguez Arbeláez son unos barones Rotschild y otro de la
levadura -you know, un centavo por baguette
vendida en Francia-, y esa institución tiene funcionando una casita
absolutamente ravissante (frente a la abadía, con un
parque de por medio, con volets, techo parado, paredes de
piedra, yedras y riachuelos, con un taller gráfico, el taller en
cuestión. Mientras uno trabaja ve por la ventana árboles y
abadía... ¡No creo tener que insistir en la delicia de toda
la Angetegenheit! (oportunidad). Pues allá me tienen ahora
haciendo unas litografías (tres; puede que sean cuatro), dignas
sucesoras de The Children of London. Éstas se llamarían
La gaité parisienne, y son escenas oscuras, tal vez
nocturnas, quizá para mayores o simplemente inhabituales. París no
es Bogotá -eso 1o sabemos- y siempre suceden cosas extrañas en las
tinieblas de la Ciudad Luz. (Podría ser un párrafo de Rubén,
¿no?). Espero que el público las tome con 1a debida calma.
Yo estoy muy contento; están saliendo muy chuscas. [...] Eso en
cuanto a mis actividades profesionales. De resto mucho cine (cosas
viejas, cine japonés), algún restaurantico, comidas donde Luis. Me
leí unos cuentos chinos que me regaló Teresa [...].