Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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BIOGRAFÍA, LORENZO JARAMILLO. VIAJE A CHINA

Lorenzo. Exposición individual, Galería Carrillo Gil, Ciudad de México, ¡983.

 

GUILIN, MAYO 15, 1984

Hola, familia! Estamos en Guilin, donde no hay sino paisaje, ¡pero qué paisaje! Ayer hicimos el famoso (porque es universalmente conocido como uno de los high lights de un viaje a China) viaje en barco por el río Linyang. Ahí les mando la boleta para que vean el tipo de cosa que es. Nada parecido a eso en ninguna parte. Es uno de esos paisajes únicos como el Gran Cañón, la Capadocia. los fiordos noruegos. En el barco le compré a Yolanda unos collares de cerámica, azul con dibujos blancos y blanco con dibujos azules, largos. Son para usar los dos. Inspirado por madame Serup, quien los encontró de un chic fou y se compró unos para ella. Hoy, en cambio, día gris y lluvioso (lo cual, para el plato fuerte del paseo en barco, o para cualquier otro paisaje importante, no es inconveniente, pues, como bien dicen aquí, es “otra belleza, la de una mujer tímida que se cubre con un velo”), en el cual iban a visitar unas grutas (de esas con estalagmitas y estalactitas, reflectores y barro, que hay en todas partes. Yo, que con lo de ayer tuve para emocionarme suficientemente y que prefiero guardar ese recuerdo, me quedé en el hotel dormitando, descansando del grupo, tomando té y leyendo -muy apropiadamente- Viento del este, viento del oeste de Pearl 5. Buck. Nunca creí que fuera a leer semejantes cosas, pero ahí me tienen. Me lo prestó la “nuera que vive en la Camarga”, porque yo no tengo qué leer -de tonto me traje un mamotreto sobre el mundo clásico chino o no sé qué, pesadísimo y enorme, que ha reposado todo el tiempo en lo profundo de mi maleta. Llegaron en este momento los otros; claros que no me perdí de nada. Bueno, de Shanghai les mandé una carta que espero les llegue algún día. Como le decía yo a Patricia, así se debe sentir un holandés poniendo cartas en Medellín o Neiva... La oficina de correos de Shanghai, a donde fui solo, donde no hay un solo signo en inglés y donde nadie habla otra cosa que chino, es como uno se imagina (o tal vez ha visto en películas), una estación u oficina de correos en un pueblo fronterizo de China, por allá en Mongolia, a principios de siglo. Shanghai, ¡iiun encanto!!! El famoso Bund es una promenade al borde del río que sería bonita e inclusive impresionante en cualquier ciudad del mundo con edificios ingleses de los años veinte, con columnas halis, portones de hierro, muchos pisos... podría ser (por lo que he visto en fotos) Buenos Aires o Madrid y puede ser Londres. Hay más automóviles, muchos buses y troles y las eternas, y aquí aún en mayor cantidad, bicicletas... ¡Miles de cláxones funcionando continua y simultáneamente para irle avisando a la gente que está a punto de ser atropellada! Al principio uno cree que se va a enloquecer; después aprende a no mirar (vienen, de todos modos, de todas partes!) sino a oír, y así a guiar los pasos y esquivar el peligro.., sólo por los pitos. La ciudad “vive”. La diplomática, haciendo girar los diez dedos, decía: “1 love this citeee. It is liveleee... like New York. It is a citeee where things happen!”. Aún a las 11 de la noche hay bicicletas por las calles. Yo descubrí (lo había sacado de una [revista] Vogue!) que por la noche había que abandonar al grupo para ir al coffee shop del Peace Hotel... Es el antiguo Hotel Catay, de los años veinte y treinta, suficientemente caído, sucio y roto, pero con, todavía, cierto allure de gran hotel y columnas y lámparas y frisos que harían las delicias de una amante del art déco. En el coffee shop, desde las 8 p.m. toca una banda de jazz (de chinos) como de antes de la Liberación. Tocan Ramona, As Time goes by (¡de Casablanca!), Chatanooga-Choo-Choo, Strangers in the Night, Over the Rainbow, I left my Heart in San Francisco, etc., al piano: una china, no de pendientes de jade, pelo de laca negra y vestido forrado de seda escarlata, sino de gafas, sastre gris y camisa cerrada; on dirait una empleada del Ministerio de Educación chino. Pero la atmósfera es deliciosa. Al menos yo la vi y la sentí así. Mesas llenas: jóvenes [norte] americanos, hombres de negocios japoneses, marinos franceses con las gorras de borla en un montón sobre la mesa, los oficiales en otra mesa; turistas italianos chic...; camareros chinos de uniforme verde con galones, que van y vienen; guirnaldas brillantes colgando de las lámparas; claveles de plástico; paredes de mármol, música de los años cincuenta. De pronto un oficial saca a bailar a una turista joven en jeans. Al rato una pareja de italianos sale a bailar. Él, de blazer y corbata; ella, de tacones rojos, bombachos negros y la chaquetita blanca bien cortada, ¡unmistakeably italiana! En Hang-Cheu compré sedas para blusas de Yolanda para el resto de su vida. Para mf no he comprado sino unos pinceles, unas gafas de las que usan los viejos de pueblo, y unas v&enzents, camisas chinas y unos pantalones deliciosos, negros, de dril, de los que usa el popoio y que tengo hoy puestos, pues ayer (Oh coincidencia!) falló definitivamente la cremallera de un harapo que traía y lo boté. En Hang-Cheu tuve una experiencia, como diría Puchi, “muy bella”: fuimos a una fábrica de abanicos. Nuestra guía china, madame Zhary, le contó a la empleada que nos recibió que yo era pintor, etc. Y me dieron un pedazo de seda de los que usan para los abanicos para que les pintara algo. Cogí pinceles y, rodeado de chinos y franceses, hice unos pescados monstruos, ya saben el estilo, ¿no? Sorpresa china, admiración occidental, firma y se los dejé de recuerdo. Uno de los muchachos que pintan abanicos, especialista en paisajes, me regaló un paisajito chino de casitas, montañotas y nubarrones, que guardé cuidadosamente para enmarcar en Bogotá. Me parece mejor que cualquier chinoiserie.

Lorenzo Jaramillo, París, 1989.

La comida china me tiene hasta la corona. Ansío llegar a París a mis yogures. La inglesa me regaló unas gafas de sol de Charles Jourdan, negras, estoperoludas, no muy de mi gusto (yo estoy acostumbrado a mis Ray Ban), que le servirán a alguien. Ayer en Guilin, que es un pueblucho, nos fuimos a buscar, casi con angustia, una taza de té... ¡No existía! Ella pateaba con impaciencia y gemía: “This is not posible! What a dump!”. La “señora bogotana”, que organiza partidas de bridge en los trenes chinos, es de un gracioso y un querido especiales. La “diplomática” se me acercó hace unos días y me preguntó susurrando si acaso, tal vez, mis papás eran diplomáticos -por lo queme había oído hablar de aquí y de allá... Le eché el currículo familiar con Hamburgos, Bonnes, Oxfords, Londres, Vanderbilts, etc. Quedó muy satisfecha. Esta tarde salimos para Cantón, última escala en China Popular antes de Hong Kong. El sábado llego a París [...]

HONG KONG, MAYO 17, 1984 (TARJETA POSTAL)

Hoy salimos de la República Popular China y llegamos exhaustos -a mediodía- a Hong Kong. Calor pegajoso y lluvia de comienzos del monzón, rascacielos y un comercio breath taking de lujo y la abundancia; buses de dos pisos, signos en inglés. Estoy tomando té en el Mandarín, el mejor hotel de Hong Kong, lleno de japonesas elegantes, hombres de negocios ingleses, gringos de paso y palmeras. Una orquesta de tuxedos blancos, batería y cantante. El sur de China igualito a Colombia; Hong Kong tiene aspectos como de Nueva York rico y otros de gran pobreza. Mañana paso a Kowloon, que es la otra parte de la ciudad. Están tocando Esta tarde vi llover