BIOGRAFÍA, LORENZO JARAMILLO. VIAJE A CHINA
VIAJE A CHINA
ENTRE NUEVA DELHI Y PEKÍN, ABRIL 30, 1984
[...] Pues sí. Ya estoy en el avión vía Pekín. Lufthansa con
toda su eficiencia nos lleva hacia el Oriente. Parece que una
especie de línea de algodoncitos que se alcanza a ver en el
horizonte son los picos de los Himalayas. La gente se para, se
acerca a’ las ventanas cámara en mano para fotografiar eso.
Escribo mientras oigo un concierto de Haydn con los audífonos. El
aire acondicionado sí es fatal (resfrío). Del grupo les cuento que
me va a tocar compartir el cuarto con el señor de los estornudos
que parecen gritos o pitos -creo que alguna vez les hablé de eso,
¿no? Ya me anunció que ronca. Judío de Salónica. Luis Olarte
me llevó al aeropuerto y antes de eso almorcé con Andrés Rodríguez,
mi amigo chileno, que apareció en París por cuatro días a contratar
cantantes para la ópera de Santiago... Les mandaré tarjetas chinas
y les contaré más adelante cómo me fue. Dentro de media hora
aterrizamos en Pekín.

Lorenzo y Jaime J. en su casa en Bonn (Alemania), 1978.
5 DE MAYO, 1984, TREN DE LO - YANG A SIAN
Querida familia: La letra tal vez rara de esta carta es debida
al vaivén del tren en el cual viajamos (ocho horas a Sian, antigua
capital de alguna antigua dinastía -tal vez Qin o Han-, donde
encontraron los guerreros de barro). Venimos de Lo- yang, donde
visitamos unas grutas de la época Han (siglos VI, VII, VIII d.c.)
con Budas esculpidos: las grutas de Longmen.... ¿Por dónde
empezar la crónica? [...] En primer lugar el grupo. Viajamos en
primera clase, claro; los chinos viajan en segunda, que es muy
pintoresca e interesante para verla de paso al vagón-comedor, pero
seguramente no para viajar... Al vagón-comedor hemos ido a
desayunar, un desayuno occidental deprimente, con una pareja de
diplomáticos daneses, monsieur et madame Serup; él, ex diplomático;
ella, francesa, de mamá rica ecuatoriana; él, estirado con cierto
tono, pero muy amable; ella, más parlanchina. Viven en la costa
Azul y se la pasan viajando. Ya me contaron que en Caracas habían
estado con Charry Samper y femme Santamaría y en Bucarest
con Gloria Gaitán y Clemencia Schloss Pomgo, o algo así. Ahora
están leyendo guías de China y yo escribiendo. Acabamos de tomar té
verde con galleticas inglesas salidas del bolso de madame,
y monsieur me acaba de mostrar en su guía una cronología
de las dinastías... Ella le posó a Picasso. El resto del grupo: una
inglesa, también de la costa Azul, Mrs. Spears, a quien le he oído
ya como cuatro veces de un desfile de modas fabuloso de Jean-Louis
Scherrer en el Negresco de Niza con sedas chinas e hindúes.
Fussy y estirada, pero querida dentro de su esnobismo; es
del estilo -graciosos, claro- que, al ver unos ministerios
iluminados con hileras de bombillos en Pekín dice:
“C’est ahumé! It’s like Harrods!!!”. Una
mamá con una hija flacucha de trenza, en sus
30’S, cabinera: Mme et Mlle Simon. Un
matrimonio de judíos tunecinos (franceses), divertidos: M. et Mme
Canoui, que viajan con un amigo director de banco (Banque Nationale
de París). El señor judío de Salónica queestornuda como un pito, M.
Faraggi, y con quien comparto el cuarto (lo cual ha funcionado
perfectamente). Una señora mayor, de aspecto distinguido, Mme
Boquinet, alta, con la cabeza ladeada y la boca estirada de un
lado, con el mismo hablar apretado de cualquier señora high
class bogotana o por el estilo. Siempre de faldas elegantes y
abrigo. Viaja con su hija, bastante escéptica, en sus cuarenta,
ojos verdes bonitos, como cuchillos, y arrugas en las comisuras:
Mme Villanaud. Otra viajera es la que me invitó al drink,
una viejita judía de Estambul, Mme Maillard, que ha resultado
viejita jarta; yo me independicé al primer día. Siempre muy
sabihonda, saluda a todo el mundo en chino y se pone gorros y
boinas a cual más notorios. Otra es una señora de mediana edad, Mme
Rousseau, tipo gallina boba, algo ordinaria y totalmente evitable.
También va otra viejita, esa sí absolutamente gris y sin interés,
evitable también, spinterish y brujil, de impermeable y
moña gris: Mme Valladaud. Un matrimonio muy viajero del sur de
Francia; ella, una especie de A. M. dentro de 15 o
20 años, M. y Mme Plan, él con llantas y rabo, y
con ellos su nuera, una joven querida, de pelito con Henna, que
vive en la Camargue, Mme Plan, la “joven”, y que es la
compinche de la inglesa, con quien comparte cuarto. M. et Mme
Calvet son también muy viajeros. Ella debió de ser bonita, tiene
cierta languidez y abundante pelo rojizo recogido atrás con muchos
ganchos; él, tipo sportif, de tenis y bien conservado. Y
por último, otro matrimonio, monsieur y madame Lafore; él, seco y
callado; ella, muy eficiente y me recuerda en algo a Yolanda. La
guía, que no es que sepa mucho, sino que sirve de enlace con los
también mediocres aunque muy sonrientes guías locales (para
saber hay que primero mirar bien y segundo leer en casa
sobre la China, después en la calma bogotana...), es
blaustrumpfosa (que Puchi explique) joven de granitos con
capa de Clearasil con pantalones turquesa... ¿Con quien, de
toda esta fauna, me he juntado y asociado? Con la señora estilo
bogotano y la hija escéptica, con el matrimonio danés - francés,
con la nuera de la Camargue y un poco con la inglesa
fussy.

Yolanda de J. y Lorenzo, Limburger (Alemania), 1978.

Lorenzo, Yolanda de J., Jaime J., Bárbara Nottmayer, Embajada
de Colombia en Bonn (Alemania), 1978.
(Ahora, releyendo días después, los pongo al día: los lazos con
la inglesa se han estrechado; el resto del grupo no varía). Bueno,
les cuento que todo el mundo ha viajado pilas. Uno no oye hablar
sino de Machu-Picchu y de El Cairo, de Turquía y de Rumania, de
Bangkok, de la islas Fiyi y Tahití, de Nueva Zelandia, Nepal,
Antofagasta, Yucatán, Siria, Córcega, Escocia, Bali, Angkor, las
Seychelles y Nigeria... Es cierto. Así como fuera hablar de Chía
(no digamos Londres y París, que es a la vuelta de la esquina,
¡claro!) La señora fulana se voltea y le pregunta a la
vecina: “i,Pero usted ha tomado el tren de El Cairo a
Asuán?”. O un señor está hablando del amanecer en
Machu-Picchu, o al rato le dice a uno que si tiene la oportunidad
algún día vaya a Camboya. Y de pronto la señora de más allá
comienza a hablar de las playas de las islas Seychelles. Por la
noche la cabinera cuenta no sé qué de una escala que hizo algún día
en Costa de Marfil. O la hija escéptica cuenta, a propósito del
frenazo de un bus, que en Siria los buses tienen unos pitos... La
viejita judía saludadora habla del Punjab y los del sur de Francia
cuentan sobre el té durante un viaje por Rusia. Los daneses hasta
en Barranquilla han estado. Y la señora “bogotana” hace
no sé qué comparación con Indonesia, momentos después de que la
inglesa ha dicho que en India sí le recibían la Barclay-Card. Así
como hay morfinómanos, parece haber viajómanos. Y eso sí,
todos, jóvenes y viejos, llevan a cámaras, desde
“idiotas” hasta fumadoras con micrófono para grabar el
sonido circundante.. ¡Yo soy el único feliz mortal que no
toma fotos!!! La comida es, toda, siempre china! Cada vez
hay nuevas cosas y hay otras que se repiten: son montones de
platicos con arroz seco y al final unas sopas con huevo y hierbas.
Se come con palillos. Yo decidí no aprender y como con la
mano. Dejo el puesto hecho una porquería y tengo fama de
gourmand. Pero qué jartera de comida. Y eso que yo soy,
God knows, curioso: hasta probé del plato de un
chino pobre, una vez que entramos con la “escéptica” a
una casucha en Lo-yang: unas como pastas anchas... y probé unos
fideos de arroz en unos puestos de comida popular (tipo fritangas)
junto a un río a donde fuimos a ver unas grutas con Budas del sigo
VI esculpidos en la roca. Hoy por la noche hubo ancas de rana,
albondiguitas, tallos de ajo, huevos pericos, unas vainas
espantosas de queso de soya y unas tajadas de un vegetal medio
picante. Yo ya apenas pruebo por ensayar y tomo montones de té (lo
único que sé decir en chino es “té” y funciona). Se
almuerza a las 11 a.m. y se come a las 6 ½ pm. El agua
mineral es como Alka Seltzer. Todo lleno de grasas y condimentos.
Otras rareza: el pan, en bolas blancas, parece crudo, una vez
relleno de una pasta negruzca, dulzona que parece que era de
fríjoles; dulces de harina de fríjol; raviolis de arroz, res
anisada. ¡Ah! En Pekín nos hicieron un gran banquete, ese sí
sabrosísimo, de pato laqueado con manzanas acarameladas de postre!!
Bueno, ahora me voy a dormir mientras tanto llegamos a Sian,
antigua capital Han y Tang. En la próxima oportunidad sigo.
Solamente quiero decirles por ahora que la China me recuerda mucho,
en algunos aspectos a Colombia: grandes espacios, naturaleza vasta,
subdesarrollo y pobreza, mugre y polvo. Imagínense al viejito del
edificio de la esquina y a H. E., vístalos de azul y multipliquen a
la N... Póngalos a hablar una cosa rara y agreguen un olor
bastante peculiar y poco atractivo, como a jabón feo, como
a “otra cultura”... que invade todo. Mugre y porquería.
Escupen mucho y en ciertos sitios ponen unas como micas de plástico
para que la gente escupa. ¡Quite horrible! El polvo se los
come. La pobreza grande, como de barrio pobre, pero
“organizadita”. De piso de tierra, en pleno centro de
unas ciudades de lo menos atractivas, unas especies de
“afueras de Cali”. Pekín, con muchos árboles, llenos de
casitas pobres en el centro y la arquitectura moderna masiva,
espantosa, como de viviendas multitudinarias tipo Kennedy o
Paloquemao. Les cuento que si no es porque me recuerda a la pobreza
colombiana, h que uno mal que bien, está habituado, la pobreza en
China me impresionaría. No hay carros. Sólo uno que otro taxi y uno
que otro carro oficial Nissan o Toyota, con cortinitas. Buses
repletos no muy numerosos y millones de bicicletas sin luces ni
orden, que avanzan pitando sin pararse, ni mirar ni nada, como una
ola... Bueno, ahora sí me voy a dormir. [...]

Lorenzo, doctor Alfonso López y señora. Primera exposición
individual en la Galería Iriarte, Bogotá, 1980.
Sigo hoy 6 de mayo, por la mañana [...] Hace calor: 25-30
grados. Hoy fuimos a un sitio neolítico con museo: huesitos,
fierritos, tazas de barro con diseños de pescados... Pero por
orden: Pekín primero. La Ciudad Prohibida, que es la Ciudad
Imperial, es de esas cosas que, como la mezquita de Córdoba, hacen
pensar en el poder de un imperio. Otro recuerdo especial de Pekín
es la visita a un templo (¡fuimos a varios!) budista perdido,
solitario, maravilloso, con Budas y estelas. Después vino Lo-yang,
ciudad cerca de la cual están las grutas de Longmen de las que ya
hablé. Aquí en Sian fuimos hoy a ver los famosos guerreros de
cerámica, tamaño natural (son un ejército entero: ocho mil). Muy
impresionante. Por la mañana fuimos a un museo con cosas
maravillosas: estelas y relieves que uno nunca ha visto en
Occidente. Emocionante. Ayer fuimos a ver las primeras esculturas
de piedra de China. Ahí sí que me emocioné: unos caballos, un
tigre... Los paisajes me recuerdan mucho a Colombia. Ayer era como
Mosquera, pero caliente. Esta noche fuimos a un espectáculo de
bailes folclóricos y clásico europeo, charrísimo como Made in
Taiwan! Los pueblitos campesinos son de barro, color barro y
llenos de barro y polvo. Yo me enamoré de la ropa de los campesinos
pero parece que no existe para comprarla: ellos la hacen para
ellos. En Pekín fuimos al antiguo Palacio de Verano, que es ahora
un parque público. Hagan de cuenta una salida de loros en Bogotá,
extendida por los jardines imperiales. Con sus restaurantes
horribles donde comen acurrucados unas bolas blancuzcas y grasosas
y sorben unos caldos... El parque, con sus pabellones y una especie
de pérgola larga que bordea un lago, muy bonito. Ya hemos casi
perdido la cuenta de los templos a los que hemos ido. Hay qué
pensar muy bien para saber cuál fue cuál. “Ah sí! El del
Caballo Blanco de Lo-yang era el de los baldaquinos
dorados!”. Mañana volamos a Shanghai [...] Ya estoy en el
avión vía Shanghai. Hoy en Sian hubo 30 grados y parece que las
cosas se van a ir calentando. La “escéptica” me acaba
de decir que en Shanghai hay muchas patisseries. Lo está
leyendo en una guía y tengo fama de aimer les
patisseries.
Hoy hice otra de mis compras que étonnent a todo el
mundo. Me compré unas una gafas negras de las tradicionales que le
ve uno a los viejos campesinos, de lentes de cristal
oscuro (no vidrio, ¡cristal!) sin marco, rarísimos.
Esto fue después de una de las visitas más emocionantes
hasta ahora: la mezquita de Sian, de un siglo después de
Mahoma. Los relieves en piedra con lotos y cascadas, las portadas
chinas con caracteres árabes, la sala de oración misma con trabajos
en madera más cercanos a lo árabe... absolutamente
¡ravissante! Y unos muros y unos techos. Sólo
nosotros y dos gringos. Si ustedes vieran los enormes grupos de
gringos jubilados que se ven, sobre todo en los halls de
los hoteles. Bueno, acabo ya esta carta para mandarla de Shanghai y
así adelantar un poco la crónica [...] ¡Ah! Se me olvidaba
comentar: en el tren de Pekín a Lo-yang el señor danés me contó y
me prestó el Herald Tribune para que leyera lo de la muerte del
ministro de Justicia de Colombia (primera página con foto del
Mercedes acribillado...). Ya definitivamente no hay sino noticias
de inseguridad y violencia, ¿no? ¿Conque Belisario
era la paz? ¿Que iba a solucionarlo todo?... [...]