Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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BIOGRAFÍA, LORENZO JARAMILLO. VIAJE A CHINA

VIAJE A CHINA

ENTRE NUEVA DELHI Y PEKÍN, ABRIL 30, 1984

[...] Pues sí. Ya estoy en el avión vía Pekín. Lufthansa con toda su eficiencia nos lleva hacia el Oriente. Parece que una especie de línea de algodoncitos que se alcanza a ver en el horizonte son los picos de los Himalayas. La gente se para, se acerca a’ las ventanas cámara en mano para fotografiar eso. Escribo mientras oigo un concierto de Haydn con los audífonos. El aire acondicionado sí es fatal (resfrío). Del grupo les cuento que me va a tocar compartir el cuarto con el señor de los estornudos que parecen gritos o pitos -creo que alguna vez les hablé de eso, ¿no? Ya me anunció que ronca. Judío de Salónica. Luis Olarte me llevó al aeropuerto y antes de eso almorcé con Andrés Rodríguez, mi amigo chileno, que apareció en París por cuatro días a contratar cantantes para la ópera de Santiago... Les mandaré tarjetas chinas y les contaré más adelante cómo me fue. Dentro de media hora aterrizamos en Pekín.

Lorenzo y Jaime J. en su casa en Bonn (Alemania), 1978.
 

5 DE MAYO, 1984, TREN DE LO - YANG A SIAN

Querida familia: La letra tal vez rara de esta carta es debida al vaivén del tren en el cual viajamos (ocho horas a Sian, antigua capital de alguna antigua dinastía -tal vez Qin o Han-, donde encontraron los guerreros de barro). Venimos de Lo- yang, donde visitamos unas grutas de la época Han (siglos VI, VII, VIII d.c.) con Budas esculpidos: las grutas de Longmen.... ¿Por dónde empezar la crónica? [...] En primer lugar el grupo. Viajamos en primera clase, claro; los chinos viajan en segunda, que es muy pintoresca e interesante para verla de paso al vagón-comedor, pero seguramente no para viajar... Al vagón-comedor hemos ido a desayunar, un desayuno occidental deprimente, con una pareja de diplomáticos daneses, monsieur et madame Serup; él, ex diplomático; ella, francesa, de mamá rica ecuatoriana; él, estirado con cierto tono, pero muy amable; ella, más parlanchina. Viven en la costa Azul y se la pasan viajando. Ya me contaron que en Caracas habían estado con Charry Samper y femme Santamaría y en Bucarest con Gloria Gaitán y Clemencia Schloss Pomgo, o algo así. Ahora están leyendo guías de China y yo escribiendo. Acabamos de tomar té verde con galleticas inglesas salidas del bolso de madame, y monsieur me acaba de mostrar en su guía una cronología de las dinastías... Ella le posó a Picasso. El resto del grupo: una inglesa, también de la costa Azul, Mrs. Spears, a quien le he oído ya como cuatro veces de un desfile de modas fabuloso de Jean-Louis Scherrer en el Negresco de Niza con sedas chinas e hindúes. Fussy y estirada, pero querida dentro de su esnobismo; es del estilo -graciosos, claro- que, al ver unos ministerios iluminados con hileras de bombillos en Pekín dice: “C’est ahumé! It’s like Harrods!!!”. Una mamá con una hija flacucha de trenza, en sus 30’S, cabinera: Mme et Mlle Simon. Un matrimonio de judíos tunecinos (franceses), divertidos: M. et Mme Canoui, que viajan con un amigo director de banco (Banque Nationale de París). El señor judío de Salónica queestornuda como un pito, M. Faraggi, y con quien comparto el cuarto (lo cual ha funcionado perfectamente). Una señora mayor, de aspecto distinguido, Mme Boquinet, alta, con la cabeza ladeada y la boca estirada de un lado, con el mismo hablar apretado de cualquier señora high class bogotana o por el estilo. Siempre de faldas elegantes y abrigo. Viaja con su hija, bastante escéptica, en sus cuarenta, ojos verdes bonitos, como cuchillos, y arrugas en las comisuras: Mme Villanaud. Otra viajera es la que me invitó al drink, una viejita judía de Estambul, Mme Maillard, que ha resultado viejita jarta; yo me independicé al primer día. Siempre muy sabihonda, saluda a todo el mundo en chino y se pone gorros y boinas a cual más notorios. Otra es una señora de mediana edad, Mme Rousseau, tipo gallina boba, algo ordinaria y totalmente evitable. También va otra viejita, esa sí absolutamente gris y sin interés, evitable también, spinterish y brujil, de impermeable y moña gris: Mme Valladaud. Un matrimonio muy viajero del sur de Francia; ella, una especie de A. M. dentro de 15 o 20 años, M. y Mme Plan, él con llantas y rabo, y con ellos su nuera, una joven querida, de pelito con Henna, que vive en la Camargue, Mme Plan, la “joven”, y que es la compinche de la inglesa, con quien comparte cuarto. M. et Mme Calvet son también muy viajeros. Ella debió de ser bonita, tiene cierta languidez y abundante pelo rojizo recogido atrás con muchos ganchos; él, tipo sportif, de tenis y bien conservado. Y por último, otro matrimonio, monsieur y madame Lafore; él, seco y callado; ella, muy eficiente y me recuerda en algo a Yolanda. La guía, que no es que sepa mucho, sino que sirve de enlace con los también mediocres aunque muy sonrientes guías locales (para saber hay que primero mirar bien y segundo leer en casa sobre la China, después en la calma bogotana...), es blaustrumpfosa (que Puchi explique) joven de granitos con capa de Clearasil con pantalones turquesa... ¿Con quien, de toda esta fauna, me he juntado y asociado? Con la señora estilo bogotano y la hija escéptica, con el matrimonio danés - francés, con la nuera de la Camargue y un poco con la inglesa fussy.

Yolanda de J. y Lorenzo, Limburger (Alemania), 1978.
Lorenzo, Yolanda de J., Jaime J., Bárbara Nottmayer, Embajada de Colombia en Bonn (Alemania), 1978.

(Ahora, releyendo días después, los pongo al día: los lazos con la inglesa se han estrechado; el resto del grupo no varía). Bueno, les cuento que todo el mundo ha viajado pilas. Uno no oye hablar sino de Machu-Picchu y de El Cairo, de Turquía y de Rumania, de Bangkok, de la islas Fiyi y Tahití, de Nueva Zelandia, Nepal, Antofagasta, Yucatán, Siria, Córcega, Escocia, Bali, Angkor, las Seychelles y Nigeria... Es cierto. Así como fuera hablar de Chía (no digamos Londres y París, que es a la vuelta de la esquina, ¡claro!) La señora fulana se voltea y le pregunta a la vecina: “i,Pero usted ha tomado el tren de El Cairo a Asuán?”. O un señor está hablando del amanecer en Machu-Picchu, o al rato le dice a uno que si tiene la oportunidad algún día vaya a Camboya. Y de pronto la señora de más allá comienza a hablar de las playas de las islas Seychelles. Por la noche la cabinera cuenta no sé qué de una escala que hizo algún día en Costa de Marfil. O la hija escéptica cuenta, a propósito del frenazo de un bus, que en Siria los buses tienen unos pitos... La viejita judía saludadora habla del Punjab y los del sur de Francia cuentan sobre el té durante un viaje por Rusia. Los daneses hasta en Barranquilla han estado. Y la señora “bogotana” hace no sé qué comparación con Indonesia, momentos después de que la inglesa ha dicho que en India sí le recibían la Barclay-Card. Así como hay morfinómanos, parece haber viajómanos. Y eso sí, todos, jóvenes y viejos, llevan a cámaras, desde “idiotas” hasta fumadoras con micrófono para grabar el sonido circundante.. ¡Yo soy el único feliz mortal que no toma fotos!!! La comida es, toda, siempre china! Cada vez hay nuevas cosas y hay otras que se repiten: son montones de platicos con arroz seco y al final unas sopas con huevo y hierbas. Se come con palillos. Yo decidí no aprender y como con la mano. Dejo el puesto hecho una porquería y tengo fama de gourmand. Pero qué jartera de comida. Y eso que yo soy, God knows, curioso: hasta probé del plato de un chino pobre, una vez que entramos con la “escéptica” a una casucha en Lo-yang: unas como pastas anchas... y probé unos fideos de arroz en unos puestos de comida popular (tipo fritangas) junto a un río a donde fuimos a ver unas grutas con Budas del sigo VI esculpidos en la roca. Hoy por la noche hubo ancas de rana, albondiguitas, tallos de ajo, huevos pericos, unas vainas espantosas de queso de soya y unas tajadas de un vegetal medio picante. Yo ya apenas pruebo por ensayar y tomo montones de té (lo único que sé decir en chino es “té” y funciona). Se almuerza a las 11 a.m. y se come a las 6 ½ pm. El agua mineral es como Alka Seltzer. Todo lleno de grasas y condimentos. Otras rareza: el pan, en bolas blancas, parece crudo, una vez relleno de una pasta negruzca, dulzona que parece que era de fríjoles; dulces de harina de fríjol; raviolis de arroz, res anisada. ¡Ah! En Pekín nos hicieron un gran banquete, ese sí sabrosísimo, de pato laqueado con manzanas acarameladas de postre!! Bueno, ahora me voy a dormir mientras tanto llegamos a Sian, antigua capital Han y Tang. En la próxima oportunidad sigo. Solamente quiero decirles por ahora que la China me recuerda mucho, en algunos aspectos a Colombia: grandes espacios, naturaleza vasta, subdesarrollo y pobreza, mugre y polvo. Imagínense al viejito del edificio de la esquina y a H. E., vístalos de azul y multipliquen a la N... Póngalos a hablar una cosa rara y agreguen un olor bastante peculiar y poco atractivo, como a jabón feo, como a “otra cultura”... que invade todo. Mugre y porquería. Escupen mucho y en ciertos sitios ponen unas como micas de plástico para que la gente escupa. ¡Quite horrible! El polvo se los come. La pobreza grande, como de barrio pobre, pero “organizadita”. De piso de tierra, en pleno centro de unas ciudades de lo menos atractivas, unas especies de “afueras de Cali”. Pekín, con muchos árboles, llenos de casitas pobres en el centro y la arquitectura moderna masiva, espantosa, como de viviendas multitudinarias tipo Kennedy o Paloquemao. Les cuento que si no es porque me recuerda a la pobreza colombiana, h que uno mal que bien, está habituado, la pobreza en China me impresionaría. No hay carros. Sólo uno que otro taxi y uno que otro carro oficial Nissan o Toyota, con cortinitas. Buses repletos no muy numerosos y millones de bicicletas sin luces ni orden, que avanzan pitando sin pararse, ni mirar ni nada, como una ola... Bueno, ahora sí me voy a dormir. [...]

Lorenzo, doctor Alfonso López y señora. Primera exposición individual en la Galería Iriarte, Bogotá, 1980.

Sigo hoy 6 de mayo, por la mañana [...] Hace calor: 25-30 grados. Hoy fuimos a un sitio neolítico con museo: huesitos, fierritos, tazas de barro con diseños de pescados... Pero por orden: Pekín primero. La Ciudad Prohibida, que es la Ciudad Imperial, es de esas cosas que, como la mezquita de Córdoba, hacen pensar en el poder de un imperio. Otro recuerdo especial de Pekín es la visita a un templo (¡fuimos a varios!) budista perdido, solitario, maravilloso, con Budas y estelas. Después vino Lo-yang, ciudad cerca de la cual están las grutas de Longmen de las que ya hablé. Aquí en Sian fuimos hoy a ver los famosos guerreros de cerámica, tamaño natural (son un ejército entero: ocho mil). Muy impresionante. Por la mañana fuimos a un museo con cosas maravillosas: estelas y relieves que uno nunca ha visto en Occidente. Emocionante. Ayer fuimos a ver las primeras esculturas de piedra de China. Ahí sí que me emocioné: unos caballos, un tigre... Los paisajes me recuerdan mucho a Colombia. Ayer era como Mosquera, pero caliente. Esta noche fuimos a un espectáculo de bailes folclóricos y clásico europeo, charrísimo como Made in Taiwan! Los pueblitos campesinos son de barro, color barro y llenos de barro y polvo. Yo me enamoré de la ropa de los campesinos pero parece que no existe para comprarla: ellos la hacen para ellos. En Pekín fuimos al antiguo Palacio de Verano, que es ahora un parque público. Hagan de cuenta una salida de loros en Bogotá, extendida por los jardines imperiales. Con sus restaurantes horribles donde comen acurrucados unas bolas blancuzcas y grasosas y sorben unos caldos... El parque, con sus pabellones y una especie de pérgola larga que bordea un lago, muy bonito. Ya hemos casi perdido la cuenta de los templos a los que hemos ido. Hay qué pensar muy bien para saber cuál fue cuál. “Ah sí! El del Caballo Blanco de Lo-yang era el de los baldaquinos dorados!”. Mañana volamos a Shanghai [...] Ya estoy en el avión vía Shanghai. Hoy en Sian hubo 30 grados y parece que las cosas se van a ir calentando. La “escéptica” me acaba de decir que en Shanghai hay muchas patisseries. Lo está leyendo en una guía y tengo fama de aimer les patisseries.

Hoy hice otra de mis compras que étonnent a todo el mundo. Me compré unas una gafas negras de las tradicionales que le ve uno a los viejos campesinos, de lentes de cristal oscuro (no vidrio, ¡cristal!) sin marco, rarísimos. Esto fue después de una de las visitas más emocionantes hasta ahora: la mezquita de Sian, de un siglo después de Mahoma. Los relieves en piedra con lotos y cascadas, las portadas chinas con caracteres árabes, la sala de oración misma con trabajos en madera más cercanos a lo árabe... absolutamente ¡ravissante! Y unos muros y unos techos. Sólo nosotros y dos gringos. Si ustedes vieran los enormes grupos de gringos jubilados que se ven, sobre todo en los halls de los hoteles. Bueno, acabo ya esta carta para mandarla de Shanghai y así adelantar un poco la crónica [...] ¡Ah! Se me olvidaba comentar: en el tren de Pekín a Lo-yang el señor danés me contó y me prestó el Herald Tribune para que leyera lo de la muerte del ministro de Justicia de Colombia (primera página con foto del Mercedes acribillado...). Ya definitivamente no hay sino noticias de inseguridad y violencia, ¿no? ¿Conque Belisario era la paz? ¿Que iba a solucionarlo todo?... [...]