Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. Su lectura es como visitar un salón de belleza seis veces en una semana

Su lectura es como visitar un salón de belleza seis veces en una semana

De los amores negados

Ángela Becerra
Villegas Editores, Bogotá, 2003, 461 págs.

 

En la carátula, una paloma roja que despliega sus alas nos anticipa el tono de la novela, el título lo confirma y el contenido no nos toma por sorpresa.

En los últimos años se ha puesto énfasis en la condición de las mujeres, en su libertad, su sexualidad, su espacio propio -como lo llamó la Woolf-, su independencia, la ruptura de esquemas, etc. Incluso, en un extraño intento semántico, en la actualidad se debe hablar de niños y niñas, hombres y mujeres, gatos y gatas, mirlos y mirlas, ahora es un desacato referirse -como antaño el discurso filosófico-, al hombre como humanidad. En los planteles educativos, llamados también así ahora, y no escuelas o colegios (además, casi siempre tienen nombre de correccional), se refieren a los alumnos y las alumnas, profesoras y profesores, maestros y maestras; en las entidades públicas tardan años encabezando los discursos y dan tumbos para referirse a temas triviales y buscar el termino femenino para no herir susceptibilidades. Ni qué decir del virus que carcome el lenguaje coloquial: ya nadie oye, todo el mundo "escucha"; tiene cabello, y pelo es una palabra soez; nadie pone sobre la mesa, sino "coloca" y pocos espichan, tienden a "oprimir". Estos malos vientos afectan al país entero y se cuelan por doquier. De la misma forma aún se insiste en encasillar a la literatura en "femenina", "de alteridad", "alterna" y lo demás.

Cuando leemos a la premiada Laura Restrepo en Delirio, se lee una estructura genial, donde los hilos no se pierden y la urdimbre se teje entre buen humor y maestría. No es literatura femenina aunque está escrita por una mujer y la protagonista lo es también. Es decir, si se omite el nombre del autor la novela se sustenta por sí misma, no hay que defenderla exclamando: -¡Ay, pero si lo escribió una mujer!-. Es literatura y no debe tener género, es buena o mala, legible o impasable, escrita con maestría, narrada con deleite, estructurada con talento.

Pero tal vez me alejo del tema. La paloma roja de la carátula nos deja entrever aquello que vamos a encontrar... Una novela rosa, rosa carmín, si se puede exagerar, rosado Soacha para los nacionales, rosado dulce de Semana Santa de Zipaquirá. En las peluquerías y en las filas de los supermercados alguna vez hemos ojeado Vanity Fair, Cosmopolitan, Vanidades o Marie Claire. La licencia se permite entre los vapores de los secadores de pelo y las conversaciones trascendentales de las dientas y las angustias de los peluqueros. Y la sensación, leyendo esta novela -escrita por una publicista exitosa que ha incursionado en la poesía también-, es la de estar sumergido en una de esas aventuras romántico-sensuales, eróticas, que tanto éxito han tenido en estos círculos.

Juzgue el lector en el siguiente trozo:

Era una noche de carnaval y fiesta, pero ella había huido en busca del húmedo mar; amaba la soledad del oleaje, la simetría de su música. Se había quitado los zapatos para sentir el crujir de las caracolas trituradas bajo sus pies, otro sonido que adoraba. Había llegado a la orilla, y se había sentado a escuchar el vaivén de las olas...su respirar y expirar constantes. En ese momento había entendido que las olas eran la respiración del mar...

Fiamma dei Fiori, de profesión psicóloga, experta en oír dolores ajenos; Estrella, coleccionista de ángeles, directora de una ONG, "Amor sin límites", y Martín, periodista y escritor de poemas en los arrebatos de amor, marido de la primera y hombre en cuestión. Las dos mujeres se conocen porque a la psicóloga le cae encima uno de los ángeles de Estrella y termina siendo su paciente y amiga. Pero el ángel que le cae luego a Estrella no es de yeso, argamasa ni madera; es el mismo marido de Fiamma. La coleccionista de ángeles reencuentra su sexualidad refundida gracias a un ex marido violador y opresivo; la psicóloga pierde la suya y a su marido entre el tedio de un matrimonio de años y las sorpresas que le desvelará su nueva estrella. Fionna sigue atenta las aventuras del ángel y su amiga, a quien alienta y le presta libros para desatar su sexualidad, sin sospechar la pasión que está alimentando:

Ese sábado, Agualinda era un paraíso perdido que esperaba ansioso urgirse de enamorados: los corazones de Estrella y Ángel, reventados en aleteos de alegría y gozo, acompañaban los fastuosos remolinos de arrugados tafetanes y tules que vestían y desvestían sus ardientes playas en apasionada y armónica danza.

La psicóloga no se queda atrás, encuentra un escultor que antes de conocerla la ha reproducido en hermosas y expresivas esculturas, que representan, todas y cada una, los dolores y la soledad de las mujeres. El umbral de la infidelidad sobrepasa los límites, Fionna reencuentra su vida entre la greda y la talla y descubre a la vez la traición de su marido.

El lector se imaginará el final. Hay arrepentimiento, claro. Ella huye de todo y se desaparece convertida en escultora anónima, ya sin su amante. Con el paso de los años, él siente que se equivocó y que su verdadero amor siempre había sido la psicóloga. Cuando la nieve blanquea sus cabezas, se encuentran en una playa.

Continuar con los detalles sería fatigoso. La ventaja de las novelas rosa leídas en las revistas de las peluquerías es la brevedad. Ésta supera las cuatrocientas páginas. Su lectura es como visitar un salón de belleza seis veces en una sola semana; casos se han visto y sobra anotar que se asegura que el libro ha sido un verdadero éxito. De todo hay en la viña del señor. Y para todos los gustos.

JIMENA MONTAÑA CUÉLLAR