Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. Un escritor que lucha por no casarse con una formula

Un escritor que lucha por no casarse con una fórmula

El jardín del unicornio y otros lugares para hombres solos

Triunfo Arciniegas
(ilustrador: Julio César Gómez)
Editorial Panamericana, Bogotá, 2002, 143 págs.

 

A Triunfo Arciniegas se le reconoce como uno de los escritores colombianos de literatura para niños que más oficio tiene y que se ha dedicado con profesionalismo y acierto a escribir para los jóvenes lectores. Quizá por esta condición me acerco al Jardín del unicornio con una expectativa que resulta de inmediato equivocada. Ya el subtítulo: y otros lugares para hombres solos, debería alertar a un lector atento y permitirle pensar que quizá ese jardín no es tan infantil y ese unicornio no es tan inocente como podría uno imaginarlo en una historia para niños.

La colección en la que se encuentra ubicado este libro -letras latinoamericanas- es, además, un guiño al lector para que se olvide de una vez por todas que va a leer un libro de cuentos fantásticos para pequeños y reorganice su horizonte de expectativas. También puede confundir el hecho de que el libro se encuentra en la sección infantil de la librería donde fue comprado y no en la de adultos, donde debería estar, y no digo esto por un acto de censura, sino y simplemente porque los diez cuentos reunidos en este libro serían un plato demasiado fuerte para un niño; sin embargo, para un adulto no está nada mal: un delicioso sabor agrio y amargo queda después de terminar la última página.

En estos relatos no importa tanto lo que pasa. Es más: en algunos no pasa nada. Aquí los que sobreviven son los personajes y no por heroicos propiamente, sino por todo lo contrario: seres oscuros, frustrados, anodinos, humillados, para quienes la vida pareciera la antesala de la muerte. Un viejo a quien le sobrevive su cuerpo "como un tronco seco que el verano pudre a la orilla del camino" y de quien sabemos que se casó con Renata Morantes, después de violarla y dejarla embarazada; luego de conocer, a través del recuerdo, su infancia llena de rabia y su vida inútil e infeliz, asistimos a su entierro, no sin antes sospechar de la muchacha, a quien el hijo se le había muerto en el vientre. Otro cuento de viejos es El gusano de Dios, en el que un anciano recuerda su vida inútil y la muerte de sus tres hijos. En El mundo de Cristina las cosas no son mejores. A esta pequeña su mamá le rompe las muñecas y sus juguetes de barro, cada vez que entra en cólera o le dan celos de Nora, una chica de quien nos queda la duda de si es la hermana o una amiga de la casa y con quien los padres de Cristina hacen un trío.

El jardín del unicornio, relato que le da el título a la colección, es ante todo un cuento erótico: un hombre resuelve la permanente insatisfacción de su mujer comprándole un hermoso unicornio rosado para su jardín. Al principio el hombre está feliz pues su mujer dejó de alegar y siempre está con una dulce sonrisa en los labios. Lo que el hombre no calculó fue la seducción ejercida por este extraño animal a su esposa, hasta el punto de encontrarla todos los días soñolienta y desnuda oliendo a unicornio y con los labios morados, olvidándose por completo de él. Éste es quizá uno de los cuentos más logrados de la selección, sobre todo por lo sugerente: al lector le queda el deleite de imaginarse a un unicornio haciendo el amor con una mujer, quien además se deleita con su cuerno morado, sin que esto se haya hecho explícito en ninguna parte del relato. Cada imagen, cada metáfora, cada alusión del hombre que narra nos envuelve en una atmósfera cargada de sexualidad, sin caer en ningún momento en la vulgaridad ni en la obviedad.

En La botella del alma los personajes son oscuros y sórdidos: un hombre que vive de buscar desaparecidos y una vieja loca que guarda el alma en una botella. Ambos se hacen amigos, la vieja lo aloja en su casa, le muestra su alma atrapada en un pedazo de vidrio y le cuenta sobre su relación con los espíritus, mientras el tipo busca a Nefertiti, una muchacha loca que se la pasa acostándose con todos los hombres y luego los deja muertos de hambre. Miel es tal vez el cuento más cruel y descarnado. Aquí la atmósfera es de odio, rencor y resentimiento, y la disputa es entre una empleada del servicio y una señora que le hacía restregar las manos con limón para quitarse el olor a sirvienta. Ambas están detrás del mismo hombre, Heliodoro Ramírez, quien detestaba el olor a la cebolla, propio de las criadas, y se moría por los perfumes caros. La señora termina por acostarse con Heliodoro y la criada planea su venganza: la duerme, le unta el cuerpo con miel y le vacía una caja entera con unos animales que nunca supimos qué son, pero que podemos imaginar devorándose el cuerpo dormido y amordazado de la señora.

Alas a mitad de precio y Pasajeros son cuentos que se refieren más a los oficios del rebusque, a los días sin sentido, a la miseria de unas vidas que se reducen a sobrevivir. En Las visitas del ángel asistimos a un diálogo entre dos monjas frente al cadáver de Eudosio Montes. Es de noche y tienen miedo de salir por temor a ser violadas por un ángel. Cerdos en el viento es quizá el cuento que más se separa del conjunto por ser sobre todo una alegoría de los tiempos de la inocencia del hombre. Épocas aquellas en que los cerdos volaban, eran felices y les recordaban a los hombres un estado de plenitud que no soportaron y terminaron cortándoles las alas a todos los cerdos.

El mundo que crea Arciniegas en estos relatos es sórdido, desolado, en el que no hay esperanzas ni segundas oportunidades sobre la tierra. Aquí no hay espacio para la redención. Es la condición humana desnuda, puesta allí sin tapujos ni falsos moralismos. A estos personajes no los mueven grandes ideales ni nobles sentimientos, tampoco el amor. Estamos lejos de los héroes que luchan por alcanzar algo, así sea un espacio para sí mismos; lejos de los héroes románticos que esperan, al final de su esfuerzo o de su lucha, ser recompensados con el amor; es más: no se trata tampoco de cuentos con un final infeliz. Aquí nada es feliz: ni el inicio, ni el nudo ni el desenlace.

A los personajes de El Jardín del unicornio los mueve una fuerza que proviene de los instintos más bajos del hombre, pero de los cuales echan mano porque no tienen otra opción: la rabia, el resentimiento, el odio, el sexo aliado con la muerte, surgen de lo más hondo, brotan como una defensa necesaria ante la humillación o la degradación. A Renata se le muere el bebé en el vientre porque en esa vida tan miserable no puede vivir nada, y asistimos al entierro del viejo que la violó, con alivio, porque después de tanta desgracia, uno como lector llega a pensar que es mil veces preferible la muerte a una vida tan oscura y tan inútil; las muñecas de Cristina más parecen fetiches que juguetes de niña, y la misma Cristina ha perdido hace tiempo la inocencia, pues vive en un ambiente enrarecido por la violencia, el incesto, el sexo sin sentimiento. A Antonia, la criada de Miel, la mueven la venganza y el odio, lo mismo que a la señora de la casa. Ambas resuman rencor, celos y envidia, y cualquier intento de un sentimiento noble queda borrado por el odio. Las monjas confiesan sus pecados mientras velan a un muerto; el viejo salido del asilo recuerda la vida inútil de sus tres hijos, que hace tiempo murieron, y se llama a sí mismo "el gusano de Dios", en un intertexto con el tono y la tristeza del poeta César Vallejo, relación que se hace explícita en el cuento.

Arciniegas nos presenta un mundo decadente y sin ningún resquicio de esperanza. Y aquí está su mayor acierto: no hay lamentación, no hay nostalgia, no hay recriminación alguna por parte del autor ni de los personajes. Tampoco hay mensajes, ni falsos moralismos. Es como si dijera: miren, ése también es el hombre, es la otra cara del ser humano: la miseria, la degradación, la resignación, o los sentimientos perversos. Eso somos y estamos lejos de actos heroicos o redentores.

En estos cuentos Arciniegas sé arriesga a adentrarse por los recovecos más oscuros y degradantes del ser humano y lo hace con un lenguaje que se adecua a este estado de ánimo de los personajes y a esta visión de mundo. Es un ritmo conciso, como de frases cortas y secas emitidas por unos seres que están al borde del abismo, despojados de cualquier magnificencia o de cualquier aspiración gloriosa. Estos seres tan desolados no pueden ser descritos de otra manera, ni pueden hablar de otra manera:

...sueño cosas raras. No tengo a quien contarle los sueños. Matías no es muy entendido y mamá dice que soy un bicho raro. Sueño que mamá se quita la sombra y la vuelve tiras con el cuchillo de la cocina... [pág. 43]

O en el cuento Alas a mitad de precio:

De verdad termino el día cansado. No es para menos. Los negocios van de mal en peor. De capa caída, como dicen. La gente no dispone de dinero como antes ni tanta fe. En estos tiempos de escándalo a la gente no le interesan las alas, ni a mitad de precio, [pág. 93]

Así también, las imágenes están acordes con ese mundo oscuro, sórdido y perverso. Nada aquí puede ser luminoso, ni alegre: "Detrás de la mesa reposaba la vieja, gorda y vestida de negro, cantando con los ojos cerrados...". Más adelante, esta otra imagen: "Sobre la mesa la botella de su alma, verde, alargada, lisa y en su pico, ensartado, el cabo de vela que nos alumbraba..." (pág. 66). Otras son delirantes como los personajes mismos: "Sueño que mamá se quita la sombra y la vuelve tiras con el cuchillo de cocina. Lava las tiras hasta volverlas blancas y se las come, las mastica con los ojos cerrados..." [pág. 43]. 

Para un lector que conoce la obra de Arciniegas, y que lo identifica con libros divertidos, con cuentos juguetones, con parodias llenas de humor de los cuentos de hadas, dirigidos sobre todo a los jóvenes lectores, no deja de asombrar este conjunto de cuentos tan sórdidos y descarnados. Y quizá esto también es lo que más gusta, porque estamos frente a un escritor que lucha por no casarse con una fórmula -lo que puede ocurrir con facilidad en este mundo del mercado del libro infantil- sino que está experimentando en la búsqueda de un estilo propio y de una escritura para múltiples y diversos tipos de lector.

Triunfo Arciniegas ha recibido varios reconocimientos, sobre todo por su obra dirigida a los jóvenes lectores. Con Las batallas de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil, con Caperucita Roja y otras historias perversas el premio Comfamiliar del Atlántico, con La muchacha de Transilvaniay otras historias de amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato es un león viejo, el Premio Nacional de Dramaturgia.

BEATRIZ HELENA ROBLEDO