Reseñas. Un escritor que lucha por no casarse con una
formula
Un escritor que lucha por no casarse con una
fórmula
El jardín del unicornio y otros lugares para hombres
solos
Triunfo Arciniegas
(ilustrador: Julio César Gómez)
Editorial Panamericana, Bogotá, 2002, 143 págs.
A Triunfo Arciniegas se le reconoce como uno de los escritores
colombianos de literatura para niños que más oficio tiene y que se
ha dedicado con profesionalismo y acierto a escribir para los
jóvenes lectores. Quizá por esta condición me acerco al Jardín del
unicornio con una expectativa que resulta de inmediato equivocada.
Ya el subtítulo: y otros lugares para hombres solos, debería
alertar a un lector atento y permitirle pensar que quizá ese jardín
no es tan infantil y ese unicornio no es tan inocente como podría
uno imaginarlo en una historia para niños.

La colección en la que se encuentra ubicado este libro -letras
latinoamericanas- es, además, un guiño al lector para que se olvide
de una vez por todas que va a leer un libro de cuentos fantásticos
para pequeños y reorganice su horizonte de expectativas. También
puede confundir el hecho de que el libro se encuentra en la sección
infantil de la librería donde fue comprado y no en la de adultos,
donde debería estar, y no digo esto por un acto de censura, sino y
simplemente porque los diez cuentos reunidos en este libro serían
un plato demasiado fuerte para un niño; sin embargo, para un adulto
no está nada mal: un delicioso sabor agrio y amargo queda después
de terminar la última página.
En estos relatos no importa tanto lo que pasa. Es más: en
algunos no pasa nada. Aquí los que sobreviven son los personajes y
no por heroicos propiamente, sino por todo lo contrario: seres
oscuros, frustrados, anodinos, humillados, para quienes la vida
pareciera la antesala de la muerte. Un viejo a quien le sobrevive
su cuerpo "como un tronco seco que el verano pudre a la orilla
del camino" y de quien sabemos que se casó con Renata
Morantes, después de violarla y dejarla embarazada; luego de
conocer, a través del recuerdo, su infancia llena de rabia y su
vida inútil e infeliz, asistimos a su entierro, no sin antes
sospechar de la muchacha, a quien el hijo se le había muerto en el
vientre. Otro cuento de viejos es El gusano de Dios, en el que un
anciano recuerda su vida inútil y la muerte de sus tres hijos. En
El mundo de Cristina las cosas no son mejores. A esta pequeña su
mamá le rompe las muñecas y sus juguetes de barro, cada vez que
entra en cólera o le dan celos de Nora, una chica de quien nos
queda la duda de si es la hermana o una amiga de la casa y con
quien los padres de Cristina hacen un trío.
El jardín del unicornio, relato que le da el título a
la colección, es ante todo un cuento erótico: un hombre resuelve la
permanente insatisfacción de su mujer comprándole un hermoso
unicornio rosado para su jardín. Al principio el hombre está feliz
pues su mujer dejó de alegar y siempre está con una dulce sonrisa
en los labios. Lo que el hombre no calculó fue la seducción
ejercida por este extraño animal a su esposa, hasta el punto de
encontrarla todos los días soñolienta y desnuda oliendo a unicornio
y con los labios morados, olvidándose por completo de él. Éste es
quizá uno de los cuentos más logrados de la selección, sobre todo
por lo sugerente: al lector le queda el deleite de imaginarse a un
unicornio haciendo el amor con una mujer, quien además se deleita
con su cuerno morado, sin que esto se haya hecho explícito en
ninguna parte del relato. Cada imagen, cada metáfora, cada alusión
del hombre que narra nos envuelve en una atmósfera cargada de
sexualidad, sin caer en ningún momento en la vulgaridad ni en la
obviedad.
En La botella del alma los personajes son oscuros y sórdidos: un
hombre que vive de buscar desaparecidos y una vieja loca que guarda
el alma en una botella. Ambos se hacen amigos, la vieja lo aloja en
su casa, le muestra su alma atrapada en un pedazo de vidrio y le
cuenta sobre su relación con los espíritus, mientras el tipo busca
a Nefertiti, una muchacha loca que se la pasa acostándose con todos
los hombres y luego los deja muertos de hambre. Miel es tal vez el
cuento más cruel y descarnado. Aquí la atmósfera es de odio, rencor
y resentimiento, y la disputa es entre una empleada del servicio y
una señora que le hacía restregar las manos con limón para quitarse
el olor a sirvienta. Ambas están detrás del mismo hombre, Heliodoro
Ramírez, quien detestaba el olor a la cebolla, propio de las
criadas, y se moría por los perfumes caros. La señora termina por
acostarse con Heliodoro y la criada planea su venganza: la duerme,
le unta el cuerpo con miel y le vacía una caja entera con unos
animales que nunca supimos qué son, pero que podemos imaginar
devorándose el cuerpo dormido y amordazado de la señora.

Alas a mitad de precio y Pasajeros son cuentos que se
refieren más a los oficios del rebusque, a los días sin sentido, a
la miseria de unas vidas que se reducen a sobrevivir. En Las
visitas del ángel asistimos a un diálogo entre dos monjas
frente al cadáver de Eudosio Montes. Es de noche y tienen miedo de
salir por temor a ser violadas por un ángel. Cerdos en el
viento es quizá el cuento que más se separa del conjunto por
ser sobre todo una alegoría de los tiempos de la inocencia del
hombre. Épocas aquellas en que los cerdos volaban, eran felices y
les recordaban a los hombres un estado de plenitud que no
soportaron y terminaron cortándoles las alas a todos los
cerdos.
El mundo que crea Arciniegas en estos relatos es sórdido,
desolado, en el que no hay esperanzas ni segundas oportunidades
sobre la tierra. Aquí no hay espacio para la redención. Es la
condición humana desnuda, puesta allí sin tapujos ni falsos
moralismos. A estos personajes no los mueven grandes ideales ni
nobles sentimientos, tampoco el amor. Estamos lejos de los héroes
que luchan por alcanzar algo, así sea un espacio para sí mismos;
lejos de los héroes románticos que esperan, al final de su esfuerzo
o de su lucha, ser recompensados con el amor; es más: no se trata
tampoco de cuentos con un final infeliz. Aquí nada es feliz: ni el
inicio, ni el nudo ni el desenlace.
A los personajes de El Jardín del unicornio los mueve una fuerza
que proviene de los instintos más bajos del hombre, pero de los
cuales echan mano porque no tienen otra opción: la rabia, el
resentimiento, el odio, el sexo aliado con la muerte, surgen de lo
más hondo, brotan como una defensa necesaria ante la humillación o
la degradación. A Renata se le muere el bebé en el vientre porque
en esa vida tan miserable no puede vivir nada, y asistimos al
entierro del viejo que la violó, con alivio, porque después de
tanta desgracia, uno como lector llega a pensar que es mil veces
preferible la muerte a una vida tan oscura y tan inútil; las
muñecas de Cristina más parecen fetiches que juguetes de niña, y la
misma Cristina ha perdido hace tiempo la inocencia, pues vive en un
ambiente enrarecido por la violencia, el incesto, el sexo sin
sentimiento. A Antonia, la criada de Miel, la mueven la venganza y
el odio, lo mismo que a la señora de la casa. Ambas resuman rencor,
celos y envidia, y cualquier intento de un sentimiento noble queda
borrado por el odio. Las monjas confiesan sus pecados mientras
velan a un muerto; el viejo salido del asilo recuerda la vida
inútil de sus tres hijos, que hace tiempo murieron, y se llama a sí
mismo "el gusano de Dios", en un intertexto con el tono y
la tristeza del poeta César Vallejo, relación que se hace explícita
en el cuento.
Arciniegas nos presenta un mundo decadente y sin ningún
resquicio de esperanza. Y aquí está su mayor acierto: no hay
lamentación, no hay nostalgia, no hay recriminación alguna por
parte del autor ni de los personajes. Tampoco hay mensajes, ni
falsos moralismos. Es como si dijera: miren, ése también es el
hombre, es la otra cara del ser humano: la miseria, la degradación,
la resignación, o los sentimientos perversos. Eso somos y estamos
lejos de actos heroicos o redentores.
En estos cuentos Arciniegas sé arriesga a adentrarse por los
recovecos más oscuros y degradantes del ser humano y lo hace con un
lenguaje que se adecua a este estado de ánimo de los personajes y a
esta visión de mundo. Es un ritmo conciso, como de frases cortas y
secas emitidas por unos seres que están al borde del abismo,
despojados de cualquier magnificencia o de cualquier aspiración
gloriosa. Estos seres tan desolados no pueden ser descritos de otra
manera, ni pueden hablar de otra manera:

...sueño cosas raras. No tengo a quien contarle los sueños.
Matías no es muy entendido y mamá dice que soy un bicho raro. Sueño
que mamá se quita la sombra y la vuelve tiras con el cuchillo de la
cocina... [pág. 43]
O en el cuento Alas a mitad de precio:
De verdad termino el día cansado. No es para menos. Los
negocios van de mal en peor. De capa caída, como dicen. La gente no
dispone de dinero como antes ni tanta fe. En estos tiempos de
escándalo a la gente no le interesan las alas, ni a mitad de
precio, [pág. 93]
Así también, las imágenes están acordes con ese mundo oscuro,
sórdido y perverso. Nada aquí puede ser luminoso, ni alegre:
"Detrás de la mesa reposaba la vieja, gorda y vestida de
negro, cantando con los ojos cerrados...". Más adelante, esta
otra imagen: "Sobre la mesa la botella de su alma, verde,
alargada, lisa y en su pico, ensartado, el cabo de vela que nos
alumbraba..." (pág. 66). Otras son delirantes como los
personajes mismos: "Sueño que mamá se quita la sombra y la
vuelve tiras con el cuchillo de cocina. Lava las tiras hasta
volverlas blancas y se las come, las mastica con los ojos
cerrados..." [pág. 43].
Para un lector que conoce la obra de Arciniegas, y que lo
identifica con libros divertidos, con cuentos juguetones, con
parodias llenas de humor de los cuentos de hadas, dirigidos sobre
todo a los jóvenes lectores, no deja de asombrar este conjunto de
cuentos tan sórdidos y descarnados. Y quizá esto también es lo que
más gusta, porque estamos frente a un escritor que lucha por no
casarse con una fórmula -lo que puede ocurrir con facilidad en este
mundo del mercado del libro infantil- sino que está experimentando
en la búsqueda de un estilo propio y de una escritura para
múltiples y diversos tipos de lector.
Triunfo Arciniegas ha recibido varios reconocimientos, sobre
todo por su obra dirigida a los jóvenes lectores. Con Las batallas
de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil, con
Caperucita Roja y otras historias perversas el premio Comfamiliar
del Atlántico, con La muchacha de Transilvaniay otras historias de
amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato
es un león viejo, el Premio Nacional de Dramaturgia.
BEATRIZ HELENA ROBLEDO