Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseñas. El poeta es un viajero incómodo

El poeta es un viajero incómodo

 

La poesía es un viaje

Robinson Quintero Ossa
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2004, 86 págs.

 

El mundo al poeta lo subyuga.

Por analogía, por extensión, o en uso de una metáfora frecuente, la poesía, tradicionalmente, se ha asimilado al viaje. Ir a otro lugar, transportarse, dejarse llevar en un vuelo por la imaginación, etc. Hasta que ello se volvió un lugar común, un comodín, una fórmula insustancial. Entre otras cosas, porque la poesía ha dejado de ser ese cuerpo blandengue y modelable que servía "para todo" (y por tanto para nada), y en el cual entraba todo el que quisiera, desde políticos hasta recreacionistas, para hacerse pasar por gente interesante de nobles y altos ideales, y ha pasado, hace rato, a entenderse como lo que es: un género del arte cuyo cultivo requiere disciplina, rigor, elegancia, conocimiento del lenguaje y una fina sensibilidad.

Entonces un título como La poesía es un viaje, de Robinson Quintero, que publicó en 2004 la Universidad Nacional, a primera vista puede parecemos poco original. Pero también sin agarre, sin fuerza.

Una vez instalados en la lectura, y a medida que avanzamos, ese título puede parecemos ya eficaz y hasta sonoro, o simplemente nos olvidamos de él por el hecho de que estos poemas absorben toda nuestra atención; nos vamos con ellos, de verdad, por donde ellos viajan: carreteras, montañas, ríos, oscuridades, soles, memoria.

Robinson Quintero Ossa (Caramanta [Antioquia], 1959) ha publicado tres títulos de poesía: De viaje (1994), Hay que cantar (1998) y La poesía es un viaje (2004). Tres libros en diez años significa que hay pudor y, con él, cuidado, reposo, selección. Y esto se les nota a los libros. Cada uno tiene su carácter, su tono, su lenguaje. Y hay medida en todo ello.

Pero no están exentos de una sensibilidad que aflora por sus líneas, que es como decir por la piel de estos textos. Desde el primero se avizora un temperamento poético sólido, sin que pueda decirse que no tiene balbuceos o ripios que, como se verá, el poeta retira cuando tiene oportunidad.

No es éste un poeta dado a las metáforas, al tropo, o en general al uso permanente de los recursos propios y abundantes de la poesía. Y ello también se ve desde el principio. Su decir es simple, de sensaciones inmediatas, casi sin imágenes más allá de las que las palabras reflejan al ser nombradas.

En De viaje ya ese tono se vislumbra. Allí nos habla de Tren, Patios, Perro, Oración, Ríos, Mesa puesta, Canción, en fin, cosas que tenemos a la vista. Los ojos del poeta van de viaje por los objetos y los asuntos que le rodean, acompañados de la memoria, de los recuerdos casi siempre de un niño que va descubriendo la vida: "Vengan / los invito a ver los canteros de mi madre / las plantas que adornan su balcón..." (pág. 38).

O como el chofer que en el parabrisas nos dice lo que ve y que un día se borrará para siempre: "Colinas de altos pastos rojos / un río de brillantes peñascos /[...]/ El temblor de los platanales en la carretera /[...] / Y la última luz viva de la tarde".

La última luz viva de la tarde se emparienta aquí con el último viaje, el de la muerte. La poesía es un viaje comienza justo con ese poema, que estaba ya en el primer libro. "Ante mí veo lo que un día se borrará para siempre" es su primera línea y será también la última. A pesar de las vivas descripciones, esta canción es casi un treno: "Todo en viaje hacia la noche".

La manera de nombrar las cosas para proporcionarles un ámbito, una atmósfera, tiene que ver, es evidente, con su huida de lenguajes retóricos o de excesos literarios. El poeta quiere dejar constancia de que esa manera de nombrar, desnuda, es legítima porque es la única que tiene. Es decir, también la desnudez se puede impostar, también ella puede llegar a ser una máscara. Pero no aquí. En Mis poemas, el último texto (¿inventario?, ¿declaración?) de De viaje, muestra las cartas: "En lo incierto del tiempo / sin amigos / ¿bastará este botín Señor? / No lo he robado / no lo he ganado por azar / En mitad de la vida me quedé sin nada / ¿Bastará este botín Señor?" (pág. 76).

La poesía es un viaje vio la luz, primero, en el número CLXXXII de la revista Golpe de Dados, de Mario Rivero, en 2003. Allí el poeta de Envigado escribió, respecto al libro de Quintero: "Deliberado pasajero en tierra es, pues, Robinson Quintero, quien en sus tránsitos, sus transcursos, es decir, 'sus trabajos y sus días', le tuerce el cuello a la elocuencia, a la retórica, para colocarse del lado cotidiano y sencillo de la vida, con lo que se vincula ya su poesía como conducta. La necesidad del poeta de asumir una postura estético-moral contemporánea; es decir, solidaria con el hombre de carne y hueso; o el mundo percibido como la respiración de los hombres vivos, y la viva tierra, animada por el asombro inaugural de la mirada; la plenitud del ojo que aprende a ver en el 'doblez'; a oír por la oreja del clima, en las vibraciones crudas del viento o en el simple silencio [...] Los textos siguientes confirman [...], fundamentalmente, un lenguaje sobrio, sin ningún decorativismo, sin potencia verbal; una poesía que yo llamaría 'a palo seco', esto es, con presencia eficaz de la palabra justa".

Un año más tarde, con nueve poemas nuevos, lo vemos aquí, en esta edición de la Universidad Nacional, en general decente, descontándole cierto airecillo de planchas electrostáticas en sus páginas interiores, que dan esa odiosa impresión de fotocopias.

Incluye también el autor, en esta nueva edición, los nueve poemas correspondientes a "El viaje", uno de los capítulos del libro De viaje de 1994. Estos poemas retomados pertenecen, sin duda, al clima del nuevo libro. En el primero, en ese capítulo de textos sobre el viaje, había dejado una deuda pendiente. Uno de los temas que sin duda lo apasionan. No es relleno, pues, ni bulto, sino lealtad consigo mismo.