Reseñas. No da la talla
No da la talla
Un lugar para ti
Luisa Noguera Arrieta
Panamericana Editorial, Bogotá, 2002, 128 págs.
La literatura infantil es un género enmarcado por una serie de
particularidades que obligan generalmente a partir de
consideraciones especiales para su lectura. Y no es que no esté
emparentada con la literatura misma, pero sí goza de una estética
particular, de un manejo del lenguaje determinado y de lógicas de
construcción que obedecen a otros parámetros.
Actualmente tiende a ir de la mano con la psicología infantil y
la pedagogía, e incluso ha llegado a clasificarse por edades -de
acuerdo con las etapas de desarrollo del niño- y hasta por escalas
de valores. Al margen de tal grado de sofisticación, a veces
absurdo, sí es cierto que debe haber en esta literatura una
sensibilidad particular que permita acercar al niño con el libro,
que le inquiete a su manera y que sea a la vez una especie de
iniciación en la formación de un nuevo lector.
El grave problema de que adolece este tipo de literatura,
especialmente en Colombia, tiene que ver con el sentido mismo de la
escritura y con la recepción de sus lectores. En otros términos,
buena parte de los autores escriben lo que suponen es literatura
infantil. Se trata de un mundo adulto tratando de penetrar en el
niño, y en la mayoría de los resultados apenas se obtiene eso
mismo: una deformación de la infancia a través de los ojos de un
escritor adulto.
Y no basta solamente con fabular, con dar voces a los animales,
con construir personajes que vuelen o desaparezcan y con dar un
supuesto mensaje moralizante, que edifique y aparentemente forme.
Allí quedan la mayor parte de los intentos. Son historias que no
maravillan, que no invitan a la lectura, que no generan ningún tipo
de inquietud en el lector salvo la resolución de una historia casi
siempre repetida y aprendida ya de memoria.
Un lugar para ti, de Luisa Noguera Arrieta, es la
historia de un perro, Juancho, que narra gran parte de su vida,
desde su nacimiento hasta su adultez. Dentro de estos dos límites
van contándose aspectos de carácter diverso: su primer dueño, su
primer hogar, el cambio de habitat, de amos, su relación con otros
animales, etcétera. Juancho es trasladado de un apartamento a una
granja, donde descubre un estilo de vida más natural e instintivo,
donde conoce aspectos de la vida en el campo, donde se supone que
se forma un sentido de responsabilidad y donde se relaciona con
gatos, burros, loros y otros perros, además.

Hay en el relato un perro antagonista -Kunta- que siempre trata
de llevar a Juancho por "malos" pasos, procura hacerlo
volver un perro de mal comportamiento, desobediente a sus amos.
Kunta es un perro casi abandonado, vecino de la granja, que no
alimenta su dueño, y por consiguiente, un perro resentido por el
buen trato de los animales de la finca de al lado. Kunta persigue
por todos los medios enemistar a los perros vecinos con sus amos.
Hasta que finalmente, por un engaño de que Kunta hace víctima a
Juancho, éste último es atropellado por un carro y atraviesa por un
periodo de enfermedad, que pasa primero por la agonía y luego por
un trance de recuperación que se vuelve penoso.
La culpa hace que Kunta recapacite, y el remordimiento lo vuelve
un "mejor" perro. El drama del accidente se ve matizado
por el cariño y la solidaridad de todos los habitantes de la
granja, e incluso por el arrepentimiento mismo de Kunta. Al final,
los amos de Juancho adoptan a Kunta como uno más de la familia, y
se convierte en el nuevo perro guardián, aprovechando que la
capacidad física de Juancho ha disminuido, pues en el accidente ha
perdido un oído y parte de su movilidad. Por último, todos los
animales de la finca terminan perdonando a Kunta, que ya es de
"buen carácter", y todos los animales conviven felizmente
en la granja junto con sus dueños.
La historia en sí no tiene nada de original. Es el estereotipo
del relato infantil: animales que hablan, amor y comprensión por
todas partes y, por supuesto, un antagonista que, como es de
esperarse, es reconvertido a la sensatez. Todo termina siendo
perdón, felicidad, y el final ya nos lo sabemos todos. El
maniqueísmo que no deja ver matices de nada, y la sensibilidad
disfrazada de bondad es la constante de la narración.
El libro todo está lleno de diálogos melosos entre los
personajes, de obviedades en la trama. Hay exceso de personajes,
además. Son voces mal logradas, pues de un momento a otro se apagan
algunas sin razón, entran en la historia con mucho peso y en algún
momento desaparecen sin causa, y cuando ya ni nos acordamos mucho
del asunto, otra vez salen por ahí sin uno saber cuál era su papel
dentro del relato.
Hay también cualquier cantidad de dispersiones temáticas, que no
conducen a ningún fin y que simplemente se vuelven anécdotas
imprecisas que sería mejor olvidar para no crearse confusión en la
lectura. Sobran temas, y el tono dulce, casi meloso, que está
siempre presente, hostiga y empalaga, y a mi modo de ver, lo que
tal vez para la autora sea una estrategia narrativa para captar
atención, se convierte en distracción. La historia no atrapa y uno
se siente realmente tentado de abandonar su lectura, que, de no ser
por el compromiso de hacer esta reseña, así hubiese ocurrido. Y mi
pregunta entonces es: ¿y qué hará cualquier despreocupado
niño lector que no tiene el compromiso de reseñar y que sólo llega
al libro por una necesidad de distracción, por una mera curiosidad
recreativa?
Uno supone que libros como éste se escriben a diario, que tal
vez toda madre ha construido para su hijo, aunque sea oralmente,
una historia similar o igual. La convencionalidad de todo así me lo
hace pensar: la historia, las anécdotas, la linealidad de la
narración, la caracterización de los personajes -y hasta sus
nombres-, la narración en tercera persona, etcétera.
Podría decirse a su favor, más que nada, que, a pesar de todo lo
anterior, el cuento tiene una conciencia del lenguaje, de las
limitaciones de sus lectores. Sin desbordar en creatividad ni en
esfuerzo semántico, es acierto en Noguera Arrieta la utilización de
un vocabulario sencillo, ameno y cotidiano para narrar. No hay
abuso de términos rebuscados, y todos los significados de las
palabras se pueden sacar por contexto. Esta precisión es bastante
importante, teniendo en cuenta que los lectores ideales del cuento
deben ser niños, y su lenguaje aún es bastante restringido.

Otro aspecto que se ha vuelto relevante durante los últimos años
dentro del campo de la edición de literatura infantil son las
ilustraciones que acompañan los libros, y que ahora son casi parte
integral de las historias. Los álbumes ilustrados -que son
concebidos para los niños de más corta edad- son prueba de ello. En
esos libros, la ilustración generalmente tiene más importancia que
los mismos textos y generalmente los autores son reconocidos más
por ese trabajo gráfico que como escritores. Para edades un poco
más avanzadas, la ilustración no es ya el factor central pero sigue
desempeñando un importante papel para la comprensión del texto y
además como objeto estético y lúdico de la lectura.
Un lugar para ti cuenta con ilustraciones de Henry
González Torres, de quien no se nos da ningún dato en particular.
Al respecto puede decirse que cada dibujo que aparece ilustra bien
las escenas que se narran, con un estilo divertido, y que en la
mayoría de las veces recrea de grata manera la lectura.
No tienen quizá un alto contenido de interpretación, si se
piensa en la posibilidad de la lectura de imágenes, pero sí son
acertadas si nos referimos a ellas como recreación del relato y
como artificio para la amenización del proceso de lectura, que a
veces implica un prolongado esfuerzo de concentración; en
definitiva, son buen complemento del texto.
No es que esté mal escribir este tipo de cuentos. Supongo que en
el ámbito familiar es hasta importante labor. Pero no está bien
publicarlos de buenas a primeras. La edición también es una labor
pedagógica, una manera de formar y una responsabilidad por tal. Uno
lee lo que se publica y espera entonces no caer en la trampa de una
mera estrategia de marketing.
Uno espera tener entre manos una buena historia, que conmueva e
inquiete, y que se supone sobresale de las demás -pues por eso
debió haber sido publicada-. Y no es cuestión de gusto. El gusto es
asunto diferente de la calidad. Uno puede leer algo que le guste a
uno o no, pero reconocer la calidad de las cosas no es mérito del
gusto, que sí de un conocimiento y la destreza en un oficio.
Un lugar para ti de Luisa Noguera Arrieta no logra,
pues, a mi parecer, concretarse en un buen relato y termina siendo
un poco más que una suma de aventuras que podemos anticipar en su
mayoría. No le basta su mensaje de solidaridad, tolerancia y amor
ni sus enseñanzas a propósito de la compañía y la convivencia con
las mascotas y animales, que casi siempre están tan cerca de
nuestros mundos y del de los niños. La historia no conmueve en sí y
tampoco sorprende, aunque está bien decir que algo de moraleja
tiene, porque sé que hay lectores que buscan ese tipo de
contenidos, con mayor énfasis en la literatura infantil.
SANTIAGO TOBÓN