Reseñas. La imaginación disparada
La imaginación disparada
Kataplum plam pluff
Luís Darío Bernal Pínula
Editorial Alfaguara, colección Infantil, Bogotá, 2002, 79
págs.
Tres cuentos componen el libro Kataplum plam pluff de Luís Darío
Bernal Pinilla. El primero es el que le da el título a la obra y
narra los intentos que hacen dos niñas, Angie y Paula, para salvar
a Heufife, una estrella fría, de una muerte segura, y a la vez
salvar a América de un terrible calentamiento por la desaparición
de aquélla.
Todo comenzó cuando la estrella se tomó unos tragos con el
cometa Halley, se emborrachó y lanzó unas gotas de líquido cósmico
sobre la tierra, con tan mala suerte que le cayeron a Palmera
Rosada. Este líquido la hizo crecer a una velocidad increíble hasta
llegar al cielo e hizo crecer también al hijo de Palmera, Coco,
quien se vuelve tan gigante que parece el décimo planeta del
sistema solar. Toda la luz de Heufife quedó atrapada en el cuerpo
de Coco.

Desde ese momento comienzan los intentos de las dos niñas para
salvar la vida de la estrella, hasta que logran enviar a Mirage con
una nota a Palmera Rosada contándole la tragedia. La palmera les
responde que se desprenderá de su hijo para salvar a la estrella y
a todo el continente. Por otro lado, las constelaciones son
convocadas a petición de la misma Heufife y, después de deliberar,
se aprueba el plan de bajar a Coco a la tierra. Todo parece
controlado hasta que sucede la catástrofe. Nube 1945 huye de una
explosión atómica y se derrite, lo que provoca la caída de Coco.
Después de una gran angustia los comandos de huracanes logran
desviar a Coco de tal manera que caiga en el océano, donde, al
partirse en pedazos, forma las islas que hay en el mar Caribe.
Aunque a primera vista puede parecer un poco reforzada la
selección de los personajes: palmeras, cocos, aviones Mirage, nube
1945 (clara alusión a la bomba atómica), Osa Mayor, ciclones, etc.,
mirada más detenidamente, ésta responde a la tradición de la
literatura infantil que les da vida a los objetos, volviéndolos
personajes. Guardadas las diferencias, sobre todo en el estilo y el
manejo del lenguaje, es lo mismo que hace más de dos siglos hizo
Hans Christian Andersen con gran maestría, al darle voz hasta a los
objetos más minúsculos, como una aguja de zurcir, una pelota o un
trompo.
Bernal Pinilla está lejos de las imágenes poéticas de Andersen,
pero sí logra armar una trama que mantiene la atención del niño
lector, al tratar de descubrir de qué manera, finalmente, se van a
salvar la estrella, Coco y América. La acción que mueve el relato
está combinada con diálogos y descripciones cortas que lo
convierten en un cuento ágil con un ritmo rápido. Veamos un
ejemplo:
Palmera Rosada se desmayó. Las estrellas gritaron. Las nubes
lloraron. A Luna, aterrorizada, se le corrió el maquillaje. Sol,
quien ya comenzaba a roncar, tuvo una súbita aparición que ningún
científico pudo explicar, causando desajustes en su sistema, [pág.
24]
Coralito constituye el segundo cuento de este libro.
Coralito es un barco de vela que decide aprovechar la ausencia de
su dueño para realizar un sueño que ha tenido siempre: viajar a
conocer Bogotá. Una vez en alta mar es envuelto por un remolino y
se hunde, quedando su vela volteada hacia el interior del mar.
Sigue viajando así hasta que es atacado por un tiburón que confunde
la vela con la aleta de un pez. Coralito se arma de valor y
enfrenta al tiburón hasta hacerlo huir. Luego se encuentra con unos
delfines que se habían escapado del acuario y decide acompañarlos
para rescatar a la abuela y a la mamá de uno de ellos. En el viaje
hacia el acuario cae, en compañía de una delfina. Melodía, de quien
se enamora, en la boca de la ballena Lucrecia. Pero como Lucrecia
es una ballena beoda, se ven en apuros, pues no despertará de la
borrachera sino en mucho tiempo. Finalmente son rescatados por los
otros delfines que le hacen cosquillas a la ballena y la hacen
estornudar. Luego llegan hasta el acuario y logran rescatar a la
mamá de uno de los delfines, mas no a la abuela, que había muerto
de tristeza.

Éste es un relato de aventuras estructurado sobre el esquema del
viaje del héroe. En este caso el héroe es un barco velero, el más
veloz de la bahía, que no sólo logra vencer a los enemigos que se
encuentra en el camino, pasa la prueba en el mar, sino que salva a
los delfines del acuario. Quizá lo que no convenza mucho sea la
facilidad con que Coralito se olvida de la razón por la cual salió
a alta mar -su deseo de conocer Bogotá- y se involucra en la tarea
de salvar a los delfines. La motivación que tuvo para irse resulta
un poco forzada o, más bien, desligada de las necesidades
intrínsecas del relato y queda como un pretexto para poder hacer
que Coralito parta.
El último relato tiene como título Frasquito y su sueño de
navidad. Frasquito es un ascensor antiguo de elegantes rejas y
rectangular ojo de vidrio. Es manejado por don Juan, quien ha
estado toda la vida haciendo este trabajo y se ha hecho amigo del
viejo ascensor. Todo va bien hasta que un día deciden modernizar a
Frasquito y jubilar a don Juan. El ascensor entra en una profunda
depresión y deja de funcionar hasta que trama algo para la noche de
Navidad. Cuando llega el momento esperado, Frasquito arranca a toda
velocidad hacia arriba:
¡Un nuevo Frasquito surcaba los cielos! La fricción
del ascenso y el frío de la atmósfera lo transformaron. Perdió sus
esquinas y sus paredes se hicieron transparentes. Su interior
despedía una rojiza luminosidad. Semejaba un barrilito de mermelada
de frambuesa. [pág. 68]
Estos tres cuentos se sostienen por el argumento, el cual se
resuelve más que todo en la acción, ya sea la acción de la
aventura, como en el caso de Coralito, o ya en el operativo montado
para salvar a la estrella y luego a Coco. Pero a nivel del tejido
del lenguaje son textos muy simples y fáciles, que requieren poco
esfuerzo del pequeño lector y que estarían más cercanos a lectores
poco competentes que apenas se inician en el camino de la lectura
literaria y que se ubican apenas en el nivel del argumento.
Por otro lado, encontramos una sutil intención de demostrar en
los tres relatos la importancia que tienen la amistad y la
solidaridad. Eso es válido, claro está, pero la intención es tan
obvia que parece forzar el relato hacia esa demostración. Por
ejemplo, en Coralito todas las acciones que ocurren antes del gesto
solidario del velero con sus amigos delfines están dirigidas a
consolidar una amistad que le permita ofrecer sus
"servicios" para salvar a la abuela y la mamá delfín.
En Kataplum plam pluff se diluye el conflicto
rápidamente gracias a la bondad de la madre, quien se sacrifica por
su hijo, y después gracias a la solidaridad de los comandos de
huracanes. Hay un exceso de bondad y buenos sentimientos que vuelve
algo artificial el relato y se pierde verosimilitud.
Por otro lado, aparecen demasiadas alusiones al alcohol que -a
mi parecer- resultan innecesarias y sí pueden dejar en el pequeño
lector un mal sabor frente a ciertos comportamientos o, por el
contrario, una lección de moralidad: emborracharse trae secuelas
que a veces pueden ser fatales. Como el caso de la estrella que
deja caer ese líquido cósmico sobre Palmera Real debido a que se
tomó unos tragos de más. O la ballena Lucrecia, que casi deja
atrapados en su vientre a Coralito y a Melodía debido a una gran
borrachera.
Detrás, quizá, esté la noción de niñez de Bernal Pinilla, que
permea su creación literaria dirigida a los pequeños lectores. Es
como si dijera: niños, les voy a contar una historia que a la vez
que los va a divertir les va a dejar el mensaje de la amistad y
solidaridad que debe existir entre los amigos y quienes se quieren
y una lección de cómo deben comportarse. Y la verdad es que la
literatura deja huellas más profundas en el interior de los
lectores, mucho más profundas que mensajes explícitos o buenas
intenciones.
BEATRIZ HELENA ROBLEDO