Reseñas. Tono más cercano a la poesía que a la prosa
Tono más cercano a la poesía que a la
prosa
La botella azul
Gloria Cecilia Díaz
(ilustrador: Alekos)
Editorial Norma, colección Torre de Papel, Bogotá, 2002, 47 págs.,
il.
Una anciana, a quien en el pueblo llaman la marquesa, por vivir
en una casa grande y lujosa en medio de un campo lleno de
girasoles, se hace amiga de un niño, Miguel José, quien compra
objetos viejos y les devuelve la vida transformándolos en objetos
nuevos, que vende en el mercado los domingos. Miguel José iba seis
veces al año a casa de la marquesa a recoger los objetos que ella
sacaba del sótano, donde estaban olvidados desde que murió el
marqués. En esos momentos la anciana lo invitaba a tomar café y
conversaba con él. Ella le contaba sobre su vida, pero el niño, en
cambio, mantenía un misterio alrededor de la suya.

Entre todos los objetos, la marquesa tenía una botella azul que
había comprado el marqués cuando aún vivía, y la cual tenía la
magia de recrear los sonidos y el ambiente del mar a quien la
miraba. La marquesa la había guardado celosamente al descubrir el
secreto y la había salvado de que su marido la vendiera,
ocultándole la verdad sobre el poder mágico de la botella y
conservándola aparte de los demás objetos del sótano.
Un día la marquesa decidió darle la botella a Miguel José, quien
al verla reaccionó primero con rabia, pero luego se dejó invadir
por los sonidos y los recuerdos y lloró con un llanto que hacía
mucho tiempo no se permitía.
Cuando la anciana visitó al niño el domingo en su puesto del
mercado, éste le contó sobre su reacción ante la botella y el
motivo del llanto. El lector se entera entonces de la historia de
Miguel José, quien se crió junto al mar y quien perdió a sus
mejores amigos en un naufragio el Pecoso, que murió, y Cabeto, que
perdió el interés por la vida y no reconoce a nadie desde entonces.
Los dos personajes deciden viajar hacia el mar y van a la casa de
los padres de Miguel José, donde Cabeto recupera la memoria y su
deseo de vivir, gracias a la botella azul.
En síntesis éste es el argumento de La botella azul. Es un
cuento sencillo. Sin embargo, aquí lo que importa no es tanto lo
que pasa, sino la manera como está escrita la historia. Del mismo
modo que muchas de las obras de Gloria Cecilia Díaz, La botella
azul tiene un tono y un lenguaje más cercano a la poesía que a la
prosa misma. Hay en este relato una poética de los objetos en la
medida en que son nombrados uno a uno y transformados por el arte
de Miguel José, en piezas vivas, capaces de "hablar sobre la
vida y sobre las personas desconocidas que las habían
fabricado". Cada pieza rota, arrinconada y destinada al
olvido, es recuperada por este niño que tiene la capacidad de
devolverles el corazón y la vida: "relojes de agujas
detenidas, campanas sin badajo, cajas de música sin música, cadenas
rotas, muñecas sin ojos, marionetas sin hilos, palomas desaladas,
portarretratos sin retratos y muchas cosas ciegas, sordas y
mudas..." (pág. 10) son devueltas a la vida por Miguel José en
sus noches de insomnio y de luna.
Este recorrido por los objetos tiene su culminación en la
botella azul, la cual se vuelve el símbolo del retorno al sentido
de la vida. La botella no aparece desde el comienzo de la historia,
sino después de la enumeración de cada uno de los objetos que han
sido transformados y devueltos a la vida por Miguel José. Aparece
además, después que el niño le ha regalado a la anciana una campana
de vidrio verde agua en la que había dibujado un dragón resoplando
llamas. Es una campana especial que le devuelve a la anciana su
espíritu de niña y que formará parte de su colección de campanas.
Es en ese momento cuando ella decide regalarle a Miguel José la
botella azul. Ella no lo sabe, pero regalarle la botella es
devolverle a su familia y a su amigo perdido. Es a la vez entrar en
otra historia: la historia de Miguel José a orillas del mar, la de
Cabeto y el Pecoso, quienes le enseñaron todos los secretos de la
vida en el mar, y la del naufragio y la pérdida de sus amigos tan
queridos. Esta otra historia es la que ayuda a recuperar la botella
azul gracias a su poder evocador. Pero también la que consolida la
amistad entre dos seres aparentemente tan distintos como pueden ser
una anciana y un niño, pero cercanos, porque la anciana tiene
espíritu de niña y el niño tiene mirada de adulto y ambos comparten
ese amor por los objetos a los que tratan como si tuvieran
alma.

La botella azul es un relato sencillo al que pueden acceder
lectores que empiezan a aventurarse a leer por su cuenta, lectores
que se van a encontrar no sólo con una historia que los atrapa e
interesa, sino y sobre todo, con un lenguaje poético que no hace
concesiones inútiles por tratarse de literatura para niños; al
contrario, hay un respeto por ese lector niño en el tratamiento de
esta obra, una confianza sólida en las capacidades imaginativas y
literarias de ese lector potencial a quien va dirigido el relato. Y
esta consideración es bien importante cuando se trata de literatura
para los niños lectores que comienzan a desprenderse de la voz
orientadora o guía del adulto. El lector literario se forma, y se
forma precisamente leyendo una literatura que le exija y le muestre
los infinitos caminos del lenguaje poético y de los recursos
literarios. Es importante que un niño se encuentre en medio de la
trama con imágenes como ésta:
Sin embargo, ese día, los ojos del Pecoso no comprendieron
por qué de un momento a otro el cielo cayó sobre la tierra como una
capa siniestra... [pág. 34]
o
Distraídamente apoyó su mejilla en la botella y entonces el
rumor llegó como una música lejana que poco a poco fue llenando
todo el espacio. Y los ojos de la marquesa, los oídos de la
marquesa, el corazón de la marquesa supieron por primera vez lo que
era el mar... [pág. 23]
Aquí entraríamos en el campo de lo que se ha llamado "el
lector implícito", el cual cobra gran importancia en la
literatura para niños, en la medida en que se puede abordar la
crítica no sólo con las herramientas propias de la teoría
literaria, sino que además se tiene en cuenta a qué lector está
haciendo señas ese texto. Dice Aidan Chambers al respecto: "El
concepto de lector implícito y el método crítico que de él se
deriva nos ayudan a lograr esto. Nos ayudan a establecer la
relación implícita entre el autor y el lector (niño) en la
historia, ver cómo se crea esa relación, y a descubrir el (los)
significado(s) que presenta. Naturalmente, esta comprensión puede
llevamos más allá de una apreciación crítica del texto y conducir a
otra actividad esencial de quienes se dedican a los libros para
niños: mediar entre los libros y sus lectores, no sólo para que los
libros sean mejor apreciados individualmente por los niños, sino
para ayudar a los niños a convertirse en lectores
literarios"(1).

El lector que La botella azul reclama es un lector niño sensible
no sólo al lenguaje poético, sino a una actitud poética frente a la
vida. Un lector que valore la capacidad que tiene Miguel José de
transformar los objetos viejos y olvidados en cosas vivas; la
capacidad de buscarle el alma a las cosas y devolverles la vida. Un
lector niño que comprenda el alcance de las palabras de Miguel José
cuando dice: "Yo sé cuando mis tesoros quieren partir. Yo sé
cuando perciben la ternura de las manos que los tocan y sé cuándo
se dan cuenta de la indiferencia. ¿Cómo voy a dejar que
partan si ellos no quieren hacerlo?" (pág. 18).
Siguiendo a Chambers, "el tono de voz, el estilo en
general, crea la imagen del lector implícito [...] Los autores
tienden a buscar ese foco intenso colocando en el centro de la
historia a un niño a través del cual vemos y sentimos
todo"(2).
En La botella azul el tono de la voz y el estilo está muy cerca
del imaginario del niño lector: los objetos tienen vida, como lo
tienen para el niño en el territorio del juego. Allí, las
marionetas, los portarretratos, los juguetes adquieren vida a
través de la mano amorosa de Miguel José. Luego, hay un cambio de
narrador: de la tercera persona pasa a la primera; Miguel José toma
la voz y comienza a narrar lo que le pasó allá en el mar con sus
amigos. Allí, el lector se "mete" de lleno en el punto de
vista del niño y comparte con él su aventura en el mar, sus miedos
y su tragedia.
La botella azul es una historia que canta a la amistad y a las
relaciones humanas basadas en la confianza y en el amor. Esta
pequeña obra comparte el estilo, el lenguaje y el universo de los
demás libros de Gloria Cecilia Díaz. Toda su narrativa dirigida a
los jóvenes lectores tiene por lo general a los niños como
protagonistas y como motivo central la calidad de las relaciones
humanas. Esto puede verse en El sol de los venados, novela cuya
protagonista es una niña de diez años a quien le toca sobreponerse
a la muerte de su madre; en Óyeme con los ojos, en la que explora
las vivencias de un niño sordo; El valle de los cocuyos, obra que
recibió en 1985 el premio El Barco de Vapor, y una muy divertida:
La bruja de la montaña, en la que un grupo de brujas logran
convencer a una de ellas de tomar clases de vuelo en escoba, antes
que cometer la atrocidad de cortar los árboles del bosque para
poder aterrizar bien.
En general, la obra de Díaz comparte tanto esta calidad humana
como un estilo muy cercano a la poesía, sobre todo por la
sensibilidad de sus personajes y la manera particular de mirar el
mundo.
BEATRIZ HELENA ROBLEDO
1
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Aidan Chambers, El lector en el libro.
Tomado de Un encuentro con la crítica y los libros para niños.
Caracas, Parapara - Clave, Banco del libro, 2001, pág. 97.
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2
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Ibíd., pág. 101.
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