Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. Tono más cercano a la poesía que a la prosa

Tono más cercano a la poesía que a la prosa

La botella azul

Gloria Cecilia Díaz
(ilustrador: Alekos)
Editorial Norma, colección Torre de Papel, Bogotá, 2002, 47 págs., il.

 

Una anciana, a quien en el pueblo llaman la marquesa, por vivir en una casa grande y lujosa en medio de un campo lleno de girasoles, se hace amiga de un niño, Miguel José, quien compra objetos viejos y les devuelve la vida transformándolos en objetos nuevos, que vende en el mercado los domingos. Miguel José iba seis veces al año a casa de la marquesa a recoger los objetos que ella sacaba del sótano, donde estaban olvidados desde que murió el marqués. En esos momentos la anciana lo invitaba a tomar café y conversaba con él. Ella le contaba sobre su vida, pero el niño, en cambio, mantenía un misterio alrededor de la suya.

Entre todos los objetos, la marquesa tenía una botella azul que había comprado el marqués cuando aún vivía, y la cual tenía la magia de recrear los sonidos y el ambiente del mar a quien la miraba. La marquesa la había guardado celosamente al descubrir el secreto y la había salvado de que su marido la vendiera, ocultándole la verdad sobre el poder mágico de la botella y conservándola aparte de los demás objetos del sótano.

Un día la marquesa decidió darle la botella a Miguel José, quien al verla reaccionó primero con rabia, pero luego se dejó invadir por los sonidos y los recuerdos y lloró con un llanto que hacía mucho tiempo no se permitía.

Cuando la anciana visitó al niño el domingo en su puesto del mercado, éste le contó sobre su reacción ante la botella y el motivo del llanto. El lector se entera entonces de la historia de Miguel José, quien se crió junto al mar y quien perdió a sus mejores amigos en un naufragio el Pecoso, que murió, y Cabeto, que perdió el interés por la vida y no reconoce a nadie desde entonces. Los dos personajes deciden viajar hacia el mar y van a la casa de los padres de Miguel José, donde Cabeto recupera la memoria y su deseo de vivir, gracias a la botella azul.

En síntesis éste es el argumento de La botella azul. Es un cuento sencillo. Sin embargo, aquí lo que importa no es tanto lo que pasa, sino la manera como está escrita la historia. Del mismo modo que muchas de las obras de Gloria Cecilia Díaz, La botella azul tiene un tono y un lenguaje más cercano a la poesía que a la prosa misma. Hay en este relato una poética de los objetos en la medida en que son nombrados uno a uno y transformados por el arte de Miguel José, en piezas vivas, capaces de "hablar sobre la vida y sobre las personas desconocidas que las habían fabricado". Cada pieza rota, arrinconada y destinada al olvido, es recuperada por este niño que tiene la capacidad de devolverles el corazón y la vida: "relojes de agujas detenidas, campanas sin badajo, cajas de música sin música, cadenas rotas, muñecas sin ojos, marionetas sin hilos, palomas desaladas, portarretratos sin retratos y muchas cosas ciegas, sordas y mudas..." (pág. 10) son devueltas a la vida por Miguel José en sus noches de insomnio y de luna.

Este recorrido por los objetos tiene su culminación en la botella azul, la cual se vuelve el símbolo del retorno al sentido de la vida. La botella no aparece desde el comienzo de la historia, sino después de la enumeración de cada uno de los objetos que han sido transformados y devueltos a la vida por Miguel José. Aparece además, después que el niño le ha regalado a la anciana una campana de vidrio verde agua en la que había dibujado un dragón resoplando llamas. Es una campana especial que le devuelve a la anciana su espíritu de niña y que formará parte de su colección de campanas. Es en ese momento cuando ella decide regalarle a Miguel José la botella azul. Ella no lo sabe, pero regalarle la botella es devolverle a su familia y a su amigo perdido. Es a la vez entrar en otra historia: la historia de Miguel José a orillas del mar, la de Cabeto y el Pecoso, quienes le enseñaron todos los secretos de la vida en el mar, y la del naufragio y la pérdida de sus amigos tan queridos. Esta otra historia es la que ayuda a recuperar la botella azul gracias a su poder evocador. Pero también la que consolida la amistad entre dos seres aparentemente tan distintos como pueden ser una anciana y un niño, pero cercanos, porque la anciana tiene espíritu de niña y el niño tiene mirada de adulto y ambos comparten ese amor por los objetos a los que tratan como si tuvieran alma.

La botella azul es un relato sencillo al que pueden acceder lectores que empiezan a aventurarse a leer por su cuenta, lectores que se van a encontrar no sólo con una historia que los atrapa e interesa, sino y sobre todo, con un lenguaje poético que no hace concesiones inútiles por tratarse de literatura para niños; al contrario, hay un respeto por ese lector niño en el tratamiento de esta obra, una confianza sólida en las capacidades imaginativas y literarias de ese lector potencial a quien va dirigido el relato. Y esta consideración es bien importante cuando se trata de literatura para los niños lectores que comienzan a desprenderse de la voz orientadora o guía del adulto. El lector literario se forma, y se forma precisamente leyendo una literatura que le exija y le muestre los infinitos caminos del lenguaje poético y de los recursos literarios. Es importante que un niño se encuentre en medio de la trama con imágenes como ésta:

Sin embargo, ese día, los ojos del Pecoso no comprendieron por qué de un momento a otro el cielo cayó sobre la tierra como una capa siniestra... [pág. 34]

o

Distraídamente apoyó su mejilla en la botella y entonces el rumor llegó como una música lejana que poco a poco fue llenando todo el espacio. Y los ojos de la marquesa, los oídos de la marquesa, el corazón de la marquesa supieron por primera vez lo que era el mar... [pág. 23]

Aquí entraríamos en el campo de lo que se ha llamado "el lector implícito", el cual cobra gran importancia en la literatura para niños, en la medida en que se puede abordar la crítica no sólo con las herramientas propias de la teoría literaria, sino que además se tiene en cuenta a qué lector está haciendo señas ese texto. Dice Aidan Chambers al respecto: "El concepto de lector implícito y el método crítico que de él se deriva nos ayudan a lograr esto. Nos ayudan a establecer la relación implícita entre el autor y el lector (niño) en la historia, ver cómo se crea esa relación, y a descubrir el (los) significado(s) que presenta. Naturalmente, esta comprensión puede llevamos más allá de una apreciación crítica del texto y conducir a otra actividad esencial de quienes se dedican a los libros para niños: mediar entre los libros y sus lectores, no sólo para que los libros sean mejor apreciados individualmente por los niños, sino para ayudar a los niños a convertirse en lectores literarios"(1).

El lector que La botella azul reclama es un lector niño sensible no sólo al lenguaje poético, sino a una actitud poética frente a la vida. Un lector que valore la capacidad que tiene Miguel José de transformar los objetos viejos y olvidados en cosas vivas; la capacidad de buscarle el alma a las cosas y devolverles la vida. Un lector niño que comprenda el alcance de las palabras de Miguel José cuando dice: "Yo sé cuando mis tesoros quieren partir. Yo sé cuando perciben la ternura de las manos que los tocan y sé cuándo se dan cuenta de la indiferencia. ¿Cómo voy a dejar que partan si ellos no quieren hacerlo?" (pág. 18).

Siguiendo a Chambers, "el tono de voz, el estilo en general, crea la imagen del lector implícito [...] Los autores tienden a buscar ese foco intenso colocando en el centro de la historia a un niño a través del cual vemos y sentimos todo"(2).

En La botella azul el tono de la voz y el estilo está muy cerca del imaginario del niño lector: los objetos tienen vida, como lo tienen para el niño en el territorio del juego. Allí, las marionetas, los portarretratos, los juguetes adquieren vida a través de la mano amorosa de Miguel José. Luego, hay un cambio de narrador: de la tercera persona pasa a la primera; Miguel José toma la voz y comienza a narrar lo que le pasó allá en el mar con sus amigos. Allí, el lector se "mete" de lleno en el punto de vista del niño y comparte con él su aventura en el mar, sus miedos y su tragedia.

La botella azul es una historia que canta a la amistad y a las relaciones humanas basadas en la confianza y en el amor. Esta pequeña obra comparte el estilo, el lenguaje y el universo de los demás libros de Gloria Cecilia Díaz. Toda su narrativa dirigida a los jóvenes lectores tiene por lo general a los niños como protagonistas y como motivo central la calidad de las relaciones humanas. Esto puede verse en El sol de los venados, novela cuya protagonista es una niña de diez años a quien le toca sobreponerse a la muerte de su madre; en Óyeme con los ojos, en la que explora las vivencias de un niño sordo; El valle de los cocuyos, obra que recibió en 1985 el premio El Barco de Vapor, y una muy divertida: La bruja de la montaña, en la que un grupo de brujas logran convencer a una de ellas de tomar clases de vuelo en escoba, antes que cometer la atrocidad de cortar los árboles del bosque para poder aterrizar bien.

En general, la obra de Díaz comparte tanto esta calidad humana como un estilo muy cercano a la poesía, sobre todo por la sensibilidad de sus personajes y la manera particular de mirar el mundo.

BEATRIZ HELENA ROBLEDO

1
Aidan Chambers, El lector en el libro. Tomado de Un encuentro con la crítica y los libros para niños. Caracas, Parapara - Clave, Banco del libro, 2001, pág. 97.
2
Ibíd., pág. 101.