Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseñas. La necesidad de la desconfianza

oLa necesidad de la desconfianza

Ciudad y literatura. III Encuentro de nuevos narradores de América Latina y de España

Varios autores
Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2004, 319 págs.

 

Nuevas estéticas. Encuentro de nuevos escritores de América Latina y España. La juventud: tanta soberbia. Es maravilloso mirarse el ombligo, pero sólo si esperamos que se desvanezca. Otros al parecer sólo prefieren su embebida contemplación e invitar al resto de jóvenes a hacer lo mismo. Por fortuna, como dijo un poeta romántico, seguramente envidioso por lo que perdía, la juventud es una enfermedad que se quita con los años. [...]

Yo pertenezco, o creo pertenecer, a una generación que siente haber llegado demasiado tarde a la gran fiesta de la ciudad. Los invitados más recatados se han marchado y en su lugar sólo han dejado a unos cuantos borrachos tirados en mitad de la calle. O quizás estos invitados recatados terminaron convirtiéndose en estos esperpentos. No se oye música, sólo el eterno rasgueo que produce la aguja sobre el disco de vinilo que no deja de girar. El entorno, cargado del vaho de cuerpos sudorosos mezclado con humo de cigarros, en medio de su inmovilidad, sugiere que hubo mucha algarabía y que todos los invitados en verdad la pasaron fenomenal. Pero uno llegó tarde. Ya no podrá gozar las mismas experiencias. ¿ Y qué nos queda entonces? Pues añorar esas experiencias que no nos alcanzaron y reconstruir ese pasado a nuestras necesidades, [págs. 188-190]

La anterior cita pertenece a Ricardo Sumalavia, escritor del Perú, uno de los dieciocho participantes de quince países en el III Encuentro de nuevos narradores de América Latina y España, organizado por el Convenio Andrés Bello y llevado a cabo en Bogotá a finales de 2003, cuyas ponencias se recogen en Ciudad y literatura. Sirve como introducción a esta reseña porque refleja algunas de las preguntas que pueden surgirle a uno al enfrentarse a Ciudad y literatura desde antes incluso de abrir el libro, simplemente a partir de su tema. Preguntas del tipo: ¿Ciudad y literatura? ¿A estas alturas? ¿Con qué sentido? ¿Tan atrasados estamos? Dudas que son inevitables, pues desde hace más de un siglo los europeos tienen literatura urbana, de lo cual son buena muestra autores como Maupassant, Dickens y Proust, e incluso nosotros mismos hace decenios empezamos a explorar tal sendero, y hoy la gran mayoría de las obras narrativas que se producen en Latinoamérica están inscritas en ambientes urbanos. Entonces, ¿cuál es el interés en hacer una reunión así? ¿Será incluso posible decir algo novedoso? ¿No sería más provechoso hacer una reunión sobre un tema que refleje mejor las búsquedas literarias de hoy, no de ayer, como, por ejemplo, "Literatura e identidad" o "Literatura y globalidad"?

Ante estas dudas, no podemos sino esperar que el libro resultado del encuentro nos aclare durante la lectura los objetivos de éste. En este aspecto resulta útil el discurso con que se abre Ciudad y literatura, donde Ana Milena Escobar Araujo, secretaria ejecutiva del Convenio Andrés Bello, dice lo siguiente:

Poner en relación palabra y ciudad es el propósito del Encuentro, con la esperanza de aportar claves para responder a preguntas que preocupan intensamente, pero que no serían respondidas sin reuniones como ésta, dado el carácter aislado y casi secreto, por ausencia editorial o promocional, y las limitaciones geográficas en que se mueven la mayoría de las creaciones jóvenes del continente: ¿Cuáles son las nuevas estéticas que está abordando la literatura? De hecho, ¿sí encontramos tópicos nuevos en las letras jóvenes? ¿Con qué nuevas formas y códigos? ¿De qué está hablando la nueva generación de escritores latinoamericanos? [pág. 12]

Lo anterior resulta esclarecedor. Incluso se puede estar de acuerdo con la mayoría de los planteamientos sin pensarlo demasiado, pues uno de los mayores problemas de la literatura latinoamericana es su profundo aislamiento: los escritores no se conocen entre sí, ni siquiera pueden leerse mutuamente, porque, con contadas excepciones, los libros no circulan más allá de las fronteras de cada país, ni siquiera en el caso de los sellos editoriales mayores. El factor clave es, por supuesto, el económico, dado que en los países iberoamericanos el número de libros que se venden percapita raya en lo ridículo y la distribución es muy costosa. Pero hay también algo de un sentimiento provinciano de inferioridad heredado de la Colonia que nos hace buscar la vanguardia más allá del Atlántico, casi como si fuera una imposición genética y contra toda evidencia, pues una buena proporción de los escritores de vanguardia más importantes de la segunda mitad del siglo XX fueron, precisamente y para nuestra honra, latinoamericanos.

Ante esta realidad no queda sino admitir que la intención del Convenio Andrés Bello de crear un espacio donde los distintos escritores de América Latina puedan reunirse y comentar sus experiencias es laudable en extremo. Desde este punto de vista, una buena parte de las ponencias reunidas en este encuentro, donde todos los participantes son relativamente jóvenes -el mayor nació en 1962 y el menor en 1974-, pueden servir como material de consulta para todos aquellos interesados en saber qué se está escribiendo en este momento en los distintos países latinoamericanos, a lo cual se debe añadir el valor de las reseñas elaboradas por alumnos de la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana que se publican al final del volumen y nos acercan a la obra de varios de los participantes en el encuentro. Gracias a todo esto, podemos conocer, por ejemplo, cómo se ha reflejado en la literatura panameña la búsqueda de la identidad nacional, las distintas corrientes que coexisten en Bolivia, el surgimiento de una nueva literatura surgida de la periferia en Brasil, o qué son precisamente los Novísimos en la literatura cubana.

Pero esta invaluable oportunidad de conocer lo que se escribe en otros países del continente no responde, sin embargo, a la pregunta que hacíamos antes: ¿por qué "Ciudad y literatura"? El mismo intercambio de información sobre las literaturas nacionales podría llevarse a cabo bajo muchos otros títulos. ¿Por qué precisamente lo urbano fue escogido como "emblema" de la ocasión? Una posible hipótesis es que esto simplemente responde a los rótulos engañosos divulgados por el mercado editorial contemporáneo. A fin de cuentas, sería ingenuo olvidar que la mayoría de nosotros sólo podemos leer aquello que las editoriales decidan poner a nuestra disposición en las librerías. Es a partir del mercadeo editorial como solemos hacernos una panorámica mental del estado de la literatura y de "los temas más actuales" en un momento dado, tanto en la forma más obvia de dicho mercadeo -las propagandas en periódicos y los afiches en las librerías- como en la más encubierta, oculta tras muchos premios y artículos de prensa.

Es preciso recordar, entonces, que en los años noventa muchas editoriales en lengua española quisieron explotar el creciente mercado juvenil con una serie de obras que reflejaban los estilos y temáticas de algunos "escritores malditos" norteamericanos, pero sin la capacidad de cuestionamiento ideológico o moral de un Charles Bukowski o de un Henry Miller -una especie, en fin, de "realismo sucio lighf-, y a esto se le dio el ostentoso título de "nueva literatura urbana". Precisamente a propósito de esta tendencia, el escritor español Antonio Salinero nos relata su versión de lo que sucedió en España, que refleja -palabras más, palabras menos- la situación que también se vivió en varias naciones latinoamericanas.