Reseñas. Literaturas regionales
Literaturas regionales
Literatura de Caldas, 1967-1997. Historia
crítica
Roberto Vélez Correa
Editorial Universidad de Caldas, Manizales, 2003, 434 págs.,
il.
Veintiocho (28) novelistas (mal contados, pues el ejemplar
disponible presenta ocho páginas en blanco), veintiséis (26)
cuentistas (algunos de ellos provenientes del capítulo sobre la
novela), cincuenta y cinco (¡55!) poetas y ocho escritores
para niños conforman la nómina literaria del departamento de Caldas
en los últimos treinta (30) años del siglo XX, con unas ciento
sesenta (160) obras, según el paciente y eficiente estudio
realizado por el autor del libro en referencia. Se excluye la
ensayística, que por su magnitud merece tomo aparte. Baste anotar
que empezaría con un centauro: el doctor Otto Morales Benítez.
Para su mejor comprensión, los capítulos están estructurados en
modo cronológico, con subdivisiones generacionales y temáticas.
Cada uno tiene introducción y conclusiones, y la exposición se hace
por nombres y obras. El autor concede a los nombres importancia
principal. En página 279 expresa: "Un sector de la crítica
prefiere alejar la imagen del autor para acometer el estudio de su
obra. Afortunadamente, la radical posición opera más en la
narrativa y menos en la lírica, donde la subjetividad del hombre
está comprometida hasta la médula".
La sección que se destina a la novela comprende setenta y cuatro
(74) páginas, al cuento setenta y una (71), a la poesía ciento
cincuenta y cinco (155), y cuarenta y tres (43) a literatura para
niños. Dado que se trata por aparte la llamada literatura femenina,
conviene anotar que entre los novelistas no figura ninguna mujer;
entre los cuentistas sólo una; una en el capítulo de literatura
infantil, y siete entre los poetas. Las expresiones literatura
femenina o literatura infantil son malos estereotipos que se
quedaron así por la costumbre simplificadora.
Sorprende que el autor haya tenido la paciencia necesaria para
leer a todos los autores que incluye, y redactar sobre cada libro
una reseña objetiva, no carente de crítica ni de condescendencia,
como es propio cuando se consideran dentro de su ámbito literaturas
regionales. Si hay lugar a ello, apoya su opinión en textos
críticos de diversos autores acerca de las obras que menciona. En
general, prima el concepto de que buenos escritores sí los hay,
pero que permanecen desconocidos por los motivos de siempre:
pequeños tirajes, deficiente distribución, falta de publicidad,
carencia de lectores, etc. En varias páginas reafirma los valores
locales, señalando premios y las muchas menciones y segundos
lugares obtenidos por escritores caldenses en concursos locales y
nacionales, lo cual se resalta demasiado, pues tales distinciones
suelen ser insignificantes. De todos modos, la literatura caldense
cuenta con amplio reconocimiento nacional, y Manizales goza del
prestigio de ciudad culta y señorial. La literatura joven lo niega,
y trata de demostrar lo contrario desacreditando a sus mayores, con
lo cual se muestra indigna de una tradición honorable, de lucha y
trabajo. La fundación de Manizales, en tales riscos, fue hazaña
épica que aún no se ha cantado. Bernardo Arias Trujillo tenía
pulmones para eso, pero la muerte le atravesó la segur. La novela
histórica es un género importante si está precedida por suficiente
investigación y los conocimientos necesarios para recrear épocas y
personajes. Otra cosa es la chismografía novelada, la intención
irresponsable y perversa de desprestigiar la misma ciudad a la cual
se le reclama reconocimiento honorífico por los insultos que se le
ofrecen.
Resulta injusto atribuir el cargo de hipocresía a una sola
ciudad. La hipocresía es propia del género humano. Necesidad
social, universalmente aceptada. Sin hipocresía no se puede vivir
en sociedad. Los antiguos atenienses, además de envidiosos, también
cultivaban la culta hipocresía. En todo el mundo,
la diplomacia no existiría sin la hipocresía que la caracteriza.
Afectación de virtudes, cualidades o sentimientos de los cuales se
carece, dice el diccionario. Mire en sí mismo antes de tachar a
otro de hipócrita. Por eso el mítico Jesús despreciaba a los
hipócritas y fariseos. En el Nuevo Testamento abundan los regaños a
tales gentes. Hay que fingir para vivir decentemente, dice la vieja
canción. La confusa crítica social, que singularizó al nadaísmo,
como a todos los revolucionarios, es herencia de predicadores. De
dientes para afuera. Los pueblos se consideran hipócritas unos a
otros, y los individuos también. Quienes critican la hipocresía de
Manizales, allá viven felices entre nubes de cinismo.

Subtitulado como Historia crítica, entre dos fechas arbitrarias
(19671997), este libro se constituye en un buen ejemplo para el
estudio de las literaturas regionales, minimizadas desde Bogotá por
inveterada costumbre, pero que resultan valiosas e importantes ante
la crítica profesional, que va dejando de ser exclusiva de la
centralista y celosa capital. Quien abrió el camino para la
consideración de las literaturas regionales en Colombia fue el
doctor Otto Morales Benítez, con sus ensayos y estudios sobre
autores de muy diversa procedencia.
La edición, de la Universidad de Caldas, luce bastante bien en
términos generales, aunque la impresión de las viñetas deja mucho
qué desear, por los motivos que sea. El lector no tiene nada qué
ver con las dificultades de los editores. Sólo le interesa el
resultado. Si es pobre, la obra desmerece.
La redacción es profesional, con algunos defectos también
profesionales: "...apenas ahora nuestra digna dama viene a
hacer uso de su poder creativo en la prosa, donde el nivel
sintagmático exige una presencia del discurso horizontal racional,
menos intuitivo que el vertical paradigmático de la poesía".
Oigan a éste.
El escaso experimentalismo en la literatura caldense constituye
una buena señal de madurez. El experimentalismo es repetitivo, y
sólo muestra desconocimiento de las literaturas. Los jóvenes
inventan una y otra vez lo mismo que ya era viejo para sus
antepasados. Sólo que le ponen otro rótulo, como el señor que va a
la notaría para hacerse cambiar de nombres.

La poesía no se escribe porque no se tiene nada mejor qué hacer.
Haber reemplazado a los poetas por poéticas llevó a la sustitución
de los poemas por poemitas. La belleza no es para todos. Sólo para
quienes pueden apreciarla. Cuenta el libro que, en años recientes,
existió en Manizales La banda de los cuatro, que se hacían llamar
POETAS TÓXICOS. Vomitaron facilito (en un folleto) las pocas
toxinas que tenían, y desaparecieron. Dónde están ahora, se
pregunta el autor.
Acerca de las conclusiones del capítulo sobre la novela no se
puede decir nada, porque se interrumpe con cuatro páginas en
blanco. ¿Por qué no se procuró otro ejemplar? Para que se
den cuenta si el control de calidad es útil o no, y para que
aprendan a respetar al consumidor. De malas estuvieron, que uno de
los ejemplares incompletos cayera precisamente en manos de la
crítica.
Las conclusiones que se desprenden del capítulo sobre el cuento
son principalmente dos: en una primera etapa predomina el realismo
tremendista de las zonas marginadas, que luego es sustituido por
las zonas rosas, "donde habitan los dueños del mañana en medio
de la droga, el alcohol, el sexo y la incertidumbre por un futuro
que definitivamente no les garantizamos".
Las conclusiones sobre la poesía comprenden siete páginas, en
atención a la amplitud del tema: un centenar de libros. Pero los
asuntos tratados y sus consecuencias son los mismos de siempre:
"el amor, que es una trampa mortal para la literatura", y
"la rebeldía literaria y contra la existencia que algunos
adoptaron hasta la tragedia y el cercenamiento de sus vidas e
ilusiones, como sucedió con Rodrigo Acevedo González y Carlos
Héctor Trejos (muertes hermanadas en el suicidio), y los caídos en
el mundo de la droga, como Mercedes Valencia y Juan Carlos
Pizarro".
Así culmina todo, pues lo que sigue es el capítulo dedicado a la
literatura infantil, sin nada relevante, y diez índices que merecen
destacarse como algo excepcional en un país donde los libros,
muchas veces, ni siquiera ofrecen índice de contenido. También
están, lógicamente, las Conclusiones generales (once páginas), pero
la reseña no puede abarcarlo todo. Consiga el libro antes de que se
agote, pues sólo hicieron quinientos (500) ejemplares para cuarenta
millones de personas, el máximo tiraje de una obra de crítica
literaria en la culta Colombia, según dicen.
Si usted no se dio cuenta de que este artículo está desordenado,
vuelva juegue y ordénelo a su gusto. Le dirá lo mismo.
JAIME JARAMILLO ESCOBAR