Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.42 No. 68 año 2005
Autores: Banco de la Republica
Edición original: Enero 2005
Edición en la biblioteca virtual: Julio de 2007
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Reseñas. Mi arte

Mi arte

Pintura siempre

Juan Gustavo Cobo Borda
Sic Editores, Bucaramanga, 2005, 231 págs.

 

Un apasionado. Así se podría definir, con esa única palabra, a Juan Gustavo Cobo Borda. Y como ejemplos podríamos citar bastantes trabajos que este poeta bogotano nos ha entregado a lo largo de los últimos veinte años. Poemas suyos, poemas de otros, ensayos, comentarios, antologías, son algunas de las vertientes a las que Cobo nos tiene acostumbrados, siempre con un riguroso criterio de selección, así como con una aguda visión sobre lo que verdaderamente lo atrae, compartiendo con generosidad tanto sus conocimientos como su pasión.

Y la pasión en Cobo Borda también pasa por la pintura y tras ver durante decenios el desarrollo del arte en Colombia, nos invita a recorrer una lista de artistas que son los suyos, a los que les ha dedicado en otra oportunidad también trabajos y comentarios, pero que nunca son suficientes porque siempre hay algo nuevo que decir. Y para eso está este libro que atestigua su manera inteligente, atenta, de tener abiertos los ojos frente a las manifestaciones artísticas.

Publicado en el 2005 por la editorial Sic de Bucaramanga, el presente volumen empieza desde el análisis de la pintura de Mefisto y culmina en la pintura de los más jóvenes, trazando así un arco que abarca el arte colombiano del siglo XX, donde se pueden encontrar escultores como Feliza Bursztyn, Ramírez Villamizar, Negret, o pintores como Débora Arango, Luis Caballero, Lucy Tejada, Jim Amaral, Óscar Muñoz, Alberto Sojo o Lorenza Panero, por sólo mencionar algunos que ya cuentan con un nombre y ocupan un lugar en nuestra historia.

Nombres capitales que cimentaron el quehacer artístico nacional como Juan Antonio Roda tienen una amplia cabida, pues a éste le dedica un estudio donde recorre sus obras culminantes, donde analiza series tan conocidas como El Escorial, Tumbas, Felipe IV o los Cristos, o los propios grabados, género en el que Roda fue un maestro indiscutible, tal como queda plasmado en sus series Amarraperros, Delirios de las monjas muertas o la Risa.

Pero lo interesante del libro no es solamente lo que dice sobre los consagrados. También su ojo nos invita a transitar por obras de artistas en pleno proceso de creación, como son el caso de Pilar Copete, María Clara Vargas, o Juan Carlos Delgado. En ellos descubrimos la manera como Cobo Borda se interesa por lo vibrante, rescatando lo valioso, lo que lo hace único.

Como si esto no fuera suficiente, Pintura siempre incluye comentarios sobre libros de importantes críticos de arte como Marta Traba, Francisco Gil Tovar, Carolina Ponce de León, entre los colombianos, o Damián Bayón. Y para cerrar el libro. Cobo lo abre hacia otras fronteras. Primero la Argentina, con Sábat y Pablo Obelar, para después remontarse en el tiempo para hablar de la relación entre Matisse y Picasso o para reflexionar sobre el dolor en la obra de Rembrandt.

Pese a la brevedad de los comentarios, los cuales fueron publicados en su momento en revistas, periódicos o catálogos, el gran acierto de Pintura siempre consiste en la concisión de conceptos, en la claridad de exposición de éstos, pues no se trata de un estudio exhaustivo ni un análisis minucioso. Más bien Cobo Borda propone un recorrido por lo que llamaría Octavio Paz "los privilegios de la vista".

En el prólogo a otro libro sobre arte, llamado testimonial, biográfica y enfáticamente Mis pintores, el autor dice: "Quizás por ello escribí este libro: para reconocer, en la pintura, una de las mayores muestras de la creatividad colombiana. Para habitar en ese museo imaginario donde estos quince pintores, MIS PINTORES, me hacen mejor y más comprensivo de mí mismo y cuanto me circunda. La pintura sigue siendo el más estimulante camino para recobrar la visión original que nos forma y nos constituye. Durante el siglo XX Colombia bien puede definirse a partir del rigor con que sus pintores nos han obligado a reconocer lo que antes no percibíamos".

Palabras más que acertadas para este otro libro suyo también de pintores suyos, que nos revelan que la pintura no sólo es placer de los sentidos sino comprensión, síntesis y reflejo de un país, así como de su circunstancia histórica, política y social en la que se encuentra. Ya lo había dicho y hecho Hauser. Pero una cosa es leerlo y otra cosa aplicarlo. Son los individuos, los artistas, los que acaban encontrando un signo, una marca, una manera de decir que va a retratar a miles de personas, y donde esas miles de personas se verán reflejadas, algo que sin duda se ve en la obra crítica de sus maestros Ángel Rama y Damián Bayón.

El saber rastrear, el saber ver, el deleitarse, el explicar, el encontrar el marco teórico, el saber sacar datos a lo artificial. Tal parece ser el método de este regocijado poeta que ha encontrado en el campo del análisis y crítica pictórica el complemento de su poesía. Y a su vez ha traído a la poesía al campo de la pintura, de allí que no es infrecuente la cita de poemas como el de Manuel Machado sobre Rembrandt o el de Pedro Salinas sobre el dolor cuando analiza este sentimiento en la obra del holandés. Pero no se trata de citar poemas. Se trata de ver con los ojos de la poesía, descubrir y revelar nuevas dimensiones. Como sólo saben hacerlo los poetas.

RAMÓN COTE BARAIBAR