Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Demasiados silencios
 

|Silencios históricos del siglo XIX:
Ezequiel Uricoechea

|Inés Arias Arias
Antares Impresores, Bogotá, 2002,
236 págs.

Es necesario advertir que estamos ante un libro muy mal editado; con muchos errores tipográficos, como si no lo hubiesen sometido a una etapa de corrección. Además, está mal escrito, plagado de reiteraciones y, en los capítulos finales, con frases apresuradas e inconexas. Todo eso, sin duda, opaca cualquier esfuerzo argumentativo.

Puede comprenderse que Inés Arias Arias deseó explicar la vida y la obra de don Ezequiel Uricoechea a la luz del significado y de las implicaciones de la pugna entre lo que ella denomina "el absolutismo republicanizado" y "el radicalismo". La autora anuncia en las primeras páginas que se concentrará en el estudio del "radicalismo en Colombia" porque parte, además, de concebir al científico Uricoechea como un radical cuyos "aportes intelectuales tienen lugar en la segunda mitad del siglo XIX".

Según la perspectiva que anuncia la autora, el libro se torna muy sugestivo en apariencia. Nos insinúa un modelo interpretativo que sería útil no solamente para comprender los aportes de cualquier científico o político de la época, sino que también nos permitiría comprender el carácter mismo de la segunda mitad del siglo XIX en Colombia; nos permitiría comprender las tensiones y las disputas entre dos concepciones aparentemente irreconciliables y excluyentes en la construcción del Estado-nacional.


Sin embargo, el libro nos decepciona muy pronto, por varias razones. Entre tantas razones hay una evidente: a la autora no le parece suficiente aventura lo que se ha propuesto, porque de inmediato le agrega otros compromisos a su libro. Como si lo que nos ha anunciado no tuviera ya demasiadas implicaciones, Arias Arias añade a su trabajo "el pertinente asunto de los pobres". Francamente, nos parece muy difícil hallar una conexión inmediata entre un estudio de un científico-letrado del siglo XIX y el problema de la pobreza en América Latina. No dudamos que la relación pueda existir, lo que sí es cuestionable es que entre lo uno y lo otro podamos dar un salto expositivo sin consecuencias sobre la profundidad de la tarea que nos planteamos. Viendo el libro en su totalidad, la autora no nos deja satisfechos ni en el estudio de don Ezequiel y su obra, ni en su planteamiento del dilema entre absolutismo y radicalismo, ni mucho menos en su respuesta a por qué somos pobres. Así que demasiadas preguntas, demasiadas expectativas y, al final, pocos resultados.

El modelo que insinúa es, en sus generalidades, acertado. Es decir, la autora ha logrado percibir cuál fue el conflicto fundamental del proceso de formación republicana en Hispanoamérica. En gran medida fue la oposición entre una visión del mundo anclada en el Viejo Régimen teocrático y absolutista y aquella fundada en los valores del Nuevo Régimen republicano, liberal, constitucionalista. Un modelo fundado en las jerarquías verticales del dominio institucional católico sobre la sociedad y otro que anunciaba las libertades individuales y la instauración de la categoría política del ciudadano. Ese conflicto lo vivieron, con sus respectivos matices e intensidades, la Francia de los tiempos posteriores de su Revolución de 1789 y los países hispanoamericanos luego de la separación del dominio español.

Insistamos en que, en términos generales, la autora plantea bien este dilema para intentar explicar el devenir de la obra y la vida de Uricoechea. Para ella, por ejemplo, está claro que en Colombia finalmente se impuso la exclusión definitiva del radicalismo con el triunfo de la Regeneración, régimen teocrático en que se plasmaron los "ideales del absolutismo republicanizado". También está claro para la autora el relativo proceso de independencia; la oposición ideológica entre el legado bolivariano y el republicanismo laico plasmado en la figura de Santander. Igualmente examina el problema de la relación de las élites liberales con los grupos artesanales. Es decir, el panorama de los conflictos ideológicos y políticos del siglo XIX está, en sus generalidades, bien definido. La autora, quizá sin proponérselo, percibe que buena parte de aquellaépoca estuvo sometida a un "conflicto triangular" en que, por supuesto, participaron tres fuerzas históricas: las élites del liberalismo, la Iglesia católica y su laicado conservador, y los "sectores populares" que oscilaban entre el apoyo al liberalismo o al catolicismo.

Aunque el planteamiento en sus bases parezca acertado o, al menos, apropiado para comprender la historia colombiana del siglo XIX, la autora falla a la hora de caracterizar el radicalismo y el liberalismo en nuestras circunstancias concretas. Y, enseguida, la autora falla en colocar a Uricoechea en la línea definida del radicalismo. Creo que Arias Arias se excede en la valoración de la vida y la obra de Uricoechea; tal vez exagera en presentarlo como una singularidad que, de todos modos, participó de las condiciones generales del notablato hispanoamericano de la época. Además, la autora desestimó o ignoró una abundantísima bibliografía historiográfica -no solamente colombiana- que le habría ayudado a descifrar las tendencias históricas de los liberalismos -valga la pena subrayar esa pluralidad- que habitaron y se enfrentaron justamente en la segunda mitad del siglo XIX colombiano. El liberalismo radical colombiano no fue una corriente definidamente laica ni popular; fue más bien un liberalismo de élite, oligárquico, coyunturalmente aliado al artesanado urbano. El liberalismo radical que controló el Estado desde 1867 fue el resultado del forcejeo con el liberalismo militar del general Mosquera y con el liberalismo conservador y pro católico de la costa atlántica; ese liberalismo radical fue un liberalismo sin pueblo, sin masas, luego de la fracasada relación que hubo entre élites liberales y pueblo durante el periodo 1846-1854. Nuestro radicalismo fue, por tanto, excluyente y limitado en sus alcances. Muchos de sus miembros, o casi todos, no resolvieron siquiera en sus vidas privadas el peso ancestral de la devoción católica.