Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Un gran libro
 

|Rafael Reyes,
caudillo, aventurero y dictador

|Eduardo Lemaitre
Intermedio, Bogotá, 2002, 285 págs.

Nuestra historia ha sido turbulenta unas veces y otras bobalicona, pero siempre sembrada de infamias. Y quienes se han ocupado de ella han sido, por lo general unos señores negligentes y aburridos. No todos, por fortuna. Desde hace ya varios decenios algunos historiadores han dedicado sus esfuerzos y capacidades a hacer un trabajo indispensable y de gran importancia para conocernos mejor, y son las biografías de los dirigentes colombianos desde la independencia hasta ya bien entrado el siglo XX. Algunas de estas biografías fueron publicadas hace yauna buena porción de años, pero las editoriales han tenido el buen tino de reeditarlas. Las obras de Diego Castrillón Arboleda sobre el general Tomás Cipriano de Mosquera, o la de doña Pilar Moreno de Ángel sobre el general Francisco de Paula Santander -por no hablar del Simón Bolívar de Indalecio Liévano Aguirre- son obras que nos ayudan a comprender mejor no sólo el carácter de quienes han tenido las riendas del poder en sus manos, sino que analizan con hondura la época y las encrucijadas políticas que vivieron y su forma de afrontarlas.


Una de estas biografías -reeditada con muy buen criterio varias veces-, es la que a finales de la década de 1940 publicara el historiador cartagenero Eduardo Lemaitre, del general Rafael Reyes. En su prólogo a la edición de 1966 dice Lemaitre:

|Hace ya casi veinte años, cuando yo escribí este libro, que no es un elogio de la dictadura como sistema político, sino la explicación de un dictador en una determinada época histórica, el nombre de Reyes estaba casi olvidado. Digo mal: todavía era un poco pecado pronunciarlo. Había que reivindicarlo, y esa fue la meta que yo me propuse [...] Pero ahora, al releerlo, le encuentro muchos defectos, y por encima de todos (una adjetivación encomiástica a veces excesiva, algunas apreciaciones políticas que con el paso de los años ya no comparto o he rectificado), por encima de todo, digo, lo que más me incomoda es encontrarme con que lo que afirmo en el prólogo de la primera edición, el Rey es que y o he pintado en este libro es una figura en cuya trama psicológica no se trenzan sino las hebras nobles del valor, de la virtud y del patriotismo. Hay en mi obra un silencio o un disimulo criticables sobre algunos aspectos chocantes de la psicología de Reyes, como por ejemplo su indiscutible ambición de dinero, que fue el motor de sus muchas empresas comerciales; cierto cinismo rayano a veces en la crueldad para el manejo de los hombres; la explotación quizá abusiva que para fines políticos logró hacer de la imagen de sí mismo que había logrado crear como dinámico hombre de empresas; su maníaprotagónica que lo impulsaba siempre a ocupar los primeros planos, la astucia -sus adversarios le decían "hipocresía"- con que logró disimular su ambición de poder; y, por fin, el aprovechamiento que hizo -como quien entra al azar en un garito- de las oportunidades que salieron al paso para instalarse en el mundo de la política, al que había sido ajeno totalmente.


En una prosa impecable, don Eduardo Lemaitre nos pone en antecedentes de la vida de Reyes y de los acontecimientos del desbaratado país de la época, apenas comparable con la actual. Es además impresionante la manera como este hombre, huérfano de padre desde muy niño, se abre camino, dicta clases en Santa Rosa de Viterbo al mismo tiempo que se prepara y se inicia en el comercio que pronto lo llevará a establecerse en Popayán, en donde fundará una importante casa comercial con sus hermanos. Más tarde, y en pleno furor de la quina, decide irse en busca de la corteza por las inhóspitas tierras del Putumayo -en unas expediciones sólo equiparables a las de Orellana-, llega al Brasil, donde es recibido con los honores de jefe de Estado por el emperador, y logra incluso navegar en aguas del río Paraná en unos vapores bastante estropeados. Las expediciones al fin no logran dar los frutos que supone su líder, pero es allí donde se templará el carácter de este hombre a quien nada ni nadie parece ser capaz de retener. Es en el último gobierno de Rafael Núñez cuando, siendo un militar incipiente, es encargado de comandar un batallón que ha de poner orden en Panamá y Colón -esta última a la sazón la ciudad más importante de Colombia-, en donde había unos levantamientos y la sublevación de unos generales. Este episodio culmina con el incendio de Colón, con gran mengua para la economía del país, por cuanto era el puerto por el que pasaba todo el comercio de la época y se establecía la banca y todos los negocios de la construcción del canal. Es entonces, de la mano del