Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Güepa jé
 

|Carmen, tierra mía: Lucho Bermúdez
|José Portaccio Fontalvo
s. n., Bogotá, 1997, 306 págs.

Lucho Bermúdez es el favorito por excelencia de la sociedad colombiana, y esto se evidencia en el hecho de que lo veneran todos: no hay aquí distingos de razas, clases, edades, ideologías, credos ni regiones. Actuando en consecuencia, José Portaccio Fontalvo le dedicó todo un libro, el tercero dedicado a Lucho Bermúdez (precedido por los de José Arteaga y Carlos Arango, quienes, como dicen los periodistas deportivos, quedaron en deuda con la afición). Continuando las características de sus trabajos anteriores, Portaccio escribió un libro de texto para secundaria que utiliza fuentes más variadas que los anteriores biógrafos de Lucho Bermúdez (entrevistas, conversaciones) y hace una presentación descriptiva de uno de los grandes personajes de la cultura popular y la vida nacional. En este sentido, es un esfuerzo meritorio.

La investigación de Portaccio incluye una mirada al entorno que lo vio nacer (El Carmen de Bolívar) y a sus primeros pasos en tierras del Magdalena. Luego introduce una serie de temas que parecen insustituibles al hablar de Lucho Bermúdez: sus giras internacionales (Argentina, Cuba, México) y sus domicilios nacionales (Medellín y Bogotá), además de insistir en la Orquesta del Caribe, que muchos melómanos viejos consideran la mejor de sus agrupaciones, en el programa de radio La Hora Costeña, y en una abundante serie de datos que sirven de apoyo para un analista que intente estudiar el proceso y reconstruir el contexto. Se recuerdan los sitios que marcaron una época inolvidable, todos ellos hoteles: el hotel Granada, donde comenzó a salir de la provincia; el hotel Nutibara, donde se consagró como símbolo nacional, y el hotel Tequendama, donde culminó una carrera musical como pocas en América Latina.

Pero no todo ha de ser emoción y, ya esto sugiere la posibilidad de una perspectiva racional; esto es, de una lectura sociológica del libro de Portaccio. La historia de Lucho Bermúdez presenta elementos muy sugestivos para el conocimiento del país, y de la región costeña. Por una parte, Lucho Bermúdez era de pueblo, aunque no precisamente de extracción popular: su padre, amigo personal de Rafael Uribe Uribe y político liberal de cierto relieve, era un reconocido intelectual de provincia (poeta, historiador, matemático) que llegó a ser rector de la Universidad de Cartagena. Además, provenía de una familia de músicos que van desde su tío abuelo, José María Montes, director de la banda municipal de El Carmen, hasta su pariente samario Andrés Bermúdez, abogado y pianista, amigo de Rafael Núñez y embajador en Francia, y tronco de una familia de indiscutibles méritos musicales. Por otra parte, El Carmen de Bolívar no era ese pueblo de monte y culebra que muchos suponen sino un pueblo con historia de renombre: su riqueza tabacalera contribuyó, junto con las influencias extranjeras, al desarrollo de un entorno bien dinámico y, finalmente, al nacimiento del porro y a cierta vida intelectual dedicada al cultivo de las artes literarias y musicales.


El paso de Lucho Bermúdez por el Magdalena, que todos sus biógrafos pasan por encima y que el propio Lucho mencionó muy poco, es un tema bien interesante y significativo. Allí vivió quince años cruciales, su periodo formativo nada menos, en un contexto francamente extraordinario: el de la Zona Bananera de los años veinte, el centro económico más importante del país y, por tanto, receptor de flujos migratorios nacionales e internacionales que le imprimieron a esa comarca un sello polifónico inconfundible. Durante ese tiempo experimentó influencias reconocidas como la banda militar de Santa Marta (donde tuvo profesores de clarinete que habían estudiado en Francia), pero también experimentó otras, tal vez un poco "non sanctas", aunque definitivas en su formación: conoció las "academias" de Ciénaga y otros pueblos de la Zona, y donde se bailaba con unas "académicas" especialmente dispuestas a ese efecto, que cobraban por pieza bailada. Allí reinaba un ambiente poderoso donde realmente funcionaba la polifonía de tantos inmigrantes cubanos, jamaiquinos, martiniqueños, cartageneros, gitanos, italianos, árabes, judíos sefardíes, ingleses, escoceses, franceses de Cayena y otras especies más: el ambiente de juglares negros como Chamber, Carlin y Digna Cabas, de juglares mestizos como Antonio María Peñalosa y Andrés Paz Barros, "el loco que hablaba con el sol", y como Esteban Montano y Guillermo Buitrago y tantos más que no se conocen pero que alimentaron musicalmente a Colombia durante todo el siglo XX y todavía.

ADOLFO GONZÁLEZ HENRÍQUEZ
Departamento de sociología,
Universidad del Atlántico