Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Qué vaina
 

|Hasta en las mejores familias:
Selección de Postre de notas

|Daniel Samper Pizano
Casa Editorial El Tiempo, Bogotá,
2002, 307 págs.

Supongo que el precedente más remoto de la columna de humor es el artículo de costumbres, ese tipo de texto surgido en el momento en que los poetas occidentales decidieron que los asuntos cotidianos, con su lenguaje incluido, también eran dignos de ser celebrados. Para el caso de la lengua castellana, se me ocurre pensar en Larra y, un poco posteriormente, en Bécquer, con sus leyendas, inicialmente publicadas en diarios y suplementos periódicos.

Colombia, en particular, cuenta con una rica historia en materia de costumbrismo. Así lo propone una de las más inteligentes conocedoras de la literatura del siglo XIX, mi maestra María Teresa Cristina, quien, en la carrera de literatura de la Universidad Nacional, insiste en que allí, en ese periodo, hay una mina inexplorada que puede darnos muchas pistas sobre nuestra historia literaria y, con ella, de las otras esferas de nuestra cultura (la ciencia, la política, la economía, la ética). Infortunadamente, los estudiantes de literatura prefieren perderse muchas veces en los vericuetos de la actualidad, que no pocas veces resultan espejismos y frustraciones. Ese fervor por la actualidad ha hecho que en las propias clases de literatura a nivel de bachillerato muchos docentes prefieran que sus estudiantes obvien a los "viejos" clásicos y se extasíen de Cuauhtemoc o de cualquier otra forma de literatura ligera, con el discutible argumento de que éstas sí reflejan sus problemas reales.



Volviendo a la idea del artículo de costumbres y del costumbrismo en general como precedente de la columna de humor, es importante señalar dos rasgos generales de éstos: uno, su temática y, otro, su forma expresiva. Dado que el nombre mismo, costumbrismo, indica la raigambre de los temas que le conciernen, es posible centrarnos sin más en el segundo rasgo. En este último es determinante la posición del sujeto que enuncia el texto, en general un personaje culto, a veces en demasía, que sin embargo cree poder expresar la cultura popular, y en ese afán lo primero que hace es apelar a las expresiones típicas y, sobre todo, a remedar la fonética del habla vulgar, hechos que, sin embargo, delatan su verdadera situación, porque en la construcción de la frase se muestra gramaticalmente correcto.

Precisamente en esa construcción de las frases hay toda una visión de mundo que termina, paradójicamente, por descalificar ese mundo popular que pretende enaltecer. De tal modo, que hasta el humor, elemento esencial del costumbrismo, termina siendo un humor ajeno a lo popular, o sea, elegante y culto, por extraño que esto suene. El mismo Carrasquilla, por su opción literaria, no pudo escapar del todo a ese tipo de distanciamiento cachaco, señorial.


Tal vez desde la posición de estos autores cultos que pretendían expresar la cotidianidad del vulgo sin poder despojarse de su verdadera situación social surgió el tipo del cachaco: ese personaje caballeroso, educado, bien vestido y, en general, simpático, pero que no deja de traslucir en sus modales un tono de artificio e hipocresía, que los costeños hemos generalizado para todo aquel que nace allende las fronteras de los departamentos de Córdoba o Cesar. Con ello, acaso, lo que pretendemos resaltar es el dejo, el acento vocal que a nuestro parecer resulta afectado, como el de los cachacos verdaderos, en quienes tal vez ya nadie cree, pero de que los hay, los hay.

Dado ese precedente, la columna de humor mantiene vínculos inexorables con él. Por ello su foco de atención sigue siendo el conjunto de los hábitos sociales, y también salta a la vista, en este sentido, el elemento humorístico que la identifica desde su propio rótulo. Pero, inevitablemente, este género periodístico ha sufrido también cambios sustanciales que en gran parte no se dieron en el seno de la prensa sino en la literatura, desde donde fueron trasvasados por sus cultivadores, a menudo peces que nadaban en ambas aguas, por lo que esto también ha ocurrido en sentido contrario.