Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

En tono de cuento de hadas


|Juega el amor
|Evelio José Rosero Diago,
Javier Fernando Porras (ilustrador)

Panamericana Editorial, Bogotá, 2003,
67 págs., il.

En el tono de los cuentos de hadas o de las fábulas tradicionales, Evelio José Rosero Diago nos cuenta una historia apasionada y apasionante de una reina que juega su amor frente a un tablero de ajedrez. Era una mujer poderosa, dueña soberana de valles, de ovejas y canarios y tenía a todo el mundo, joven y viejo, a su servicio. Era, además, una mujer muy bella e inteligente, tanto que todos los hombres soñaban con poseerla y hacerla suya. Pero la reina no le entregaba a nadie sus favores. Era tanta la súplica por su amor, que un día decidió jugarse ella en cuerpo y alma en una partida de ajedrez. Quien le ganara sería su dueño. A todo el reino le pareció una sabia decisión, pues "el ajedrez es justo y equitativo como la muerte".

El primero de todos en enfrentarse a la reina fue un sabio que había vencido al Greco, el Calabrés, autor de un serio tratado de ajedrez. Todos estaban seguros de su triunfo, pues había cosechado fama de sabio en estos asuntos. Sin embargo, la reina lo derrotó en el tiempo que se demoró en comerse un racimo de uvas. Esta derrota puso en alerta a todos los ajedrecistas aspirantes a conquistar a la reina, "...todos los pretendientes, los enamorados, los ambiciosos, los aventureros, escépticos o altruistas o desarraigados, truhanes y tahúres o sencillos fanáticos, estudiaban ajedrez al derecho y al revés, noche y día"... [pág. 16]. Sin embargo, todos iban siendo derrotados, uno tras otro.

Después de ganar todas las partidas, la gente comenzó a rumorar que no era ella la que jugaba, sino un genio escondido. Aunque era una mujer buena, esta desconfianza la hizo cambiar y decidió no sólo jugar desnuda para borrar todas las dudas, sino que implantó la pena de muerte para los perdedores. El juego ahora era serio y difícil, lo que en vez de ahuyentar a los contrincantes, los aumentó, para sorpresa de la reina misma.


Con esta decisión empezaron a disminuir los hombres, pues todos iban muriendo a medida que perdían las partidas. Hubo una leve esperanza cuando un día se presentó una mujer decidida no sólo a enfrentar a la reina sino a matarla con sus propias manos, en caso de derrotarla. La reina la venció en un pestañeo.Sin embargo, y como un asunto entre mujeres, le perdonó la vida y le entregó uno de sus castillos.

Así siguieron apareciendo y desapareciendo los contrincantes, hasta que otro día apareció un jorobado horrible y repugnante que hizo temblar a la reina con el solo hecho de pensar en que si la vencía tendría que casarse con él. En este momento el relato se detiene un poco y mantiene al lector en suspenso describiendo cada jugada, cada movimiento de las piezas del tablero. Al final del capítulo el jorobado es vencido.

El último de los pretendientes fue un muchacho joven, vestido de blanco, que llevaba un gorrito negro en la cabeza y usaba sandalias de cuero. Por primera vez la reina se estremeció, pues sintió algo que nunca antes había sentido: el amor.

Y aquí comienza el desenlace de la historia, el cual no es necesario contar para no ahuyentar a los lectores, quienes con seguridad se llevarán una sorpresa, pues, al contrario del final feliz que se espera, por estar montada la historia sobre un típico cuento maravilloso, es un final inesperado que no merece ser llamado tampoco un final triste.

|Juega el amor nos introduce desde el comienzo en el cuento oral, ese que los cuenteros utilizan para mantener a un auditorio suspendido en el hilo del relato, en la cadencia rítmica de los sucesos, en el espacio eterno entre una palabra y otra. Sin embargo, al analizarlo un poco nos damos cuenta de que su construcción no es tan sencilla como parece y de que no estamos solamente frente a una historia "vaciada" en un molde propio de las estructuras de la narrativa de tradición oral. La construcción de |Juega el amor está hecha toda a partir de ese tablero de ajedrez que se vuelve reino deseado, campo de batalla, territorio de duelo y finalmente una metáfora de la vida y de la muerte. Símbolo del mundo real donde se juegan todas las partidas, donde se hacen las guerras de verdad.

Lo que empezó como un simple juego, en un territorio neutral donde lo que se arriesgan son los sueños y los deseos y al final salimos indemnes, se fue volviendo real, peligroso, y finalmente fatal. Esa mezcla de fantasía y realidad, o de juego y verdad, se logra muy bien en los momentos en que las piezas del ajedrez parecieran cobrar vida: los alfiles son heridos y su sangre salpica el tablero, los peones yacen mirando hacia el cielo con sus gargantas abiertas y los ojos empañados "igual que si reflejaran otro cielo" (pág. 52).

Como escritor de oficio y con oficio que es Rosero Diago, este relato está tejido en un lenguaje que supera los rasgos simples de la oralidad. El ritmo en la sintaxis está muy bien logrado y demuestra un trabajo cuidadoso. Cada vez que un jugador diferente se enfrenta con la reina, el lector asiste al manejo de un lenguaje y un ritmo acorde con cada situación y con cada jugada. Cuando se enfrenta con el jorobado, con quien estuvo a punto de perder, la lucha es dura y además la imagen resulta caricaturesca: la reina desnuda y el jorobado deforme, ambos sudando en los límites de la derrota. Así lo expresa el relato: