Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Esta es la historia de Reinaldo Aguirre Palomo


|Crónica de un bandido legendario
|Eduardo Santa
Editorial Códice, Bogotá, 2004,
138 págs.

Yo no me acuerdo cuándo leo los prefacios y las presentaciones de los libros, si antes o después de la pulpa propiamente dicha, pero los tengo como un platillo siempre aparte, no me aburren ni los desprecio como el sobrante de las obras. Claro, a veces son chocantes o mal escritos o laberínticos. En esos casos, uno no los termina, y listo. Extrañamente, sin embargo, ocurre que un buen libro tenga un mal prefacio o una introducción de algún pelmazo.

|Crónica de un bandido legendario (una "crónica novelada", para utilizar un término un poco arbitrario), de Eduardo Santa, tiene dos de esos paratextos que, ahí mismo, me han llamado la atención, y por eso los menciono, antes de hablar de mi lectura.


Uno es la presentación de la colección Biblioteca Libanense de Cultura (a la que pertenece este libro), a manos del alcalde de esa población, Laurentino Malagón, donde, antes de algunas líneas de otros floripondios, suelta esta perla: "Cuando Isidro de la Parra tradujo el |Manual de la filosofía del ser, de Herrenschneider y lo publicó en la modesta imprenta que hizo parte de la fundación del Líbano, se comenzó a vislumbrar lo que luego se convertiría en uno de los pueblos en el mundo que más escritores por habitante tiene, de acuerdo con los estudios y estadísticas que sobre el tema ha realizado uno de ellos, Carlos Orlando Pardo [...]" ("En Chile, le había escuchado a un escritor de allá, uno levanta una piedra y sale un poeta"). El dato es un poco escalofriante, de lo puro ingenuo y "colombiano".

En el "A manera de prólogo", que hace Jaime Mejía Duque, las cosas no mejoran mucho. Es una carta al autor, que encabeza con un "Doctor..." que ya nos instala en el fastidioso mundo de los protocolos, los formalismos y las frases hechas. Y así discurre este prólogo, nunca un comentario suelto, literario, divertido. Pura alabanza con dejo de provincianismo impertérrito.

|Crónica de un bandido legendario es la historia de Reinaldo Aguirre Palomo, un campesino del Líbano (Tolima), que en los años treinta se constituyó en una leyenda gracias a que se hizo un rebelde e intrépido asaltante de caminos, ladrón de ganado, saqueador de haciendas y de casas de ricos, y un largo etcétera, botines que repartía a manos llenas entre pobres y campesinos de aquella población.

Como toda leyenda que se respete, la del Palomo (remoquete que se ganó por su capacidad de volar lejos en los momentos de mayor peligro) creció ayudada por la fantasía de todos los que se beneficiaban de sus andanzas y que veían en él un salvador, un héroe, un espíritu protegido por fuerzas del más allá, un Robin Hood.

Entre las acciones que más fama le dieron a este personaje se encuentran los asaltos al cable aéreo Mariquita-Manizales, al ferrocarril de La Dorada y a la fábrica de cigarrillos Casa Inglesa. Su fama de héroe iba aparejada a la de enamorador de muchachas y a la de contar con una infalible puntería con el revólver. Los periódicos y la radio no hablaban de otra cosa y la policía y el ejército se movilizaban permanentemente en busca de la leyenda.

Bandido fue el nombre que se le dio en Colombia a éste tipo de asaltantes por aquellos tiempos, y hoy es una palabra que oímos con frecuencia en boca de soldados y generales para referirse a los guerrilleros, en un juego de roles que, sustancialmente, no ha variado mucho, excepto la fama de que la guerrilla, hoy en día, ya no es generosa con los pobres. No en vano en el país afloró prolijamente el prototipo de estos rebeldes con causa, cansados de ser resignados campesinos a la espera de repetir la pobre vida de sus padres, sólo que el paso de los años fue agregando nuevos ingredientes, y esos asaltantes con espíritu bienhechor fueron encontrando alicientes ideológicos (los bolcheviques, los cubanos, los chinos, Vietnam, etc.) hasta convertirse en las facciones de izquierda y de la guerrilla que hoy conocemos, con un largo historial, también resabido.

El relato que hace Eduardo Santa (Líbano [Tolima], 1927), del cual lo anterior es una rapidísima ojeada, está, según se nos anuncia, ajustado a la realidad. Durante varios años el autor rastreó las pistas y las andanzas del personaje, conversó con gentes lugareñas que conservan la leyenda, vio periódicos, recordó escenas que le tocaron cuando era todavía un niño, etc. Todo porque, dice en el preámbulo, una noche se le presentó el enigmático héroe, coterráneo y contemporáneo suyo, y lo instó a escribir la historia de su vida. Santa refiere ese episodio con una ambigüedad que denota, finalmente, el transcurso de un sueño. Aquí está, nos dice, cumpliendo el designio.