Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

No diré quién es el asesino
 

|Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón
|Germán Espinosa
Editorial Norma, Serie Literatura o
Muerte, Bogotá, 2003, 151 págs.

La Editorial Norma ha tenido la buena ocurrencia de hacer una colección de novela negra. Teniendo en cuenta que éste, por lo general, es un género de entretenimiento -no estoy hablando de clásicos como Raymond Chandler o de Dashiell S. Hammett, quienes logran hacer del género un instrumento de reflexión sobre la condición humana-, no está mal que sus productos sean obras hechas por encargo. Es más: pueden ser un estímulo para que los escritores saquen algún argumento de sus gavetas, se ganen unos cuantos rúcanos y de paso nos deparen unas horas de sabrosa lectura, de ésas para disfrutar mientras crepita el fuego y cae la lluvia y uno se arrellana en un buen sofá envuelto en una manta tibia. Tal vez de ahí, de esa posibilidad deliciosa de lectura, alguien tuvo la idea de bautizar la colección con un desafortunado nombre que hace una alusión infantil a las consignas revolucionarias de otras épocas y de éstas también: |literatura o muerte. Los títulos publicados hasta ahora en esta serie son: |Adiós, |Hemingway, de Leonardo Padura Fuentes; |Camus, la conexión africana, de Rafael Humberto Moreno-Durán; |El enfermo Molière, de Rubem Fonseca; |Stevenson bajo las palmeras, de Alberto Manguel; |Cinco tardes con Simenon, de Julio Paredes, y otra más, sin título aún, sobre Alejandro Dumas, del premio Nobel portugués José Saramago. Todas prometen ser obras entretenidas y bien escritas, dado el nivel de los escritores invitados. |La nouvelle que voy a comentar es |Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón, del escritor cartagenero Germán Espinosa.


En carta a un tal Manucho y fechada en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1960, Ricardo Quintana, un hombre ya entrado en años, anuncia el envío de un manuscrito, para que lo juzgue y lo corrija, en el cual narra los acontecimientos lejanos de unos días pasados en la costa bretona, en Francia, cerca de Saint-Malo, en compañía del poeta nicaragüense Rubén Darío. Ése, el pretexto para contarnos esa historia en la que el autor de |Azul tiene un papel protagónico.

El escenario en el que suceden los acontecimientos de esta pequeña novela de Espinosa es una quinta llamada |Le Jardín des Ames, nombre que, como se verá, se ajusta más que bien a los hechos de esos días, y está regentada por el conde André de Pont l'Abbé, su flamante propietario. Alguien más acompaña a Pont l'Abbé: Camilo Basili, un amigo italiano, egiptólogo y excéntrico que no gusta de hacer vida social y que permanentemente está retraído en sus lecturas; Marilou de Lézignan, poetisa de cierta popularidad en su tiempo, y su marido. Otros personajes conforman la farándula de estas escenas: Hervé, el mayordomo; Marcel, el jardinero; Claudine, la cocinera. Mucho se habla sobre la transmigración de las almas, entre las copiosas libaciones del poeta y los paseos por las sugerentes alamedas de la quinta del conde, y se hacen unas sesiones de espiritismo bastante patéticas en las cuales hará de médium Madeleine, campesina de la región, de aspecto repugnante, que al entrar en trance acentúa su horripilante figura. Más tarde llegará el matrimonio Gressmann a engrosar las sesiones nocturnas de espiritismo. Una noche Rubén Darío logra hablar con Víctor Hugo. Entre las cosas que hablan, Darío le pregunta al autor de |Les miserables en qué consiste la felicidad, a lo que Hugo responde que la felicidad es el trabajo. Queda en el aire la duda de si tan peligrosa idea es de Hugo, de Darío, o de Espinosa...

En aquellas vacaciones sucede un romance y también un crimen. No voy a ser desleal ni con el autor, ni con los lectores. Por lo tanto no diré quién es asesinado, ni por quién. Germán Espinosa cumple a cabalidad con las reglas de este tipo de obras: sabe hacer que todos los personajes de la historia estén de alguna manera implicados y que sobre cada uno de ellos recaigan sospechas, hasta el desenlace, y lo hace con todo el rigor y con toda la tensión que deben tener estas narraciones. Pero ahí no está la gracia de este libro. No. La prosa de Espinosa ha sido siempre una prosa en la que percibimos resonancias de los autores de su predilección, cosa que por lo general le va muy bien a las historias que escoge. Pero en esta breve narración es donde uno descubre que Espinosa es algo así como un modernista a quien los temas escogen. No importa si los acontecimientos de esta obra tienen asidero en alguna anécdota de las tantas de la vida de Darío. Importa que tal vez no había habido un conocedor de su obra que tuviera tan presentes sus ritmos y sus giros y los pusiera a su servicio contándonos -en su propia lengua, por decirlo de alguna manera- un acontecimiento de la vida del poeta. Es Rubén Darío contado en clave de Rubén Darío, y eso no está nada mal. Porque, además, lo que logra es darnos una versión muy vivida de este poeta, a quien siempre hemos visto como en un pedestal. Ése es para mí el mayor mérito de esta obra: que logra darnos la visión de un Rubén Darío de carne y hueso, pero que se desplaza al son de sus propias cadencias. Obviamente, Espinosa, que sabe de memoria la obra de Darío, adoba suficientemente con versos del poeta toda la narración.


No es la primera vez que el autor de esa catedral que es |La tejedora de coronas incursiona en estos divertimentos y se adentra en este género. Ya hace algún tiempo nos presentó |La tragedia de Relinda Elsner, también un |thriller, sólo que en esta oportunidad nos brinda una obra mejor lograda en la que, como siempre, nos apabulla con su conocimiento en áreas insospechadas. Aquí su erudición en temas como el de la música y el de la química, por ejemplo, es realmente pasmosa.

Germán Espinosa brinda con esta pequeña joya a sus lectores no sólo un rato de lectura amena y entretenida, sino una ficción vibrante de quien fuera |padre y maestro mágico del modernismo.

Volviendo sobre la colección, me gustaría comentar algo sobre los libros mismos: está muy bien que en una serie de novela negra los hechos y los destinos de los personajes sean azarosos, pero la cosa no puede extremarse hasta hacer del libro mismo una baraja y que salgan volando las páginas desprendidas del caballete como aves de mal agüero. Al menos eso le sucedió a este reseñista con el ejemplar que le fue suministrado. Algo pasa en los talleres.

FERNANDO HERRERA GÓMEZ