Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

En el tiempo hay secuencia de familia, un laberinto de vidas que, sin saberlo, coinciden, por distintos caminos, en la promesa de la tierra prometida, ese lugar donde cada protagonista que viene transcurriendo en el tiempo sobre las páginas del libro quiere para amparar su existencia junto a los suyos.

Les corresponde a los Laras iniciar la hazaña. El primero que recibe la promesa es el soldado Abelardo. De ahí en adelante la zozobra por lo que no llega caerá sobre los descendientes. Cada cual tiene que cargar con su propio episodio de ansiedad. Es una herencia de la nada, una continua marca que se suma al apellido que representa a todos los de su clase. Cada quien, dentro de la trama, pertenece a un momento de la historia. El soldado Abelardo Lara se puede ubicar a comienzos del siglo XX si cronológicamente los episodios entran en equivalencia y comparación con los de Colombia. "En los tiempos del presidente Heredia estalló una nueva guerra civil, la número 52 en los anales de la república, conocida como la Guerra de las Flores. Nacionales y reformadores se enfrentaron con un odio nunca visto, sembrando al país de cadáveres y condenándolo para el resto de su existencia a navegar en un océano de sangre y dolor. En el transcurso de la contienda bajó desde el altiplano el legendario general Forero, caudillo rebelde, con la misión de conquistar la desembocadura del río Largo y combatir el ejército regular en las siete provincias del norte" (pág. 25). De lo bíblico, Schwartz ha pasado a simular la historia de Colombia, con el cambio de nombres que el lector avezado en historia puede sustituir. La Guerra de las Flores rememora los episodios de la guerra de los Mil Días, donde el enfrentamiento de las dos ideas recalcitrantes en las lides partidistas tienen ahora en la ficción el nombre de partido de los nacionales y partido de los reformadores. El general Forero hace recordar al general Uribe Uribe en la conquista del río Magdalena, y ambos, en la novela y por fuera de ella, mueren asesinados por alguno "de sus enemigos, que eran muchos en esos días turbulentos". Abelardo Lara tiene el privilegio de representar a cualquier Abelardo Lara, a ese que al terminar la guerra recibe la promesa de la tierra que nunca será suya: "No le oculto, soldado Lara, que las cosas no nos están saliendo como quisiéramos, porque los nacionales tienen la ventaja de que controlan desde hace veinte años el poder; pero le juro en este lugar y en este momento que si ganamos la guerra le quitaremos la tierra al tal Gamarra y se la daremos al pueblo. Y yo velaré para que usted reciba una parte que corresponda a su coraje" (pág. 26).Y el archiinfausto de Lara, quien había grabado con un machete en un tronco de una ceiba las cuatro letras de su apellido para así localizar después de la guerra el pedazo de tierra que le había prometido el general Forero, no tuvo otro remedio que vivir en suelo ajeno, pues su jefe político termina asesinado. Y, de modo simbólico, Schwartz lo lleva anciano y ciego a morir casi al final de la novela. Abelardo, ya centenario se levanta de su mecedora para terminar cruelmente muerto junto a un bus, cuando su nieto Reynaldo organiza la invasión del barrio que tendrá el nombre de Chibolo en la ciudad de Buenavista.

La historia, en su momento, se repite de modo diferente en Demetrio Lara, que muere en la locura colectiva que se da después del asesinato del caudillo político Félix Gabriel Chocontá (Jorge Eliécer Gaitán), que a través de una carta le había prometido darle tierra una vez llegara a la presidencia.

El horizonte bíblico no desaparece. El Caribe tiene también su Moisés. En este caso se llama Moisés Cantillo, conocido de igual modo como el Mono Cantillo, quien habrá de tener por mujer a Ana María Lara, hermana de Reynaldo. Marco Schwartz nos trae en este nuevo personaje la historia política más reciente de Buenavista. El entretejido de la trama recrea a un personaje que nunca podrá ser lo que quiere, porque en su deseo de planear una invasión que les otorgue a los suyos la tierra prometida, termina en garras de Fadul, el típico político corrupto. Con este siniestro personaje de la política, queda al descubierto la maquinación, la trampa, apoyada con todas las de la ley, y el dramático uso que se hace de las necesidades populares. Es un gran tratamiento del tema que el autor logra sin caer en el pasquín. Fadul sabe del provecho electoral que puede obtener de unos colonos interesados en la invasión, por lo que contacta a ese líder natural que se va a meter en la peligrosa misión de llevar a los necesitados hombres a la toma de la tierra ansiada en Buenavista.

Como literatura, |Vulgata caribe usa la historia contemporánea. Tiene el referente de los. sucesos de la ciudad que la inspira, pero, más allá de los sucesos, el logro de la ficción se va por los caminos de esa gente anónima con nombre propio, con gracia y humor negro reconstruye a través de cientos de detalles la historia de seres que, a pesar de ser "los don nadie", integran el núcleo de lo social que desarrolla la novela. Los nombres bien puestos en generaciones que establecen cambios patronímicos: desde Micaela Sampayo, pasando por Matilde Fonseca, hasta llegar a los que se toman de quién sabe dónde para terminar pareciéndose a cualquier cosa como río, película o suceso: Danubia, Evelsy, Neil y Anuar; las costumbres políticas bien recreadas con el lenguaje exacto que producen sus protagonistas: "Ahí el barrio con sus calles de tierra, sin agua, sin escuela, sin un culo, y eso que es mucho más antiguo que Chibolo. Y la gente sigue votando por Vergara. Mira, Mono, la gente necesita servicios y todo eso, no te lo voy a negar, pero lo que más necesita es que le metan entusiasmo" (pág. 226). Lo anterior es una frase propia del político corrupto. Pero más allá están los oficios establecidos que dan credibilidad a eso que de modo fantasmal se parece a un trabajo y que son el centro mismo de los sucesos. Pululan los vendedores del rebusque, esos que de cualquier modo buscan ganarse la vida; Belkys Ariza, por ejemplo, una vez realizada la invasión, extiende una esterilla frente a su casa para vender frutas abolladas que compra a bajo precio en el mercado; Minerva Esmeral y sus paisanos venden arepa de huevo a orilla de la Circunvalación, y otros se defienden vendiendo butifarras de cantina en cantina, o los que montan fritangas a las entradas de los cines.

Chibolo, el barrio tomado que representa la tierra prometida en la ciudad de Bellavista, no es más que la continuación de la miseria. Ahí están los colonos, sin nada, y en esa nada toda la fuerza de una imaginación que recrea personajes únicos como el gordo Altamar, un ser que tipifica todo el encanto natural de quien abre caminos variados para sobrevivir. Es el hombre de La Tres, esa cantina bailadero donde la novela replantea la vida en todas sus posibilidades y hasta donde los perros saben contar: "Los viernes y sábados a medianoche, cuando el gentío ya estaba medio borracho, apagaba de sopetón la música, pedía silencio, se colocaba en la cabeza un estrafalario sombrero de copa y presentaba en mitad de la calle el espectáculo del perro sabihondo. Mirando fijamente a su perro, decía: Uno más dos; y el animal, un gozque albino llamado Blanquicet, abría con su pata tres pequeños surcos en la tierra" (pág. 215).


|Vulgata caribe tiene la ambición de recoger la historia de un pueblo que hace protagonismo desde su escandalosa vida cotidiana. El perfil es el mismo, el común y corriente de quien araña todos los días desde que amanece hasta que anochece. Estos micromundos que con amplitud describe Schwartz, los trae a la novela para hacer una gran epopeya de la vida diaria, esa que pasa vertiginosa y conflictiva por encima de la historia oficial que recogen libros y periódicos.

ÁLVARO MIRANDA