Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Qué pobres son los ricos de este país,  amigo Midas
 

|Delirio
|Laura Restrepo
Alfaguara, Bogotá, 2004, 342 págs.

Una niña bien y un profesor de literatura, dieciséis años de diferencia, y la desigual relación que se acrecienta y fortifica cuando la mujer, Agustina Londoño, es literalmente absorbida por la vorágine de su delirio y Aguilar, el profesor cesante que ahora vende comida para perros, indaga en su pasado, en su incomprensible presente.

Se fue Aguilar a pasar tres días de vacaciones con sus dos hijos del primer matrimonio, y a su regreso su mujer ha desaparecido. La encontrará, finalmente, acuclillada, muda, en un rincón de una habitación, en un hotel del norte de Bogotá. La dejó (aparentemente) feliz, pintando de verde su apartamento, y ahora la recobrará desquiciada. ¿Qué ha pasado?

¿Es un individual caso clínico o será -como lo insinuaba la autora en el diálogo público que sostuvimos el 20 de mayo de 2004 en el Club El Nogal, precisamente el restaurado club donde murieron 36 personas el 7 de febrero de 2003, por un carro bomba puesto por las Farc-, que todos los colombianos estamos un poco locos ante las circunstancias que nos hieren y afectan?

La indagación, entre detectivesca y psicoanalista, en las raíces que determinaron esta crisis, se halla sostenida en varias voces que entrecruzadas sostienen el recuento y cuyo contrapunto agiliza la trama e incrementa el suspenso. La más remota y lírica es la del abuelo alemán, Portulinus, quien, instalado en Sasaima, ese lugar de tierra caliente próximo a Bogotá que Laura Restrepo siempre introduce como nombre-talismán en todas sus novelas, y desde su profesión de músico, también nos abre abismos. Los ruidos del silencio y la capacidad curativa del agua terminan por ahogarlo, literalmente, en un río cercano al poblado. Ese río Dulce, donde, loco como su hermana, también se suicidara, salmodiando en orden alfabético todos los ríos alemanes.




Con la inquietante imprecisión de los sueños dejará su herencia a una muchacha que interpreta |El Danubio azul y |La gata golosa, una popular canción bogotana, y a quien confunde con el ángel genitor de su inspiración. Primer delirio de un clan familiar falsamente normal.

Otra voz es la que nos muestra, desde la óptica de Agustina, la relación de ésta con su padre, Carlos Vicente Londoño; su madre, Eugenia, su tía, Sofía, hijas del alemán, y sus hermanos, sobre uno de los cuales ejerce su protección mágica y posesiva. Al final este hermano menor se definirá como homosexual, en frontal repudio al padre. Los rituales de Agustina con su hermano menor, de turbia sexualidad incipiente, giran en torno a las fotos que su padre, fetichista de la revista Playboy, le ha tomado a su amante, la mismísima tía Sofía, verdadera madre sustituía de todos ellos y ahora culpabilizada enfermera de su sobrina delirante. Este secreto consentido sobre el cual se sustentabala familia ha estallado ahora y afectará a Agustina de modo aún más incisivo que la remota locura del abuelo. Se trata de un feroz duelo de poderes en torno a la figura del padre y a las hipócritas mentiras con que todos tratan de fingir un rostro ecuánime ante la sociedad. Esa suerte de terapia colectiva (a gritos) donde caen las máscaras y la madre astuta encauza las encrespadas aguas es uno de los momentos mejor logrados de esta novela que José Saramago, como presidente del jurado, elogió calurosamente, al otorgarle el premio Alfaguara 2003.

Una tercera voz, la más desopilante, cómica y febril, es la de Midas MacAllister, un muchacho pobre que escamotea sus orígenes y se ha hecho rico, en negocios de narcotráfico, nada menos que con Pablo Escobar mismo. Hace feliz partícipe de ellos al otro hermano de Agustina y a su familia, y a su cuadrilla de amigos con apellido ilustre. Un miembro notable, entonces, del cártel de Bogotá, lavadores de dólares que creían, con la complicidad venal de la Dea, que podían engañar al capo antioqueño y delinquir sin problemas.

Son los años ochenta, las bombas vuelan aviones y edificios en retaliaciones mañosas y lucha contra el Estado, la frivolidad consumista trata de paliar el horror.

Midas MacAllister, quien dejó embarazada a Agustina y no la acompañó a abortar, regenta ahora un gimnasio. Y más grave que el crimen estúpido, en contra de una muchacha contratada para reanimar, en teatro sadomasoquista, la castrada sensualidad de un amigo, es su rechazo, por razones de buen gusto, de unas parientas de Escobar, paisas estridentes y carrieludas. La venganza implacable de Escobar contra quien ha denigrado al clan familiar, lo obligará a retornar a su pobre barrio de origen y al cobijo de su madre, escondiéndose de sí mismo y del inseguro miedo que se respira en toda la ciudad. Así las voces de Aguilar y Agustina, del abuelo y del amigo, han logrado cercar lo no dicho. Eso callado y oculto con que personas y sociedad fingen decoro y respetabilidad. Como buena alumna de Rene Girard, Laura Restrepo ha convertido a Agustina en el chivo expiatorio de un mundo desalmado donde la vida es apenas una desgastada moneda más.

Aquello que se tapa, decora y tergiversa, ha salido a la luz, revelándonos el daño psíquico, en hipocresía y falsedad, que todos padecen:

|Interpretar la vida sexual de la gente como una afrenta personal debe ser una característica ancestral de las familias de Bogotá o quizá justamente ése sea el sello específico de su distinción, [pág. 246]