BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Cuando Arciniegas deja de buscar efectos predeterminados, es
cuando mejores efectos logra
|Noticias de la niebla
|Triunfo Arciniegas
Editorial Universidad de Antioquia,
Medellín, 2002, 147 págs.
Hubo un tiempo, más bien reciente, en que la lírica se tornó
prosaica. Se acabó entonces la rima, la métrica y hasta el mismo
verso, que cedió su lugar al poema en prosa. El lenguaje de la
poesía también entró en crisis y las palabras vulgares, directas y
hasta obscenas desplazaron los términos y las imágenes
convencionales. Escupitajos y procacidades se tomaron la
poesía.
En Latinoamérica los "últimos delicados"
-pluralizando un epíteto que Cioran aplicó sólo a Borges- fueron
los autores del
|boom y los poetas vanguardistas (César
Vallejo, Neruda, Diego), que a pesar de todo alcanzaron a captar
los estertores del sofisticado modernismo. Hoy día se ha impuesto
la vulgaridad. Y para que un escritor sea tomado como tal, es casi
imprescindible que la ramplonería ocupe un lugar central en sus
textos. Cierto sector de la poesía colombiana actual, hablo de los
que aún no sobrepasan la veintena edad, parece haber seguido esa
exclusiva senda, modelo iconoclasta, pero más bien inconducente,
tomado de Gingsberg, o, lo que es peor, del nadaísmo. Convendría
remitirlos al breve ensayo de César Vallejo denominado
"Poesía nueva"; sólo deben hacer el ejercicio de
reemplazar las palabras en las que el peruano se refiere a los
nuevos inventos por los términos irreverentes en los que suelen
explayarse y con los que no necesariamente se logra tan respetable
dignidad.
El volumen de Triunfo Arciniegas parece ser la concretización de un
fenómeno opuesto al anteriormente referido: ahora lo prosaico se
tona lírico. Parece que la narrativa, hastiada de vastas
dilaciones, se repliega por fin en las esencialidades: el cuento se
condensa en unas cuantas oraciones y colinda incluso con la breve y
peligrosa sugestividad del haiku:
|O
|Los pasajeros dormidos con la
boca abierta: las moscas entran
y salen sin permiso, [pág. 81]
|
Peligrosa porque hace creer al autor que unas cuantas palabras
bastan, quedándose no pocas veces en lo obvio; esto es, en aquello
que se quiere evitar. Se cae, entonces, en la extraña paradoja que
consiste en que por no querer decir de más, se termina diciendo
demasiado. Esto porque, si bien uno puede leer las más de mil
páginas del
|Quijote sólo por llegar al momento en que
Quijano recobra su razón y los demás la pierden para siempre,
cuando, por el contrario, se ahorran las palabras y se llega al
grano de una vez, entonces ya no hay nada más que hacer. Fue eso lo
que cuestionó Basho en la tradición japonesa, en la que, según el
decir de Octavio Paz, predominaban textos como el siguiente:
|Luna de estío.
Si le pones un mango,
¡
|un abanico!
|
Él, en cambio, propuso:
|Primera nevada.
Un copo es tan pesado
que inclina un gladiolo.
Basho no estaba inventando nada, no quería deslumbrar con una
ingeniosa idea que convierte a la luna en abanico por efecto de un
pedazo de materia manual que se le agrega en uno de sus costados.
Por lo demás, la primera invención es trivial: el abanico no es
precisamente un objeto necesario. Mientras que el poema de Basho,
fundado en una simple observación: la del leve copo de nieve que
somete, sin embargo, la altivez del gladiolo, contiene una vasta
sugerencia indicada incluso en la misma levedad del objeto aludido,
que en el verso, y con el verso, se convierte en un inmenso
ente.
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