Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Las sardinas cuentan
 

|Rompiendo el silencio.
Relatos de nuevas escritoras colombianas

|Varías autoras
Planeta, Bogotá, 2002, 173 págs.

Catorce escritoras jóvenes, nacidas entre 1969 y 1979, nos presentan sus trabajos. Antes de comenzar a leerlas, me pregunto si son conscientes de la tradición que las respalda. Porque, créase o no, soy un feminista de la vieja guardia. De los que no hacen distinciones entre prosa y poesía, ya que la prosa revulsiva es siempre poesía sometida a la más alta tensión.


De ahí que nombres estelares de nuestra tradición lírica latinoamericana: Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Juana de Ibarborou, Alfonsina Storni, se ramifiquen y enriquezcan a nuestras grandes memorialistas, caso de Victoria Ocampo, o a nuestras sutiles novelistas, caso de Teresa de la Parra. No están de moda: son simplemente perdurables.

Ahora sabemos también cuánto debe Juan Rulfo a María Luisa Bombal: fue ella, en |La amortajada (1937), quien le enseñó a hablar con los muertos. Del mismo modo que la atenta lectura que Gabriel García Márquez hizo de |Los recuerdos del porvenir (1963) de Elena Garro muestra cómo la historia del pueblo de Ixtepec, con sus memorias y sus olvidos, sus fusilamientos y sus amores, contribuye a abrir las esclusas para que fluya desbordada |Cien años de soledad.

Y del gozoso trío que conforman Borges, Bioy y Silvina Ocampo ¿no es acaso ella la más inquietante y perturbadora, en esas |nouvelles donde la crueldad de la infancia y el humor más escalofriante nos brindan joyas sombrías, cuya lectura desconcierta?; |Autobiografía de Irene (1948), |La furia (1959), |Las invitadas (1961), |Cornelia frente al espejo (1988).

Cuando como jurado del premio Rómulo Gallegos, en Caracas, incliné la balanza a favor de Ángeles Mastretta y su |Mal de amores (1996), pensaba en todas ellas. En aquello que un Freud machista llamaba "el continente negro" y donde, de Elisa Mújica a Zoé Valdes, y de Nélida Piñón a Elena Poniatowska, asomaba simplemente la |otra verdad soslayada. La verdad de la historia política de nuestro tiempo recobrada en |Tinísima (1992), epitafio conturbador del fracaso del comunismo stalinista, o la carnicera represión en el cono sur de América que Marta Traba, Luisa Valenzuela o Diamela Eltit denunciaron mucho antes que el juez español Baltasar Garzón.

A todos nos alegra que haya un nuevo |boom de mujeres escritoras: Isabel Allende, Laura Restrepo, Marcela Serrano, Vlady Kociancich. Eso es lo bueno de cualquier |boom: nos obliga a pensar en las voces secretas que conforman el entramado básico de nuestras letras, y a imaginar como será retomada esa herencia, en las plumas (o los computadores) nuevos

Catorce escritoras jóvenes, nacidas entre 1969 y 1979. En primer lugar, ellas nos sugieren un nuevo tono vital. El de unas mujeres más autónomas, que viajan por el mundo: España, Londres, la Toscana, Munich. Encuentran allí soledad, misterio, sexo. Historias para contarse a sí mismas.

Por ello María Castilla pondrá desafiante su pasaporte colombiano sobre la mesa:

|Por si las moscas, por si alguien desea imaginarse que preferiría pasar inadvertida, que ser colombiana es padecer una horrible y contagiosa enfermedad, un dibujito inconfundible que señala la existencia de material inestable y radiactivo, demasiado hipersensible para los recelos, para los intercambios sospechosos de miradas.

No le temen a ser lo que son. Mujeres aisladas que imaginan, sueñan, desvarían. Como en el caso de Olga Martínez y ese |Encuentro con el asombro, donde Margot y Margarita, que viene de lejos, son y no son la misma. Cambian las letras de las cartas que leen, para engañar la soledad de aquellas con quien conviven laboralmente. Ven pasar asesinos por la ventana. Se hacen adoptar y nacen de nuevo. Con una voz escuchada en la radio alzan el vuelo, para fabular una historia más, como Carolina Sanín, o, con |Amputaciones de Ruth Rivas, frenan en seco, ante un cáncer que avanza, un seno que se extirpa, el amor devorado por la muerte de esa otra mujer a quien ama.


Su imaginación brinca a veces pero no se concreta. Convence, hasta cierto punto, pero luego cae a tierra, dispersa. Logran, es cierto, muy cabales atmósferas, como en el ceñido relato con que Mercedes Guhl, en el auditorio de la Universidad Nacional, en Bogotá, nos brinda las paradójicas perplejidades de un autor de ciencia ficción norteamericano, custodiado por los gendarmes de su embajada.

Tratan de atrapar, en la risa de un joven, la sombra del padre, pero éstos ya no son tan rotundos, absorbentes y totalitarios, como se erguían antes. Parecen más bien cómplices desconcertados.

Como lo muestra Pilar Gutiérrez, a través de la figura del muy logrado gordo José Tomás, es más bien la madre la que empuña las riendas. La que prolonga el machismo. La que parece comprender y amar tanto a sus hijos que sólo le arruinan la vida. Al final, cómo no, luego de la muerte del hijo, fatuo y provocador "y sin limitaciones de mamá me doy permiso para ir al cine, de salir a almorzar con mis amigas y de oír los boleros que más me gustan, acompañados con unas copas de vino".

Curiosamente los relatos ambientados en el extranjero juegan con la imaginación sustitutiva, mientras los ambientados en Colombia -el de Beatriz Mendoza sobre una niña brutalmente profanada por un jardinero sucio; el muy gracioso de Liliana Rico sobre una madre de seis hijos y 59 años que termina chiflada de amor por el presentador televisual José Antonio Vargas- ahondan con garra en el desvarío en que malvivimos. Cuan poco nos vemos. Qué poco sabemos del otro. Así este libro vuelve a abrirnos preguntas incómodas. Y a recrearla con incipiente pero valiosa calidad literaria.

JUAN GUSTAVO COBO BORDA