BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
La tierra del olvido, la indiferencia y la ingratitud
|La aldea invisible
|Clinton Ramírez C.
Alcaldía de Ciénaga, Casa de la Cultura de Ciénaga,
Tipografía Unión Ltda., Barranquilla, 2001, 141 págs.
El libro objeto de esta reseña empieza mal desde la portada, pues
se hace figurar como lo que no es, truco empleado en todo el
volumen. O magia costeña. En efecto, aparece así:
|La aldea invisible
|Clinton Ramírez C.
(Selección)
Lo cual se entiende como selección de la obra del autor mencionado.
Debió decir: Selección, prólogo y notas de fulano de tal. El
prólogo, escrito por él mismo, se refiere a sí mismo diciendo de sí
mismo:
Página 7: "...es instituido en Ciénaga el
|Encuentro
regional de escritores, en el que surge Clinton Ramírez
C."
Página 8: "Es un momento exorbitante de la narrativa del
país y la Costa Caribe. A él hay que inscribir la obra prima de
Clinton Ramírez C."
Página 9: "Me atrevería a decir que la literatura de
Clinton Ramírez C. no puede pensarse tampoco fuera de la órbita del
autor de
|La casa grande".
Además, la página inicial aparece firmada en 1537, una de las
fechas probables de la fundación de Ciénaga, para indicar así la
identidad del prologuista con la ciudad, desde el primer día de su
controvertida creación.
En realidad, el libro contiene una selección de textos que, desde
el punto de vista del compilador, tienen algo qué ver con el
municipio de Ciénaga (Magdalena). Algunos son de escritores nacidos
allí y otros no, pero que por cualquier motivo se convierten en
cienagueros. Es el caso de Álvaro Cepeda Samudio, nacido en Santa
Marta y en Barranquilla y en Ciénaga, según la fuente que usted
consulte. "Aunque nacido en Barranquilla, se reconoció
cienaguero. Su cédula lo atestigua", dice la nota
biográfica.
El cuento que se incluye de Cepeda Samudio es un borrador sin
revisar, cuyo asunto, muy propio de la región, se malogra por el
descuido y la prisa del impulsivo autor, que sabía su tiempo
limitado. Se trata de un breve relato de ocho páginas, titulado
|Cuando Fray Bartolomé..., lo que parece indicar que ni
título recibió de primera mano.
Otra página que se presenta con mucho encomio es un relato de Rosa
Marrero (Niña Rosita), del cual se afirma que "...según el
poeta y narrador Álvaro Mutis,
|Aquiles era un santo es uno
de los mejores (cuentos) que la literatura del país haya
concebido". Resulta difícil creer que Mutis avalara de ese
modo un texto plagado de dislates históricos. El final de la
autora, dictando a un amanuense cuando ya no podía escribir por sí
misma, no coincide con la primera versión de su muerte. La primera
versión de un suceso suele ser la correcta. Después vienen las
interpretaciones y la investigación de los interesados en
tergiversar los hechos. Que un moribundo dicte en Barranquilla, a
39° centígrados, ocho páginas truculentas sobre asuntos bizantinos
mientras se va apagando lentamente, como un cabito de vela frente
al horizonte marino, tal vez podría explicar los disparates. El
autor de la reseña conoció a Rosita Marrero y supone que le están
montando, al estilo del litoral ("donde el rumor es una
ciencia exacta"), una leyenda que en nada beneficia su
memoria. Ella, tan querida por todos los que la trataron, como
agente de seguros y como amiga, no podría, en su condición de mujer
hermosa que fue, y excelente ejecutiva de ventas, desfigurar su
imagen pública en el último momento. Por eso prefirió enfrentarse
sola a su destino mortal.
|