Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

La lluvia es mi paisaje interior
 

|Las palabras son puentes que nos separan
|Samuel Vásquez
s. n., Medellín, 1999, 88 págs.

Puede leerse en la solapa del libro |Las palabras son puentes que nos separan (Medellín, 1999) del pintor, dramaturgo y músico Samuel Vásquez, que el autor ha negado la publicación de sus textos por considerar que son palabras para oír y no para leer. Y aunque el libro tenga su advertencia a manera de escudo ("No esperes nada del libro / Es el libro quien espera de ti".), tal confesión nos dispone -al menos así ocurrió con quien escribe estas líneas- primero a recibir una poesía de corte experimental (pienso en esta máxima del poeta experimentalista Heissenbüttel: "La poesía comienza donde termina el sentido"); segundo, a pensar que quizá sus textos de alguna manera emitan la música o la sugieran (pienso en el poemario fonético, |Sprechgedichte o "poemas para ser leídos en voz alta" del poeta Ernst Jandl, de quien escribió Felipe Boso: "leer a Jandl es muchas veces tarea inútil. Sus poemas hay que oírselos a él personalmente o a través de varios de los discos que lleva editados"); y tercero, lo que finalmente fue, que ese "oír" (el de Vásquez) se refiriera a la palabra interior, a la que rehúsa la voz de estrado y antes que hacerse leer prefiera hacerse pensar. De hecho, sus poemas son pensamientos en versos, que tienen que ver mucho con los argumentos específicos de la filosofía del siglo XX, como son la valoración de la existencia individual, el sentimiento trágico de la inmortalidad humana, la intuición frente a la lógica, la experiencia humana como un diálogo entre el individuo y Dios, la afirmación de los propios valores, la responsabilidad ética de los actos y, lo que en nuestro caso es lo más relevante, la importancia de la literatura como fuente de expresión filosófica.


Conceptos que Samuel Vásquez dilucida con redefiniciones y observaciones; con reflexiones abordadas desde la mente del poeta, desde la percepción y la emoción. Aunque a veces parecieran estar sostenidas sobre un solitario ingenio (la sentencia breve y doctrinal) que, de lo recurrente, se torna molesto e insidioso, no tanto por las verdades que encierra y que en determinado momento nos pueden erizar, sino por estar anunciadas con acento de maestro sentencioso, con cierta entonación profética, como si las pronunciara el portador de la última palabra, que -¡tanto va el agua al cántaro!- termina de alguna manera siendo también un poco Dios. En efecto, cuando este arsenal de chispas es acertadamente explotado, surgen textos como Raquel, un grito silencioso (uno de los cuatro apartes del libro), que sin duda constituye un interesante logro en cuanto maneja con sumo equilibrio las dos valoraciones que a mi juicio son, más que imprescindibles, exigencias mínimas de rigor: la forma y el contenido. Samuel Vásquez consigue fusionarlas en este poema, con emoción e inteligencia parejas. Sus líneas tratan de las anotaciones encontradas en el cuadernillo de una secuestrada (antropóloga de la Universidad de Antioquia), siguen una secuencia de bitácora y son, llegan a serlo, un grito, ese grito silencioso que paradójicamente en nuestro país casi alcanza a reventar los oídos.

|18 de mayo
¿Mi palabra recobrará su voz algún día?
La página blanca es página de vigilia y de ánimo.

20 de mayo
La lluvia es mi paisaje interior.
Por donde camino no hay acera.
¿Qué umbrío camino es este
donde olvido el nombre de la rosa?
Con ojos de sonámbula ciega
espanto el aire de mi miedo.

30 de agosto
Mi cuerpo desierto añora el agua de tus ojos.
Ah, hipocresía que asestas tu hacha bruñida
sobre el rosado cuello del deseo.

8 de septiembre
[...]
[Del aparte Raquel, un grito
silencioso,
pág. 33]