Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Deslumbrante conjunto
 

|Amantes y Si mañana despierto
|Jorge Gaitán Duran
Universidad Externado de Colombia,
Bogotá, 2004, 69 págs.

La muerte de Jorge Gaitán Duran (1925-1962) en un accidente de avión ocurrido en la isla de Guadalupe, en el Caribe, produjo una honda conmoción no sólo en la vida intelectual colombiana sino en el espacio más vasto de las letras hispanoamericanas. De Luis Cernuda a Vicente Aleixandre, de Octavio Paz a Juan Liscano, una vasta red de amigos se había creado en torno a su figura.

El motivo principal sería, no hay duda, la revista Mito (1955-1962), que fundó con Hernando Valencia Goelkel y a la cual siempre estuvo unido, como director, o respaldándola económicamente. Fue una empresa coherente y renovadora en la cual participaron las figuras mayores de nuestra lengua desde los viejos maestros como Alfonso Reyes y Jorge Luis Borges, al cual se le dedicó un número especial, el 39 y 40, de enero-febrero de 1962.

Y en donde los nuevos nombres, de Julio Cortázar a Gabriel García Márquez ofrecieron primicias tan destacadas como |El coronel no tiene quién le escriba o el |Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, en el núm. 4, octubre-noviembre de 1955. Pero la figura de Gaitán Duran es más vasta y ambiciosa. Hay que verla como la del poeta autor de los siguientes volúmenes: |Insistencia en la tristeza (1946), |Presencia del hombre (1947), con un prólogo de Hernando Téllez sobre "Problemas de la nueva poesía", |Asombro (París, 1951), |El libertino (1954), |Amantes (1958) y su más hermoso y logrado libro, |Si mañana despierto (1961), donde los poemas conviven con un diario, reflexivo sobre la creación misma y su aventura personal.


Porque en realidad el joven nacido en Pamplona (Norte de Santander), hijo de una familia pudiente, y que había venido a Bogotá, en 1941, para seguir estudios de ingeniería en la Universidad Nacional, para pasar a derecho, en la Universidad Javeriana, el año siguiente, se había convertido en un auténtico intelectual, en el sentido francés de la palabra, bajo el influjo generalizado en aquel entonces de figuras como Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Maurice Merleau-Ponty con quien sigue cursos en París.

Escribió así con solvencia sobre literatura, detectando carencias en figuras que admiraba, como en el caso de Jorge Zalamea: "El bello edificio no tiene habitantes" (pág. 119), o refiriéndose a la poesía de León de Greiff de esos años como "un caso de copia de sí mismo" (pág. 159), tal como lo confirma la recuperación de su obra crítica literaria y periodística titulada |Un solo incendio por la noche (2004).

Hay en toda ella una preocupación americana (Neruda, Vallejo), un interés por la plástica (Ignacio Gómez Jaramillo, Alejandro Obregón, Enrique Grau) o por el cine, que ejerció como crítico en El Espectador o al combatir la censura de películas como |Rojo y negro. Pero su tarea como ensayista se concretó en realidad en dos trabajos: |La revolución invisible. |Apuntes sobre la crisis y el desarrollo de Colombia (1958), surgido a raíz de su participación política en el MRL, liderado por Alfonso López Michelsen.

Y en el ensayo introductorio y traducción de textos del Marqués de Sade, que, con el título de |El libertino y la revolución, publicó en 1960 en Ediciones Mito. Sin olvidar, por cierto, |Los hampones (1961), ópera en tres actos con música de Luis Antonio Escobar.

Viajero frecuente a Europa, llegó hasta Moscú y Pekín, de donde surge su serie "China", publicada en la revista Eco, en 1962. Tradujo, en 1957, la obra de teatro de Jean Genet |Las sirvientas.

Llegó así a representar, en sus exigencias críticas, en su tesón creativo, y en lo trágico de su destino, una figura apasionante y suscitadora de nuestras letras, cuyos poemas, como lo atestiguan diversas antologías, ya forman parte del legado de nuestro idioma. Tal el caso de la |Poesía erótica castellana (1974), de Jesús García Sánchez y Marcos Ricardo Barnatan, o |Canción de canciones (1995), de María Asunción Mateo y Rafael Alberti, que así lo reconocen en España.

Ahora el Externado publica una selección accesible de sus dos libros que nos incita a su relectura.

Los primeros libros de poemas de Jorge Gaitán Duran resultan un tanto anodinos e impersonales. Las ilustraciones de su coterráneo, el que luego sería el gran escultor Eduardo Ramírez Villamizar, corresponden así mismo a una retórica de época: un San Sebastián yacente y flechado, calaveras con espigas de trigo y rosas. Por ello |Insistencia en la tristeza y Presencia del hombre traen los inevitables ecos de aquellas figuras a quienes estaban dedicados: Eduardo Carranza y Pablo Neruda, y asumían una enfática reiteración en tópicos como la muerte y el héroe a través de la figura de Prometeo. El ladrón del fuego. |El libertino, por el contrario, es un poema orgánico, con argumento: El Rey de la Peste, en medio de rituales y |descaecidas mitologías, se enfrenta al único misterio intransferible: la muerte propia. Parece el guión de una ceremonia con ecos quizás de Perse y del mundo que luego volvió suyo Álvaro Mutis. Pero es en |Amantes donde la palabra de Gaitán se vuelve propia y se encuentra consigo mismo. Mira cómo se encarna en el poema la tensión del cuerpo y el acto de amor se funde con las palabras que buscan fijar ese instante irrepetible. El orgasmo se trueca así en un friso labrado con rabia y pasión:

|Sólo en la palabra, luna inútil,
miramos Cómo nuestros cuerpos son
cuando se abrazan, Se penetran, escupen, sangran,
rocas que se destrozan, Estrellas enemigas, imperios
que se afrentan.


Gracias a ese dominio verbal, podrá lograr ese deslumbrante conjunto que es |Si mañana despierto, donde a partir de los epígrafes de Quevedo y Novalls, Gaitán reconocería podredumbre inexorable de la carne pero también el soplo divino que la trasciende al hacerla verdaderamente humana. La tórrida canícula de Cúcuta, el esplendor desnudo de los cuerpos, esa milagrosa conjunción de felicidad, bajo un sol mediterráneo, y su simple, obstinado ademán rebelde en contra de jerarquías y prejuicios, sostienen la grávida levedad de un canto ceñido a su materia pero a la vez hondo de vida y gracia. Sólo que en sus mejores momentos el libro se abre hacia una sugerencia misteriosa de palpitación armónica con todo lo circundante, que lo alza y lo sitúa en una más conturbadora dimensión:

|Pasó un ciervo blanco
Por el sigilo húmedo del bosque
Y en la sombra despertó tu
|desnudo,
La tierra fue de nuevo mi deseo.

Ese saberse inmortal, en lucha contra los poderes terrenales, le confiere un sello distintivo y único: el de una poesía, que sin eludir la historia, Troya, Roma, y su propia historia personal, de adolescente en una capital de provincia, funde todo ello, incluido barroco español y romanticismo alemán, en un canto terso y deslumbrante. El diáfano canto de un joven maestro sorprendido por el milagro del mundo, que luego, en su |Diario, trata de razonar, sea a través de Georges Bataille, la compleja y ambigua dualidad entre conciencia y sexualidad. Entre un lenguaje que diga al cuerpo y un idioma, lastrado de culpa y prejuicios, incapaz de recobrar el estallido solar del erotismo. Esto es lo que hace grande al libro y decisivo su aporte a la poesía latinoamericana del momento.

Desde la clerical, reprimida y maliciosa Colombia, tan lastrada por su machismo, Gaitán intenta un canto de libertad. Curiosamente, su figura poética es la del guerrero vencido por su propio ímpetu. La de quien arde en el fuego que suscita.

JUAN GUSTAVO COBO BORDA