Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Un logro único
 

|Traslaciones
|Gustavo Ibarra Merlano
OP Gráficas, Bogotá, 2001.

En su nuevo libro, |Traslaciones, Gustavo Ibarra Merlano (Cartagena, 1919) adensa el peso de su palabra, volviéndola más diáfana y traslúcida. Más honda de transparentes referencias clásicas: "La luz cuanto más luz menos se advierte".

El mar, como siempre, actúa no sólo como telón de fondo sino de actor principal. Los abismos afloran a la superficie con su cauda de muertos, con sus grises desechos de tantos naufragios, con las arrugas que el tiempo ha impreso en sus lomos. El mar como llanto adolorido de cuanto sucede en la tierra. Pero la vivacidad de sus metamorfosis sigue reclamando una palabra esencial.

|El mar
ha sido
despojado de su idioma
pero conserva
la gesticulación
Murmuración incesante
nunca dice nada
con claridad
pero habla
en el silencio.


Mar de dolor y muerte. De heces contaminadas. De repente, por la fuerza ascensional de esta poesía, los peces se truecan en aves y el reflejo solar sobre la bruñida lámina de agua incendia todo el espacio y hace que el risueño parpadeo de su masa inabarcable se asome a la comedia que acontece en el litoral: la comedia humana. Allí donde Verlaine, el cantor de la Virgen, el amante de Rimbaud, muere entre las putas del sanatorio.

Tal el talento poético de Gustavo Ibarra para hacer coexistir todo en un instante privilegiado. Aquel donde el poeta trasciende lo circunstancial sin hacerle perder el sabor de su sal, y de su modulación inconfundiblemente caribeña.


No es de extrañar, entonces, que este primer ciclo se cierre en un diálogo directo con el Padre, donde el océano refluye sobre su vida interior y la fusión entre naturaleza y espíritu reconcilia los contrarios. Ya no hay más escisión. El hombre, barrido en su intimidad por esa agua redentora, confiere sentido a un cosmos mudo: "Metidos en ti por siempre / Somos tus ahogados". La muerte engendra nueva, resplandeciente vida. De ahí el tono elegiaco que caracteriza a esta poesía, donde la existencia, en pos de un idioma aun "indiferenciado", nos advierte "que es inútil llorar el bien perdido", como lo dice el último verso del primero de sus memorables sonetos, no por melódicos menos acerados.

Para ganar un verso es necesario perderlo todo. Es imprescindible desaprender lo obtenido y despojarse hasta la desnudez última. Lo dice de modo inolvidable:

|Como vestir la muerte.
Y como de la nada desvestirse.
Y volver a arroparse con lo inerte.
Es vivir muñendo decidirse.
Nunca lo aprenderás, pero ensayarlo
Es preciso, pues siempre así se vive
La propia muerte. En ella vas metido.
Y como la vida siempre se desvive
Del vivir. Es inútil intentarlo.
No hay nada que aprender. Has aprendido.


Qué buen tono y qué madura reflexión, donde la agonía se hace enamorada y trasciende su "espina dura" con el vislumbre consolador que sólo la más alta poesía otorga, en delicado consuelo:

|Alguna vez pregunto entre la sombra
por el duro vivir. Nadie lo nombra.
Ninguno apecha los duelos de la pena.


Finalmente, en la tercera parte, esa vida, manojo de miradas ardientes; esa mirada, dotada ya de una claridad que enaltece todos los objetos, y sabe su razón de ser, trátese de una garrafa o de los minerales y plantas con que el herbolario fabrica sus recetas; o del convivio con el amigo, traspasando esa hoguera que no arde, y reconociendo que podrán quitarle todo, "menos tu ausencia / Para estar contigo", cierran, de forma admirable, este periplo. De lo inerte a lo humano, todo se ha divinizado.


El mar de la nada es ahora la humanidad de este libro que nos conmueve y traspasa con su desvelada confianza en esa criatura a la vez tan dulce como aterrada. Tan próxima como entrañablemente distante. Esas traslaciones que la poesía establece al curar la herida por el efecto salutífero de las cantáridas: insecto que es palabra -y palabra que canta.

O mediante ese rapto enamorado, que conlleva el perfume de la mejor mística española, aquella que también tiene aroma árabe: "Vamos los dos al Enviado / Sin aire hasta las flores".

Todo ello hace de este libro, como de la obra íntegra de Gustavo Ibarra Merlano, un logro único dentro de la poesía colombiana. Leerlo es acceder a una dimensión que nos resulta imperiosamente necesaria. El reverso de lo que Arthur Rimbaud predicó en |Una temporada en el infierno:

|Elle ést retrouvée!
Quoi? L'éternité.
C'est la mer melée
Au soleil


JUAN GUSTAVO COBO BORDA