Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

...y dos
 

|Páginas de cine
|Luis Alberto Álvarez
Editorial Universidad de Antioquia,
Colección Celeste, vol. 3, Medellín,
1998, 489 págs.

En mayo de 1998 la Universidad de Antioquia publicó el tercer volumen de Páginas de cine, una selección de artículos del desaparecido crítico Luis Alberto Álvarez (1946-1996), escritos durante los últimos seis años de su vida. La mayoría fueron publicados en el periódico El Colombiano, donde él escribió semanalmente durante más de veinte años, y en la revista Kinetoscopio, que edita el Centro Colombo-Americano de Medellín, de la cual fue fundador y jefe de redacción.

Es fácil imaginar el sentimiento de frustración que debe producir la tarea de escoger entre los textos sobre cine de Álvarez, pues todos son tan elaborados y consistentes que uno se inclinaría a pensar más bien en una edición completa. En esta ocasión se publicaron 65 reseñas, que se suman a las incluidas en los dos volúmenes anteriores publicados por la misma editorial. Este volumen, como los otros, agrupa las notas en capítulos temáticos; en este caso: El cine: la gran ilusión; Cine colombiano: el estado de las cosas; Alien, Lee, Altman: héroes locales; Bajo el signo del león; Un mundo aparte; Europa tan lejos, tan cerca; Los favoritos de la luna; y Nostalgia.

Un índice onomástico y otro por películas facilitan la consulta, ya que, una vez leído de corrido, este libro se convierte en una obra de referencia que seguirá cobrando profundidad y vigencia.

La presentación podría haber sido más generosa con el autor, pues la importancia y trascendencia de su labor ameritan un comentario consistente y analítico que lo sitúe en su justa dimensión y ayude al no cinéfilo a descubrirlo. No hubiera sobrado una foto suya en la contraportada o en algún otro lugar.

Álvarez comenzó a escribir sobre cine en el periódico La Patria en 1972 después de ordenarse sacerdote claretiano. Al año empezó a colaborar con El Colombiano. Tuvo programas en Radio Bolivariana y en la emisora de la Cámara de Comercio de Medellín. Dictó seminarios, cursos y conferencias en universidades y centros culturales. Realizó un cortometraje de ficción y un medio-metraje documental para la televisión alemana. En 1990 participó en la aventura de crear la revista de cine Kinetoscopio. Luchó mucho por un espacio de cine en la televisión colombiana. Recibió varios premios: Premio de Crítica Cinematográfica de Focine; Premio de Crítica Cinematográfica Hernando Salcedo Silva, Alcaldía de Cali; Mundo de Oro de la Cultura, periódico El Mundo de Medellín. Título de comunicador social-periodista, honoris causa, Facultad de Comunicación Social, Universidad de Antioquia, Medellín.

Ante la pobre oferta del medio, se equipó de controles remotos e invirtió buena parte de sus ingresos
en crear su propia videoteca, en la cual todos los realizadores del país quisieron ocupar un espacio.

Los últimos años de su vida no fueron fáciles. Sus padecimientos cardíacos comenzaron ocho años antes de su muerte; luego vino el cierre del Instituto Goethe, del cual era director cultural; su propuesta de escribir una historia crítica del cine documental en Colombia presentada a Colcultura no mereció en esa oportunidad la atención del jurado de dichas becas; el periódico El Colombiano no aprobó su proyecto de editar una serie con motivo de los cien años del cine; Teleantioquia suspendió una vez más su espacio de cine; sacrificios gastronómicos; trasteos...


Sin embargo, ante el diagnóstico de su mal, fue apareciendo un hombre sin miedo, que aceptaba el riesgo "por ganas de vivir, por confianza en Dios y en la ciencia", rodeado de gente que le manifestó su afecto y admiración, eximido, al fin, de cuentas y aprietos económicos, honrado y distinguido en actos -oportunos y oportunistas- que lo reconfortaron. En la capilla de los últimos meses, para él fue importante sentirse reconocido, estimado, respetado, acompañado. Desprendido de todo sentimiento negativo, fue adoptando una actitud serena y feliz. "Soy el que estaba adentro", dijo en alguna de sus últimas entrevistas. Creo que no sólo se refería a los kilos perdidos.

La sensibilidad de la mirada de Álvarez sobre el cine, su erudición y la claridad de su pluma, convierten sus notas sobre cine en cátedras abiertas, cargadas de lucidez, exentas de cinefilia pedante, siempre centradas en lo esencial, en la interpretación profunda del sentido de cada obra. La ignorancia del lector no impide entender sus argumentos. Álvarez expresa su punto de vista de manera sencilla y acertada, al margen de amiguismos. Con franqueza y generosidad entrega en cada artículo algo de su sabiduría. Devoto del buen cine, de mirada amplia, nítida, profunda, lúcida, contundente, no comulga con moralismos ni dogmas. A pesar de que sus opiniones tienen la gravedad de una sentencia, siempre guardan algo de ternura, cierta indulgencia, un aplomo.

El cine es una práctica cultural popular a través de la cual se puede y se debe educar al público, no sólo en los secretos de un lenguaje sino en el disfrute de un arte que enseñe y ayude a vivir. En Colombia esta tarea tan importante no se toma en serio. A fuerza de una oferta paupérrima y banal, el gran público ni siquiera siente la necesidad de ver otra cosa. En semejante desierto, Álvarez optó por ejercer el oficio de crítico, y se dedicó a transmitir sus interpretaciones de manera sistemática y rigurosa, convencido de poner a disposición de sus lectores lo que él consideraba importante.