BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Hay que mencionar, además, el capítulo dedicado al cine
colombiano, en el cual el padre Álvarez examina la reciente
producción cinematográfica nacional y analiza películas de
realizadores contemporáneos tales como
|La gente de la
Universal, No futuro, La estrategia del caracol y Confesión a
Laura. Aquí nos corrobora que la tarea crítica era para él un
ejercicio intelectual basado en el conocimiento; y análisis de las
obras y no una forma de alabanza o censura personal, como lo es
para tantos críticos colombianos. Nunca vaciló en señalar las
limitaciones de las películas que hacían sus conocidos o amigos,
como tampoco dudó en mostrar sus logros.
Como crítico y profesor, Luís Alberto Álvarez ayudó a abrir
horizontes en un medio de posibilidades culturales limitadas. Las
películas que presentaba en sus cursos -algunas se llamaban
|Películas invisibles, por la dificultad que existía para
presentarlas en nuestro medio- eran un respiro en el panorama
desolador de la exhibición cinematográfica en Colombia. Fue
implacable a la hora de criticar el monopolio de los distribuidores
que nos condenan a mirar los enlatados producidos en Hollywood. A
este respecto cito unas líneas bastante elocuentes:
|...la presencia totalizadora, cuasi exclusiva y excluyente del
cine norteamericano comerciales intolerable y deletérea. Más del
noventa y cinco por ciento del cine que se hace en el mundo no es
accesible, no sólo en nuestro país sino, cada vez más, en zonas más
vastas del mundo. Es una dictadura impuesta, calculada y
destructora, una dictadura desinformante y deseducadora con
resultados nefastos. No es sólo la imposición de un país y sus
modos de vida sino también de un lenguaje primitivizado, de consumo
inmediato y que deja huella e incapacidades indelebles. Es una
política que perjudica incluso a las mejores tradiciones y los
mejores aportes del país que ejerce este dumping universal.
["Año 101, la odisea de un medio" pág. 43]
|Páginas de cine logra el cometido propio de la crítica:
acercar el espectador a la obra. Antes que emplear terminologías
abstrusas que despistan al público, como lo hace la mayoría de los
críticos para esconder su ineptitud, el autor ilustra con claridad,
a veces en forma anecdótica, a veces analítica, sobre las formas
narrativas del cine, logrando que el lector entienda y aprecie
mejor este arte.
Finalmente puede decirse que en este tomo, al igual que en los
anteriores, se conjugan las virtudes que hicieron de Luis Alberto
Álvarez un crítico excepcional: la sensibilidad por el arte, la
capacidad de análisis, la facilidad expresiva, la erudición, la
sencillez y claridad del lenguaje. Estas
|Páginas son una
verdadera lección de cine, al igual que una lección de crítica, de
las que deberían nutrirse todos los que se dedican a este oficio.
En ellas su autor logró lo que todo buen maestro se propone:
enseñar, orientar, despertar interés y, sobre todo, contagiar su
pasión.
VERÓNICA LONDOÑO VEGA
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