Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Primer número del periódico (El Mosaico, trimestre I, núm. I, Bogotá 24 de diciembre de 1858).

La búsqueda de autonomía del campo literario
El Mosaico, Bogotá,
1858-1872
 

GILBERTO LOAIZA CANO
 

Profesor del Departamento de Historia,
Universidad del Valle
Trabajo fotográfico: Rafael Buena
 

Nunca habrá literatura
ni progreso, ni cultura,
en nuestra patria, ¡ay de mí!
pues todas mis producciones
son para cebar ratones
i envolver ajonjolí.
Ricardo Carrasquilla,
El Mosaico, núm. 2, I de enero de 1859
 

DEL ORIGEN O CÓMO UN ESCRITOR DE RUANA VISITA A UN ESCRITOR DE LEVITA
 


UNA anécdota se impone como el antecedente más genuino de la fundación del periódico literario El Mosaico. Según el relato, que es un testimonio de parte, el 21 de diciembre de 1858, en Bogotá, llegó hasta el cuarto de estudio de un prestigioso escritor un hombre vestido con ruana, con "pantalones de algodón, alpargatas i camisa limpia, pero sin corbata i sin chaqueta" |1. Aquel hombre, que vestía como los "hijos del pueblo", llevaba "unos veinte cuadernillos de papel escritos" que constituían los borradores de una novela, venía de alguna hacienda de tierra caliente y buscaba en la capital un "juez en materia literaria" que aprobara para la publicación sus manuscritos. El perplejo escritor bogotano -tenía ante sí la visión poco convencional de un hombre pobremente vestido pero instruido- debió de sentir alivio cuando notó que aquel recién llegado tenía "su piel blanca, sus manos finas, sus modales corteses, sus palabras discretas" que le anunciaban que estaba ante un "hombre educado". El excepcional escritor de ruana estaba frente a un típico escritor de levita; el sobrio campechano que se había dedicado a escribir confinado en los lares de una hacienda iba en busca del reconocimiento de un trasegado publicista capitalino. El uno ignoraba las finas normas de etiqueta, las sutilezas formales de la apariencia que servían de pasaporte para ingresar a los círculos cortesanos de la gente de buen tono de Bogotá, y el otro era un auténtico exponente de las normas de recepción, legitimación y consagración en los exclusivos recintos letrados. El raro visitante se llamaba Eugenio Díaz Castro y sus manuscritos eran los borradores de Manuela; el otro era José María Vergara y Vergara, a quienes sus colegas de oficio | literario -y más exactamente el escritor Ricardo Carrasquilla- lo habían señalado como la persona más adecuada para recibir al novelista provinciano.

1
José María Vergara y Vergara, "El señor Eujenio Díaz", en El Mosaico, Bogotá, 15 de abril de 1865, págs. 89-91.